Serie de Mayordomía Cristiana
Preparado por el Pastor Marcelo Solis, Graduado
en la Universidad de Costa Rica, actualmente pastor del Distrito Tocoa
2, Colón, Honduras.
INTRODUCCIÓN SERIE DE MAYORDOMÍA
CRISTIANA
Somos mayordomos de Dios, quien nos ha confiado tiempo y oportunidades,
capacidades y posesiones, y las bendiciones de la tierra y sus recursos.
Somos responsables ante él de su uso correcto. Reconocemos que
Dios es el dueño, al rendir fiel servicio tanto a él como
a nuestros semejantes, y al devolver los diezmos y dar ofrendas para la
proclamación de su Evangelio y el apoyo y crecimiento de su iglesia.
La mayordomía es un privilegio que Dios nos concede para ayudarnos
a crecer en amor y a obtener la victoria sobre el egoísmo y la
codicia. El mayordomo se regocija en las bendiciones que otros reciben
como resultado de su fidelidad.
¿Qué es la vida cristiana?
Más que cualquier otra cosa, la vida cristiana significa la entrega
de nosotros mismos y la aceptación de Cristo. Cuando vemos cómo
Jesús se entregó así mismo por nosotros, clamamos:
“¿Qué puedo hacer yo por ti?”
Pero justamente cuando pensamos que hemos entrado en un compromiso absoluto,
una entrega total, algo sucede que demuestra cuán superficial fue
nuestra decisión. A medida que descubrimos nuevos aspectos de nuestras
vidas que necesitamos entregar a Dios, nuestro sometimiento se profundiza.
Entonces, con mucho tacto, el Espíritu lleva nuestra atención
a otra zona donde el yo necesita entregarse. Y así continúa
la vida a través de una serie de repetidas entregas a Cristo, las
cuales se profundizan cada vez más en nuestro ser, nuestro estilo
de vida, la manera cómo actuamos y reaccionamos.
Una vez que entregamos todo lo que somos y lo que tenemos a Dios, a quien
todo le pertenece de todos modos (1 Corintios 3:21-4:2) él lo acepta,
pero luego nos lo vuelve a entregar, haciéndonos mayordomos o cuidadores
de todo lo que poseemos. Entonces, nuestra tendencia a vivir vidas confortables
y egoístas se ve quebrantada al darnos cuenta de que nuestro Señor
fue necesitado, aprisionado y extranjero. Y su perdurable mandato: “Por
tanto id, y haced discípulos a todas las naciones” hace que
las actividades de la iglesia -compartir, enseñar, predicar, bautizar-
sean más preciosas para nosotros. Por causa suya procuramos ser
mayordomos fieles.
¿Qué es la mayordomía?
Pertenecemos a Dios (1 Corintios 6:19-20). Fuimos comprados, redimidos,
a un costo muy alto. Pero esa acción divina fue tan sólo
una reclamación, porque él nos hizo; hemos pertenecido a
él desde el comienzo, porque “en el principio creó
Dios...” (Génesis 1:1). “Debemos instruir y guiar a
las almas para que vean en Cristo su ejemplo, y comprendan sus obligaciones
hacia Aquel a quien pertenecen por creación y por redención.
Él es Dueño de todo hombre, mujer y niño que viene
a este mundo. Llegó a serlo cuando pagó el precio de la
redención. Si los seres humanos caídos quieren llegar a
ser hijos e hijas de Dios mediante su obediencia voluntaria, serán
uno con Cristo. El Salvador los ha comprado al dar su vida para pagar
la deuda del pecado... Los que están verdaderamente convertidos
revelarán la gracia salvadora de Cristo al trabajar por esas almas
enceguecidas por Satanás”.
- El universo entero pertenece a Dios (Salmos 24:1). En la creación,
Dios compartió con la humanidad sus posesiones, y continúa
siendo el verdadero dueño del mundo, sus habitantes y lo que
contiene. En la cruz confirmó sus posesiones de lo que el hombre
había perdido a manos de Satanás en la caída (1
Corintios 6:19-20). Ahora, le encarga a su pueblo que sirvan como mayordomos
de sus posesiones.
- Un mayordomo es una persona a la cual “se le encarga el manejo
de la casa o la propiedad de otro”. Mayordomía es “la
posición, deberes o servicio de un mayordomo”.
