![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
Lección 10: La "locura" del profetaPara el 5 de diciembre de 2009 Enseña a tu clase | Bosquejo
de la Lección | Resumen
El sábado enseñaré... Texto Clave: 1 Timoteo 6:10.
Saber la triste caída de un profeta de Dios, que fue seducido a deshonrar a Dios por promesas de riquezas. Sentir los peligros de jugar de cualquier forma con la tentación. Hacer que nuestra atención se concentre en la gracia y la bondad de Dios para huir de la tentación.
Un profeta que una vez fue fiel perdió su camino por la codicia de una recompensa ofrecida por un rey mundano.
Concepto clave: En esta lección, deberíamos aprender cómo la avaricia es insidiosa, y cómo evitar que ella controle nuestras vidas. Solo para los maestros: Si el trabajo, el estudio, la familia y la iglesia marginan el tiempo para el crecimiento espiritual, será fácil que los impulsos y las influencias ajenas a Dios posean nuestras vidas y dicten nuestras decisiones. Pide a la clase que analice la relación de Dios con la avaricia, en el contexto de la administración del tiempo. La historia de Balaam –un relato un poco cómico de un asno que habla a su dueño beligerante– es, realmente, acerca de cómo la codicia puede pisotear nuestros mejores instintos. A primera vista, podríamos considerar a Balaam como más que un hombre terco, hasta casi un loco. ¿Quién trataría de seguir maldiciendo al pueblo de Dios después de que un asno acorralado y un ángel con la espada desnuda le dieran una severa advertencia, para no mencionar las palabras directas de Dios, que lo presionaban en otra dirección? Pero, descubrimos que el gran deseo de Balaam por la recompensa eclipsó su sentido común y su compromiso con Dios. Si la voluntad de Dios no está guiando nuestras vidas, ¿estará la avaricia manejando las riendas? Si no estamos adorando a Dios, ¿ante quién o ante qué nos estamos arrodillando? ¿Cómo podemos evitar que la avaricia usurpe el lugar de Dios en cada una de las acciones de nuestras vidas? Analiza: Mirar nuestras agendas diarias revelaría mucho acerca de nuestras prioridades. Es fácil decir que Dios tiene el predominio, pero la manera en que empleamos nuestro tiempo puede sugerir otra cosa. ¿Dónde está Dios en nuestra lista de cosas para hacer?
Solo para los maestros: La Biblia está llena de protagonistas enceguecidos por la avaricia, desde el rey Acab, con su homicidio de Nabot (1 Rey. 21), hasta Judas y su traición a Jesús por treinta monedas (Mat. 26:15). ¿De qué modo los informes bíblicos de la avaricia, incluyendo la historia de Balaam, nos ayudan a explicar por qué Dios odia la avaricia? Comentario de la Biblia Solo para los maestros: Considera el primero y el último Mandamientos. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxo. 20:3), dice el primero. Catorce versículos más adelante, el décimo Mandamiento atruena desde el Monte Sinaí: “No codiciarás” (Éxo. 20:17). ¿Por qué Dios habrá elegido terminar sus Mandamientos con una orden en contra de un pecado casi insignificante en comparación con el asesinato o la idolatría? Las historias que siguen revelan que la codicia no es algo insignificante, y sugieren por qué Dios eligió terminar su eterna Ley de esa manera: él sabía que lo que codiciamos puede realmente ser el “dios ajeno” que podemos poner delante de Dios. En Josué 6 y 7, y en 2 Reyes 5, aprendemos lo que ocurre cuando la codicia empuja a Dios fuera de nuestras vidas, y llega a ser idolatría. I. El encubrimiento de Acán (Repasa, con la clase, Jos. 6 y 7). La historia de Acán, en Josué 6 y 7, sugiere que la avaricia, a pesar de querer esconderla, nunca afecta solo al culpable. Cuando los muros de Jericó que se desmoronaban estaban resonando en sus oídos, los israelitas recibieron la advertencia de que los despojos de la ciudad maldita no eran para que los tomara la gente. No obstante, un hombre no hizo caso de la prohibición explícita de Dios. En medio del caos posterior a la batalla, Acán se escurrió con un manto suntuoso, doscientos ciclos de