Curso Infantil
       

INDICE
Lección 1
Lección 2
Lección 3
Lección 4
Lección 5
Lección 6
Lección 7
Lección 8
Lección 9
Lección 10

 

Lección 8 “El niño salvado de las aguas”.

¡Hola amiguito!:

En Egipto. el país donde vivió José, un día, una princesa encontró un niñito pequeño en un cestillo sobre las aguas de un gran río.

Habían pasado más de cien años desde que el papá de José y sus hermanos se reunieron en Egipto. Ahora sus descendientes eran muy numerosos por lo que un rey malvado e ingrato, convirtió a todos los de la raza de José en esclavos; tanta fue su maldad que un día ordenó matar a todo niño varón que naciera entre ellos.

Pero aquellos esclavos amaban a Dios, y Dios también los amaba a ellos. Y un día los libraría de su esclavitud. ¿Te imaginas a quién escogió Dios para que lo libertara? Sí, justamente al niñito que fue sacado de las aguas y cuya interesante historia te queremos contar.

El niño salvado de las aguas

¡Un Nacimiento entre los Esclavos!

¡Es un varón! ¡Es un varón! exclamaron todos en la casa. ¡Y qué hermoso es! Jocabed su madre abrazó tiernamente al bebé y dijo a su esposo:

  • Sabes que el rey ha mandado a matar a todo niño varón.

  • Lo sé – respondió - No tengas miedo de la orden del rey, Dios protegerá a nuestro pequeño, ahora escucha Jocabed lo esconderemos, todo saldrá bien, no llores más.

Cuidado, papá replicó María, la hermanita mayor. Si alguno de los capataces o espías lo oye llorar, entrará para averiguar y al ver que es un varón lo matará.

  • Nosotras cuidaremos, que eso no ocurra - dijo la mamá. Con qué ansiedad lo habrán cuidado de día y de noche para evitar que fuera descubierto.

Pero iba pasando el tiempo y el niñito crecía, entonces los padres sospecharon que los espías habían descubierto al niño y vendrían en cualquier momento para matarlo.

¿Qué hacer? ¡Ya no podían esconderlo por más tiempo!

Entonces Jocabed, la mamá y Amran, el papá, llamaron inmediatamente a María, y le dijeron:

  • María, haremos un cesto de juncos y lo acondicionaremos de modo que el agua no penetre en el. Pondremos en ese cesto a tu hermanito y lo llevaremos al río antes que amanezca.

  • ¿Al río? ¿Y si se ahoga? -respondió María sorprendida.

  • No se ahogará, hijita, si tú haces lo que te decimos. Además, yo iré contigo - añadió la mamá.

María, que era una niñita buena y obediente, escuchó bien lo que sus padres dijeron.

  • Pondremos el cesto sobre las aguas, entre las plantas que crecen a la orilla del río, para que la corriente no se lo lleve; lo pondremos cerca del lugar donde la princesa pasea con sus doncellas después de bañarse. Yo me volveré enseguida; pero tú te esconderás y esperarás allá

En el Río

Todavía era oscuro cuando María y su mamá llevaron aquella mañana el cesto con el niñito dormido navegando en el río.

María hizo todo como le indicaron sus padres. Cerca de donde colocaron el cesto halló un lugar apropiado y allí se escondió.

¡Y con qué ansiedad esperaba que saliese el sol y viniera la princesa! Pensaba que quizás la princesa, al ver a tan hermoso niñito lo querría para ella y así su hermanito se salvaría de la muerte. Y mientras así pensaba, oraba a Dios y le pedía que protegiera a su hermanito.

La Princesa Termutis

Caminaremos sólo un poco y volveremos enseguida al palacio dijo la princesa.

  • ¿Qué haré? - pensaba María - Si me quedo aquí podrían verme y sospecharían de mí.

Entonces cautelosamente salió de su escondite y con aparente indiferencia. se puso a lavar allí cerca en la orilla del río; sin embargo, miraba con todo cuidado para ver lo que acontecería con su hermanito.

La princesa llegó al lugar donde estaba el niñito.

¿Qué es aquello? dijo sorprendida a sus doncellas, mientras señalaba el cestillo de juncos que se mecía suavemente entre las cañas.