- Para el cristiano, mayordomía significa “la responsabilidad
que le cabe al hombre por todo lo que Dios le ha confiado, y el uso
que de ello hace: la vida, el ser físico, el tiempo, los talentos
y capacidades, las posesiones materiales, las oportunidades de servir
a otros, y su conocimiento de la verdad”. Los cristianos sirven
como mayordomos de las posesiones de Dios, y consideran que la vida
es una oportunidad divinamente concedida “para que aprendan a
ser fieles mayordomos, preparándose de este modo para la mayordomía
superior de las cosas eternas en la vida futura”.
- En sus dimensiones más amplias, por lo tanto, la mayordomía
“abarca el uso sabio y abnegado de la vid”.
Conclusión
“Un mayordomo tiene que rendir cuentas a su amo de cualquier clase
de bienes que le haya confiado, y sabe que debe dar cuenta de su mayordomía.
Cuando los miembros de la iglesia cooperan con sus dirigentes instituidos,
hacen mucho más fácil que los líderes rindan una
fiel cuenta de su mayordomía".
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA
# 1. COLABORADORES CON DIOS
"Honra a Jehová de tu sustancia, y de las primicias de todos
tus frutos; y serán llenas tus trojes con abundancia, y tus lagares
rebosarán de mosto" (Proverbios 3: 9, 10).
"Hay quienes reparten, y les es añadido más: y hay
quienes son escasos más de lo que es justo, mas vienen a pobreza.
El alma liberal será engordada: y el que saciare, él también
será saciado" (Proverbios 11: 24, 25).
"Mas el generoso piensa en cosas generosas, y él por cosas
generosas será hecho estable" (Isaías 32: 8, VM).
En el plan de salvación, la sabiduría divina estableció
la ley de la acción y de la reacción; de ello resulta que
la obra de beneficencia, en todos sus ramos, es doblemente bendecida.
El que ayuda a los menesterosos es una bendición para ellos y él
mismo recibe una bendición mayor aún.
La Gloria del Evangelio
La gloria del Evangelio consiste y se funda en la noción de que
se ha de restaurar la imagen divina en una raza caída por medio
de una constante manifestación de benevolencia. Esta obra comenzó
en los atrios celestiales, cuando Dios dio a los humanos una prueba deslumbradora
del amor con que los amaba. “Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan
3: 16). El don de Cristo revela el corazón del Padre. Nos asegura
que, habiendo emprendido nuestra redención, él no escatimará
ninguna cosa necesaria para terminar su obra, por más que pueda
costarle.
La generosidad es el espíritu del cielo. El abnegado amor de Cristo
se reveló en la cruz. El dio todo lo que poseía y se dio
a sí mismo para que el hombre pudiese salvarse. La cruz de Cristo
es un llamamiento a la generosidad de todo discípulo del Salvador.
El principio que proclama es de dar, dar siempre. Su realización
por la benevolencia y las buenas obras es el verdadero fruto de la vida
cristiana. El principio de la gente del mundo es: ganar, ganar siempre;
y así se imagina alcanzar la felicidad; pero cuando este principio
ha dado todos sus frutos, se ve que sólo engendra la miseria y
la muerte.
La luz del Evangelio que irradia de la cruz de Cristo condena el egoísmo
y estimula la generosidad y la benevolencia. No debería ser causa
de quejas el hecho de que se nos dirigen cada vez más invitaciones
a dar. En su divina providencia Dios llama a su pueblo a salir de su esfera
de acción limitada para emprender cosas mayores. Se nos exige un
esfuerzo ilimitado en un tiempo como éste, cuando las tinieblas
morales cubren el mundo. Muchos de los hijos de Dios están en peligro
de dejarse prender en la trampa de la mundanalidad y avaricia. Deberían
comprender que es la misericordia divina la que multiplica las solicitudes
de recursos. Deben serles presentados blancos que despierten su benevolencia
o no podrán imitar el carácter del gran Modelo. (Consejos
Sobre Mayordomía Cristiana, 16,17).
Ejercicio:
Llamado a impulsar la RECOLECCIÓN y la BENEVOLENCIA SISTEMÁTICA
de Diezmos y Ofrendas. Instruir que deben ser usados los sobres de diezmos
adecuadamente.
