24 de julio

¿Basta obedecer?

Entonces Samuel dijo: " ¿Acaso se complace Jehová tanto en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a las palabras de Jehová? Mejor es obedecer que sacrificar; prestar atención mejor es que la grasa de los carneros" 1 Samuel 15:22.

La historia de la desobediencia de Saúl debe ser analizada con mucho cuidado. Dios requería sacrificio de su pueblo. Y aún más: requería lo mejor. Saúl se había quedado con lo mejor del ganado del enemigo. ¿Cuál era entonces su delito ? ¿Qué había dentro de ese acto?

Era cierto que se requerían animales para el sacrificio y que éste se realizaba después de la victoria. Pero una cosa no era verdad: que se escogiera un método diferente del indicado por Dios para realizar el sacrificio. En este caso particular, Dios había ordenado que todo lo que fuera del enemigo debía ser destruido, y Saúl pensó que lo que realmente valía era ofrecer el sacrificio.

Hoy, Dios no requiere más sacrificios de ovejas de su pueblo, ciertamente porque "el Cordero de Dios" ya fue sacrificado en la cruz del Calvario. Lo que espera es que presentemos nuestro cuerpo en sacrificio santo y agradable al Señor. Lo que espera es obediencia.

El gran peligro que hoy corre el pueblo de Dios es el de confundir las cosas, como las confundió Saúl.

Lo importante no es solamente obedecer, sino también seguir el plan que Dios tiene para llevarnos a la obediencia.

La obediencia por sí misma no soluciona los problemas. El joven rico obedecía. Nicodemo obedecía. Pero nunca habían experimentado en su vida el milagro de la conversión.

Hay dos maneras de obedecer: usar únicamente nuestro propio esfuerzo, únicamente nuestra fuerza de voluntad, únicamente nuestro dominio propio, o usar todo eso junto con la comunión diaria con Cristo, que hará que el Espíritu Santo santifique nuestra voluntad pecaminosa y nos lleve a la obediencia auténtica.

¿Cómo saber cuál es el tipo de obediencia que estamos presentando a Dios? En verdad, nadie lo puede saber. Sólo Dios y la persona involucrada, porque solamente ambos conocen si se vive una vida de comunión con Dios.

Los que nos ven, verán apenas la obediencia que sólo puede ser fruto del formalismo o de la fuerza de voluntad. Pero para Dios todo eso es como "trapos de inmundicia". Solo él puede darnos la obediencia auténtica.

¿Podemos salir esta mañana a las actividades diarias confiando en el brazo fuerte del Señor y permitiendo que viva en nosotros a través de su Santo Espíritu, transformando nuestra propia voluntad pecaminosa en una poderosa voluntad santificada?

 

25 de julio

El día en el que el Sol se detuvo

Y el sol se detuvo, y la luna se paró, hasta que la gente se vengó de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? El sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Josué 10:13.

Cuando Dios creó al ser humano, le dio la vida y el tiempo, y también le dio talentos, posesiones materiales y un cuerpo. No existe vida sin estos cuatro elementos.

La vida no es propiedad del hombre. El ser humano es solamente un administrador. La vida le pertenece a Dios. Por eso en la creación, el Señor le dijo a Adán: "Yo te presto la vida, y con la vida el tiempo. El tiempo es mío, pero sé que en el futuro correrás el peligro de pensar que el tiempo es tuyo. Entonces, para que nunca olvides que yo soy el dueño del tiempo, vamos a hacer un pacto: seis días podrás usarlos para ti, pero el séptimo día deberás devolvérmelo a mí. Mientras respetes la alianza sabré que me estás reconociendo como el dueño. Y si por algún motivo necesitas más tiempo, o llegas a tener dificultades con él, lo único que necesitas es venir a mí; yo soy el dueño y resolveré el problema. Pero si tú no me devuelves el sábado, sabré que te estás apropiando de mi tiempo. En ese caso, tú serás el dueño y tendrás que resolver solo tus problemas de tiempo".

En el versículo de hoy encontramos al pueblo de Israel con dificultades de tiempo. El día estaba finalizando y la batalla no había terminado. Durante la noche las cosas siempre resultan más difíciles. Era preciso recurrir al dueño del tiempo. Israel era fiel devolviendo el sábado a Dios como un día especial. Era, pues, hora de reclamar la promesa. Josué clamó al Señor y el Sol paró, y el pueblo tuvo tiempo suficiente para terminar su obra. A esa semana se le añadió casi un día más.

Esta es la promesa maravillosa de Dios. Si tú respetas la alianza establecida, él está siempre listo para cumplir su promesa, sin importar si para ello tiene que hacer parar el Sol.