Parece una arquilla de las que hacen los esclavos y seguramente debe contener algo.

Llamando a una de sus doncellas, la mandó entrar en las aguas y traerla.

  • ¡Un bebé, princesa, un bebé! - gritó la doncella. ¡Qué hermosa criatura! - exclamaron todas cuando quitaron la cubierta que protegía al niño, por cuyo rostro corrían gruesas lágrimas.

  • ¡Pobrecito! ¡Es que desearía estar en los brazos de su mamá! - dijo entonces la princesa - la mamá de este niñito debe ser alguna de las esclavas hebreas y lo puso aquí para salvarle la vida.

  • Pues bien; ¡yo voy a salvarlo! ¡Lo haré mi hijo y también suplicaré al rey mi padre que en adelante nadie toque a estos inocentes niñitos.

  • Necesitaremos una nodriza para criarlo dijo la princesa, debemos buscar una ahora mismo.

Puedes imaginarte, qué contenta se puso entonces María al oír esas palabras. Y sin perder tiempo, aunque temblorosa, se acercó a la princesa y le dijo:

  • Si me lo permitís, hermosa princesa, yo iré a buscar una nodriza entre las esclavas hebreas y os la traeré.

Y habiendo obtenido el permiso, María corrió tan rápido como pudo.

¿Adivinas a quién llamó María para que fuese la nodriza del niño? ¡Sí, por supuesto! Llamó a su propia mamá y ella fue elegida para criar al hermoso niñito sacado de las aguas. ¡Dios había escuchado sus oraciones!

Entonces la princesa dijo a Jocabed.

  • “Lleva este niño, y críamelo, y yo te lo pagaré”.

Y, naturalmente, cada vez que le mandaba el pago, le pedía noticias de su hijito adoptivo.

Una Madre Ejemplar

¿Recuerdas quién fue la maestra de Jesús? Fue la Virgen Maria. ¡Y con qué cuidado y dedicación enseñó al Niñito Jesús! Así también Jocabed enseñó a su hijito; hablándole todos los días del amor de Dios, de sus grandiosas obras y de sus santos Mandamientos que debemos obedecer.

Desde pequeño le enseñó a orar y a medida que crecía le hacía mirar cómo los de su raza sufrían bajo la esclavitud.

Quizás un día le dijo también que Dios lo había elegido a él para que cuando fuera grande librara a su pueblo de aquellos sufrimientos. Por eso, aún cuando fuera a vivir en el palacio del rey, al lado de la princesa, su madre adoptiva, nunca debía olvidarse de Dios.

Jocabed fue una de esas madres buenas y piadosas, como quiere el Señor Jesús que sean todas las madres.

Doce Años Después

  • ¡No lloréis ahora! - dijo el papá Amram cuando debían llevar al niño al palacio del rey. ¡Confiemos en Dios! ¡Quizás por medio de este niño, Dios nos librará de la esclavitud!

Doce años tenía el niño cuando la mamá lo llevó al palacio del rey y lo entregó a la princesa. ¡Fue un día muy triste para ellos! Los dos lloraron mucho cuando se separaron de su pequeño hijo.

¿Cuál será el nombre que la princesa puso al pequeño? Si deseas saberlo busca en tu Biblia en el Libro de Éxodo, Capítulo 2, Versículo 10:

“Y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué”.

El Niño que no Quiso ser Rey

Los mejores maestros enseñaron a Moisés, pues la Princesa quería que algún día fuese el rey de Egipto.

Pero Moisés nunca quiso llegar a ser rey, solo quiso cumplir la voluntad de Dios, como le enseñó su mamá.

Moisés, fue honrado por Dios porque era bueno y obediente, por mandato de Dios liberó a su pueblo de la esclavitud. De este mismo pueblo, mucho tiempo después, nació Jesús, nuestro Salvador.

Qué placentero será cuando regrese Jesús, podremos oír a Moisés contarnos su historia, ¿Verdad que será interesante?. Si hacemos la voluntad de Dios podremos algún día gozar de este gran privilegio.

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  1. ¿Cómo se llamaba el niñito que adoptó la princesa?

  2. ¿Qué significado tenía su nombre?

  3. ¿Cómo se llamaban su madre y su hermana mayor?