Vivir para alabar, alabar para vivirVida en la alabanza
¿Cómo podemos infundir vida a la forma en que alabamos? Estoy hablando de una genuina conexión entre la alabanza y nuestras vidas diarias. La alabanza es la respuesta natural, con acción de gracias, de un ser consciente hacia la bondad y rectitud del Dios viviente. Los ángeles y otros seres no caídos alaban a Dios con una admiración sobrenatural y una alegría inimaginable. Los seres humanos caídos, por otro lado, alaban a Dios por su gracia, su poder salvador y su cuidado inconmensurable. Respondemos a Dios en alabanza cuando encontramos que su gracia, poder o cuidado se mueve a través de nuestras fibras cada día de nuestra existencia. La alabanza es absolutamente personal, es el descubrimiento en mi corazón de cómo Dios me alimenta diariamente, como Dios se adecua a mi vida. En esta definición de alabanza vemos cuán esencial es para los líderes de adoración hacer que la alabanza pública sea contemporánea. Cuanto mayor sea la diferencia generacional en una congregación, más dificil será alcanzar este objetivo. Es absolutamente necesario y en un sentido muy real, la adoración auténtica debe ser contemporánea. En vez de discutir acerca de diferentes estilos de adoración, debemos buscar formas de permitir a los otros que puedan realizar su propia alabanza, logrando que esa alabanza sea un reflejo de la vivencia personal de cada individuo.
Alabanza en la vida
¿Cómo podemos adoptar la alabanza como un estilo de vida?
Los adventistas hemos sido muy fervorosos en enfatizar la adoración
desde la puesta de sol del viernes de noche hasta la puesta del sol del
sábado.
El sábado como un día especial de adoración es
una de las mayores diferencias que tenemos como iglesia con otras denominaciones
cristianas.
Pero, ¿qué sucede el minuto después de la puesta
del sol del sábado? ¿Son realmente los otros seis días
para nosotros, mientras que sólo el séptimo es para Jesús?
¿Tienen algo que ver nuestro trabajo y formas de recreacción
con la manera personal en que adoramos?
Estamos llamados a adorar a Dios con todo nuestor corazón, fuerza
y mente; no solo una séptima parte de nuestro tiempo. Es mucho
mejor recordar que el martes de mañana, cuando salimos temprano
de la cama, Jesús es todavía el Señór de nuestras
vidas, y que en la tarde del jueves, cuando estamos en el trabajo
o estudiando, nuestro tiempo todavía honra a Dios. Y cuando
el sol se va el sábado de tarde, Jesús está aún
en nuestro vecindario.
Lo que debemos tener en cuenta es cómo alabamos a Dios en cada
momento de nuestras vidas. Nuestra vida social puede alabar a Dios,
nuestra educación puede alabar a Dios, nuestra vida familiar, nuestra
vida laboral, nuestro tiempo libre, todos pueden ser vividos para el honor
y la gloria divinos. Cuando respondemos a la gracia de Dios con nuestros
martes de mañana y nuestros sábados de noche, así
como con nuestros sábados, entonces estaremos alabando a Dios de
la manera en que él nos invita a hacerlo. Solo entonces cono-ceremos
la alegría de alabar a Dios y encontraremos una manera de vivir
distinta y plena.
Entonces, ¿qué acerca de los cantos que cantamos en el
servicio de la iglesia? ¿Y las representaciones que nos llevan a
entender diversos temas? ¿Y los instrumentos que usamos para
acompañar nuestra adoración? Solo hagámonos dos preguntas:
¿Nos llevan a una excitante conexión santa entre nuestros
corazones y el corazón de Dios? ¿Nos ayudan a alabar a Dios
en martes tan bien como en sábado?
Si es así, entonces, estaremos hablando acerca de adoración
y alabanza genuinas.
*Extraido de la Review and Herald, 2/97.