Cuando se menciona la palabra mayordomía muchos cristianos sienten escalo fríos. Temen que alguien les va a pedir más dinero. En realidad no es alguien, sino Alguien que pido, y dinero es lo que menos desea. El pide todo lo que una persona tiene y es. Quiere que todo sea dedicado a su causa en la tierra.
Pero en algún lugar del camino la palabra "mayordomía" se enredó con la infausta idea de que no significa más que dinero. Usted ha oído los comentarios, al igual que yo. Siempre que el presupuesto de la iglesia muestra un déficit, alguien sugiere "tengamos una campaña de mayordomía. Eso bastará para cubrir el déficit". Sí, es posible juntar dinero pero un razonamiento tal limita el concepto bíblico de todo el abarcante significado de la mayordomía. Porque ella no tiene que ver con dinero. Tiene que ver con dinero. Tiene que ver con una relación, una relación de confianza entre el Creador y su creación. Creer en la mayordomía es afirmar que Dios existe. Y afirmar la existencia de Dios es creer en la mayordomía.
Los dos conceptos están inextricablemente unidos, siendo que en la base de la mayordomía descansa el hecho de que Dios existe y es el Creador (Gén. I:I), el Dueño (Sal. 24:1), el Sustentador (Heb. 1:3; Hech. 17:28) y el Redentor (Sal. 19:14) nuestro y de todo el universo. Con este entendimiento, los cristianos adventistas ven a los seres humanos como simples mayordomos, o administradores de todo lo que Dios nos confía mientras vivimos en esta tierra. Eso abarca nuestro tiempo, la salud física y mental, las posesiones materiales, y el ambiente.Como es fácil suponer, la mayordomía no es un mensaje muy popular entre la gente moderna. La cultura ha condicionado muy bien incluso a los cristianos para equiparar el éxito con la adquisición de dinero, posesiones materiales, poder, y prestigio: ¡egoísmo en su máxima expresión que no se disculpa en lo absoluto!
La consecuencia natural es que los cristianos comienzan a pintar cuadros acerca de Dios con pinceles manchados de proyectos egoístas. A veces visualizan a Dios "como un programa de televisión de juegos", que dispensa o retiene los premios de la vida.1 O como un botones cósmico cuyo único deber es suplir nuestros deseos, evitarnos incomodidades y asegurar nuestro éxito en cada aventura". 2
Nada, sin embargo, podría ser más antitético, más diametralmente opuesto a la representación bíblica de Dios y de la vida radicalmente diferente que él pide a sus seguidores que vivan. El mundo incluso se ríe ante el aparentemente extravagante llamamiento que Dios hace a los cristianos para que vivan una vida altruista.Pero aquello que al mundo le parece una paradoja, para Dios tiene sentido. El dice que cuando perdemos nuestra vida en el servicio de Dios, en realidad la hallamos (Luc.9:24). Pablo incluso nos pide que nos lleguemos a sacrificar por Dios: un sacrificio viviente. "Os ruego... que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional" (Rom. 12:1).
