"El hacha flotante"

Reyes Magos
 

Un día, algunos jóvenes que estudiaban en una escuela especial de profetas, escucharon unas buenas nuevas. El profeta Eliseo venia a visitarlos. Ellos sabían que el edificio donde se quedaban era muy pequeño. Hablaron al respecto con Eliseo y él estuvo de acuerdo en que debían construir un edificio más grande. Así que apartaron un día especial en el que irían a la orilla del rió Jordán. Allí cortarían troncos para su nueva escuela. Eliseo estuvo de acuerdo en acompañarlos.
Uno de los jóvenes había pedido prestada un hacha. El también quería ayudar a construir el nuevo edificio de la escuela. Alegremente se unió al grupo que trabajaba junto al rió ese día. Algunos derribaban árboles, otros cortaban tablas de los árboles derribados. El profeta Eliseo trabajaba con ellos. Mientras trabajaba, les hablaba del amor y cuidado de Dios.
De pronto todo cambió con un hachazo. El joven que tenia el hacha prestada, la levantó con fuerza y ésta salió volando por el aire. Luego cayó en el rió salpicando todo a su alrededor.
—¡Oh, maestro! —exclamó el joven estudiante—. Esa hacha era prestada y no tengo dinero para reponerla. —Sus amigos vinieron corriendo. Todos miraban hacia el agua oscura del río. Eliseo vino también, pero él tampoco podía ver el hacha perdida.
— ¿En qué parte cayó? —preguntó Eliseo. Todo lo que el joven podía hacer era señalar el sitio donde cayó. Eliseo se volvió y buscó algo entre los árboles. Al encontrar una rama que le servia, le cortó un pedazo. Entonces se apresuró a llegar a la orilla del río. Lanzó la vara dentro del agua allí donde el joven había señalado.
La vara también salpico todo al caer en el agua. Luego, muy lentamente, la vara y el hacha subieron a la superficie. Flotaban juntas en el agua, una al lado de la otra.
Los estudiantes estaban muy asombrados. Pero el más asombrado era el joven que había perdido el hacha. Unos momentos antes pensaba que su vida se había arruinado.
Dios, a través de Eliseo, había cambiado un accidente en un milagro. Había transformado un día común de trabajo en un día que se iba a recordar por siempre.
Esa tarde regresó a la escuela ese grupo de jóvenes muy cansados, pero entusiasmados. Iban hablando con Eliseo de lo que había pasado. Estaban más seguros que nunca de que Dios los amaba y se interesaba en sus problemas. Sabían que no había ningún problema que fuera muy grande o muy pequeño para Dios.
 

Referencia de las Escrituras:
2 Reyes 6:1-7
 
 


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