Un niña llamada Mirian
tenía un nuevo hermanito. Un día la madre le dijo: "Nuestro
niño está creciendo, Mirian. Tenemos que encontrar una manera
de cuidarlo. Corre hasta el rio y tráeme algunos juncos altos. Con
ellos haré un canasto donde pondré al niño para esconderlo."
Mirian corrió al río
y regresó con algunos juncos altos. Ella y su mamá hicieron
una canasta de juncos. Cuando la canasta quedó terminada, la madre
puso al niño en ella. Mirian y su mamá con mucho cuidado
llevaron el canasto y lo pusieron entre los juncos altos que crecían
a la orilia del río. Mirian se escondió entre los juncos
para vigilar a su hermanito.
Pronto Mirian oyó
pasos. Miró y vio que venía la princesa.
Cuando la princesa vio el
canasto, dijo a una de sus ayudantes: "Tráeme ese canasto."
La princesa miró
el canasto. Se sonrió al ver que un niño estaba
adentro y dijo: "¡Qué hermoso bebé!"
Mirian corrió y le
dijo a la princesa: "Yo puedo conseguir una señora para que te lo
cuide."
"Gracias," dijo la princesa.
"Tráeme una señora para que me cuide este niño."
Mirian corrió hasta
su casa y trajo a su madre. La princesa le dijo a la madre de Mirian: "Toma
este niño y críamelo."
La madre se sonrió.
Ella y Mirian habían cuidado bien a su niño.
Referencia de las Escrituras
Exodo 2:1-10