¡Cáspita!, ¿Significa eso que Dios no quiere que nos divirtamos, que tengamos un poco de felicidad, o que aprovechemos todo el potencial individual de nuestra vida? ¡Por supuesto que no! Dios está intensamente, interesado en nuestro desarrollo personal y en nuestra felicidad. Pero sugiere a sus seguidores que no busquen su bienestar personal como el objetivo supremo de sus vidas. Más bien, deben procurar una vida de servicio en su favor, motivados por el gran sacrificio que hizo Cristo en la cruz. Y eso ciertamente no suprime la felicidad, antes bien la convierte en "la inesperada sorpresa de una vida vivida en servicio" (véase Mat. 25:31-46).3
"En vez de ser entes autónomos 'haciendo sólo lo nuestro' somos llamados a rendirnos para vivir totalmente bajo su soberanía en comunidades de vida compartida. Y en vez de ser entes adquisitivos, luchando y compitiendo por nuestras propias ganancias egoístas, Dios nos llama a ser personas de servicio que ponen las necesidades de otros antes que las nuestras" (véase Rom. 12: l0).4No hay duda de que es verdad lo que un maestro declaró: "No hay nada más controversial que ser un seguidor de Cristo Jesús. No hay nada más peligroso que vivir de acuerdo a la voluntad de Dios en el mundo contemporáneo nuestro. Cambia por completo su estilo de vida".5 Y ciertamente lo hace. Y ha cambiado completamente la forma en que los adventistas del séptimo día consideran los recursos que Dios nos ha confiado a cada uno de nosotros: decidimos ser fieles y responsables mayordomos de Dios por todos los recursos que él nos ha dado:
Tiempo Después de crear el ciclo y la tierra, en seis días literales de 24 horas, creemos que apartó el séptimo día de la semana como un recordativo de su condición de Creador (Gén. 2:1-3). Él bendijo ese día, lo santificó e invitó a los humanos a venir y tener comunión con él. Seis días les dio para ganarse la vida, pero al séptimo día lo hizo un día sábado de reposo (Exo. 20:8-11).
Así, Dios pide a sus seguidores un séptimo de su tiempo semanal, el sábado, para reponer su salud física y mental, para tener comunión con él, y pasar tiempo con la familia y con los amigos, y para ayudar a otros.
Y después del sábado semanal, Dios tiene al hombre como responsable del uso de los otros seis días. El tiempo es precioso. No podemos aumentarlo, acortarlo ni recuperarlo. Creemos que debe usarse para multiplicar los talentos que Dios nos ha prestado y ayudar a su causa en la tierra: la salvación de todos los que la acepten.
"El valor del tiempo sobrepuja todo cómputo - escribió Elena G. de White-. Cristo consideraba precioso todo momento, y, así es como hemos de considerarlo nosotros. La vida es demasiado corta para que se la disipe. No tenemos sino unos pocos días de gracia en los cuales prepararnos para la eternidad. No tenemos tiempo para perder, ni tiempo para dedicar a los placeres egoístas, ni tiempo para entregarnos al pecado. Es ahora cuando hemos de formar caracteres para la vida futura e inmortal. Es ahora cuando hemos de prepararnos para el juicio investigador". 6
Miles de cosas exigen nuestra atención y nuestro tiempo. Pero los adventistas creemos que una de las mayores prioridades es trabajar como socios de Dios alimentando las vidas espirituales de nuestras familias. Muchos padres están ignorando este privilegio, esperando que dicha obra sea hecha por la iglesia, o la escuela o por alguien más.
El periódico The Washingion Post informó hace poco respecto a una encuesta nacional que reveló una horrible descripción de cómo los padres gastan su tiempo. "Una madre promedio dedica sólo 30 minutos semanales al contacto personal, más o menos estrecho, con su hijo, y un padre dedica un promedio de 11 minutos".7
¿Qué cosas tan importantes hacen el resto de la semana que no les queda tiempo para estar con sus hijos? Quizá trabajando demasiado duro para mantenerse en el nivel adecuado en la carrera materialista de nuestro tiempo.
Dios responde a este estira y afloja proveyendo el sábado semanal, y pidiendo a sus seguidores que simplifiquen su estilo de vida de modo que tengan tiempo para alimentarse espiritualmente como individuos, después a sus familias, y luego a los demás, como fieles mayordomos del tiempo.
Talentos Dios da talentos o habilidades especiales a cada ser humano, desde la carpintería o la soldadura, hasta la cirugía o la ejecución del violín. Y la parábola de los talentos (Mat. 25:14-30) muestra claramente que Dios tiene a cada recipiente como responsable del uso y mejoramiento de los talentos que se le han confiado.
Y más allá de las habilidades normales y naturales de los seres humanos, Dios da dones especiales, o dones espirituales por medio del Espíritu Santo para la edificación y unidad de su iglesia (Rom. 12:4-8; 1Cor. 12:4-1 1, 27-30). "Cada uno, según el don que ha recibido --dice Pedro--, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios... Para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos" (1Ped. 4: 1 0, 1 l).
