"El Profete Que Desobedeció a Dios"

 

Jonás 1:1-15

 

 

 

 

 

 Nínive era una ciudad semejante a Sodoma, porque sus habitantes cada día practicaban la maldad.

En ese tiempo vivió Jonás, un profeta de Dios al cual le hablo un día diciendo: “Jonás, ve a Nínive y adviérteles que su maldad es mucha, y que yo voy a destruirlos si no se arrepienten”.

Jonás no quería que Dios perdonara a los habitantes de Ninive, y decidió ir al extremo opuesto, a un lugar llamado Tarsis.

 En esos tiempos el transporte era por barco, por lo que Jonás se dirigió al puerto de Jope, y al llegar compro un pasaje para Tarsis, y embarco.

 

Dios conocía lo que Jonás pensaba hacer; pero El tenía algunos planes que no cambiaria.

Cuando el barco en el que viajaba Jonás estuvo en alta mar, Dios envió un viento fuerte que soplo con gran violencia, formando una tempestad, de tal forma que hasta los marineros creían que haría pedazos el barco.

 Mientras, el capitán del barco hacia su mejor esfuerzo de acuerdo a su experiencia, para controlar el barco.

Jonás ni se enteraba de la situación porque estaba durmiendo en la bodega.

Cada uno de los marineros clamaba ayuda a su propio dios.

Como no había respuesta y el mar embravecía cada vez mas, consideraron como una opción, echar las cargas al mar para hacer ligero el barco, y así controlarlo con facilidad.

Pero todo lo que hacían no resultaba, así que el capitán, cuando vio dormido a Jonás le dijo: “¿Cómo puedes dormir tan tranquilo? ¡Levántate y clama a tu Dios! Quizás él si nos ayude y proteja de morir”.

 

Los marineros se decían unos a otros: “Esto nunca había pasado, alguien debe ser el culpable, echemos suertes y así sabremos quien es el que esta provocando este problema”.

Jonás resulto ser el responsable, y enseguida le preguntaron: “¿Quien eres?, ¿Qué es lo que has hecho?, ¿De dónde eres?”.

A lo que el respondió: “Yo soy hebreo, y estoy tratando de huir de mi Dios porque no quiero obedecer lo que me ordeno”.

 

Mientras Jonás hablaba, la tormenta era mas violenta, el capitán y los marineros trataban de controlar el barco, pero no podían; así es que Jonás les dijo: “Para que ya no tengan problemas, necesitan arrojarme al mar, solo así se salvaran”.

Ellos temían al Dios de Israel, y dudando que Jonás fuera culpable en verdad, antes de arrojarlo al mar, dijeron: “¡Oh Señor, Dios de Israel!, no nos hagas morir por el pecado de este hombre, ni nos hagas responsables por su muerte, porque no es nuestra culpa este problema.

       Tu enviaste esta tempestad en su contra porque tienes buenas razones, pero nosotros necesitamos salvar nuestro barco”.

 

Después tomaron a Jonás y lo lanzaron por la borda al enfurecido mar.

Inmediatamente que toca las aguas, se calma la tempestad. Al ver esto los marineros se sorprendieron y dijeron: “En verdad que el Dios de Israel es poderoso, y no hay quien pueda esconderse de El”.

Dentro del mar, a Jonás lo esperaba un gran pez que Dios había enviado para que lo tragara, y durante tres días y tres noches estuvo en su vientre.

 

 

 

 

 

 

PARA MEDITAR

Jonás intentó desobedecer a Dios, y huyó tratando de esconderse; el no quería ir a predicar a la gente de Nínive para que se arrepintiera. Pero Dios tenía en su plan darles una oportunidad, y trató con Jonás de una forma especial para que llevara ese mensaje.

Dios nos disciplina cuando no le obedecemos; lo hace porque nos ama y quiere lo mejor para nosotros


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