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Lección 2: Experimentar la Palabra de vidaPara el 11 de julio de 2009 Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes
Lee Para el Estudio de esta Semana: Deuteronomio 4:1-4; 1 Corintios 15:4-8; 1 Juan 1:1-5; Apocalipsis 19:13. Para Memorizar: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3).
En un tribunal, un hombre es acusado de asesinato. Él jura a voz en cuello que es inocente, que él no lo hizo y que ni siquiera estaba en el lugar del crimen cuando eso ocurrió. Parece muy convincente. Por sus palabras, uno podría estar tentado a creerle. Entonces, sin embargo, aparecen testigos. Uno tras otro, los testigos presenciales dicen lo mismo: Ellos vieron al acusado en el lugar del crimen, y lo vieron (y aun, en algunos casos, lo oyeron) cometer el crimen. Aunque los detalles individuales difieren, dependiendo de dónde estuvieron en el momento del incidente, sus testimonios presenciales son abrumadores, y la culpabilidad del hombre resulta evidente. En una forma similar, Juan inicia su carta asegurando que él pertenece al círculo de los testigos presenciales que, habiendo visto y experimentado personalmente a Jesús, son capaces de compartir con otros esta información que transforma vidas. Un Vistazo a la Semana: ¿Por qué Jesús es la “Palabra de vida”? ¿Qué espera lograr Juan al escribir esta introducción? ¿De qué modo podemos nosotros, aún hoy, ser testigos presenciales de Jesús? ¿Qué lugar tiene la comunidad en la vida de un cristiano?.
Juan comienza señalando que él, junto con otros, es un testigo ocular del “Verbo (o Palabra) de vida”. El versículo 2 explica algo más de esta “vida” y, junto con la primera parte del versículo 3, enfatiza su proclamación.
En los versículos 1 y 3, Juan hace siete declaraciones antes de terminar la oración: 1)Lo que era desde el principio, 2)lo que hemos escuchado, 3)lo que hemos visto, 4)lo que hemos contemplado, 5) lo que hemos palpado, 6) lo que hemos visto, y 7)lo que hemos oído. Entonces, concluye: “Eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros” (vers. 3). En el versículo 2, que es una inserción y una clarificación, una cuádruple enumeración termina con la frase: “Y os anunciamos la vida eterna”. El punto central en todo esto parece ser que Juan quiere que sepamos, por nosotros mismos, la realidad de Dios que él mismo había experimentado por medio de Jesús. Él quiere que conozcamos, por nosotros mismos, la vida eterna, la comunión y el gozo que podemos tener por medio de Jesús, el mismo Jesús que él había escuchado, visto y tocado.
Los que conocen el Evangelio de Juan quedan intrigados cuando comienzan a leer la Primera Epístola de Juan, y encuentran una introducción similar a la introducción del Evangelio de Juan.
Ambos pasajes comienzan en forma casi idéntica. Ambos señalan a un tiempo en el pasado, usando “el principio”, una referencia evidente a Génesis 1:1, la Creación. Ambos distinguen entre Dios el Padre y el Verbo (o la Palabra), y ambos los ponen juntos, en estrecha conexión. Ambas secciones también usan las imágenes de “vida” y “luz”. Sin duda, las dos secciones tienen mucho en común. Pero también hay diferencias.
El Evangelio de Juan enfatiza fuertemente a Jesús como Dios y a Jesús como Creador. Aunque el título completo: “su Hijo, Jesucristo”, en 1 Juan 1:3, señala tanto la humanidad de Jesús como su divinidad, el término Dios no se aplica directamente a Jesús en la introducción a 1 Juan, como aparece en la introducción al Evangelio de Juan. El Evangelio de Juan también es muy claro con respecto a Jesús en su papel como Creador. Nada que fue hecho –es decir, nada creado– fue creado aparte de él. Difícilmente Juan podría haber sido más claro, no solo acerca de la divinidad de Cristo, sino también acerca del hecho de que fue el Creador. Además, 1 Juan enfatiza el lugar de los testigos oculares y su proclamación (y, por lo tanto, su autoridad), un énfasis que no aparece en el Evangelio de Juan, que habla desde una perspectiva más neutral y menos “personal”. Tomadas en conjunto, ambas secciones revelan verdades acerca de Jesús que son centrales para el plan de salvación.
En 1 Juan 1:1 se menciona el “Verbo de vida”. El término verbo también se encuentra en Juan 1:1 al 3, y se refiere específicamente a Jesús. En Apocalipsis 19, el jinete del caballo blanco es llamado “El Verbo de Dios” (Apoc. 19:13) y se refiere también a Jesús. Siendo que en los escritos de Juan el término verbo [que en griego puede significar tanto verbo como palabra] puede, en ciertos contextos, designar a Jesús, en 1 Juan 1:1 muy probablemente también se refiere a Jesús. Lo mismo es cierto para el término vida. Jesús se llamó a sí mismo “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Así que, vida en 1 Juan 1:2 sin duda se refiere también a Cristo. No resulta sorprendente, entonces, que él sea “el Verbo de vida”.
