18 de septiembre

Aprendiendo a confiar en él

Hecha sobre Jehová tu carga y él te sostendrá; no dejará para siempre caído al justo. Salmos 55:22.

¿Pueden los cristianos estar, a veces, deprimidos? La depresión en el cristiano, ¿no es una indicación de que no confía en Dios? ¿Es pecaminoso el sentimiento depresivo?

Antes de considerar este asunto, veamos algunas declaraciones de David: "¿Por qué te abates, alma mía?" (Salmos 42:5). "Dios mío, mi alma está abatida en mí (vers. 6). "¿[Por qué] te turbas dentro de mí?" (vers. 5). Ahora veamos las declaraciones de otros hombres bíblicos. Elías dijo: "Basta ya, Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres" (1 Reyes 19:4); y Jonás: "Ahora pues, Jehová, te ruego que me quites la vida" (Jonás 4:3). ¿Quieres ir un poco más adelante? Mira lo que dijo Jesús: "Mi alma está muy triste, hasta la muerte" (S. Mateo 26:38).

Generalmente, cuando una persona está deprimida, queda con el rostro triste, el semblante decaído, llora, pierde el apetito y siente como si su situación no tuviese salida. Para completar el cuadro, la persona se siente culpable porque piensa que el cristiano no puede estar deprimido, y entonces el problema se complica más.

¿Qué hacer cuando surgen en la vida momentos difíciles que nos llevan al desánimo? El consejo del salmista es: "Echa sobre Jehová tu carga y él te sostendrá".

¿Qué Significa eso? Primero: Acéptate como eres. No tengas miedo de las situaciones adversas. Dios nos creó con temperamentos diferentes. Unos son más duros y difícilmente tiemblan; otros, a su vez, son más sensibles y sujetos a sentirse débiles ante la adversidad. Eso no quiere decir que nuestra vida deba estar dominada por la personalidad torcida que podamos traer de antes de la conversión. En cambio, deja que el Espíritu Santo complete en ti lo que inició. No te desesperes. Reconoce tu realidad y acéptala.

En segundo lugar, alaba el nombre de Dios aunque no sientas que debas alabar. Alábalo porque el amor de Dios, su misericordia y las bendiciones que él está dispuesto a derramar sobre ti, no dependen de cómo te sientas, sino de cuánto significas para él. Tú eres lo más importante para Dios, al punto de que envió a su Hijo unigénito para salvarte.

La palabra "carga", o "fardo", usada en el versículo de hoy, en hebreo es yehab, y significa "carga pesada". En la Septuaginta, una versión griega de la Biblia, se usa la palabra mérimna, que significa "cuidado", "ansiedad", "preocupación" por lo que todavía no aconteció.

Por lo tanto, el consejo divino para nosotros es: "Hijo, yo te amo. Tú no tienes por qué andar preocupado por los problemas que todavía no aparecieron. Confía en mí, echa sobre mí tu carpa. Yo te ayudaré a llegar descansado al puerto seguro".

 

19 de septiembre

Por qué tener miedo de la noche

Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y protección es su verdad. No temerás al terror nocturno ni a la saeta que vuele de día. Salmos 91:4, 5.

Quienes un día llegamos a conocer a Jesús, tenemos algún motivo de agradecimiento. Llegamos a él con el peso de la culpa -llevando muchas veces una personalidad torcida por el pecado, cargando traumas y complejos que no nos permitían ser felices, abrigando temores y miedos que nos atormentaban-, y en Jesús fuimos liberados de todo lo que perturbaba nuestra paz.

El drama de Gloria, una señora de clase media alta, era su profundo temor a la oscuridad. Era un miedo inconsciente que cargaba desde niña. Ya adulta, trató de entender las causas de ese miedo incontrolable y acudió al psicólogo, sin obtener resultados positivos. Dormía con las luces del cuarto prendidas, ya que de otra manera le resultaba imposible conciliar el sueño.

Pero un día conoció el evangelio, y entre las muchas promesas bíblicas encontró el versículo de hoy: "No temerás al terror nocturno... Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y protección es su verdad".

