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Lección 11: Inmoralidad en la fronteraPara el 12 de diciembre de 2009 Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes
Lee Para el Estudio de esta Semana: Números 25, 31; Deuteronomio 21:10-14; 1 Corintios 10:1-14; Apocalipsis 2:14. Para Memorizar: “Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil” (1 Cor. 10:8).
OTRA VEZ APARECE EL MISMO TEMA: el pueblo, guiado tan clara y poderosamente por Dios, todavía comete errores de elección, todavía muestra falta de fe, todavía desobedece. Dios quería llevarlos a la Tierra Prometida, pero las elecciones de ellos dificultaban lograrlo. Pero, no hay dudas: la providencia de Dios tuvo éxito entonces, y lo seguirá teniendo. Así como él llevó a su antiguo pueblo del Pacto a la Tierra Prometida, hará lo mismo por nosotros al fin del tiempo. Pero, sería mucho mejor si cooperáramos con él en lugar de ir en contra de sus propósitos. Esta semana consideraremos una de las mayores faltas de fidelidad en toda la historia del Antiguo Testamento: la apostasía en Sitim. Y, aunque ocurrió hace miles de años en una cultura y un contexto radicalmente diferentes del nuestro hoy, hay semejanzas espirituales, y deberían servir como advertencia a la iglesia de Dios, también en la frontera de la Tierra Prometida.
Números 25:1 dice: “Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab”. Una afirmación clara y directa de hechos, nada más. El texto dice que “Israel moraba” en Sitim. Es decir, no estaba yendo a ninguna parte. Estaba de descanso. Estaban cómodos, realmente, porque acaban de terminar varias conquistas exitosas: habían derrotado a los cananeos (Núm. 21:1-3), a los amorreos (vers. 21-31) y al pueblo bajo el dominio del rey Og de Basán (vers. 33-35). Ahora, estaban en la frontera de la Tierra Prometida, al otro lado del río Jordán. En otras palabras, después de numerosos errores y contratiempos, las cosas estaban yendo bastante bien. No había peligros inminentes de ejércitos enemigos, porque habían vencido fácilmente todas esas amenazas militares. Por eso, podían estar tranquilos.
Sexo, comida, idolatría: todo estaba allí, a orillas del Jordán. De acuerdo con el orden que se ve en los textos, primero tuvieron relaciones sexuales con las mujeres, lo cual quebró claramente las barreras. Y luego, estas mujeres invitaron a los hombres a sacrificar a sus dioses paganos, y aquellos se inclinaron ante estos y los adoraron. Otra vez, desde nuestra perspectiva, es difícil comprender de qué manera algo como esto pudo suceder. Ellos deberían haber sabido lo que era correcto, ¿verdad? Al mismo tiempo, aquí estaban, mezclándose con estos pueblos, probablemente no mucho al comienzo, pero luego, con el tiempo, más y más. Lenta, pero seguramente, bajaron la guardia; y, antes de darse cuenta, estuvieron entrampados por la lujuria y la pasión. Una vez que hubieran caído en esa trampa, todo era posible. Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que ahora somos menos vulnerables a los engaños del pecado de cualquier clase.
Incapaces de tener éxito de una manera, sus enemigos probaron ahora otra, que funcionó mucho mejor. El principio debería ser claro: Mientras estemos actuando con fe y obediencia, muchas puertas al pecado estarán cerradas. Sin embargo, una vez que dejamos de hacer lo que debemos, cualquier cosa puede ocurrir. Cuán vital es, entonces, que nos mantengamos en el sendero de la obediencia. “Por consejo de Balaam, el rey de Moab decidió celebrar una gran fiesta en honor de sus dioses, y secretamente se concertó que Balaam indujera a los israelitas a asistir. [...] Gran parte del pueblo se reunió con él para asistir a las festividades. Se aventuraron a pisar terreno prohibido y se enredaron en los lazos de Satanás. Hechizados por la música y el baile, y seducidos por la hermosura de las vestales paganas, desecharon su lealtad a Jehová. [...] Predominó la pasión en absoluto; y, habiendo contaminado su conciencia por la lascivia, se dejaron persuadir a postrarse ante los ídolos. Ofrecieron sacrificios en los altares paganos y participaron en los ritos más degradantes. “No tardó el veneno en difundirse por todo el campamento de Israel, como una infección mortal. Los que habían vencido a sus enemigos en batalla fueron vencidos por los ardides de mujeres paganas. La gente parecía atontada. Los jefes y los hombres principales fueron los primeros en violar la Ley, y fueron tantos los culpables que la apostasía se hizo nacional. ‘Allegóse el pueblo a Baal-peor’. Cuando Moisés se dio cuenta del mal, la conspiración de sus enemigos había tenido tanto éxito que no solo estaban los israelitas participando del culto licencioso en el monte Peor, sino que comenzaban a practicarse los ritos paganos en el mismo campamento de Israel” (PP 484, 485).
El haber caído en una trampa, obviamente, no excusa el pecado. Si para comenzar, hubieran obedecido a Dios guardando los Mandamientos, y no se hubieran expuesto a la tentación, esta apostasía nunca habría ocurrido. Sin duda, no querían ir tan lejos como fueron. Después de todo, solo estaban yendo a una fiesta. Y, como Balaam, un profeta de su propio Dios, los había invitado, ¿qué podría haber de malo con eso? No obstante, cuán rápidamente las cosas se descontrolaron.