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA # 2. LAS BENDICIONES
DE LA MAYORDOMÍA
Lectura San Marcos 16:15.
Al dar a sus discípulos la orden de ir por "todo el mundo"
y predicar “el evangelio a toda criatura", Cristo asignó
a los hombres una tarea: la de sembrar el conocimiento de su gracia. Pero
mientras algunos salen al campo a predicar, otros le obedecen sosteniendo
su obra en la tierra por medio de sus ofrendas. El ha puesto recursos
en las manos de los hombres, para que sus dones fluyan por canales humanos
al cumplir la obra que nos ha asignado en lo que se refiere a salvar a
nuestros semejantes. Este es uno de los medios por los cuales Dios eleva
al hombre. Es exactamente la obra que conviene a éste; porque despierta
en su corazón las simpatías más profundas y le mueve
a ejercitar las más altas facultades de la mente.
Todas las cosas buenas de la tierra fueron colocadas aquí por
la mano generosa de Dios, y son la expresión de su amor para con
el hombre. Los pobres le pertenecen y la causa de la religión es
suya. El oro y la plata pertenecen al Señor; él podría,
si quisiera, hacerlos llover del cielo. Pero ha preferido hacer del hombre
su mayordomo, confiándole bienes, no para que los vaya acumulando,
sino para que los emplee haciendo bien a otros. Hace así del hombre
su intermediario para distribuir sus bendiciones en la tierra. Dios ha
establecido el sistema de la beneficencia para que el hombre pueda llegar
a ser semejante a su Creador, de carácter generoso y desinteresado
y para que al fin pueda participar con Cristo de una eterna y gloriosa
recompensa.
Reuniéndose Alrededor de la Cruz
El amor que tuvo su expresión en el Calvario debiera ser reanimado,
fortalecido y difundido en nuestras iglesias. ¿No haremos todo
lo que está a nuestro alcance para fortalecer los principios que
Cristo comunicó a este mundo? ¿No nos esforzaremos por establecer
y desarrollar las empresas de beneficencia que necesitamos sin más
demora? Al contemplar al Príncipe del cielo muriendo en la cruz
por vosotros, ¿podéis cerrar vuestro corazón, diciendo:
“No, nada tengo para dar”?
Los que creen en Cristo deben perpetuar su amor. Este amor debe atraerlos
y reunirlos en derredor de la cruz. Debe despojarlos de todo egoísmo
y unirlos a Dios y entre sí mismos.
Juntaos alrededor de la cruz dominados por un espíritu de sacrificio
personal y de completa abnegación. Dios os bendecirá si
hacéis lo mejor que podéis. Al acercaros al trono de la
gracia y al veros ligados a ese trono por la cadena de oro que baja del
cielo a la tierra para sacar a los hombres del abismo del pecado, vuestro
corazón rebosará de amor hacia vuestros hermanos que están
todavía sin Dios y sin esperanza en el mundo. JT 3, 401 - 404.
Ejercicio:
Establezca un diálogo con la congregación haciendo las
siguientes preguntas:
- ¿Por qué cree usted que hay quienes no dan los Diezmos
que sólo a Dios le pertenecen?
- Siendo que los Diezmos son propiedad exclusiva de Dios, ¿qué
pecado contra la Ley se viola cuando se retienen los Diezmos? ¿Cómo
se siente usted si lo conocieran como ladrón? ¿Por qué
debemos devolver los Diezmos y las ofrendas? –Explícanos.
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA # 3. LA ÚNICA
FORMA DE MANIFESTAR GRATITUD
El Señor no necesita nuestras ofrendas. No podemos enriquecerlo
con nuestros donativos. El salmista dice: "Todo es tuyo, y de lo
recibido de tu mano te damos" (1 Crónicas 29:14). Dios nos
permite manifestar nuestro aprecio de sus mercedes por medio de esfuerzos
abnegados realizados para compartir las mismas con otras personas. Esta
es la única manera posible como podemos manifestar nuestra gratitud
y nuestro amor a Dios, porque él no ha provisto ninguna otra.-Review
& Herald, diciembre 6, 1887.
