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Lección 6: El desafío de sus dichosPara el 10 de mayo de 2008 Enseña a tu clase | Bosquejo
de la Lección | Resumen
El sábado enseñaré... Texto Clave: Mateo 4:4.
Saber que muchas de las cosas que Jesús dijo no estaban en armonía con las normas de su tiempo. Sentir que la necesidad de aplicar los principios encerrados en las palabras de Jesús a nuestra vida diaria. Hacer que sigamos los dichos y las enseñanzas de Jesús, aun los que no son tradicionales.
Muchos de los dichos de Jesús eran muy controversiales porque no se adecuaban a las tradiciones populares. Aún hoy, algunas de las palabras de Jesús parecen difíciles de seguir y duras de aplicar a nuestra forma “normal” de vivir. Deberíamos evitar las controversias sobre estos dichos poco usuales de Jesús, al intentar aplicar los principios que están detrás de las palabras a nuestra vida diaria.
Solo para los maestros: Muchos que escucharon enseñar a Jesús encontraron que sus dichos eran difíciles de entender y más difíciles de aceptar (Juan 6:60). La situación no es mejor actualmente. ¿Por qué es importante que prestemos atención a todas las enseñanzas de Jesús, incluyendo las que consideramos difíciles? Analiza algunas actitudes posibles que una persona puede tener hacia las enseñanzas de Jesús: a) admirarlas como las meditaciones de un idealista; b) abandonarlas porque exigen normas demasiado altas para que cualquier mortal pueda alcanzarlas; c) tomar las que armonizan contigo e ignorar las otras; d) aceptarlas como los principios de su Reino y procurar obtener el poder para seguirlas.
Solo para los maestros: Los dichos de Jesús son provocativos porque esperan un cambio radical en nosotros. El púlpito de Jesús no masajeaba el alma; era un mensaje que exigía una transformación y a menudo la muerte al pasado. Mientras tu clase repasa algunos de los dichos difíciles, concéntrate en lo que realmente Jesús estaba tratando de decir y no si su enseñanza es realista en el contexto de hoy. Comentario de la Biblia Dos mil años después de que el pronunció su mensaje, los dichos de Jesús siguen consolando, dejando perplejos y desconcertando a las personas. “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre [...]”, dijo Cristo a sus discípulos. Y la reacción de ellos fue la misma que la nuestra hoy: Esto es un dicho difícil. “Bienaventurados los pobres”, dijo él, pero nuestro mundo desprecia a los pobres y procura alcanzar su felicidad con la abundancia material. Así que, ¿cómo debemos relacionarnos con estos dichos difíciles? Considera unos pocos de ellos que corresponden al discipulado, al estilo de vida y a las relaciones. I. El desafío del discipulado El discipulado comienza con la muerte y la negación. “Os es necesario nacer de nuevo”, dijo Jesús (Juan 3:7). Nicodemo respondió en nombre del mundo: “¿Cómo puede hacerse esto?” (vers. 9). El llamado a un nuevo nacimiento es un llamado a la muerte del viejo yo. Sin abandonar el viejo yo, no tenemos la posibilidad de abrazar al nuevo. La muerte precede al discipulado, y de allí el ultimátum de Jesús: “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Luc. 14:27). ¿Por qué esta demanda es tan dura de aceptar? ¿Estaba Jesús esperando demasiado? ¿No hay otra alternativa que llevar la cruz? El discipulado involucra poner a Jesús por encima de todos los intereses, incluyendo a la familia de la persona. Jesús define a la familia no en términos de sangre, sino en términos de hacer la voluntad de Dios (Luc. 8:19-21). Si este es un dicho difícil, considera el siguiente: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Luc. 14:26). ¿Significa esto que Jesús quiere que nosotros activamente odiemos a nuestra familia? Lejos de esto. ¿No proveyó Jesús para su madre, aun mientras colgaba de la cruz (Juan 19:25-27)? ¿Y no ordenó él que amemos a todos? ¿Qué significa, entonces, este pasaje? Cristo demanda nuestra lealtad absoluta e incondicional a él como el Señor de nuestras vidas. Nada -ni padres, ni