En el original hebreo hay dos palabras que se traducen por escudo. La primera es magen, que es el escudo que conocemos y que el soldado lleva en una mano mientras empuña la lanza con la otra. La segunda palabra es tsinnah, que se refiere a una especie de coraza que protege todo el cuerpo. En el versículo de hoy, Dios no promete ser nuestro magen sino nuestro tsinnah. No existe posibilidad de que seamos alcanzados. El enemigo puede atacarnos por donde quiera pero no puede tocar nuestra vida, porque el Señor protege nuestro cuerpo entero.

¿Cuál es, entonces, el motivo para vivir con miedo de los horrores de la noche o de los peligros que amenazan de día?

Aquí hay un mensaje de consuelo para las personas que, por fuerza de las circunstancias, tienen que trabajar de noche como choferes, guardias u otras tareas nocturnas. Hay también un mensaje de esperanza y liberación para los que, como Gloria, tienen miedo de la oscuridad sin saber por qué.

El Salmo 91 tiene palabras de ánimo para quienes pasan por momentos de tribulación, especialmente para "el pueblo de Dios que observa los mandamientos divinos", y para los que "pasarán por el tiempo de angustia" y los peligros de los últimos días.

El predicador inglés Charles Spurgeon decía: "Démosle a Dios las mañanas de nuestros días y las mañanas de nuestra vida. La oración debería ser la llave que abre de día el cerrojo de la noche. La devoción debería ser el astro matinal y el lucero de la tarde. Si comenzamos bien el día, durante sus horas tendremos una mayor conciencia de la presencia de Dios. También tendremos una mayor seguridad de llegar al lecho, a la noche, con el corazón lleno de paz y confianza

 

20 de septiembre

Un Dios que no se adormece ni duerme

Por cierto, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Salmos 121:4.

En una de las principales plazas de Tokio hay una enorme estatua de Buda. De ella, dos detalles sobresalen: está con los brazos cruzados y los ojos cerrados. Todo el mundo sabe que ese dios no está durmiendo sino sólo meditando, pero, sea como fuere, permanece con los ojos cerrados. Sin embargo, nuestro versículo nos habla de un Dios que siempre está vigilante, siempre con los ojos abiertos. "No se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel".

Los peregrinos que se dirigían anualmente a Jerusalén para participar de las fiestas, cantaban este salmo mientras iban por el camino. Hoy, este salmo es conocido como el "Salmo de los viajeros". Todo el cántico habla de lo que el salmista espera de su Dios a lo largo del viaje, pero el versículo 4 expresa el porqué de la confianza.

Tenemos un Dios que se preocupa por cada uno de sus hijos. Conoce nuestra entrada y nuestra salida. Será nuestra sombra a nuestra derecha. No dejará vacilar nuestro pie; el Sol no nos incomodará de día ni la Luna de noche, porque nuestro Dios está por encima de todos esos dioses. No es simplemente un gran hombre que pasó por la historia, no es simplemente una filosofía de vida o una estatua de mármol. Es un Dios personal que se interesa por los detalles de mi vida, que ve mis lágrimas, se regocija con mis alegrías y se entristece con mis penas. Sufre, cuando en nuestra humanidad, tratamos de arrojarlo de la experiencia, porque nos ama y porque lo que más desea es que vivamos una vida diaria de comunión personal.

Tal vez en este momento aparezcan en tu corazón preguntas como: "Si Dios está siempre vigilante, ¿por qué murió mi padre en ese accidente de tránsito? ¿Por qué no cuidó de mi hijo? ¿Dónde estaba él cuando todo eso sucedió!"

Dios se hizo hombre para poder entender mejor nuestra humanidad y responder a nuestras inquietudes. No necesitaba hacerlo, porque era Dios, pero, además de salvarnos, era necesario sacarnos las dudas de nuestra cabeza. Se hizo hombre y murió en la cruz, y en los dolores de la agonía también clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (S. Mateo 27:46).

