La Fe que Vence al MundoPreparado por el Pastor Marcelo Solis, Graduado en la Universidad de Costa Rica, actualmente pastor del Distrito Tocoa 2, Colón, Honduras. En la primera Epístola de Juan el capítulo 5, versículos del 1 al 5. Dice allí: "La fe que vence al mundo", y es así como se titula esta meditación. Muy pronto Jesús vendrá a buscarnos en Gloria y Majestad y ¿hallará fe en la Tierra? *Lectura 1 Juan 3:1 *Lectura 1 Juan 3:18-22 *Lectura 1 Juan 4:7-8 *Lectura 1 Juan 4:19-20 Agradezcamos al Señor porque Él nos amó primero, porque permitió que Jesucristo dejara la gloria excelsa y viniese a morir por cada uno de nosotros, pecadores, para salvarnos, siendo nosotros indignos de tanta misericordia Divina. Agradezcamos cada día por lo poco o mucho que Dios nos ha dado y porque tenemos un Padre Santo, Fiel y Verdadero. *Lectura Romanos 1:21 Volvamos a 1 Juan 5, vamos a leer los primeros 5 versículos (...) y ahora, detengámonos más específicamente en el versículo 4. Dice allí: “Porque todo el que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra FE”. Veamos algunos puntos clave de este versículo para comprenderlo en una forma más amplia.
*Lectura Apocalipsis 2:7 ½ *Lectura Apocalipsis 2:11½ ; *Lectura Apocalipsis 2:17 ½; *Lectura Apocalipsis 2:26-28; *Lectura Apocalipsis 3:5; *Lectura Apocalipsis 3:12; *Lectura Apocalipsis 3:21. ¡AMÉN! Replanteemos entonces este versículo, ampliándolo a la luz de la Biblia misma mediante los otros párrafos que ya hemos leído: “Porque todos los que han crucificado la carne con sus pasiones y deseos, los que guardan los mandamientos de Dios, los que andan y viven como Cristo anduvo y vivió cuando estuvo en esta Tierra, ellos vencen al mundo. Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra confianza plena, credulidad, fidelidad, obediencia y seguridad en Dios a pesar de que no le vemos, pero estamos convencidos de que existe, y con paciencia le aguardamos”. Creo que ahora sí nos ha quedado perfectamente claro el sentido amplio de este versículo. La vida del cristiano es una vida de comunión constante con el Padre y de una fe genuina manifestada en nuestra confianza plena en Él y en Su Voluntad. *Lectura Isaías 49:8-10 Lamentablemente, vivimos en un mundo corrompido por el pecado, en donde el sentido bíblico de las palabras y las normas de moralidad se han tergiversado enormemente. Y es así que, como seres humanos que somos, nos encontramos ante dos tipos de fe muy diferentes una de la otra. La primera es la fe bíblica, de la que ya hemos hablado un poco anteriormente, y que es una fe basada en la confianza en un Poder Superior, en un agente externo, ajeno a nosotros mismos; es decir, la fe en Dios. La segunda es la fe que se manifiesta cotidianamente en el mundo, fe en uno mismo, fe en un equipo de fútbol, fe en un político o en una persona, fe en que un número de lotería deseado va a salir, fe en que la bolsa de comercio va a subir, fe en que el país va a mejorar, fe en la foto de un cantante o de un ser humano muerto. Y de esta fe salen frases tan utilizadas por la gente como ser: “si crees, puedes”, “sólo confía en ti mismo”, “todo es cuestión de pensar positivamente, no hay que tirar ondas negativas”, “todo va a salir bien, no pienses cosas negativas porque atraes lo malo”. Por supuesto que no hace falta aclarar que estas frases no deberían existir en boca de un cristiano. No estoy diciendo que es malo pensar positivamente o tener una actitud positiva frente a la vida y a las circunstancias que nos tocan vivir. Como hijos de Dios la Biblia nos exhorta: “estad siempre gozosos”. Pero es muy diferente depositar nuestra confianza, ya sea en nosotros mismos, en otra persona, o hasta en un objeto, que depositarla en el Padre de las Luces de quien proviene toda Sabiduría y Bondad. La Biblia denuncia también que es “maldito el hombre que confía en el hombre”. Nuestra actitud mental positiva tiene valor permanente sólo cuando resulta de un conocimiento del Auténtico Dios (S. Juan 17:3), de Su Verdad (S. Juan 8:31-32) y del Espíritu Santo (S. Juan 14: 16-17 y S. Juan 16:7-8). Y ¿qué es lo primero que nos muestra el Espíritu? Definitivamente algo muy negativo, pues nos dice que somos pecadores, injustos y que seremos juzgados tanto por nuestros actos como por nuestras decisiones. Estamos corrompidos y degradados por el pecado, tenemos una tendencia innata a hacer lo malo y “no hay justo ni aún uno”. Sin embargo, y a pesar de no poder hallar la solución a nuestros problemas en nosotros mismos, Dios nos ha brindado en Jesucristo la posibilidad maravillosa de reconciliarnos con Él a través de lo que conocemos como El Arrepentimiento. “Levantaos e id a vuestro Padre. Él os saldrá al encuentro muy lejos. Si dais arrepentidos, un solo paso hacia Él, se apresurará a rodearos con sus brazos de amor infinito. Su oído está abierto al corazón del alma contrita. Él conoce el primer esfuerzo del corazón para llegar a Él. Nunca se ofrece una oración, aún balbuceada, nunca se derrama una lágrima, aún en secreto, nunca se acaricia un deseo sincero, por débil que sea, de llegar a Dios, sin que el Espíritu de Dios vaya a su encuentro. Aún antes de que la oración sea pronunciada, o el anhelo del corazón sea dado a conocer, la gracia de Cristo sale al encuentro de la gracia que está obrando en el alma humana”. *Lectura Salmos 139:23-24 y: Romanos 8:35, 38 y 39 El contraste entre el mundo que no ha querido conocer a Dios y el que sí lo conoce es abismal e imposible de compatibilizar; por tanto uno y otro engendran un tipo de fe distinto. En el caso de la fe bíblica, ésta es un don de Dios dado a sus hijos a través del Espíritu Santo, cuyo Autor y Consumador es Jesucristo y que es fortalecida mediante el estudio de la Palabra de Dios y la predicación de las Escrituras en nuestra propia vida. Esta conclusión nos permite pasar, de lo negativos que somos por naturaleza a lo positivos que podemos llegar a ser cuando entregamos nuestra voluntad pecaminosa y nuestro yo a los Pies de Jesucristo y permitimos que Su Voluntad y Sus Planes se manifiesten en nuestra vida al abrirle el corazón y dejar que el Espíritu Santo obre en nosotros tanto el querer como el hacer. Al manifestar una completa Fe y confianza en Dios venceremos al mundo aún cuando la prueba, la tentación, el sufrimiento, la soledad, la tristeza o la enfermedad se presenten delante de nosotros. “Porque sabemos que a los que aman a Dios TODAS las cosas les ayudan a bien, y esto es a los que conforme a su propósito han sido llamados”. Seguramente, en esta mañana, tendremos muchas cosas que agradecer a Dios, y muchas otras de las cuales arrepentirnos. Ya no hay más tiempo, hoy es el tiempo de reconsagrar nuestras vidas al Todopoderoso porque Aquel que oye en lo secreto, te recompensará en público y borrará todos tus pecados confesados y nunca más los traerá a la memoria. Tomémonos unos momentos para orar en forma individual y silenciosa. Que Dios te bendiga y te guarde, que haga resplandecer Su rostro sobre ti y te dé paz es mi deseo para cada uno de los presentes en este día. Amén
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