Salud física y mental No muchos años después de organizada, la Iglesia Adventista del Séptimo Día aceptó la creencia de que existe una estrecha relación entre la salud física y la salud espiritual. "¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1Cor. 6:19,20).
Con esta idea en mente, los adventistas desde entonces han procurado practicar buenos hábitos de salud que no sólo protegerían sus mentes, el centro del razonamiento y el lugar donde mora el Espíritu Santo, sino que también mantendrían sus vidas libres de enfermedades y dolencias autoinducidas". 8
Los adventistas del séptimo día rechazan firmemente, sobre bases bíblicas, el dualismo griego que todavía permea el pensamiento y, la práctica de muchas religiones: que el cuerpo físico es una entidad separada y distinta del alma espiritual y que ninguno de los dos se afecta mutuamente. La historia revela claramente que de tal pensamiento antibíblico resulta un uso intemperante de nuestro cuerpo y nuestra mente. Los adventistas piensan que Dios, como nuestro Creador, conoce mejor que nadie lo que es bueno para la salud óptima del ser humano. Por eso tenemos el propósito de practicar sus principios, poniendo gran énfasis sobre el cuidado preventivo de la salud a través del uso apropiado de la nutrición (incluyendo un régimen vegetariano balanceado), además de ejercicio, agua, luz solar, aire fresco, alimentos libres de estimulantes, descanso y confianza en el cuidado divino. En realidad, no somos más que mayordomos, administradores de nuestra salud física y mental, y decidimos poner en ella sólo aquello que será compatible con la vida y las enseñanzas de Jesús. "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro... en esto pensad" (Fil. 4:8,9).
Posesiones materiales Dios es dueño de todas las cosas (Sal. 24: l). Y pide a todos los habitantes de la tierra, no sólo a los cristianos, que sean administradores de todo cuanto les da. Todo lo que nos da es para que lo multipliquemos y lo usemos para bien de su obra en la tierra (Luc. 12:13-2 l).
Consecuentemente, los adventistas devuelven a Dios una décima parte de sus ingresos, como Dios pidió a todos los seres humanos que hicieran (Mal. 3: 10). Esta práctica se llama el diezmo (Lev. 27:30-32), y se devuelve, no se da, a Dios, como señal de que todo lo que poseemos" es realmente suyo.
"El oro y la plata pertenecen al Señor; él podría, si quisiera, hacerlos llover del ciclo. Pero ha preferido hacer del hombre su mayordomo, confiándole bienes, no para que los vaya acumulando, sino para que los emplee haciendo bien a otros". Los adventistas dan liberalmente, además de los diezmos, ofrendas voluntarias, como gratitud por las abundantes bendiciones que Dios les da (Sant. 1: 17).
Y las bendiciones que Dios ha prometido son grandes para aquellos que devuelven los diezmos y dan las ofrendas: "... abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde" (Mal. 3: 10).
Los adventistas damos voluntariamente porque reconocemos que la vida de una persona "no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Luc. 12:15).
Sin embargo, el devolver los diezmos y dar las ofrendas, no nos da licencia para utilizar lo que queda en forma egoísta. Dios requiere una fiel mayordomía de todas nuestras posesiones (Mat. 25:14-30).
Y cuán cierto es lo que expresa un escritor cristiano cuando dice que "no hay lugar para el consumo ostentoso. Nuestra cultura nos ha condicionado, de hecho, para querer más y más cosas que no necesitamos, de modo que nos hemos convertido en consumidores de las riquezas de Dios, mientras que el hombre del mundo sufre y muere de hambre. Es tiempo de arrepentirnos de nuestra opulencia". 10
Lo que está diciendo es que el cristianismo hace una diferencia en la forma en que gastamos nuestro dinero y lo que acumulamos. El simple hecho de que no veamos físicamente a un pobre en torno nuestro, no significa que no tengamos la responsabilidad de ayudar. Dice que nuestra mayordomía debe hacerse global.