El argumento de Pablo contra el egoísmo
Pablo procuró desarraigar de los corazones de sus hermanos la
planta del egoísmo, porque el carácter no puede estar completo
en Cristo cuando retiene el egoísmo y la codicia. El amor de Cristo
en sus corazones los induciría a ayudar a sus semejantes en sus
necesidades. Procuró estimular su amor señalándoles
el sacrificio que Cristo había hecho por ellos.
Les dijo: "No hablo como quien manda, sino para poner a prueba,
por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del
amor vuestro. Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor
Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que
vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos" (2 Corintios 8: 8,
9).
Este es el poderoso argumento que usa el apóstol. No es el mandamiento
de Pablo sino el del Señor Jesucristo. . .
¡Cuán grande fue el don hecho por Dios al hombre, y cuán
propio de Dios fue hacerlo! El dio con una liberalidad que jamás
podrá ser igualada, a fin de salvar a los rebeldes hijos del hombre
y de inducirlos a ver su propósito y a discernir su amor. ¿No
queréis demostrar por medio de vuestros dones y ofrendas que no
hay nada que consideráis demasiado bueno para aquel que “ha
dado a su Hijo unigénito”? -Review & Herald, mayo 15,
1900.
El espíritu de liberalidad es el espíritu del cielo. El
espíritu de egoísmo es el espíritu de Satanás.
-Review & Herald, octubre 17, 1882.
Ejercicios:
A ninguno de nosotros se nos exige dar las ofrendas de gratitud, por
eso, saquemos una conclusión a través del siguiente diálogo
contestando lo siguiente:
- ¿Cómo demostró su infinito amor Dios por la humanidad?
- ¿Cómo puedo yo demostrarle mi amor y gratitud al Señor?
- ¿Por qué cree usted que hay quienes no dan sus ofrendas
al Señor?
- ¿Cree usted que el dar ofrendas de agradecimiento nos hará
pobres?
- ¿Cómo es beneficiada la iglesia local y mundial si damos
ofrendas liberalmente? (pregunta para los ancianos o tesoreros de
cada iglesia)
- ¿Cómo se siente usted cuando pasan los diáconos
con los platos y usted no da sus ofrendas de gratitud? ¿Por qué?,
si se siente triste es porque usted ama la causa de Dios; si su sentimiento
es vergüenza, es porque usted da por un compromiso; si se siente
como si nada sucedió, es porque para usted DAR no es parte de
la adoración y es un mal agradecido con Dios; y, si usted no
da porque cree que no es éste su deber, es porque usted es egoísta,
y por tanto necesita contemplar la cruz de Cristo.
- Haga un llamado a la generosidad y gratitud para con nuestro Dios.
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA # 4. ¿POR
QUÉ DIOS EMPLEA A LOS HOMBRES COMO LOS ENCARGADOS DE DISTRIBUIR
SUS RECURSOS
Dios no depende de los hombres para promover su causa. Podría
convertir a los ángeles en embajadores de su verdad. Habría
podido revelar su voluntad por medio de su propia voz cuando proclamó
la ley desde el Sinaí. Pero ha elegido emplear a los hombres para
que hagan su obra a fin de cultivar en ellos el espíritu de liberalidad.
Cada acto de abnegación realizado en bien de otros fortalecerá
el espíritu de generosidad en el donante, y lo vinculará
más estrechamente con el Redentor del mundo, quien “por amor
a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza
fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8: 9). Y la vida puede ser una
bendición para nosotros únicamente en la medida en que cumplimos
el propósito divino para el cual fuimos creados. Todas las buenas
dádivas que Dios hace al hombre constituirán una maldición
a menos que éste las emplee para hacer felices a sus semejantes
y para promover la causa de Dios en el mundo.-Review & Herald, diciembre
7, 1886.
Resultado de la búsqueda de ganancias
Este creciente apego por la obtención de dinero, el egoísmo
engendrado por el deseo de ganancias, es lo que amortece la espiritualidad
de la iglesia y aleja de ella el favor de Dios. Cuando la cabeza y las
manos están ocupadas constantemente en planear y trabajar para
acumular riquezas, los derechos de Dios y la humanidad quedan olvidados.