¿Dónde estaba el Padre cuando, en esa tarde de viernes, sucedió toda la tragedia? Si él nunca se adormece ni duerme, ¿por qué no intervino para proteger la vida de su Hijo?

No estoy tratando de inducirte a que "tapes el Sol con una mano", ni a que "entierres la cabeza como el avestruz". No. Simplemente estoy mostrándote que por detrás de todo sufrimiento humano hay un propósito redentor o educador, que sólo el tiempo se encargará de revelarnos. Confía en Dios, aunque las lágrimas te impidan verlo.

 

21 de septiembre

Estoy esperando

Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: "¿Dónde está tu Dios? " Salmos 42:3.

Rubén, nuestro segundo hijo, era un muchachito de apenas 5 años y estaba perdido en el centro de la enorme ciudad de Bello horizonte. Mi esposa y yo salimos en su búsqueda. Fue mi esposa la que lo encontró, en la plaza de la estación terminal de ómnibus. Estaba sentadito, tranquilo, como si nada de extraordinario estuviera sucediendo. Después, cuando ya estábamos en el refugio de nuestro hogar, le pregunté:

-¿No tuviste miedo?

-No -fue la respuesta lacónica.

-Pero los niños tienen miedo cuando están perdidos -le dije yo.

-Pero yo no estaba perdido, sólo estaba esperando. Yo sabía que me iban a buscar -respondió él admirado.

¿Alguna vez en la vida te sentiste perdido en las enormes calles de esta vida? ¿Sentiste que caminabas solitario como un trompo? ¿Alguien te preguntó sarcásticamente, como le preguntaron a David, "¿Dónde está tu Dios?"? ¿Estás perdido? ¿0 "sólo estás esperando, porque sabes que él vendrá a buscarte"?

En el versículo de hoy el salmista expresa el dolor que siente porque en algún momento todo parece andar mal y los escarnecedores aparecen para decir: "¿Cómo es posible que sufras si eres un hijo de Dios? ¿Dónde está tu Dios? ¿Dónde están las bendiciones que te fueron prometidas?"

No puede existir un momento más doloroso que cuando la persona en que confías parece no acudir en tu defensa. ¿Cómo reaccionarías ante un padre que ve a un grupo de muchachos pegándole a su hijo y no reacciona? ¿Qué pensarías de un padre que es considerado un héroe por el hijo, pero que en su presencia permite que otros lo ofendan o vituperen?

Tal vez logres entender el porqué de las lágrimas del salmista; perseguido, humillado, traicionado y sufriendo burlas por confiar en un Dios que parecía no reaccionar.

Rubén nos contó esa noche que mucha gente le preguntada: "¿Estás perdido?" Y él les respondía que no, que sólo estaba esperando a sus padres.

Y tú, ¿estás perdido! ¿Te sientes abandonado? ¿0 ya conoces lo suficiente a Jesús como para saber que nunca te olvida y que, si demora, debes esperarlo porque ciertamente vendrá y no tardará?

A medida que nos aproximemos al fin, cada día aparecerán escarnecedores, burladores, vituperando el nombre de Dios. Debes estar preparado para continuar creyendo en él, aunque no puedas verlo. Pero, para tener la certeza de su presencia, aún sin verlo, es necesario convivir con él en un compañerismo diario, en una vida de comunión a través de la oración, el estudio de la Biblia y el testimonio. En esa convivencia maravillosa, él llegará a ser real para ti al punto de que sabrás que nunca estás solo, que no estás perdido, que "sólo estás esperando".

 

22 de septiembre

Yo mulliré tu lecho en la enfermedad

Jehová lo sostendrá en el lecho del dolor; ablandara su cama en la enfermedad. Salmos 41:3.

El salmista escribió el Salmo 41 en un momento en que padecía una enfermedad grave. Mientras estemos en este mundo, muchas veces la enfermedad tocará nuestro cuerpo. Job, un ser íntegro como ningún otro, quedó postrado en el lecho de dolor, y ahora David, viviendo una vida de entera dependencia divina, sufría también las inclemencias de la enfermedad.

