El Ombligo
La Integridad
En la sala de operaciones de un gran hospital,
una joven enfermera cumplía
su primer día de responsabilidad total.
- Usted ha sacado 11 esponjas, doctor -le dijo al
cirujano-. Usamos 12.
- Yo he sacado todas -declaró el doctor-. Ahora
cerraremos la incisión.
-No- objetó la enfermera-. Usamos 12.
-Yo asumo toda la responsabilidad -dijo el cirujano
en forma severa-. ¡Suture la herida!
-Usted no puede hacer eso! - estalló la enfermera-.
¡Piense en el paciente!
El doctor sonrió y entonces le mostró
a la enfermera la esponja número 12. «Usted será
enfermera», le dijo. «La había estado probando
para ver su integridad, y la tenía».
Integridad es una palabra casi perdida, un ingrediente
que le suele faltar a nuestra sociedad. Y sin embargo es una
cualidad sin la cual nuestra misma existencia como sociedad corre peligro.
Me crié en una comunidad rural en la región
norteña del estado de Nueva York. Mi abuelo era granjero.
En aquellos días había pocos contratos escritos. Los
negocios se hacían con un apretón de manos, «la
palabra de un hombre es su obligación», decía
mi abuelo. Si uno estaba de acuerdo en hacer cierta cosa , la hacía
, sin importar lo que sucediera.
Y al fin y al cabo, ¿qué es la integridad?
Es muy difícil de definir. La conocemos cuando la vemos, pero
al igual que la palabra «amor» tenemos dificultad de definirla.
Significa hacer lo que creemos que es correcto, tener la fuerza de convicción
que nos capacita para ser directos y honestos. Significa ser la misma
persona para todos, y aun más.
La integridad en la vida y en la sociedad es
tan silenciosa y personal que pasa casi inadvertida. El motorista
que hace una mella en un guardabarro en la playa de estacionamiento y deja
una nota con su nombre y dirección en el parabrisas; el cliente
que devuelve el dinero que le dieron de más; el padre, quien cuando
llega una llamada telefónica desagradable, no le dice a su hijo:
«Dile que no estoy en casa». Estos y otros incidentes
son pequeñas muestras de una integridad real.
La integridad no es algo que se domina para toda la
vida. No se la puede almacenar o embotellar. Es una virtud
viviente que se pone a prueba constantemente y mientras uno viva, no hay
un examen final de ella. Además, su práctica aumenta
su longe-vidad.
En un momento puede perderse toda una vida de integridad.
Casi siempre la sanción es elevada. Una vez que se pierde
la integridad es difícil recobrarla. A menudo la conversión
religiosa parece ser el único camino de volver atrás, lo
cual puede crear gran escepticismo.La escala de valores del cristiano enseña
de manera uniforme que, después de la lealtad a Dios, nuestra familia
es de importancia primordial; debería tener prioridad sobre la mayoría
de los otros valores, incluyendo la carrera y el trabajo. Con todo,
¿cuántos de nosotros ensalzamos ese valor mientras lo violamos
en forma evidente?
Una vida de integridad es el ideal pero todos ocasionalmente
tenemos deslices. Mejorar nuestra integridad significa proseguir
la verdad dondequiera y cuandoquiera que la encontremos, manteniéndonos
firmes aunque nadie nos siga. Significa no aceptar el status quo,
evitar las mentiritas, no repetir los rumores infundados. Significa
ayudar en forma anónima, contraer y cumplir compromisos, y ser responsables
por nuestras acciones.
Mejorar nuestra integridad significa hacer el llamado
telefónico que hemos estado evitando, luchar por la fidelidad en
las relaciones , y asociarnos con otros que tienen en alto esta virtud.
La integridad de una persona inspira a los que están
a su alrededor . El criar a nuestros hijos en el espíritu
de integridad los ayuda a conducirse en forma honorable en la sociedad.
La integridad profesional a menudo conduce a la prosperidad.
Hace unos meses miré las cubiertas delanteras
de mi auto y pensé que necesitaba unas nuevas. Fui a un taller
bien establecido cerca de mi casa y averigüé acerca de cubiertas,
precios y otros detalles. El dueño, que me estaba atendiendo,
dijo: «Permítame ver sus cubiertas», así que
lo acompañé hasta el automóvil. Después
de una breve inspección, comentó: «Me gustaría
venderle algunas cubiertas nuevas, pero en realidad usted no las necesita.
Si las "recauchutamos", le servirán para otros 16.000 kilómetros
más».
¿Quién crees tu que será mi próximo
proveedor de cubiertas? Las personas que revelan integridad inspiran
confianza, respeto y paz mental en otros. Solemos volver al negocio
o a las personas que nos trataron bien.
Cada año hacemos cientos de decisiones en las
cuales surge la cuestión de la integridad. ¿Cuál
será nuestra actitud cuando el mecánico del auto nos cobra
de menos? ¿O cuando estamos tentados a sacar ventaja de un
asociado o cliente? ¿O cuando vendemos un producto como «perfecto»
sabiendo que tiene defectos?
La integridad le da significado y propósito
a la vida e imparte valores duraderos que trascienden los caprichos y las
locuras contemporáneas. Tiene en cuenta la valentía
y la firmeza de acción y ayuda a eliminar la desconfianza
de uno mismo.
Probablemente nadie lo ha expresado mejor que una
escritora, hace ya casi un siglo: «La mayor necesidad del mundo es
la de personas que no se vendan ni se compren, personas que sean sinceras
y hornadas en lo más íntimo de sus almas ..., personas cuya
conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo, personas
que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos».
Winton Beaven