Si Dios nos ha bendecido con prosperidad, esto no quiere decir que debemos
apartar de él nuestro tiempo y atención para dirigirlos
a las cosas que él nos ha prestado. El Dador es más grande
que el don. Hemos sido comprados por un precio y por lo tanto no nos pertenecemos
a nosotros mismos. ¿Hemos olvidado cuál fue el precio infinito
pagado por nuestra redención? ¿Ha muerto la gratitud en
el corazón? ¿La vida de Cristo no es un reproche para una
vida de comodidad egoísta y complacencia?... Estamos cosechando
los frutos de este sacrificio de abnegación infinita; y sin embargo,
cuando hay que trabajar, cuando se necesita que nuestro dinero ayude a
la obra del Redentor en la salvación de las almas, nos apartamos
de nuestro deber y oramos para que se nos excuse. Pereza innoble, descuidada
indiferencia, y egoísmo malvado sellan nuestros sentidos para que
no veamos los derechos de Dios.
“¡Oh! ¿Debe Cristo, la Majestad del cielo, el Rey
de gloria, cargar con la pesada cruz, llevar la corona de espinas y beber
la amarga copa, mientras nosotros descansamos cómodamente, nos
glorificamos a nosotros mismos y nos olvidamos de las almas por las que
murió para redimirlas mediante su sangre preciosa? No; demos mientras
podamos hacerlo. Hagámoslo mientras tenemos fuerzas para hacerlo.
Trabajemos mientras dura el día. Dediquemos nuestro tiempo y nuestros
medios al servicio de Dios a fin de recibir su aprobación y su
recompensa.” Review & Herald, octubre 17, 1882.
“¿Qué estás haciendo por Cristo, mientras
vida él te da? ¿Sembrando estás su Palabra o te hallas
durmiendo quizá?; ¿Qué estás haciendo por
Cristo, tu gran Rey y Señor? ¿Cuidas el alma afligida con
gracia, ternura y amor? ¿Qué estás haciendo por Cristo?
Pronto anochecerá. Ven sin tardar y trabaja, pues Cristo muy pronto
vendrá. Él te dio su gracia; tú, ¿qué
le darás?” (Tomado del Himnario Adventista, Himno # 367).
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA # 5. PRINCIPIOS
CONFLICTIVOS DE CRISTO Y SATANÁS
Los seres humanos pertenecen a una gran familia: la familia de Dios.
El propósito del Creador era que los seres humanos se respetaran
y se amaran mutuamente, y que siempre manifestaran un interés puro
y abnegado en el bienestar mutuo. Pero Satanás se ha propuesto
interesar a los hombres en primer término en sí mismos,
y éstos al ceder a su control han desarrollado un egoísmo
que ha llenado al mundo de miseria y lucha, y ha indispuesto a los hombres
entre sí.
El egoísmo es la esencia de la depravación, y debido a
que los seres humanos han cedido a su poder, hoy se ve en el mundo lo
opuesto a la obediencia a Dios. Las naciones, las familias y los individuos
están deseosos de convertirse ellos mismos en la figura central.
El hombre desea gobernar sobre su prójimo. Al separarse, en su
egotismo, de Dios y de sus semejantes sigue sus inclinaciones desenfrenadas.
Actúa como si el bien de los demás dependiera de la sujeción
de éstos a su supremacía.
El egoísmo ha introducido discordia en la iglesia y la ha llenado
de una ambición no santificada... El egoísmo destruye la
semejanza con Cristo y llena al hombre de amor propio. Conduce a un alejamiento
continuo de la justicia. Cristo ha dicho: "Sed, pues, vosotros perfectos,
como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo
5: 48). Pero el egoísmo no percibe la perfección que Dios
requiere. . .
Cristo vino a este mundo para revelar el amor de Dios. Sus seguidores
deben continuar la obra que él comenzó. Esforcémonos
por ayudarnos y fortalecernos mutuamente. La búsqueda del bien
de los demás es el camino por el que puede hallarse la verdadera
felicidad. El hombre no obra contra sus propios intereses cuando ama a
Dios y a sus semejantes. Cuanto más desprendido sea su espíritu
tanto más feliz será porque está cumpliendo el propósito
de Dios para él. Así es como respira la atmósfera
de Dios, la que lo llena de gozo. Para él la vida constituye un
cometido sagrado que considera inestimable porque ha sido dado por Dios
para ser empleado en el servicio por los demás. -Review & Herald,
junio 25, 1908.
