Atras
La
paz de Dios
En
la fragancia del camino tengo
el
corazón sediento de miradas;
a perfumarlo
de tus calmas vengo,
con
aroma de Dios en mis pisadas.
Los
senderos de Dios, ¡oh peregrino!,
con
sus trazos de luz y dulces calamas,
son
ascuas de un crepúsculo divino
que
se encienden al borde de las almas.
La
paz de Dios escrita en los pinares
con
sus brisas y sones encalmados,
la
paz de Dios en pardos encinares
y en
la voz de los huertos y sembrados,
vendrá
por la campiña desbordada,
conun
afán perenne de pureza,
como
viene la luz de madrugada
con
un beso de amor y de grandeza.
Martín
Alonso