En la Biblia, vemos que lo mismo sucede una y otra vez. Desde Eva en el Edén hasta Judas en Jerusalén, los que habían sido advertidos, que habían tenido gran luz, eligieron ignorar esa luz y –sin duda, justificándose y racionalizando sus acciones– cayeron en pecados que produjeron consecuencias devastadoras. ¿Cuántos de nosotros, tal vez, hemos tenido esta misma experiencia en la vida? Dios nos llama a obedecerlo, no porque él sea exigente, sino porque ama a sus hijos y quiere lo mejor para nosotros.
Cuán doloroso debió haber sido para los israelitas tener que matar a otros israelitas. Pareciera como si cada tribu hubiese tenido la responsabilidad de ejecutar a los de su propia tribu que estuvieron involucrados en esta apostasía. ¡Y tal vez algunos pudieron haber tenido que ejecutar a miembros de su familia inmediata, y hacerlo a plena luz del día (literalmente, “frente al sol”)! Debió haber sido una experiencia terrible para todos.
Es difícil imaginar el caos, la confusión y el dolor que debió haber ocurrido entre los israelitas en esa ocasión. Recibimos una vislumbre del dolor, por lo menos, en Números 25:6, que dice que “lloraban ellos a la puerta del tabernáculo de reunión”. Sin duda, lloraban por la apostasía, por el sufrimiento y por sus parientes muertos. Además, con una plaga que asolaba el campamento, pudieron haber estado llorando por sí mismos y por su familia, temerosos de que ellos pudieran ser los siguientes. El estar ante el Tabernáculo de reunión significaba que estaban implorando a Dios que terminara con esa devastación.
Aunque el texto no lo dice explícitamente, se puede inferir que el israelita Zimri estaba teniendo una relación sexual con una madianita cuando Finees vino a la tienda y alanceó a ambos. Por severo que parezca esto, piensa en las circunstancias. Todo el campamento está llorando y suplicando a Dios por causa de lo que estaba sucediendo, y este hombre –tan audaz y abierto en su pecado– trajo a esa mujer madianita al campo ante todos ellos, y luego la llevó a su tienda y tuvo relaciones sexuales con ella. ¡Y, mientras tanto, una plaga está asolando el campamento! El hecho era peor porque Zimri venía de una familia de príncipes; y, por eso, debió haber sabido bien lo que hacía. Sin duda, estaba tan engañado, tan enceguecido por la lujuria que ni la vista del pueblo llorando ante el Tabernáculo lo frenó de ningún modo. En toda la Biblia, vemos ejemplos de cómo el pecado anubla el razonamiento y conduce a la gente a hacer algunas de las cosas más irracionales. Piensa en Caín, en David con Betsabé, en Judas traicionando a Jesús. No sorprende que la Biblia, una y otra vez, nos advierta contra el pecado. No es que Dios no pueda perdonar nuestros pecados; es que el pecado puede enceguecernos tanto que lleguemos a no verlo más como tal.
Después de la terrible devastación en Sitim, Dios no había terminado todavía con los madianitas, los que habían traído tal sufrimiento a su pueblo, por medio de sus engaños. Debía hacerse justicia. Esta rama específica de los madianitas se había entregado completamente a la idolatría y todos los males que la acompañaban. Como los amorreos, este clan de Madián había “llenado la copa de su iniquidad” (E. G. de White, en R&H, 2 de mayo de 1893), y Dios decretó su destrucción.
Matar a todo el pueblo, aun a los niños, es muy difícil de comprender para nosotros. Sencillamente, debemos confiar en la revelación que tenemos de Dios como se reveló a nosotros por medio de Jesucristo, y aceptar que hay cosas que no comprendemos desde nuestra perspectiva, cosas que no nos fueron reveladas. Muchos encuentran que Números 31:13 al 18 es particularmente perturbador, y es comprensible que así sea. Pero, debemos recordar algunas cosas. Muchas de estas mujeres madianitas fueron las que estuvieron directamente involucradas en el engaño que condujo a la muerte de miles y miles de personas; por eso, estaban cosechando el castigo de sus pecados. Pero, ¿qué diremos de las niñas, vírgenes, que probablemente no habían hecho nada? Supongamos que Dios hubiera dicho que las dejaran libres. Estas indefensas jovencitas quedarían solas, con sus padres muertos y con su estructura social destruida. ¿Qué les sucedería en el severo y peligroso mundo de aquel tiempo? De esta manera, al ser incluidas en el campamento israelita, estas jóvenes mujeres no solo serían protegidas de cualquier peligro que habían afrontado si hubiesen quedado solas; también serían tratadas bien por los israelitas. Después de todo, la ley israelita demandaba eso.
Para Estudiar y Meditar: Lee, en Patriarcas y profetas, “La apostasía a orillas del Jordán”, pp. 483-493. “Los israelitas fueron inducidos al pecado, precisamente cuando se hallaban en una condición de ocio y seguridad aparente. [...] Descuidaron la oración, y fomentaron un espíritu de seguridad y confianza en sí mismos. [...] Antes de que el cristiano peque abiertamente, se verifica en su corazón un largo proceso de preparación que el mundo ignora. La mente no desciende inmediatamente de la pureza y la santidad a la depravación, la corrupción y el delito. Se necesita tiempo para que los que fueron formados en semejanza de Dios se degraden hasta llegar a lo brutal o satánico. Por la contemplación nos transformamos. Al nutrir pensamientos impuros en su mente, el hombre puede educarla de tal manera que el pecado que antes odiaba se le vuelva agradable” (PP 490).
Resumen: El colapso moral de Israel en las fronteras de Canaán sirve como ejemplo de un método que Satanás usará para que el pueblo de Dios apostate en el tiempo del fin. “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat. 26:41).
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