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Lección 2: “Todas las cosas a todos los hombres”: Pablo predica al mundoPara el 12 de julio de 2008 Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes
Lee Para el Estudio de esta Semana: Hechos 11:19-26; 13:16-42; 17:18-34. Para Memorizar: “A todos me hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Cor. 9:22).
PENSAMIENTO CLAVE: El apóstol Pablo, al procurar llevar el evangelio al mundo, nos da un ejemplo de cómo necesitamos aprender a adaptar la manera en que presentamos nuestro mensaje, dependiendo del contexto y la cultura a los que estamos testificando. Los misioneros adventistas pioneros rápidamente aprendieron que necesitaban presentar nuestro mensaje de la verdad presente en una forma tan culturalmente relevante como fuera posible. Hoy, la iniciativa de la Misión Global de la Iglesia mundial de los adventistas del séptimo día patrocina centros de estudio en diversas partes del mundo, para explorar maneras de construir puentes hacia las personas de otras religiones y culturas. Antes de que podamos comunicarnos con efectividad con otras personas, necesitamos comprender su cultura y su manera de pensar. Esta semana analizaremos lo que significa adaptar nuestro mensaje a personas en diferentes circunstancias. Y lo hacemos considerando las diversas maneras en que el apóstol Pablo, un creyente firme e inflexible en la verdad, acomodó la forma de presentar el mensaje de Jesús a audiencias específicas. ¿Qué podemos aprender de Pablo que nos capacitará para alcanzar mejor a la gente con la verdad presente?
Después de la experiencia del camino a Damasco, algunos de los apóstoles no estaban convencidos de que él fuera un verdadero discípulo (ver Hech. 9:26). Tal vez temían que fuera enviado como espía para infiltrarse en la iglesia y producir problemas adicionales. En ese momento, Bernabé se puso de parte de Pablo y lo defendió (vers. 27, 28). Bernabé era un hombre “bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (Hech. 11:24), y fue de gran ayuda para Pablo al comenzar su ministerio.
Los líderes de la iglesia de Jerusalén oyeron acerca del nuevo grupo de creyentes en Antioquía, una de las tres ciudades principales del Imperio Romano en ese tiempo. Inmediatamente enviaron a Bernabé, grandemente respetado, para ayudar a establecer y edificar la iglesia.
El libro de Hechos está lleno de eventos sorprendentes: Saulo, el perseguidor, llega a ser Pablo, el misionero; el evangelio de salvación llega a ser buenas nuevas para todos, no solo para los judíos; y ahora Pablo ministra a una iglesia establecida indirectamente como resultado de su persecución. Durante un año, Bernabé y Pablo enseñaron a la gente. A medida que la iglesia crecía en fuerza, desarrolló un espíritu de compasión y ministró a otros. Los miembros de la nueva iglesia enviaron ayuda financiera a sus hermanos y hermanas en Judea, que sufrían un hambre severa (Hech. 11:28-30). De este modo, no guardaron para sí mismos sus propias bendiciones; cuando surgió una necesidad, estuvieron listos para ayudar. La iglesia de Jerusalén, al oír acerca de Antioquía, envió a Bernabé para ayudarles. Y Bernabé, al saber del llamado experimentado por Pablo, trajo a Pablo para ayudarlo. Y esa iglesia, al oír de las necesidades en Jerusalén, les enviaron ayuda.
“Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (1 Cor. 9:22, NVI). ¿Qué quiere decir Pablo cuando declara que él se hizo “todo para todos”? Podemos estar seguros de que, cualquiera que sea su significado, el apóstol no estaba defendiendo componendas. No está hablando de modificar el evangelio, las doctrinas, la ética o cualesquiera verdades de la Palabra de Dios. Está hablando acerca de que estas cosas fueran tan atrayentes y comprensibles como fuera posible para las diferentes culturas. Por ejemplo, al intentar alcanzar a los judíos, Pablo llegaba a una ciudad, visitaba la sinagoga y enseñaba (ver, por ejemplo, Hech. 9:19-22; 13:14-16).
Pablo no hace ninguna apelación a las Escrituras como autoridad (él alude al Antiguo Testamento en el versículo 15, pero en la forma en que podría citar a un poeta, no como una autoridad). Más bien, apela al mundo natural y a la evidencia que da la naturaleza de un Dios Creador. Y señala la futilidad de adorar a los ídolos.
Una de las actividades misioneras mejor conocidas ocurrió en Atenas, el hogar de algunos de los más grandes filósofos de la antigüedad, tales como Sócrates, Platón y Aristóteles. No obstante, cuán interesante es que con toda la filosofía, y todos sus llamados a la razón y a la lógica, la ciudad todavía estaba “entregada a la idolatría” (Hech. 17:16). Este es un testimonio de que, a fin de cuentas, la filosofía no puede responder a las necesidades humanas básicas.