Muchas veces Dios permite que la enfermedad toque a la puerta de nuestra vida para que "las obras de Dios se manifiesten" en nosotros. Alabemos su nombre si, en medio de nuestras lágrimas, él es glorificado. Otras veces Dios permite que la enfermedad llegue por algún motivo, redentor o educativo, que "al presente no es motivo de gozo sino de tristeza", pero que el tiempo se encargará de mostrarnos que Dios tenía razón. ¿No será que a través de la enfermedad el Señor quiere despertarnos del letargo espiritual, o que el dolor que sufrimos en el presente está siendo un testimonio de la misericordia divina y de la maldad del diablo ante las criaturas del universo? (Ver S. Juan 9:3; Hebreos 12:11.)

En fin, lo que realmente importa no es conocer las causas, sino saber que en la hora de la enfermedad podemos contar con el consuelo divino. "Jehová te sostendrá en el lecho de dolor", es la promesa del versículo de hoy, pero el salmista continúa: "Ablandará tu cama en la enfermedad".

La palabra hebrea bafak, usada en la traducción como "mullirás", quiere decir literalmente "dar vuelta", "cambiar". La idea sugerida aquí por el original es el consuelo que el doliente experimenta cuando le cambian la cama.

Dicen que una de las cosas que mejor revela la capacidad de una enfermera es su perfecta idoneidad para cambiar la ropa de cama con el enfermo acostado sin que éste se sienta incómodo. ¿Te das cuenta de lo que Dios está tratando de decir?: que él transformará el lecho del sufrimiento. No promete que siempre va a curar, pero promete proporcionar alivio y consuelo.

"No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla" (1 Corintios 10:13).

A veces, cuando visito a alguien que está pasando por el valle del sufrimiento, me gustaría leerle solamente las promesas de sanidad y restauración, pero la realidad es que Dios no siempre promete curar. A veces, dice: "Bástate mi gracia" (2 Corintios 12:9). Y, como Pablo, tenemos que cargar con el aguijón en la carne hasta el fin de nuestros días.

Y es en esos momentos cuando brilla la promesa del versículo de hoy. Las manos divinas que abrieron los ojos del ciego, también pueden venir para mullir el lecho y confortar el corazón afligido del enfermo y de los familiares.

 

23 de septiembre

Gloríate en la tribulación

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia. Romanos 5:3.

Para Francisco, aceptar a Jesús significó la renuncia a muchas cosas: sus amigos lo abandonaron; sus familiares no quisieron saber nada de él y lo declararon persona indeseable; su negocio comenzó a fallar, porque las mejores ventas las había realizado los sábados.

Pocos meses después perdió el hijo mayor en un accidente de tránsito, y todo el mundo decía de que las tribulaciones por las que pasaba eran porque había quebrantado un voto de fidelidad que había hecho en otro tiempo a Nuestra Señora Aparecida.

Cuando conversé con él, traté de animarlo y mostrarle que no entendemos los caminos de Dios, pero que ellos son siempre los mejores para nosotros. "No se preocupe, pastor", dijo Francisco, y mencionó el versículo de hoy: "Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia".

Los músculos se hacen fuertes en el dolor del ejercicio diario. Las ampollas logran que nuestras manos se tornen duras. El fuego hace que el oro sea cada vez más puro, y la lapidación permite que el diamante bruto adquiera las formas delicadas que dejan traslucir toda su belleza.

Naturalmente, el ser humano no fue creado para sufrir y, por lo tanto, rechaza todo lo que es doloroso. Huye de lo que provoca lágrimas, prefiere el consuelo de una cama suave a la dureza del asfalto en una noche fría.

Nunca te sientas mal por no gustar del sufrimiento; es natural que así sea. Pero no te desesperes cuando lleguen las tribulaciones, porque ellas producen paciencia.