Un conflicto desigual
El egoísmo es el impulso humano más poderoso y más
generalizado, y debido a esto la lucha del alma entre la simpatía
y la codicia constituye una prueba desigual; porque mientras el egoísmo
es la pasión más fuerte, el amor y la benevolencia son con
mucha frecuencia los sentimientos más débiles, y por regla
general el maligno gana la victoria. Por lo tanto, al dar nuestro trabajo
y nuestros dones a la causa de Dios, es peligroso dejarse controlar por
los sentimientos o el impulso.
Los cristianos deberían actuar dirigidos por principios fijos
siguiendo el ejemplo de abnegación y sacrificio dado por el Salvador.-Review
& Herald, diciembre 7, 1886.
La nota tónica de la enseñanza de Cristo
La abnegación es la nota tónica de las enseñanzas
de Cristo. Con frecuencia se impone este concepto a los creyentes con
un lenguaje que parece autoritario, porque no hay otra forma de salvar
a los hombres si no se los separa de su vida de egoísmo. Mientras
Cristo vivió en el mundo hizo una correcta presentación
del poder del Evangelio. . . A cada alma que sufra con él mientras
resiste al pecado, trabaja por su causa y se niega a sí misma por
el bien de otros, él le promete una parte en la recompensa eterna
de los justos. Poniendo en práctica el mismo espíritu que
caracterizó la obra de su vida, llegaremos a participar de su naturaleza.
Al compartir esta vida de sacrificio por amor a otros, disfrutaremos con
él la vida futura, "un cada vez más excelente y eterno
peso de gloria" (2 Corintios 4: 17).-Review & Herald, septiembre
28, 1911.
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA # 6. DONDE
CRISTO MORA HAY LIBERALIDAD
Lectura: Hechos 4:32-35
Cuando el perfecto amor de Dios inunde el corazón ocurrirán
cosas admirables. Cristo morará en el corazón del creyente
como una fuente de agua que fluye para vida eterna. Pero los que manifiestan
indiferencia hacia los que sufren serán culpados de indiferencia
hacia Jesucristo en la persona de sus santos necesitados. Nada extrae
del alma la espiritualidad con más rapidez que cuando se la rodea
con el egoísmo y el cuidado de sí mismo.
Los que complacen su yo y descuidan la atención de las almas y
los cuerpos de las personas por quienes Cristo dio su vida, no están
comiendo del pan de vida ni bebiendo del agua de la fuente de salvación.
Están secos y sin savia, como un árbol que no lleva fruto.
Son enanos espirituales que consumen sus recursos en sí mismos;
pero no olvidemos que "todo lo que el hombre sembrare, eso también
segará" (Gálatas 6: 7).
Los principios cristianos siempre resultarán visibles. En mil
formas se pondrán de manifiesto los principios interiores. Cristo
morando en el alma es como una fuente que nunca se seca.-Review &
Herald, enero 15, 1895.
Cuando se entroniza a Cristo en el corazón
Cuando Dios confía riquezas al hombre, lo hace con el fin de que
adorne la doctrina de Cristo nuestro Salvador utilizando sus tesoros terrenales
para promover el reino de Dios en nuestro mundo. Debe representar a Cristo,
y por lo tanto no ha de vivir para complacerse ni glorificarse a sí
mismo, ni para recibir honor a causa de su riqueza.
Cuando el corazón es limpiado de pecado, Cristo es entronizado
en el lugar que una vez ocupaban la complacencia de sí mismo y
el amor a las riquezas terrenales. La imagen de Cristo se ve en la expresión
del rostro. La obra de santificación prosigue en el alma. Desaparece
la justicia propia. Surge el nuevo hombre, quien es creado según
Cristo en justicia y verdadera santidad.-Review & Herald, septiembre
11, 1900.
La victoria sobre la codicia y la avaricia
Los ricos deberían consagrar todo lo que tienen a Dios, y los
que son santificados por medio de la verdad en cuerpo, alma y espíritu
también dedicarán a Dios sus posesiones y se convertirán
en instrumentos para alcanzar a otras almas. Por medio de su experiencia
y ejemplo manifestarán que la gracia de Cristo tiene poder para
vencer la codicia y la avaricia; y la persona adinerada que somete a Dios
los bienes que le han sido confiados será reconocida como un mayordomo
fiel, y podrá demostrar ante otros que cada peso que posee lleva
la marca y el sello de Dios.-Review & Herald, septiembre 19, 1893.
