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RESTAURANDO
LA IMAGEN DE DIOS
Por
Swelyn de Barría
Cuando
Dios creó al hombre, lo hizo poniendo su propia imagen en él tanto en
el aspecto físico como en lo mental y espiritual. Sin embargo al entrar
el pecado al Edén rompió la armonía que existía y el hombre comenzó
a cosechar los resultados de su desobediencia. Debió abandonar su bella
morada y con ello también perdió el acceso al árbol de la vida
iniciando así su descenso físico y su decadencia hasta llegar a la
muerte.
Han
pasado cerca de seis mil años y la imagen de Dios casi se ha borrado
del hombre. Pero, al igual que Adán, seguimos teniendo la promesa de
una restauración en la persona de Jesucristo, para devolvernos esta imagen.
Según
la Sra. Elena de White, la misión de Cristo al venir a la tierra fue
ofrecer a los hombres completa restauración; vino para darles salud,
paz y perfección de carácter. También agrega que el salvador asistía
tanto al alma como al cuerpo. El evangelio que enseñó fue un mensaje
de vida espiritual y de restauración física. La salvación del pecado
y la curación de la enfermedad iban enlazadas.
Relación
mente-cuerpo
Cristo
conocía la gran relación existente entre la mente y el cuerpo, donde
la primera influye sobre el último y viceversa. Esta relación es tal
que muchas enfermedades que afligen hoy a la humanidad tienen su origen
en la mente y solo se pueden curar si se recupera la salud de ésta.
La
ciencia ha estudiado la relación que existe entre los estados psicológicos
negativos, como la ansiedad y la depresión, y el sistema inmunológico.
Los resultados obtenidos sugieren que la depresión y la ansiedad están
relacionados con una disminución en la producción de linfocitos (glóbulo
blanco especial para la inmunización) y su actividad natural de
destrucción de las células invasoras, además de disminución en la
sangre de la cantidad total de glóbulos blancos y de anticuerpos. Por
lo tanto nos enfermamos más si nuestra mente está en aflicción.
Un
médico de la Universidad de Ciencias de la Salud de Oregon ha revisado la
literatura sobre este tema y ha concluido que los sentimientos
reprimidos de pérdida, negación, depresión, inflexibilidad,
conformismo, carencia de vínculos sociales, niveles elevados de
ansiedad e insatisfacción y muchos sucesos que cambian la vida están
relacionados a una mayor incidencia de cáncer, enfermedades cardíacas
e infecciones.
Los
remedios de Dios
Frente
a esta realidad tenemos el consejo inspirado de que si la mente es libre
y feliz, por una conciencia de bien hacer y un sentido de satisfacción
en hacer felices a otros, crea una alegría que reaccionará sobre todo
el sistema, produciendo una mejor circulación de la sangre y una
tonificación de todo el cuerpo.
Salomón
escribió cerca de 900 años antes de Cristo: “El corazón alegre
constituye buen remedio, mas el espíritu triste seca los huesos”
(Prov. 17:22) y David su padre comenta también su experiencia vivida
con la culpa describiendo que “cuando callé se envejecieron mis
huesos” (Salmo 32:3)
Dios
conociendo la forma en que la alegría eleva nuestra inmunidad y nos
protege contra la enfermedad, nos ha dejado numerosas veces la orden:
“Alegraos”... “Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria”...
“Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su
nombre” (Apoc. 19:7; Salmos 66:1)
Dios
es nuestro creador y como tal conoce perfectamente cómo funciona
nuestro cuerpo y nuestra mente. Envió a su hijo para que tengamos
“vida y para que la tengamos en abundancia” (Jn. 10:10). Su anhelo
es vernos felices y al obedecer sus leyes podremos serlo. Nos invita a
tener una mente optimista, feliz, confiada en sus promesas, libre de
ansiedad y culpa, sabiendo que de esta manera estaremos siendo
“vacunados contra toda enfermedad.”
Swelyn
Becerra de Barría es Licenciada en Enfermería y escribe desde Rosario,
Argentina.
Boletín
nº2
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