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Actualizada 06/11/2000

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RESTAURANDO LA IMAGEN DE DIOS

Por Swelyn de Barría


En nuestro encuentro anterior vimos que entre el cuerpo y la mente existe una estrecha relación; de tal manera que cuando uno se ve afectado, influye negativamente sobre el otro. Estudiamos el efecto que los pensamientos pesimistas o de depresión tienen al afectar la inmunidad natural del cuerpo, haciéndolo más propenso a enfermedades. Finalmente recordamos el consejo bíblico de Proverbios 17:22 que nos dice “El corazón alegre constituye buen remedio, mas el espíritu triste seca los huesos.”

Relación Cuerpo-Mente

Así mismo es interesante conocer la relación inversa, donde un organismo enfermo o poco apto va a provocar una mente nublada y una voluntad débil, y también será afectada por hábitos incorrectos en relación al cuerpo.

Conociendo que es a través de la mente la forma que tenemos de contactarnos con Dios, el Dr. William Dysinger en su libro Vida Saludable nos refiere los siguiente: “El enemigo emplea con mucho éxito numerosas herramientas para embotar las elevadas facultades de la mente, de manera que los humanos seamos menos capaces de escuchar la voz de Dios y de distinguir entre lo bueno y lo malo. Entre ellas se encuentran:

·        La falta de oxígeno: nuestro sistema nervioso central es muy sensible a la falta de oxígeno. Cualquier carencia ya sea por no respirar bien, por respirar aire poco oxigenado o por enfermedades que alteren el intercambio de oxígeno-dióxido de carbono, embotarán las facultades mentales.

·        El cansancio: el exceso de trabajo y la falta de sueño se manifestarán en creciente dificultad para pensar, irritabilidad e incluso incidentes que parecen sicóticos.

·        La alimentación: Ciertos hábitos alimentarios erróneos como el comer en exceso, uso de alimentos inconvenientes malas combinaciones, etc producirán una pesadez que abruma y no permitirán pensar con claridad.

·        Régimen alimenticio pobre: ciertas enfermedades mentales se han asociado con bajas concentraciones en el cerebro de vitaminas B1, B3, B6, B12, C, biotin y ácido fólico.

·        Deficiente circulación sanguínea: Más que cualquier otro órgano del cuerpo el cerebro depende de la circulación general y es afectado por los cambios en este. El ejercicio físico es la mejor  manera de aumentar la circulación general y por lo tanto una eficaz forma de aclarar la mente adormilada por una pobre provisión de sangre.

·        La deshidratación: el cerebro necesita mucho agua para sus reacciones químicas. La falta de este elemento , ya sea como consecuencia de beber poco, o de penderlo en grandes cantidades ( diarrea, sudoración excesiva) se manifiesta como cansancio, apatía, inestabilidad emocional, y confusión mental.

·        Las toxemias: las heridas graves infecciones, venenos y un funcionamiento deficiente de los riñones o del hígado manifiestan entre sus primeros síntomas diversos cambios mentales como inquietud o letargo, insomnio o somnolencia e inestabilidad emocional entre otros.

·        Las drogas: podemos distinguir 2 categorías de drogas: a) las sustancias psicoactivas que se toman como analgésicas o mata dolores o por sus efectos tranquilizantes, b) las drogas que podríamos llamar diversión, sustancias que producen adicción como el tabaco, el alcohol, la marihuana y la cafeína (incluidas las bebidas colas). La claridad de pensamiento no es posible bajo la influencia de estas sustancias.

Cristo que es siempre nuestro ejemplo, cuando estaba al borde de una muerte terrible y cruel, rechazó el vinagre que se le dio como analgésico. Probablemente lo hizo porque sabía que le impediría pensar con claridad, y por lo mismo resistir las sutiles tentaciones del enemigo. Su mayor preocupación fue siempre mantener claras sus percepciones para ser capaz de distinguir entre el bien y el mal mientras viviera.

Nuestra responsabilidad ante Dios

La escritora cristiana Elena de White, inspirada por Dios escribió en su libro “Mente, carácter y personalidad Tomo II” lo siguiente: “todo lo que reduzca el vigor físico, debilita el esfuerzo mental, da ahí que toda costumbre que perjudique la salud del cuerpo debería ser descartada resueltamente”. Con este pensamiento reafirma la relación existente entre el cuidado del cuerpo y la mente. Pero también agrega más adelante que: “el uso indebido de nuestras facultades físicas acorta el período de tiempo en el cual nuestras vidas pueden ser usadas para la gloria de Dios. Al permitirnos forma malos hábitos, acostándonos a horas avanzadas o complaciendo el apetito a expensas de la salud, colocamos los cimientos de nuestra debilidad. Descuidando el ejercicio físico, cansando demasiado la mente o el cuerpo, desequilibramos el sistema nervioso. Los que así acortan su vida y se incapacitan para el servicio al no tener en cuenta las leyes naturales son culpables de estar robando a Dios.”

Vemos que no podemos separar la mente del cuerpo, son un todo e indudablemente el mal uso de las facultades físicas o mentales, afectarán también nuestra salud espiritual, es decir nuestra relación con Dios.

El Apóstol Pablo, en su carta a los Corintios nos dice “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?”...y dándonos ejemplo dice: “golpeo mi cuerpo y lo pongo  en servidumbre” describiendo su lucha para cuidad su cuerpo y así mantener alerta su mente y espíritu. Finalmente nos invita a “glorificar a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1º Corintios 6:19; 9:27 y 6:20)

 Swelyn Becerra de Barría es Licenciada en Enfermería y escribe desde Rosario, Argentina.

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"Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo." 

Apoc: 14:6

 

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