Eso significa que no gastaremos según nuestros deseos, ni siquiera en edificios muy bonitos, supuestamente construidos para Dios, aunque en realidad lo hacemos para nuestra comodidad y satisfacción. Creemos firmemente que la sencillez debería caracterizar a nuestras casas y nuestros templos, a Fin de poder compartir nuestros recursos con los menos afortunados en todo el mundo, que probablemente no tengan ni siquiera el más simple cuartucho donde vivir, ni un templo donde adorar, ni una escuela donde estudiar, ni Biblias para leer.
Y por encima de esto, Dios nos promete que en la medida en que damos, en esa misma medida recibiremos: "Porque con la medida con que medís, os volverán a medir" (Luc. 6:38). Dios nos insta a hacer tesoros en el ciclo mediante el uso correcto de nuestros recursos (a través de una mayordomía fiel), "porque donde éste vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" (Mat. 6:2 l).
Ambiente Dios puso la tierra y sus recursos bajo el cuidado de la humanidad desde el principio (Gén. 1:26-28). Adán y Eva habrían de "señorear sobre él", no destruirlo. Los adventistas ratifican con firmeza su compromiso de proteger la frágil ecósfera de la tierra y condenan la tendencia prevaleciente de un "estilo de vida egoísta y expansionista que explota a los pobres y destruye la tierra". 11
Casi diariamente se nos llama la atención a panoramas de polución y de una tierra devastada: aire envenenado, bosques en extinción, playas contaminadas por la inmundicia, coches ferroviarios cargados de aguas negras y tóxicos industriales derramándose sobre el suelo.
Si bien los adventistas aceptan el punto de vista de que tal destrucción de la tierra es una señal inequívoca de la cercanía de la segunda venida de Cristo, no nos regocijamos por ello, antes bien nos sentimos responsables, como fieles y sabios mayordomos, de la creación del Señor: hablando, protegiendo, reciclando, no usando productos que contaminan la tierra, y realizando otras acciones tendientes a protegerla, según las circunstancias lo demanden.
Mensaje Pablo dice que los cristianos son "servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios" (1Cor. 4:1). En realidad, los cristianos son sus embajadores, y yo creo que Dios ha confiado a la Iglesia Adventista del Séptimo Día un mensaje especial para los habitantes del mundo en el tiempo del fin: el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6-12. Hemos de proclamar el Evangelio eterno que llama a todo el mundo a adorar a Dios, aguardar sus mandamientos, y, a retener la fe de Jesús.
Con este propósito, dedicamos fielmente nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestras posesiones a Dios, puesto que somos sus mayordomos. Y lo hacemos así en reconocimiento del hecho de que "en el Don de Jesús, Dios dio el cielo entero" para nuestra salvación. 12
REFERENCIAS
1. Jon Johnston, "Growing Me-ism and Materialism". Christianitv Today Institute, 17 de enero, 1986, pág. 16.
2. Tom Sine, The Mustard Seed Conspiracy, pág. 78.
3 ídem
4. ídem, pág. 83.
5. Tony Campolo, Adventist Review, 20 de abril de 1989, pág. 10.
6. Palabras del vida del gran Maestro, pág. 277.
7. DeNeed L.Brown y Patricia Davis, "For Virginia Teens, Emptiness Amid Plenty" Washington Post, 8 de diciembre de 1991.
8. Sobre la dieta, libros, alcohol, tabaco, entretenimiento, etc., véase "La conducta cristiana". Creencias fundamentales de los adventistas del sèptimo día, págs. 323-339.
9. Consejos sobre mayordomía cristiana, pág.17.
10. Campolo, pág. 10
11. Eugene Linden, Time, 13 de julio de 1992, pág. 68
12. El deseado de todas las gentes, pág. 518.
Myron Widmer es director asociado de la Revista Adventista en inglés, esposo y padre de tres hijos, jardinero, aficionado al alpinismo, y reciclador.