Aunque algunas personas han alegado que la frase “Verbo de vida” significa la proclamación del evangelio, la evidencia en cambio señala a Jesús mismo. Aunque es posible escuchar el evangelio de Jesús con los oídos, es más difícil verlo con los ojos. Entretanto, es imposible tocar al “Verbo de vida” con las manos, si esa frase se estuviera refiriendo a la proclamación del evangelio. Oír, ver y tocar a una persona tiene más sentido que oír, ver y tocar el evangelio. Además, la frase “la vida [...] estaba con el Padre, y se nos manifestó” (1 Juan 1:2) también sugiere que Juan tenía en mente a una persona cuando mencionó el Verbo y la vida.
A muchas personas les gusta ir a ver un juego de fútbol, un concierto, una reunión política, lo que sea. Quieren ver por sí mismos lo que sucede, y quieren experimentar el evento por sí mismos. Después, pueden compartir lo que vieron y oyeron con otras personas. Otros son testigos oculares involuntarios, por ejemplo, de un accidente, o de un crimen, y pueden ser citados para actuar como testigos en un tribunal. Los apóstoles fueron testigos presenciales de la vida, la muerte y la resurrección de Cristo. Este “evento de Cristo” influyó sobre ellos de tal manera que no podían dejar de comunicarlo a otros. Esto es lo que encontramos con Juan. En 1 Juan 1:1 al 4, Juan afirma haber sido un testigo ocular de Jesús. Él refuerza su afirmación diciendo que no solo vio a Jesús sino también lo tocó y lo escuchó. Juan repite estas afirmaciones en estos versículos, tratando de enfatizar la realidad de su experiencia personal con Jesús.
Hoy no podemos ser testigos oculares directos, por lo menos no de los eventos de la vida de Jesús o de los eventos históricos de la historia bíblica. Pero eso no significa que no podamos ser testigos presenciales de la realidad de Cristo y lo que él ha hecho por nosotros. De alguna manera, especialmente en un mundo posmoderno, nuestra propia historia personal, nuestro informe testimonial personal, puede ser un testimonio más poderoso de la realidad y la bondad de Dios de lo que pueden ser los eventos históricos registrados en la Biblia.
Alguien ha afirmado que Dios no tiene nietos; solo hijos. Una experiencia cristiana no es una experiencia hereditaria. Necesitamos hacer la decisión, en nuestros corazones, de entregarnos a Jesús. Nadie puede hacerlo por nosotros, así como nadie puede estornudar por nosotros. Tenemos que hacer la decisión nosotros mismos, y tiene que ser una entrega completa a él. En este sentido, ser cristiano es una experiencia muy personal y solitaria. Al mismo tiempo, en esos primeros versículos, Juan añade otra dimensión de lo que significa ser cristiano. Juan nos invita a aceptar su testimonio acerca de Jesús y, con ello, experimentar el compañerismo (o comunión) con él y con otros cristianos. En otras palabras, la proclamación de Jesús edifica a la comunidad. Aceptar a Jesús como Salvador y Señor, como Dador de vida eterna, significa ser añadido a la familia de los creyentes.
Jesús mismo estableció su comunidad, o iglesia (Mat. 16:18), y se preocupa por ella en la misma forma que un pastor cuida de sus ovejas (Juan 10:14-16). Jesús y su iglesia van juntos. La proclamación de Jesús y del evangelio lleva a las personas a la comunión, no solo con el Padre y el Hijo sino también con otros creyentes. No solo hay una conexión celestial invisible sino también una conexión visible y real entre estos creyentes.
Nuestro pasaje de 1 Juan termina con el versículo 4. El propósito de Juan no solo es que la gente goce de la comunión con Dios y con los creyentes, sino también que su gozo sea completo. El versículo 4 está, tal vez, enfocando los versículos precedentes. Nuestro gozo está completo porque Jesús, “la vida eterna”, ha aparecido. El versículo también puede estar mirando al futuro, al resto de la primera carta de Juan, en la cual se presenta a Jesús y la salvación mediante él, así como la vida con Dios (que es una vida de amor). Finalmente, puede referirse a la futura aparición de nuestro Señor. Así, 1 Juan 1:1 al 4 podría abarcar el tiempo desde el Cristo preexistente hasta la consumación final en la segunda venida de Cristo.
Para Estudiar y Meditar: Lee, El Deseado de todas las gentes, la página 307.“Juan, que personalmente había conocido a Cristo, deseaba compartir su conocimiento con sus lectores, para que pudieran participar de la misma comunión que él ya disfrutaba con el Padre y el Hijo. Al expresar este amante deseo, Juan afirma la divinidad, la eternidad y la encarnación –y por lo tanto la humanidad– del Hijo. Transmite este maravilloso conocimiento con un lenguaje que es sencillo pero enfático, para que los lectores contemporáneos del apóstol –y también los de nuestros días– no tuvieran ninguna duda acerca del fundamento de la fe cristiana y la naturaleza de la obra de Jesucristo” (CBA 7:647).
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