Frecuentemente, encuentro gente desesperada con el tiempo. No tienen tiempo para nada. Viven cansadas porque durante la semana corren apresuradas de un lado para el otro y aprovechan el sábado para dormir, pensando que así están "guardando el sábado".

El sábado, mi querido amigo, fue separado por Dios para ser un día de comunión especial con él y con los semejantes, y si respetamos este pacto, él es fiel y justo para cumplir su promesa: habrá tiempo para atender nuestro programa de trabajo; y más, habrá descanso para nuestra alma. Entraremos en su reposo y disfrutaremos las maravillas de la salvación.

 

26 de julio

Respeto por el ungido del Señor

Y dijo a sus hombres: "Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová. ¡ ;No extenderé mi mano contra él, porque es el ungido de Jehová!" 1 Samuel 24:6.

La hora se presentaba propicia. Saúl había sido rechazado por Dios como rey de Israel, aunque todavía continuara gobernando y usando el poder para perseguir a un inocente como David. Así, entre los peñascos de las cabras monteses, en el desierto de En-Gadi, la providencia de Dios permitió que Saúl quedara en manos de David. Si David hubiese querido, ése habría sido el fin de su dura persecución. Podría haber matado al rey. Mas él le dijo a sus hombres: "Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová" ¿No era Saúl un hombre contumaz y rebelde que había apartado a Dios de su propia experiencia? ¿No había dicho el profeta Samuel que Dios no lo quería más como rey ? ¿Por qué entonces esa consideración de David por el "ungido del Señor"?

A lo largo de la historia de la iglesia ha sucedido algo curioso que necesita ser observado. Hace tres o cuatro décadas, los miembros de la iglesia preguntaban todo al pastor. Yo era un niño en esa época, y recuerdo que mi madre se arrodillaba para orar antes de entrar a arreglar el cuarto donde el pastor se hospedaba, cuando él visitaba nuestra pequeña congregación. Esos niños de hace cuatro décadas, hoy son doctores, empresarios, industriales, personan que tienen en sus manos el control de muchas otras personas. Los pastores somos hoy pastores de hombres y mujeres que saben pensar y tomar decisiones. ¿Qué significa "no tocar al ungido del Señor"?

El versículo de hoy es motivo de meditación tanto para los pastores, en el sentido de saber administrar los talentos de la iglesia, como para los miembros de la iglesia, en el sentido de no confundir la exposición de sus ideas con la falta de respeto o menosprecio por un hombre a quien el Señor ungió.

La actitud de David es ejemplar, porque estaba ante un hombre que comprobadamente ya no era pastor de nada; sin embargo, en un momento de su vida, había recibido la unción divina.

Los que por la comunión diaria con Jesús reflejen cada día más y más el carácter de Cristo, aprenderán a vivir como vive el cuerpo donde cada miembro tiene una función definida, y donde todos se mueven con un mismo propósito y con un solo objetivo.

 

27 de julio

¿Dónde está el fuego ?

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento, pero el que viene tras mi, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. S. Mateo 3:11.

Jesús vino a poner fuego en la Tierra. "Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego", fue la promesa de Juan el Bautista. En San Lucas 12:49, Jesús dice: "Fuego vine a echar en la tierra". A lo largo de su vida en este mundo, la presencia de Jesús fue la presencia permanente del fuego: resucitando muertos, curando leprosos, haciendo andar a los paralíticos, purificando la vida de los ladrones y las prostitutas y confrontando a los líderes religiosos con el fuego de sus propias conciencias.

La iglesia primitiva ardía porque había recibido el cumplimiento literal de la promesa: "Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo" (Hechos 2:3, 4). Era una iglesia poderosa, capaz de decirle al paralítico de la puerta del templo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda" (cap. 3:ó). Cada cristiano ardía. No importa adónde fueran, era imposible que pasaran inadvertidos y el mundo era incendiado con el fuego del evangelio. El resultado era que "el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (cap. 2:47). Ya pasaron siglos desde que todo eso sucediera. ¿Dónde está hoy el fuego? ¿Qué sucedió con el fuego que Jesús encendió cuando estuvo en la Tierra y que su iglesia debía continuar acrecentando?

Con tristeza en los ojos, el Señor Jesús mira a su iglesia y llora: "Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente" (Apocalipsis 3:15). Qué tragedia. No dejamos ni siquiera que el fuego se apague completamente. Lo mantenemos suficientemente vivo como para aplacar la conciencia, pero insuficiente como para que el mundo lo note.

