La iglesia es un cuerpo con muchos miembros, llamados de toda nación, tribu, lengua y pueblo . En Cristo somos una creación; las distinciones de raza, cultura, educación y nacionalidad, así como las diferencias entre las posiciones elevadas y humildes, ricos y pobres, varones y mujeres, no deben producir divisiones entre nosotros. Somos todos iguales en Cristo, el cual por un Espíritu nos ha unificado en una comunión con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservaciones. Por medio de la revelación de Jesucristo que presentan las escrituras, compartimos la misma fe y esperanza, proyectamos un solo testimonio ante todos. Esta unidad tiene su fuente en la unidad del Dios triuno, el cual nos ha adoptado como sus hijos.