En la vida cristiana nada es más importante, después de Cristo, que la paciencia o la perseverancia. "El que persevere hasta el fin, éste será salvo encontramos muchas veces en la Biblia (S. Marcos 13:13). En el desierto de esta vida quedaron muchos cuerpos de quienes se desanimaron y abandonaron la lucha. Fueron los que no consiguieron pasar por el valle de las tribulaciones. Pensaron que Dios los había abandonado. Se creyeron injustamente tratados y olvidados; no se gloriaron en las tribulaciones, no agradecieron por las lágrimas, no alabaron el nombre de Dios por la adversidad. Como resultado, nunca desarrollaron un carácter a toda prueba, cayeron en las arenas calientes del desierto, abandonaron el camino y perdieron de vista la tierra prometida.

Puede ser para mí muy fácil escribir esto, porque al hacerlo ninguna tormenta está envolviendo mi vida, pero le pido a Dios que cuando el invierno llegue y los vientos helados castiguen mi rostro, me dé fuerzas para tomarme de su brazo poderoso y aceptar con resignación las inclemencias de la vida, "sabiendo que la tribulación produce paciencia", y que sólo los que perseveran hasta el fin serán salvos.

 

24 de septiembre

Orad con acción de gracias

Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4:6.

Hope Mac Donald, en su libro Enséñanos a orar, cuenta que una noche, cuando sus hijos Tomás y Daniel eran pequeños, estaba orando con ellos, arrodillados cerca de la cama. Tom hacía la última oración y ya había empleado más de cinco minutos agradeciéndole a Jesús por todas las cosas que se podía acordar. Había citado a toda la familia y a los parientes próximos y distantes. Le había agradecido al Señor por todos los amigos que tenía en la escuela, nombre por nombre; por todas las flores y árboles, por el Sol, la lluvia, la Luna, las estrellas y todo lo que existe en la naturaleza. Después de agradecerle a Dios por todas las personas del mundo, paró, se dio vuelta hacia el padre y dijo: "¿Qué más debo decir, papá?" Y antes de que el padre pudiese responder, su hermano replicó en un rapto de inspiración: "¿Qué tal si dices 'Amén'?"

Sin duda, estás sonriendo. Pero el cuadro presenta la sinceridad con que los niños hablan con Jesús. ¡Toda la oración fue empleada solamente para agradecer! ¿Cuántas veces hicimos lo mismo en nuestra devoción personal?

¿Por qué ser agradecido si todavía no presentamos nuestro pedido y no hemos recibido la respuesta? Eso dependerá mucho de tu concepto de la oración. Si crees que, antes de salir de nuestros labios, todas las peticiones ya fueron respondidas por Dios, y que todo lo que necesitamos hacer es abrir la puerta del corazón a Jesús, que viene con todas sus bendiciones, entonces la oración de gratitud tiene sentido. Pero si continúas pensando que tienes que orar para cambiar la posición de Dios respecto de tu persona, entonces, naturalmente, todavía no tienes motivos para ser agradecido.

Si te detienes a pensar un poco y comienzas a enumerar todas las bendiciones que ya recibiste en la vida, verás que ni el tiempo ni la memoria alcanzan para mencionarlas a todas. Dios es un Dios de salvación y es también un Dios de bendiciones. No somos nosotros los que deseamos ser bendecidos, es él quien está deseoso de bendecirnos. Tenemos que alabar su nombre porque es grande. Tenemos que agradecer su amor porque mucho tiempo antes de que supliquemos alguna cosa, su Espíritu trabajó en nuestra vida creando en nosotros el deseo de buscarlo, haciéndonos sentir la necesidad de sus bendiciones.

Antes de salir hoy al trabajo diario, derrama tu vida a los pies de Jesús. Agradécele las bendiciones que tus ojos todavía no vieron, pero que él ya preparó para ti. Canta un himno de alabanza y mantén ese cántico en el corazón a lo largo del día. No salgas ansioso. No tienes motivo para eso. Tu Dios es el mismo Dios de Moisés, Abraham, Daniel y Pablo. El puede cerrar la boca delos leones, librarte de la prisión o abrir el Mar Rojo.

¡Créelo!