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Lección 3: Juan el Bautista: Prepara el camino para JesúsPara el 19 de julio de 2008 Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes
Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 14:1-12; Lucas 1; Colosenses 2:8; Apocalipsis 14:6-12. Para Memorizar: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él” (Mat. 11:11).
Pensamiento Clave: Juan el Bautista tuvo un llamamiento especial de Dios; nosotros, como iglesia, hemos sido llamados de una manera similar. ¿Qué podemos aprender del ejemplo de Juan? Los seguidores de la antigua religión mandea veneran a Juan el Bautista como el último profeta y el mayor de ellos. Hoy todavía existen creyentes mandeos, mayormente en Irak e Irán. La gran ironía es que, aunque veneran a Juan, creen que Jesús fue un falso profeta, lo cual es difícil de entender ya que todo el propósito del mensaje de Juan era preparar el camino para Jesús. Desde su base cerca del río Jordán, Juan predicó un mensaje de arrepentimiento, perdón y justicia social, todo con el objeto de preparar a la gente para la venida del Mesías. Grandes multitudes se reunían para escucharlo hablar; y muchos siguieron sus enseñanzas. De hecho, varios de los discípulos de Jesús fueron primero discípulos de Juan el Bautista. Esta semana descubriremos más acerca de la misión de un hombre a quien Jesús alabó más que a cualquier otro; además, consideraremos los paralelos entre el llamamiento de Juan y el nuestro.
Juan es un miembro de un pequeño grupo de personas de quienes la Biblia dice que Dios eligió antes de su nacimiento para una misión especial, personas como Samuel, Sansón y aun Jesús mismo. Centenares de años antes, el profeta Isaías predijo el ministerio de Juan como de alguien que sería una “voz que clama en el desierto” (Isa. 40:3-5; ver también Luc. 3:4-6). El padre de Juan, Zacarías, también predijo que su hijo prepararía el camino para el Señor (Luc. 1:76).
El llamamiento y el ministerio de Juan el Bautista lo llevaron por un sendero duro y difícil, que terminó en forma casi tan terrible como la de su primo, Jesús. A pesar de las pruebas, los sufrimientos, y aunque fue mal comprendido, permaneció fiel, cumpliendo las profecías hechas acerca de su vida. Juan es un ejemplo del sufrimiento que cualquiera de nosotros podría enfrentar si procuramos permanecer fieles a Dios y al llamamiento que Dios tiene para nosotros. Según las normas más comunes, la vida de Juan el Bautista, y específicamente su muerte, no lo llevaron a lo que el mundo llama éxito. ¿Qué nos debería decir esto acerca de la diferencia entre los ideales de Dios y los del mundo? Tus normas para el éxito ¿se parecen más a las de Dios o a las del mundo, y qué indica acerca de ti mismo tu respuesta a esta pregunta?
Dios hizo muchas predicciones acerca de la vida de Juan el Bautista, diciendo aun antes de su nacimiento lo que él podría realizar en su vida. Esto plantea una pregunta difícil: ¿Fue Juan predestinado para hacer estas cosas sencillamente porque Dios predijo que las haría? En otras palabras, ¿pudo elegir Juan hacer cosas diferentes de las que Dios había predicho? Aunque el tema del preconocimiento de Dios y nuestra libertad para elegir ha desafiado a los teólogos y los filósofos durante siglos (y por eso no podemos responder a esa pregunta ahora mismo), podemos estar seguros de una cosa: Juan necesitaba una preparación especial para la obra que había de realizar.
Lucas 1:15 dice que Juan sería lleno del Espíritu Santo “aun desde el vientre de su madre”. Y, no obstante, aun con esa promesa especial, necesitaba la clase de preparación que se encuentra en la vida severa del desierto. A menudo, en la Biblia, el desierto es descrito como un lugar para la disciplina y el crecimiento espirituales. Allí fue donde “vino palabra de Dios a Juan” (Luc. 3:2). Ciertamente, Juan llegó a ser un hombre de oración y más tarde enseñó a sus discípulos a orar (Luc. 11:1) y a ayunar (Mar. 2:18). Él conocía la importancia de una conexión espiritual con el Cielo. El poder espiritual que Juan recibió de Dios le permitió proclamar su mensaje con gran poder. Fue una voz que clamaba en el desierto o, literalmente en griego, “bramando como un buey”. Como más tarde Jesús sugirió, nadie fue a ver a Juan porque era un tipo débil, “una caña sacudida por el viento” (Mat. 11:7). Por el contrario, fueron a escuchar a un hombre que hablaba la verdad con poder y convicción.
El ángel que le apareció a Zacarías aludió a la profecía de Malaquías y la aplicó directamente a Juan (Luc. 1:17). Jesús mismo lo confirmó: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir” (Mat. 11:14; ver también 17:11-13). Elías se destaca entre los grandes profetas del Antiguo Testamento. Él llamó al rey Acab y al pueblo de Israel, sumidos en la idolatría y la apostasía, a regresar a Dios y reformar sus caminos. La prueba en el Monte Carmelo, donde estuvo de parte de Dios en contra de los profetas paganos, es uno de los momentos decisivos en toda la Biblia. El “mensaje de Elías” es una frase de profundo significado para los adventistas del séptimo día. Elena de White pone en paralelo las tareas de Elías, de Juan el Bautista y del pueblo de Dios de los tiempos del fin. Ella describe el “mensaje de Elías” sencillamente como “Prepárate para encontrarte con tu Dios”.–“Comentarios de Elena G. de White” (4 CBA 1206).
