DIA - 17 de octubre de 1996.
VOTADO, Aprobar la Declaración sobre Violencia
Familiar, como sigue:
“Declaración sobre Violencia Familiar”.
La violencia familiar es un asalto de cualquier tipo
- verbal, físico, emocional, sexual, o bien, negligencia
activa o pasiva - cometido por una persona o personas
en contra de otra dentro de la familia, ya sea que tales
personas estén casadas, emparentadas, vivan juntas
o aparte, o estén divorciadas. Las actuales investigaciones
internacionales indican que la violencia familiar es un
problema global. Ocurre entre individuos de todas las
edades y nacionalidades, en todos los niveles socioeconómicos
y en familias de cualquiera de todas las religiones o
sin religión alguna. Se ha encontrado que el promedio
total de incidencias es similar en las comunidades urbanas,
suburbanas y rurales.
La violencia familiar se manifiesta en formas diferentes.
Por ejemplo, puede tratarse de un ataque físico
en contra del cónyuge. Se consideran también
como abuso los asaltos emocionales, tales como amenazas
verbales, arranques de ira, menosprecio de la otra persona
y demandas irreales en cuanto a la perfección.
Puede adoptar la forma de coerción física
y violencia en el marco de la relación marital
sexual, o la amenaza de violencia a través de intimidación
verbal o conductas no verbales. Incluye comportamientos
tales como incesto y maltrato o negligencia que dan como
resultado lesiones y daños perpetrados en menores
de edad y causados por parte de uno de los padres u otro
guardián. La violencia en contra de los ancianos
puede manifestarse en forma de abuso físico, sicológico,
sexual, verbal y abuso o negligencia médicos.
La Biblia indica claramente que la marca que distingue
a los creyentes cristianos es la calidad de sus relaciones
humanas en la iglesia y en la familia. Corresponde más
al espíritu de Cristo, el amar y aceptar, el buscar
la edificación y confirmación o ratificación
de los demás, que el abusar de ellos o denigrarlos.
No hay cabida entre los seguidores de Cristo para el control
tiránico y el abuso del poder o la autoridad. Motivados
por el amor de Cristo, sus discípulos son llamados
a mostrar respeto y preocuparse por el bienestar de los
demás, a aceptar tanto a hombres como a mujeres
como iguales y a reconocer que cada persona tiene derecho
al respeto y la dignidad. Al fallar en relacionarse con
los demás de esta manera, se viola su condición
de persona y se desvaloriza a los seres humanos creados
y redimidos por Dios.
El apóstol Pablo se refiere a la iglesia como
a la “familia de la fe” que funciona como
la familia más amplia de cada miembro, ofreciendo
aceptación, comprensión y consuelo a todos,
especialmente a aquellos que están lastimados o
en desventaja. Las Escrituras presentan a la iglesia como
a una familia en la que el crecimiento personal y espiritual
es una realidad y en la que los sentimientos de traición,
rechazo y dolor dan lugar a sentimientos de perdón,
confianza y plenitud. La Biblia habla también de
la responsabilidad personal cristiana de proteger el propio
cuerpo de la profanación, siendo que es el templo
de Dios.
Desafortunadamente, la violencia familiar ocurre en muchos
hogares cristianos. Jamás podrá condonarse.
Afecta severamente la vida de todos los implicados y con
frecuencia trae como resultados a largo plazo, percepciones
distorsionadas de Dios, de la propia persona y de los
demás.
Creemos que la iglesia tiene una responsabilidad
- Prestar ayuda a quienes sufren de violencia familiar
y responder a sus necesidades al:
- Escuchar y aceptar a quienes sufren de abuso,
amándolos y confirmándolos como personas
dignas y valiosas.
- Señalar las injusticias del abuso y hablar
en defensa de las víctimas tanto dentro de
la comunidad de la fe, como de la sociedad.
- Proveer un ministerio servicial y de apoyo a
las familias afectadas por la violencia y el abuso,
procurando habilitar tanto a las víctimas
como a los perpetradores para que tengan acceso
a la red de recursos profesionales disponibles en
la comunidad.
- Ofrecer un ministerio de reconciliación
cuando el arrepentimiento del perpetrador hace posible
que se contemple el perdón y la restauración
de las relaciones. El arrepentimiento incluye siempre
la aceptación completa de la responsabilidad
con respecto a los males cometidos, el estar dispuesto
a hacer restitución en toda forma posible
y efectuar cambios en el comportamiento para eliminar
el abuso.
- Enfocar la luz del evangelio sobre la naturaleza
de la relación esposo-esposa, padres-hijos
y otras relaciones cercanas y habilitar a los individuos
y familias para que crezcan en el ideal de Dios
al vivir juntos.
Precaverse del ostracismo tanto de victimas como
de perpetradores dentro de la comunidad de la familia
de la iglesia, haciendo siempre responsable a los
perpetradores por sus acciones.
- Fortalecer la vida familiar al:
- Proveer educación sobre vida familiar
que esté orientada hacia el elemento de la
gracia e incluya una comprensión bíblica
de la reciprocidad, igualdad y respeto indispensables
en las relaciones cristianas.
Aumentar la comprensión de los factores que
contribuyen a la violencia familiar.
Desarrollar formas de prevenir el abuso y la violencia
y su ciclo recurrente frecuentemente observado dentro
de las familias y a través de las generaciones.
- Rectificar creencias religiosas y culturales
que podrían ser usadas para justificar u
ocultar la violencia familiar. Por ejemplo, aunque
Dios ha instruido a los padres que corrijan a sus
hijos en forma conducente a su regeneración,
esta responsabilidad no les da licencia para usar
medidas disciplinarias punitivas severas.
- Aceptar nuestra responsabilidad moral para estar
alertas y responder al abuso perpetrado dentro de
las familias de nuestras congregaciones y comunidades
y declarar que tal conducta abusiva es una violación
a las normas cristianas adventistas. Cualquier indicación
o informe en relación con abusos cometidos
no debe ser minimizado, sino considerado seriamente.
Permanecer como miembros indiferentes e insensibles
a tales informes es condonar, perpetuar y posiblemente
hacer extensiva la violencia familiar.
- Si hemos de vivir como hijos de luz, debemos iluminar
la oscuridad dondequiera que la violencia familiar se
suceda en nuestro medio. Debemos cuidar los unos de
los otros, aun cuando sea más fácil permanecer
sin comprometernos.
(La declaración anterior se basa en principios
expresados en los pasajes bíblicos siguientes:
Éxodo 20:12; Mateo 7:12; 20:25, 26; Marcos 9:33-35;
Juan 13:34; Romanos 12;10,13; 1 Corintios 6:19; Gálatas
3:28; Efesios 5:2,3; 6:4; Colosenses 3:12-14; 1 Tesanolicenses
5:5-8.) |