Los epicúreos enseñaban que la felicidad se obtiene al vivir una buena vida con placeres modestos. Los estoicos, por otro lado, estimulaban a las personas a contentarse con lo que tenían. Juntos, los filósofos estoicos y los epicúreos escucharon a Pablo en el mercado y comenzaron a discutir con él, llamándolo “palabrero” (Hech. 17:18), o “charlatán” (NVI). A pesar de ridiculizar a Pablo, estos filósofos lo invitaron a hablarles en una reunión en el Areópago –donde se reunían un grupo de filósofos para evaluar enseñanzas nuevas–, en lo que hoy conocemos como el Monte de Marte. En su discurso, Pablo dio forma a su mensaje a esta audiencia pagana (vers. 22-25) conectándose con su cultura. Se refirió a una estatua que ellos habían levantado al dios no conocido, y lo identifica como el Dios Creador. En ningún momento se refirió Pablo a las Escrituras, como lo hubiera hecho ante una audiencia de judíos. Más bien, señaló otra vez al mundo natural, con el que ellos estaban familiarizados, y lo conectó con lo sobrenatural. Y, aunque Pablo no usó las Escrituras, su mensaje para ellos fue, claramente, muy bíblico.
Pablo no solo conocía la literatura pagana; citó partes de ella de memoria. Primero, citó a un poeta cretense que escribió: “En él vivimos, y nos movemos y somos” (vers. 28). Y segundo, al pagano Cleantes, cuyo poema de amor al dios Zeus contenía la línea: “Porque linaje suyo somos” (vers. 28). En cada caso, Pablo tomó algo de la cultura de ellos y lo conectó con la verdad que él quería enseñarles. Elena de White escribió: “Con la mano extendida hacia el templo repleto de ídolos, Pablo descargó la preocupación de su alma, y expuso la falacia de la religión de los atenienses. Sus más sabios oyentes estaban asombrados al escuchar su razonamiento. Demostró que estaba familiarizado con sus obras de arte, su literatura y su religión” (HAp 195). Luego añade: “Las palabras de Pablo contienen un tesoro de conocimiento para la iglesia. [...] Si su discurso hubiera sido un ataque directo contra sus dioses y los grandes hombres de la ciudad, se habría expuesto a sufrir la suerte de Sócrates. Pero, con un tacto nacido del amor divino, apartó cuidadosamente sus mentes de las deidades paganas, y les reveló el Dios verdadero, que era desconocido para ellos” (HAp 198). Pablo comprendía que, antes de poder conducir a la gente adonde queremos llevarla, primero tenemos que encontrarnos con ella donde ella se encuentra. Esto significa centrarse en sus necesidades, sus intereses, y dar nuestro mensaje en una forma que se conecte con ellos. Esto no significa diluir el mensaje. Es un tema de comunicación: hablar a la gente en términos y en un lenguaje que ella pueda entender.
Pablo escogió comenzar nuevas congregaciones en ciudades estratégicas por toda la región. Eligió lugares que eran ejes importantes de transporte –sobre carreteras romanas importantes o puertos de mar– y que eran centros importantes de comercio, intercambio o administración. De este modo, estableció faros estratégicos por toda el área, haciendo planes para que los nuevos grupos de creyentes llevaran las buenas nuevas a las regiones que rodeaban esos centros. Aunque la obra de Pablo había terminado, la tarea de extensión solo había comenzado para los creyentes nuevos. En su segundo viaje misionero, Pablo, con la ayuda de Timoteo y Silas, estableció una iglesia cristiana en Tesalónica, la mayor ciudad de Macedonia. Estaba ubicada en el cruce de dos importantes carreteras romanas y era un puerto marítimo principal para toda esa región. Un grupo bien establecido de creyentes, en esa ciudad, proveería un centro desde el cual otras iglesias pudieran crecer por toda esa zona. Esto es lo que realmente sucedió. Pablo dice: “Habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido” (1 Tes. 1:7, 8). Esta iglesia fue un modelo para otras. Es muy interesante que la palabra griega para iglesia (ekklesía) no era una palabra específicamente cristiana. Se usaba para cualquier reunión de personas en diversos ambientes. Sin embargo, la ekklesía cristiana fue llamada para ejercer funciones específicas: no solo para adorar juntos, sino también para extenderse a sus comunidades con las buenas noticias que ellos mismos habían recibido.
Para Estudiar y Meditar: “Así variaba el apóstol su manera de trabajar, y adaptaba el mensaje a las circunstancias en que se veía colocado” (OE 124). “Hay algunos que no se convencerán con ninguna presentación de la verdad. El que trabaja para Dios debería, sin embargo, estudiar cuidadosamente el mejor método, a fin de que no surjan prejuicios o se despierte la combatividad de sus oyentes”–Elena G. de White (AR&SH, 25 de noviembre de 1890). “Los obreros de Dios [...] no han de ser hombres de una sola idea, estereotipados en su manera de trabajar, incapaces de ver que su defensa de la verdad debe variar según la clase de gente entre la cual trabajan y las circunstancias a las cuales deben hacer frente” (OE 125). “Por una bondad paciente y alegre, y una cortesía cristiana, él ganaba los corazones de la gente, aquietaba sus prejuicios y procuraba enseñarles la verdad sin excitar su combatividad. Todo eso lo hacía porque amaba las almas de los hombres, y deseaba llevarlos a Cristo para que pudieran ser salvos”. –Elena G. de White (SLP 162).
Resumen: La comunicación no ocurre si el oyente no puede comprender lo que se está diciendo. Pablo proporciona muchos ejemplos de cómo debemos traducir, en nuestro testimonio, las buenas nuevas a términos que la gente pueda comprender.
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