hijos, ni el yo- puede tomar el lugar de Cristo en la vida de un discípulo. Él es la primera prioridad de la vida. II. El desafío de un estilo cristiano de vida “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mat. 5:48). En el centro del Sermón del Monte está este mandato. ¿Espera nuestro Señor que estemos sin pecado, que seamos moral y éticamente perfectos? ¿Puede alguno ser perfecto como Dios? Si nadie lo puede, ¿por qué dijo Jesús lo que dijo? Tomando este pasaje, algunos alegan que debe vivirse una vida sin pecado aquí sobre la tierra. Para ellos, la ausencia total de pecado es un objetivo alcanzable. Un llamado así a la perfección moral puede realmente ser un dicho duro. No obstante, el contexto (Mat. 5:43 en adelante) declara a lo que Jesús apuntaba: Ser como el Padre. Amar a todos como él ama. Ser misericordiosos como él (Luc. 6:36). La vida no es una batalla de ingenio; es una relación para ser vivida. Considerado de este modo, el dicho no es tan difícil después de todo; pero, practicarlo ciertamente no es fácil. El perdón es otro desafío en el discipulado. No obstante, el perdón es lo que hace posible la vida cristiana. El evangelio es el mensaje de perdón de Dios, y el perdón desempeña una parte importante en la enseñanza de Cristo. Lo dispuso como una parte esencial de la vida de oración (Mat. 6:12). De hecho, allí y en Mateo 18:35 Jesús vinculó el perdón de Dios hacia nosotros con nuestro perdón hacia otros. El evangelio no deja lugar para el desquite. A la pregunta de Pedro de que si siete veces es un límite razonable para perdonar a alguien, Jesús respondió: “No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces” (Mat. 18:22, NVI). Tanto esta declaración como la anterior, de poner la otra mejilla (Mat. 5:39), hacen que la vida cristiana no sea específicamente fácil. No obstante, en estos dichos, ¿está Jesús bosquejando lo imposible como una guía para la conducta cristiana? ¿O está diciendo que si el amor de Dios habita en el corazón de una persona, ese amor puede hacer lo que humanamente es imposible? ¿Son sus dichos una medida para ver la capacidad humana o es la disposición divina de darle poder? III. El desafío de las relaciones: el matrimonio El matrimonio y el divorcio. El dicho de Jesús acerca del matrimonio y el divorcio (Mat. 19:3-9) es cada vez más difícil en un tiempo cuando el divorcio es tan común dentro de la comunidad de la fe. Más que la legalidad del divorcio, Jesús estaba interesado en la divina santidad del matrimonio. Encontramos, en la Palabra inspirada, que a) Dios estableció el matrimonio; b) el matrimonio crea una unidad indivisible de dos personas; c) lo que Dios unió nadie tiene el derecho de separar; y d) la infidelidad es el único motivo para el divorcio. Lo que Jesús dijo era tan duro aun para sus discípulos que ellos respondieron con desesperación, diciendo: “Es mejor no casarse” (Mat. 19:10, NVI). Esta es una razón por la que encontramos difíciles los dichos de Jesús: son inconvenientes sostienen lo que las Escrituras consideran como el ideal y van en contra de lo que percibimos como una conducta aceptable. Las normas sociales, las leyes actuales o los acuerdos de las partes parecen justificar el divorcio. Dicen: ¿No es mejor que las dos personas se separen en paz en lugar de continuar viviendo en una relación que daña a ambos? El dilema produce una tensión entre lo ideal y lo real, y se necesita la sabiduría y la justicia de Dios para sostener el ideal y soportar la realidad (Mat. 19:8).
Solo para los maestros: Mark Twain declaró en cierto ocasión una vez que lo que más le molestaba de la Biblia no eran las cosas que él no podía comprender sino las que él podía entender. ¿Qué dice esto acerca de la naturaleza humana? Preguntas para reflexionar:
Solo para los maestros: Aprendimos, esta semana, las elevadas normas que Jesús fija para el discipulado. ¿Cómo deberíamos relacionar estas normas con nuestro testimonio? Preguntas de aplicación:
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