Pablo caminó hasta la ciudad de Corinto. Pablo
había venido a Corinto para decirles a las gentes que Jesús
les amaba.
Cuando Pablo llegó a Corinto, encontró
nuevos amigos. El encontró a un hombre llamado Aquila y a su esposa
Priscila. A Pablo le gustaron estos nuevos amigos.
Un día Aquila preguntó:
“¿Pablo, por qué no vienes a vivir con
nosotros? Priscila y yo quisiéramos que tú te quedaras en
nuestra casa mientras estés en esta ciudad.”
Pablo sonrió a sus amigos. “Gracias,” él
dijo. “Ustedes son muy bondadosos en invitarme. Estaré muy contento
de hospedarme con ustedes.”
Ala mañana siguiente Pablo miró a sus amigos
cuando fabricaban tiendas para vender. Cuidadosamente ellos cortaban las
telas. Las agujas iban de arriba para abajo cosiendo la tela para hacer
las tiendas.
Mientras miraba, Pablo se recordó de cómo
él había aprendido a hacer tiendas de muchacho.
“¿Puedo ayudarles?” Pablo preguntó. “Yo
sé cómo hacer tiendas.”
Aquila y Priscila se alegraron de tener un ayudante.
Pablo trabajaba cuidadosamente. Él era un buen fabricante de tiendas.
Cuando Pablo y Silas vendían las tiendas ellos
hablaron a las gentes acerca de Jesús. Y la gente escuchaba y quería
oír más de Jesús.
Referencias de las Escrituras:
Hechos 18:1-3,24-26; Romanos 16:3-4; 1 Corintios 16:19