Una noche, unos pastores estaban
en las montañas cuidando las ovejas. Ellos veían el cielo
con muchas estrellas brillantes.
Sentían el viento fresco
y suave en sus rostros.
De repente una estrella muy
brillante apareció en el cielo. Los pastores se asustaron.
Entonces los pastores vieron
un ángel. El ángel fue enviado por Dios. Él les dijo:
“No tengan miedo. Tengo buenas noticias para ustedes. Esas buenas noticias
son para todo el pueblo. Un niño ha nacido en la ciudad de Belén.
Ese niño ha sido enviado por Dios. El niño está envuelto
en pañales. Él está acostado en un pesebre.”
Entonces muchos ángeles
aparecieron. Cantaron el canto más feliz que los pastores jamás
oyeron. Luego los ángeles desaparecieron.
“Vayamos a Belén,” dijo
uno de los pastores. “Busquemos a ese niño.”
Los pastores corrieron hacia
Belén. Ellos atravesaron los valles y las colinas.
Cuándo los pastores llegaron
al pesebre, ellos vieron a Maria y José cuidando al niño
Jesús.
Los pastores se acercaron despacito
y vieron al niño. Los pastores le dijeron a José y María
lo que los ángeles les habían dicho con respecto al niño.
María y José se alegraron al oír lo que los pastores
dijeron.
Los pastores salieron del pesebre
dando gracias a Dios por permitirles ver a ese niño tan especial.
Referencia de las Escrituras:
Lucas 2:8-20