Ejercicio:
¿Qué cambios cree usted que pueden ocurrir en su vida si
Cristo mora en usted? ¿Cuándo Cristo mora en el corazón
del hombre? ¿Qué sucedería si consagráramos
todo lo que tenemos a Dios?
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA # 7. LA PREDICACIÓN
DE SERMONES PRÁCTICOS.
Dar para satisfacer las necesidades de los santos y para promover el
reino de Dios es predicar sermones prácticos que testifican que
los que dan no han recibido en vano la gracia de Dios. El ejemplo viviente
dado por un carácter desprendido que sigue el modelo de Cristo,
ejerce gran poder sobre los hombres. Los que no viven para sí mismos
no emplearán hasta el último peso para satisfacer sus necesidades
supuestas y para proveerse de lo que les conviene, sino que recordarán
que son los seguidores de Cristo y que hay otros que necesitan alimento
y ropa.
Los que viven para complacer el apetito y los deseos egoístas
perderán el favor de Dios y la recompensa celestial. Dan testimonio
ante el mundo de que no poseen una fe genuina, y cuando procuren compartir
con otros la verdad presente el mundo considerará sus obras como
metal que resuena y címbalo que retiñe. Que todos demuestren
su fe por medio de sus obras. “La fe, si no tiene obras, es muerta
en sí misma” (Santiago 2:17). “Mostrad, pues, para
con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestro gloriarnos
respecto de vosotros” (2 Corintios 8: 24).-Review & Herald,
agosto 21, 1894.
El sermón más difícil
El sermón más difícil de predicar y que ofrece más
dificultad para ponerlo en práctica, es la abnegación. El
codicioso pecador, el yo, cierra la puerta al bien que podría hacerse,
pero que no se hace porque se invierte el dinero con propósitos
egoístas. Pero es imposible que nadie pueda retener el favor de
Dios y gozar de comunión con el Salvador, y al mismo tiempo ser
indiferente con los intereses de sus semejantes que no tienen vida en
Cristo y que perecen en sus pecados. Cristo nos ha dejado un ejemplo admirable
de abnegación. . .
Al seguirlo por el camino de la abnegación, levantando la cruz
y llevándola tras él hasta la casa de su Padre revelaremos
en nuestras vidas la belleza de la vida de Cristo. Junto al altar del
sacrificio -el lugar designado de reunión entre Dios y el alma-
recibimos de manos de Dios la antorcha celestial que escudriña
el corazón y que revela la necesidad de que Cristo more en el interior.-Review
& Herald, enero 31, 1907.
Expande el corazón y une con Cristo
Las ofrendas de los pobres, dadas con abnegación para ayudar y
extender la preciosa luz de la verdad salvadora, no sólo tendrán
olor agradable para Dios y serán plenamente aceptadas por él
como un donativo dedicado, sino que el mismo acto de dar expande el corazón
del dador y lo une más plenamente con el Redentor del mundo. El
era rico pero por amor a nosotros se hizo pobre, para que por su pobreza
nosotros fuésemos hechos ricos. Las sumas más pequeñas
dadas con gozo por los que tienen recursos limitados, resultan plenamente
aceptables para Dios, y aun de mayor valor que las ofrendas de los ricos
quienes pueden dar miles de pesos sin ejercer abnegación y sin
sentir necesidad.- Review & Herald, octubre 31, 1878.
Dando con gozosa presteza
El espíritu de liberalidad cristiana se fortalecerá a medida
que se lo ejercita, y no necesitará estimulación malsana.
Todos los que poseen este espíritu, el espíritu de Cristo,
con gozosa presteza llevarán sus donativos a la tesorería
del Señor. Inspirados por su amor a Cristo y por las almas por
quienes él murió, sienten una intensa urgencia por desempeñar
fielmente su parte. - Review & Herald, mayo 16, 1893 .
Cristo lo ha dado todo por ti y por mi, ahora, ¿qué le
daremos?.
