Curso Infantil
       

INDICE
Lección 1
Lección 2
Lección 3
Lección 4
Lección 5
Lección 6
Lección 7
Lección 8
Lección 9
Lección 10

 

Lección 9 “El pequeño servidor de Dios”.

¡Hola amiguito!:

Hoy vamos a contarte la historia de un niñito cuya mamá quiso que fuera un servidor de Dios desde muy pequeño y a quien Dios le habló una noche mientras dormía.

  • ¡Qué feliz me siento! - dijo Ana a su esposo, mientras acariciaba al hermoso bebé que tenía entre sus brazos - ¡Dios me ha concedido el hijito varón que le pedí!

  • Ciertamente, - repuso Elcana, su esposo - Dios es muy bueno y siempre escucha nuestras oraciones cuando queremos hacer su voluntad!.

El pequeño servidor de Dios

Habían pasado ya más de 400 años desde aquellos tiempos tristes y penosos de la esclavitud en Egipto y ellos tenían la bendición de vivir felices en una tierra libre y tranquila. Era aquella tierra donde más tarde habría de nacer Jesús, nuestro amante Salvador.

Un Nombre con Significado

El niño de esta historia se llamaba Samuel que quiere decir: Pedido a Dios, porque Ana, su madre, lo había pedido a Dios que le concediera un hijito varón. Así, cada vez que la mamá llamaba a su hijito, se acordaba que lo había pedido a Dios y que él bondadosamente se lo había concedido.

Ana amaba mucho a su hijito Samuel. y que feliz se sentía al verlo crecer sano y robusto.

Sentándolo sobre sus rodillas, le contaba a menudo las historias de José y de Moisés, que tú ya conoces. Todas las mañanas y al acostarlo por la noche, Ana juntaba las manitos de Samuel y le enseñaba a orar a Dios.

  • ¿Cómo te llamas? - le preguntaba la mamá, jugando con él.

Samuel, contestaba. Y la mamá le explicaba entonces el significado de su nombre, luego le repetía bondadosamente que como ella se lo había pedido a Dios, entonces Samuelito era de Dios y debía ocuparse siempre en ser su servidor.

También tú, eres de Dios pues Jesús nos creó y también nos salvó, muriendo en la cruz por nosotros. Así que por esas dos razones le pertenecemos a él.

Cierta vez un niño había hecho un Barquito de madera y lo pintó, pero un día un arroyuelo cercano a su casa, lo llevó muy lejos. Había perdido su barquito, y se sentía muy afligido y triste.

Pero una tarde, mientras paseaba, lo vió, entre otros juguetes en la vidriería de una juguetería. ¿Cómo estaba allí su barquito? ¡No se lo explicaba! Pero fuera por lo que fuese, ya no le pertenecía y si quería tenerlo de nuevo debía comprarlo, entonces lo compró. Y decía después con mucha satisfacción:

“Ahora el barquito me pertenece por dos razones: porque lo hice y porque lo compré”.

Tú también, no te olvides, perteneces a Jesús por dos razones: porque te creó y te compró, dando su vida por ti.

Samuel en el Santuario de Dios

Ana dijo a su esposo:

  • ¿Recuerdas que cuando yo pedí a Dios que nos concediera un hijo, le prometí que desde pequeño seria un servidor suyo?

  • Sí, Ana. lo recuerdo: y debes cumplir tu promesa. Creo que ya ha llegado el tiempo para ello.

Así que un día, cuando Samuel tenía quizás, unos siete años, lo llevaron a la ciudad donde estaba el Santuario de Dios y lo pusieron bajo el cuidado del sacerdote Elí.

¡Tan chico, dirás, y tuvo que estar lejos de su mamá!

¡Es verdad! Fue aquel un gran sacrificio para los padres y para Samuel. Pero todos se sentían felices porque estaban seguros de que hacían la voluntad de Dios.

Ana nunca dejó de orar cada día por su hijito y una vez al año iba a visitarlo y le llevaba regalos. ¡Qué momentos felices eran aquellos en que se volvían a ver!

Y fue allí en el Santuario donde una noche Dios le habló a Samuel, como verás un poco más adelante.

Años Después

En las Sagrada Escrituras hallamos un versículo muy hermoso referente a Samuel y que dice así:

“Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres”.

¿Te acuerdas que cuando estudiábamos acerca del Niñito Jesús, también leímos que el crecía “en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres”.

Así pasaba con Samuel. A medida que crecía iba adelantando en sus conocimientos lo que le permitía ser útil a Dios y a sus semejantes.

Samuel era muy servicial, amable y respetuoso y por eso el sacerdote Elí llegó a quererlo tan tiernamente como a un hijo. Samuel hacía con prontitud todo lo que mandaban, y lo hacía fiel, puntual y esmeradamente. Era en todo muy cuidadoso. Amiguita o amiguito, es importante ser cuidadoso aun en las cosas muy pequeñas.

Hace ya muchos años, un niño llamado Booker (se lee Búker) que provenía de una familia de esclavos, solicitó ser admitido en una escuela. Deseaba educarse, para probarlo, al principio tuvo que hacer algunos trabajos de limpieza. Cuando la persona encargada vino un día a inspeccionar su trabajo, miró los pisos, las ventanas, las puertas y, por último, pasó el dedo sobre los muebles, para ver si el polvo había sido quitado. ¡Todo estaba perfectamente limpio!

Aquel niño no había descuidado ese pequeño detalle, y por eso pudo educarse y cuando ya hombre fué el fundador de una de las más grandes escuelas industriales del sur de los Estados Unidos.

Muchos hombres de aquel país lo recuerdan con cariño, pues a él le deben el ser útiles a su patria.

Samuel también fue muy prolijo en su trabajo todos los días se levantaba muy temprano para ayudar al sacerdote Elí en el Templo, y Dios le bendijo mucho.

Dios Habla a Samuel

Dios había escuchado las oraciones de Samuel y lo había escogido para cumplir una obra grande e importante.

Tendría Samuel unos doce años cuando una noche, mientras dormía cerca del Santuario, la voz de Dios lo despertó. y le dijo: Samuel, Samuel..

  • Habla, Señor, que tu siervo escucha - fue la respuesta de Samuel.

¡Cuánto significado tienen esas palabras! “Habla. Señor, que tu siervo escucha”. Así como Samuel escuchó lo que el Señor le dijo e hizo todo lo que le mandó, del mismo modo nosotros debemos prestar oídos a su voz y obedecer cada instrucción que Jesús nos ha dejado en la Santa Biblia.

Más tarde Samuel, llegó a ser el gran hombre que deseaba su piadosa mamá. Fue uno de los jueces más sabios y el creador de las escuelas que hizo mucho bien a su patria y a los jóvenes que se educaron en ellas.

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  1. ¿Cómo se llamaba la mamá de Samuel?

  2. ¿Qué significado tiene la palabra Samuel?

  3. ¿Que contestó Samuel cuando Dios lo llamó ?