" Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán;

A las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán;

habla a la tierra, y ella te enseñará;

Los peces del mar te lo declararán también.

¿Qué cosas de todas estas no entiende

Que la mano de Jehová la hizo ?

Job 12: 7-9

 

EL RENACUAJO ESCURRIDIZO

 

 

Roberto se sentía como un chico en su último día de clases. Una mascota muy especial lo esperaba en su casa¡ Un renacuajo!

Un amiguito le había regalado un renacuajo para su cumpleaños.

Lo había pedido por teléfono y se lo enviarían por correo. Roberto tendría que esperar a que el tiempo estuviera más fresco para que se lo enviaran,. Su mamá le había dicho que se podía cocinar en el paquete si hacía mucho calor.

Entonces había que esperar para que llegara.

Esperar parecía interminable. Pero un día su mamá lo llamó por teléfono mientras él estaba jugando en la casa de sus amigos. Tenía novedades. ¡El renacuajo había llegado1

"Rober",-le dijo - "llegó tu renacuajo. ¿Quieres que lo ponga en su pecera ,o quieres ponerlo tu mismo cuando llegues a casa?" Mientras la mamá hablaba miraba a la pequeña criatura nadando en la bolsa de plástico.

"No, no me esperes,"- respondió Rober- "puedes hacerlo, no quiero correr riesgos en eso."

"Muy bien" - dijo la mamá - "lo podrás ver ni bien llegues a casa".

Pero la mamá tuvo problemas. Cortó la bolsita poniendo el agua y el renacuajo en la pecera. El agua salió toda pero el renacuajo se quedó pegado dentro de la bolsa. Movió la bolsa para que el renacuajo cayera en el agua. Repentinamente, el renacuajo dio un gran coletazo y aterrizó, no en el agua, sino en el placard de Rober.

"¡Oh no!" - exclamó la mamá - tratando de pensar qué hacer. Se acordaba que en las instrucciones sobre los cuidados del animalito decía que NUNCA se debería tocarlo y que SIEMPRE tenía que estar en el agua, y allí estaba agitándose bien arriba en el placard.

Sabiendo que el renacuajo moriría si estaba allí mucho tiempo retorciéndose, trató de levantarlo, pero sus dedos resbalaron en la resbaladiza piel . Corrió escaleras abajo a la cocina, agitada por la carrera, y trajo una espátula. (Una espátula es el utensilio que se usa para dar vuelta los panqueques o tortillas)

Entrando rápidamente al dormitorio de Rober, levantó el renacuajo con la espátula y lo sumergió en el agua. El animalito se hundió hasta abajo, jadeando.

La mamá le fijó los ojos. "¡Lamentablemente, - pensó - Rober todavía no ha visto su mascota, y yo probablemente lo he asesinado! Con la caída sobre el placard, luego yo lo toqué, estuvo algunos minutos fuera del agua , me parece que no tendrá probabilidades de vida.

No sabiendo que más hacer, oró. "Querido Padre, tú has visto este pequeño renacuajo. Sé que tú lo hiciste, y a ti no te gusta verlo sufrir, y mi hijo está deseoso de tenerlo como mascota y ver cuando se transforme en rana. Creo que te gozas en que aprendamos acerca de tus criaturas, entonces Señor, sosténlo y hazlo fuerte otra vez. Gracias. En el nombre de Jesús, Amén".

Habiendo dejado al renacuajo en las manos de Jesús la mamá trató de no preocuparse. Lavó la loza y el piso de la cocina, mirando a la mascota cada tanto.

Estaba vivo cuando Rober llegó a casa. Abriendo la puerta del frente y riendo - dijo - ¿Donde está mi renacuajo? "Está en tu pieza"- dijo la mamá tomándolo del brazo cuando pasaba - "pero antes que vayas a verlo tenga que decirte algo".

Cuando la mamá le explicó lo sucedido, el rostro de Roberto cambió. Subió las escaleras de a dos escalones seguido por la mamá. Gimiendo sobre la pecera dijo: "¡se va a morir!"

La mamá replicó : "no lo creo, Rober, yo oré para que no muera, y creo que podríamos orar otra vez".

Cerraron los ojos y nuevamente pidieron ayuda y fuerza para el renacuajo.

Cuando Roberto se acostó esa noche, el renacuajo nadaba con la cabeza hacia abajo y la cola hacia arriba. Mientras la mamá lo tapaba a Rober, pensaba: "esa pobre cosita , parece como si fuera a morir".

Preguntándose si podría hacer algo más, tomó el libro de instrucciones del estante y hojeándolo se encontró con una sorpresa.

"Escucha esto" - dijo, leyendo fuerte - "cuando tu renacuajo esté nadando cabeza a bajo y cola hacia arriba, está feliz y aclimatado a su nuevo hogar."

¡Qué bueno! - gritó Roberto - abrazándose con su mamá.

Al día siguiente, el renacuajo nadaba contento por toda la pecera. Rober y su mamá agradecieron a Dios por su cuidado. Y hay más en esta historia.

Usualmente toma de tres a cuatro semanas a un renacuajo para transformarse en rana, pero el fortachón del renacuajo de Rober se transformó completamente en sólo diez días. Roberto se dio cuenta que Dios había hecho esto con un poquito de su gran poder, todo porque El se interesa por un muchachito y también por su pequeño renacuajo.