El benéfico Creador, después de los seis días de la creación, reposó en el séptimo día e instituyó el sábado para toda la humanidad como un memorial de la creación . El cuarto mandamiento de la inmutable ley de Dios requiere la observancia de este séptimo día sábado como el dóa de reposo, adoración y ministerio en armonía con la enseñanza y la práctica de Jesús, en el Señor del sábado. El sábado es un día de deleitosa comunión con Dios y con nuestros semejantes. Es un símbolo de nuestra rendención en Cristo, una señal de nuestra santificación, una muestra de nuestra fidelidad, y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios. El sábado es la señal perpetua que Dios ha dejado acerca de su pacto eterno entre él y su pueblo. La gozosa observancia de este sagrado tiempo, de tarde a tarde, de puesta de sol a puesta de sol, constituye una celebración de la actividad creadora y redentora de Dios.
Exodo 20:1-17
Salmos 40:7,8
Mateo 22:36-40
Deuteronomio 28:1-14
Mateo 5:17-20
Hebreos 8:8-10
S.Juan 16:7-10
Efesios 2:8-10
1Juan 5:3
Romanos 8:3,4
Salmos 19:7-14
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