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Lección 1: Jesús y las epístolas de JuanPara el 4 de julio de 2009 Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes
Lee Para el Estudio de esta Semana: Repasa las tres epístolas de Juan. Para Memorizar: “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).
¿FALSOS MAESTROS ESPARCIENDO EL ERROR entre los santos? ¿Conceptos equivocados acerca de la naturaleza de Cristo? ¿Luchas por el poder en la iglesia? ¿Errores teológicos esparciéndose entre los bancos de la iglesia? ¿Personas que necesitan la certeza de la salvación? ¿Otros que necesitan saber que la fe debe guiar a la obediencia a la Ley? Suena algo parecido a nuestra iglesia actual, ¿verdad? Sin embargo, estos eran algunos de los problemas con los que luchó Juan hace casi dos mil años en sus tres cortas epístolas del Nuevo Testamento. ¡Cuán ciertas son las palabras de Salomón: “Nada hay nuevo debajo del sol” (Ecl. 1:9)! No obstante, Juan no se concentra solamente en los problemas. Él señala a Dios el Padre y al Hijo; describe quiénes son y qué han hecho por nosotros, y por eso, qué debemos responderles. Un Vistazo a la Semana: ¿Por qué crees que Juan escribió estas epístolas? ¿A quiénes les estaba escribiendo? ¿Cuáles eran sus preocupaciones? ¿De qué manera atiende esas preocupaciones? ¿Qué nos cuenta Juan acerca de Jesús? ¿Qué promesas puedes obtener de estos libros?
La primera Epístola de Juan comienza sin una introducción formal. Cualquiera que haya sido la razón, el autor no se presenta. La segunda y la tercera cartas mencionan como autor a una persona llamada “el anciano”. Ellas también nos informan a quién fueron dirigidas: a una señora elegida, y también a alguien llamado Gayo. Esta información no es extensa y deja planteadas muchas preguntas; sin embargo, de las cartas mismas podemos aprender algo acerca de quién las escribió.
Obviamente, el autor ha sido testigo presencial de Jesús. También parece haber tenido una relación íntima con los miembros de la iglesia a quienes les escribió, porque los llama “hijitos”, una expresión de cariño. Él mantenía una posición de liderazgo en la iglesia, y más de una vez dijo que esperaba visitarlos. La estrecha similitud de frases y temas con el Evangelio de Juan, así como el testimonio de los padres de la iglesia, revelan que él fue el apóstol Juan. Todo esto trae a luz un punto muy importante. Cuán valioso es que procuremos desarrollar una relación bondadosa, amable y amante con quienes nos rodean. Por estas cartas, es muy claro que Juan amaba a estas personas y se interesaba vivamente por ellas, y que él quería verlas fortalecidas en el Señor. Puede haber muy pocas dudas de que el amor que él expresaba hacia ellos solo fortalecía el poder de sus palabras. ¡Qué lección importante para todos los que procuramos ser testigos de Jesús y de las verdades que él nos ha dado como iglesia!
En la primera carta de Juan, encontramos una cantidad de temas importantes, aunque el apóstol no parece avanzar en ninguna progresión lineal. Esta observación ha conducido a algunos eruditos a concluir que Juan presenta sus argumentos en una forma cíclica; es decir, él vuelve a tratar sus temas desde ángulos diferentes. De este modo, las mismas cosas se analizan desde diferentes perspectivas.
En 2 Juan, el apóstol expresa su gratitud porque los hijos de la señora caminan en la verdad. También habla acerca del amor y la obediencia, y luego se concentra en los falsos maestros que ya mencionó en su primera carta. Emplea otra vez el término anticristo. En su conclusión, Juan expresa el deseo de visitar a sus oyentes. También les transmite sus saludos. ¿De qué modo 3 Juan se relaciona con las dos cartas anteriores, que tratan acerca de los falsos maestros que no se mencionan en la última carta de Juan? Es plausible la idea de que las tres cartas traten acerca de una situación similar pero desde perspectivas diferentes. Mientras 1 y 2 Juan advierten contra los falsos maestros, 3 Juan muestra cómo en un caso particular los dirigentes de la iglesia trataron de controlar el problema.