plata y una barra de oro que valía cincuenta o más ciclos. Nadie descubriría su botín, y el complacido Acán lo escondió debajo de su tienda. Debido a una gran derrota militar más tarde, Josué pide a Dios que le explique el repentino cambio. “Ni estaré más entre vosotros, si no destruyeres el anatema de en medio de vosotros” (Jos. 7:12). En la confesión de Acán, descubrimos cómo la avaricia es la puerta al robo y la astucia: “Lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda” (vers. 21). Los despojos que Acán sacó de Jericó pueden parecer insignificantes, y su castigo, excesivo; pero la historia ilustra cuán peligroso es permitir que nuestros deseos oscurezcan los mandatos de Dios y, peor aún, actuar como si no los hubiera. Analiza: ¿Piensas que Balaam creía que él podía esconder de Dios su codicia? Nota su respuesta a Dios en Números 22:34: “No sabía que tú te ponías delante de mí en el camino”. Balaam pudo no haber visto al ángel armado que le bloqueaba el paso a Moab, pero ¿creería él que podía engañar a Dios al pretender que su conducta era franca después de las advertencias previas dadas por Dios contra su plan de acción? ¿Qué pasos podemos dar para evitar la presunción de Balaam? II. La audacia de Giezi (Repasa, con tu clase, 2 Rey. 5). En 2 Reyes 5, Naamán, al emerger libre de lepra después de su séptima zambullida en el río Jordán, presiona al profeta Eliseo para que acepte un regalo de gratitud. El siempre humilde Eliseo rehúsa aceptar crédito por el milagro que Dios había hecho, y se despide de Naamán, pero su siervo Giezi resuelve correr a Naamán, y piensa: “Vive Jehová [...] tomaré de él alguna cosa” (vers. 20). Giezi alcanza a Naamán y convence al capitán de que Eliseo había cambiado de idea acerca de los regalos. Su historia nos dice que recibió dos talentos de plata y dos mudas de ropa. Es interesante notar la audacia de Giezi. Habiendo retornado de su diligencia inmoral, Giezi no entró furtivamente como culpable; no, inmediatamente se presentó ante Eliseo, tal vez olvidando que era probable que el profeta de Dios supiera lo que él había hecho. O tal vez pensó que Eliseo estaría de su lado. En camino a casa, después de aprovecharse de la buena voluntad de Naamán, Giezi probablemente pensó en muchos justificativos: él no era un siervo ni de un rey o de un capitán, sino de un humilde profeta. Un par de mudas de ropa sin duda sería bienvenido. Giezi pudo incluso haberse convencido de que era la necesidad, no la codicia, lo que motivó sus acciones. Pero, distorsionar la historia no cambia las consecuencias del pecado. Giezi fue azotado con la lepra de Naamán. Dios no toma livianamente nuestra avaricia, ni los intentos de racionalizarla. Analiza: Al capitalizar la generosidad de Naamán, Giezi transformó un don en un pecado de codicia. En esta lección, ¿de qué modo la avaricia corrompe el don de profecía de Balaam? ¿Su mejor juicio? ¿Cómo reacciona Dios cuando procuramos usar su poder para propósitos malos y luego tratamos de justificar nuestras acciones? Piensa en los dones que Dios te ha dado. ¿Cómo has sido tentado a usarlos para algo que tú sabes que no está bien con el plan de Dios?
Preguntas para reflexionar:
Preguntas de aplicación:
Solo para los maestros: Esta semana aprendimos lo que sucede cuando ponemos la avaricia antes que Dios. Anima a la clase a hacer una evaluación sincera de sus vidas: sus pasatiempos, sus preocupaciones, sus prioridades. ¿Dónde entra Dios como un factor en cada categoría? La codicia, a veces, es fácilmente disfrazada. “Hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia” (Eze. 33:31). Así como Giezi le extrajo regalos de Naamán con su historia fabricada de dos siervos que tenían necesidad, a veces somos tentados a enmarcar nuestros deseos como necesidades de otros. Evalúa la motivación que impulsa tus decisiones esta semana. Con la ayuda de Dios, ¿qué pasos prácticos puedes dar para asegurar que el pasaje citado arriba no describa tus actos?
|
|||
| Página Principal
| ¿Quiénes Somos? | Noticias |