El apóstol Juan escribió acerca de los tres ángeles que tenían mensajes especiales para proclamar al mundo (Apoc. 14:6-12) al fin del tiempo. Estos mensajes incluyen un llamado a la adoración a Dios (porque su Juicio ha llegado) y a permanecer fieles a Jesús. El evangelio es central en este mensaje de advertencia. Elena de White escribió: “Varias personas me escribieron, preguntando si el mensaje de la justificación por la fe es el mensaje del tercer ángel, y he contestado: Es realmente el mensaje del tercer ángel”.–R&H, 1 de abril de 1890.
El mensaje de Juan el Bautista tenía dos partes clave: el arrepentimiento y la conducta. Ambos estaban claramente conectados. La palabra griega que usó Juan para arrepentimiento (metanoéo) es una palabra compuesta: metá, que significa cambio, y noéo, que significa pensar. De este modo, el arrepentimiento significa cambiar la manera de pensar sobre algo. Cuando Juan dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2), le estaba diciendo a la gente que el Reino de los cielos venidero requería una visión completamente nueva. En otras palabras, al preparar a la gente para la llegada de Jesús, al preparar el camino para el Señor y al enderezar las sendas para él (vers. 3), Juan estaba desafiando a la gente a cambiar su visión del mundo y su manera de vivir.
Un aspecto clave del arrepentimiento es la confesión del pecado (Mat. 3:6). El otro aspecto clave es cambiar de conducta, de acuerdo con los principios del Reino de los cielos (vers. 8). Nada menos que eso podía prepararlos para la venida de Jesús, quien traería un tiempo de refrigerio tal como nunca habían visto. El bautismo estaba estrechamente asociado con el arrepentimiento. De hecho, Lucas dice que Juan predicaba “el bautismo del arrepentimiento” (Luc. 3:3). Ser lavados en el agua simbolizaba el cambio de visión de la vida, un nuevo comienzo y el perdón de los pecados.
La Biblia tiene mucho que decir acerca de la tradición, y poco que sea bueno. En una ocasión, los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús por qué sus discípulos transgredían la tradición de los ancianos al no lavarse las manos antes de comer (Mat. 15:2). Esta tradición estaba basada en reglas y reglamentos.
Una parte esencial de la misión de Juan el Bautista era hablar en contra de la tradición, y señalar a la gente que debía regresar a la Palabra revelada de Dios. Elena de White escribió: “¿Qué hizo grande a Juan el Bautista? Negó su atención al cúmulo de las tradiciones presentadas por los maestros de la nación judaica y la dirigió a la sabiduría que viene de lo Alto” (CV 276). Juan el Bautista no estaba atado por la tradición o por las formas aceptadas del lenguaje. Él hablaba contra el pecado en todas sus formas, desde el adulterio hasta la injusticia social. Dondequiera que el mensaje de Dios se da en una forma clara y sin ambigüedades, la gente reacciona de modo diferente. Algunas personas respondieron a Juan el Bautista acusándolo de ser endemoniado (Mat. 11:18). Por supuesto, exactamente lo mismo pasó con Jesús (Juan 7:20).
Para Estudiar y Meditar: Lee, en El Deseado de todas las gentes, el capítulo “La voz que clamaba en el desierto”, pp. 72-83. “Dios había indicado a Juan el Bautista que morase en el desierto, a fin de mantenerlo escudado contra la influencia de los sacerdotes y los rabinos, y prepararlo para una misión especial. Pero la austeridad y el aislamiento de su vida no era un ejemplo para la gente. Juan mismo no había indicado a sus oyentes que abandonasen sus deberes anteriores. Los instaba a dar evidencia de su arrepentimiento siendo fieles a Dios en el lugar donde los había llamado” (DTG 124, 125). “En este tiempo, justamente antes de la segunda venida de Cristo en las nubes de los cielos, se ha de hacer una obra como la de Juan el Bautista. Dios llama a hombres que preparen un pueblo para que subsista en el gran día del Señor. El mensaje que precedió al ministerio público de Cristo fue: Arrepentíos, publicanos y pecadores; arrepentíos, fariseos y saduceos; ‘arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado’. En nuestro carácter de pueblo que cree en la inminente venida de Cristo, tenemos un mensaje que dar: ‘Aparéjate para venir al encuentro de tu Dios’ [Amós 4:12]” (OE 56).
Resumen: Juan el Bautista tenía la elevada vocación de preparar el camino para Jesús. De muchas maneras, su misión es similar a la que Dios ha dado a su pueblo del fin del tiempo: predicar el mensaje de Elías a fin de preparar un pueblo para encontrarse con Dios.
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