MAYORDOMÍA CRISTIANA. TEMA # 8. LA VOZ
DE LA CONSAGRACIÓN.
"¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me estáis
robando y preguntáis: '¿Qué te estamos robando?'
Los diezmos y las ofrendas."Malditos sois con maldición, porque
vosotros, la nación toda, me estáis robando. "Traed
el diezmo íntegro al templo, y haya alimento en mi casa. Y probadme
en esto —dice el Eterno Todopoderoso—, a ver si no os abro
las ventanas del cielo, y vacío sobre vosotros bendición
hasta que sobreabunde”(Malaquías 3:8-10). ¿Éste
el lenguaje de vuestro corazón? "Soy tuyo por completo, mi
Salvador; tú pagaste el rescate por mi alma, y todo lo que soy
o lo que seré te pertenece. Ayúdame a adquirir recursos,
no para gastarlos neciamente, no para complacer mi orgullo, sino para
usarlos para gloria de tu nombre".
En todo lo que hagáis, que vuestra preocupación sea: ¿Es
éste el camino del Señor? ¿Agradará esto a
mi Salvador? El dio su vida por mí: ¿Qué puedo dar
yo por Dios? Puedo decir tan sólo: "De lo recibido de tu mano
te damos" (1 Crónicas 29: 14). A menos que el nombre de Dios
esté escrito en vuestras frentes -escrito allí porque Dios
es el centro de vuestros pensamientos- no se os hallará en luz
para que recibáis la herencia. Vuestro Creador ha derramado sobre
vosotros todo el cielo en un solo don maravilloso: su Hijo unigénito.
. .
Dios extiende su mano sobre los diezmos tanto como sobre los donativos
y las ofrendas, y dice: "Esto me pertenece. Cuando os confié
mis bienes especifiqué que una parte debía ser vuestra,
para suplir vuestras necesidades, y otra porción debía devolvérseme".
Cuando reuníais vuestra cosecha y llenabais vuestros galpones
y graneros para vuestra propia comodidad, ¿devolvisteis a Dios
fielmente el diezmo? ¿Le presentasteis vuestros donativos y ofrendas
para que su causa no sufriera? ¿Habéis cuidado de los huérfanos
y las viudas? Esto constituye un ramo de la actividad misionera que por
ninguna razón debería descuidarse.
¿No hay a vuestro alrededor pobres y dolientes que necesitan ropas
abrigadas, alimento mejor, y sobre todo lo demás, lo que será
más apreciado: simpatía y amor? ¿Qué habéis
hecho por las viudas, los angustiados, que os piden ayuda para educar
y preparar a los hijos o nietos? ¿Cómo habéis tratado
estos casos? ¿Habéis procurado ayudar a los huérfanos?
Cuando padres o abuelos ansiosos y preocupados os han pedido, y hasta
os han rogado que consideréis sus casos, ¿los habéis
rechazado con negativas insensibles e indiferentes? Si ha sido así,
que el Señor se compadezca de vuestro futuro; porque, "con
la medida con que medís, os será medido" (Mateo 7:
2). ¿Podemos admirarnos de que el Señor retenga su bendición
cuando sus donativos son pervertidos egoístamente y mal usados?
Dios está constantemente derramando sobre vosotros las bendiciones
de esta vida; y si os pide que ayudéis en los diversos ramos de
su obra, lo hace en vuestro propio interés temporal y espiritual,
para que así reconozcáis que Dios es el dador de toda bendición.
Dios, como Obrero principal colabora con los hombres en la tarea de proporcionar
los medios necesarios para su mantenimiento; por eso requiere que ellos
colaboren con él en la salvación de las almas. Ha colocado
en manos de sus siervos los recursos necesarios para promover su obra
en las misiones nacionales y extranjeras. Pero si tan sólo la mitad
de la gente cumple con su deber, la tesorería carecerá de
los fondos necesarios, y como resultado muchas partes de la obra de Dios
quedarán incompletas. - Review & Herald, diciembre 23, 1890.
Leer 2 Cointios. 9:6-9.
La justicia de Dios permanece para siempre. Seamos fieles con nuestros
Diezmos y Ofrendas. Que ninguno caiga en semejante ejemplo de infidelidad.
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