Todas estas declaraciones son positivas y confirmadoras. Sin embargo, el contexto muestra que deben ser entendidas dentro del marco de problemas serios en las iglesias a las cuales se dirige 1 Juan. Esta carta hace declaraciones severas acerca de los falsos maestros. Se los llama anticristos. El término se encuentra cuatro veces en 1 Juan y una vez en 2 Juan. No se usa en ninguna otra parte de la Biblia. Estos anticristos tenían ideas equivocadas acerca de Jesucristo, ideas que también afectaron su estilo de vida cristiano. Obviamente, Juan sentía la necesidad de hacer frente a estas enseñanzas, y lo hizo de una manera sólida e inflexible. Sin embargo, el autor describe un cuadro positivo del verdadero cristianismo y se concentra en su naturaleza positiva. Al afrontar el error teológico y el error ético de los falsos maestros, Juan alega en favor de la unidad del Padre y del Hijo, la aceptación del perdón divino y una vida gobernada por el principio del amor. Mientras anima a los feligreses y les advierte contra conceptos inadecuados de Cristo y de la conducta cristiana, espera ganar de regreso a algunos de los que habían abandonado la iglesia. En 1 y 3 Juan, no se mencionan las razones por las que escribió las cartas, pero esas razones se pueden percibir. El propósito de 2 Juan es advertir a los feligreses contra las enseñanzas erróneas y la ética incorrecta de los falsos maestros mencionados en 1 Juan. De acuerdo con 3 Juan, estaba ocurriendo una lucha por el poder. Diótrefes estaba tratando de usurpar toda la autoridad. Aparentemente, al usar el problema de esa herejía, estaba tratando de establecer su propia base de poder.
Aunque en 1 Juan Dios el Padre se menciona con más frecuencia que Jesús, el problema de los ex miembros, y tal vez de algunos feligreses todavía activos, es con el Hijo. Los miembros de la iglesia y los falsos maestros pudieron haber concordado mayormente sobre la naturaleza del Padre. Sin embargo, estaban en desacuerdo en lo que se refiere a Jesús, en cuanto a su humanidad y a su divinidad. El problema era si Jesús “ha venido en carne” (1 Juan 4:2) o no, y si “es el Cristo” (1 Juan 2:22). En medio de todo esto, Juan claramente mantiene que es imposible separar al Padre del Hijo. Aun en nuestros días, algunas personas, incluso algunos cristianos, piensan que pueden tener una relación con Dios el Padre sin interesarse acerca de Jesús. Para ellos, Jesús es sencillamente un ser humano maravilloso. Juan, sin embargo, es claro: Si sabes acerca de Jesús pero no lo aceptas como el Mesías y el Hijo de Dios, no puedes tener una relación salvadora con Dios el Padre.
Las cartas de Juan no solo presentan a Jesús desde diferentes perspectivas, contándonos que él existe desde el principio (1 Juan 1:1), que ha venido en carne (1 Juan 4:2), y que permaneció justo, puro y sin pecado (1 Juan 2:1; 3:3, 5); sino también enfatizan su ministerio y su obra. Quién es Jesús y qué ha hecho él están profundamente relacionados. Negar su divinidad o su humanidad significa también negar su ministerio como Salvador, como ejemplo y como Señor. La salvación por medio de Jesús depende de la naturaleza divino-humana de Jesús. Sin una comprensión adecuada de la naturaleza divino-humana de Jesús, puedes terminar con una comprensión diferente del plan de salvación y del problema del pecado. Se puede tomar livianamente el pecado y aun negarlo (1 Juan 1:6-10), una actitud que influirá seguramente, de una manera u otra, en la conducta y la ética cristianas.
Lo que Jesús hizo por nosotros como nuestro Salvador y lo que está haciendo por nosotros como nuestro Abogado requieren una respuesta de nuestra parte. El perdón de los pecados, la seguridad de la salvación, el don del Espíritu Santo, la esperanza de su segunda venida, y la promesa de que seremos como él y lo veremos como él es, no pueden dejar frío nuestro corazón. Creemos en él, lo amamos, lo seguimos, lo obedecemos, y permanecemos en él y en sus enseñanzas.
Para Estudiar y Meditar: Lee 1 Juan de una vez, para obtener un panorama de esta epístola importante. “Con el paso de los años y el aumento del número de creyentes, Juan trabajaba con mayor fidelidad y fervor en favor de sus hermanos. Eran tiempos llenos de peligros para la iglesia. Los engaños satánicos se encontraban por doquier. [...] Algunos que profesaban creer en Cristo afirmaban que su amor los liberaba de obedecer la ley de Dios. Por otra parte, muchos enseñaban que era necesario amoldarse a las costumbres judías y llevar a cabo sus ceremonias; que la simple observancia de la ley, sin fe en la sangre de Cristo, bastaba para la salvación. Algunos sostenían que Cristo era un hombre bueno, pero negaban su divinidad. Otros, que pretendían ser fieles a la causa de Dios, eran engañadores que en la práctica negaban a Cristo y su evangelio. Puesto que ellos mismos vivían en pecado, introducían herejías en las iglesias. Por eso, muchos se extraviaban en los laberintos del escepticismo y el engaño. “Juan se llenaba de tristeza cuando veía que esos errores ponzoñosos se introducían en la iglesia. Vio los peligros a los que estaba expuesta, y enfrentó la emergencia con rapidez y decisión. Las epístolas de Juan exhalan el espíritu del amor. Dan la impresión de haber sido escritas con la pluma sumergida en amor. Pero, cuando se relacionaba con los que pretendían vivir sin pecado, aunque estaban quebrantando la ley de Dios, no vacilaba en amonestarlos enérgicamente contra ese terrible engaño” (HAp 456, 457).
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