¿Cuál es la solución para nuestra debilidad humana? ¿Qué significa fuego? "Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego", dice el versículo de hoy. El fuego es uno de los símbolos del Espíritu Santo. ¿Qué debemos hacer para recibir el Espíritu Santo? Debemos ir cada día a Jesús llevando nuestras cargas e imperfecciones. Debemos confiar en él, mantenernos unidos a él, a través de la oración, del estudio de la Biblia y de la sensación permanente de su presencia en todo lo que hacemos. Entonces, él habitará en nosotros por la presencia de su Santo Espíritu. Su fuego arderá en nuestro corazón, mostrándonos el camino en que debemos andar. Y a medida que prestemos oídos a sus consejos, seremos cada día más semejantes a Jesús, y el mundo verá en nosotros el fuego de la santidad, como vio la gloria de Dios en el rostro de Moisés cuando éste retornó después de pasar cuarenta días con el Padre.

¿Dónde está el fuego hoy? Está ahí, a nuestra disposición. Esperando por nosotros, deseando arder en nosotros, deseando incendiar el mundo a través de nosotros. ¿Le permitiremos que lo haga?

 

28 de julio

El juego del poder

Diciéndole: "No temas, pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Hasta mi padre Saúl lo sabe". 1 Samuel 23:17.

La historia de David y Jonatán es mucho más que la historia de una amistad entre dos jóvenes que crecieron juntos. Cuando uno es niño, generalmente no tiene enemigos, no existe la lucha por el poder, nadie quiere ser mayor que el otro. Por eso, en cierta ocasión, Jesús dijo que si no somos como niños no entraremos en el reino de los cielos.

Pero el versículo de hoy nos presenta a David y Jonatán como adultos. Jonatán era hijo del rey, heredero natural del gobierno. Había sido preparado para ser rey. David, por su lado, era un simple pastor de ovejas que había aparecido en el cuadro histórico de Israel como un muchacho valiente que había derrotado al gigante Goliat.

A medida que el tiempo fue pasando, Dios se encargó de mostrar que, aunque para los hombres Jonatán era el candidato natural para ser el nuevo rey, en los planes divinos David era el indicado.

Saúl nunca aceptó esa idea. No le gustaba David. Lo consideraba un buen guerrero y nada más. Tenía miedo de él, porque Dios le daba repetidas pruebas de estar con él. Por eso Saúl trató de matar al futuro rey de Israel, y para salvar su vida, David tuvo que huir al desierto. Escondido en la región montañosa de Zif, se preguntaba muchas veces si valía la pena todo ese sufrimiento.

En esas circunstancias se destaca la figura maravillosa de Jonatán. Buscó a su amigo y lo consoló: "No temas, pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo".

¿Te das cuenta de la grandeza de Jonatán? Aceptaba ser el segundo, a pesar de haber sido educado toda la vida para ser el primero. Aceptó el plan divino, no discutió con Dios, no usó su amistad para traicionar al amigo; se conformó con ser el segundo porque entendió que es mejor ser el último dentro del plan divino, que el primero haciendo la propia voluntad.

Sin duda, esta actitud de Jonatán no era así porque él supiera que debiera ser así, sino porque vivía una vida de comunión con Dios, y el Espíritu de Dios reproducía diariamente en su vida el carácter del Padre.

Los discípulos que lucharon por cargos en el reino de Dios, también aprendieron con el tiempo que la única salida para su sed de poder era permanecer unidos a Jesús, y finalmente salieron victoriosos. ¿No podría ser nuestra esa victoria?

 

29 de julio

¿Dios u hombre ?

Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras afliciones y angustias, y habéis dicho: "No, tú nos darás un rey" Ahora, pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y familias. 1 Samuel 10:19.

El plan de Dios nunca fue que Israel tuviera un rey como las otras naciones del mundo, porque Dios, en persona, quería gobernar los destinos de su pueblo. Pero Israel insistió una y otra vez. Miró a las otras naciones y halló que sería muy bueno tener un rey. Algo hermoso estaba quebrándose en la relación de Dios con Israel. La elección de un rey no era apenas un asunto de gobierno. Era un asunto de experiencia, de vida interior, de confianza en quien los había liberado y sacado de la tierra de esclavitud.

"Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habéis dicho: "No, tú nos darás un rey' ". Cuánta tristeza contenida en esta declaración, porque Dios siempre ve el fondo de las cosas. Cuando antes de la muerte de Cristo, el pueblo exclamó: "¡ ;No tenemos más rey que César!" (S. Juan 19:15), Jesús no quedó triste por haber perdido un título, sino porque había perdido el corazón de su pueblo.

Cuando el pueblo escogió a Saúl como rey, en realidad estaba diciéndole a Dios: "Ya no precisamos de ti". Y Dios no insistió. Un día creó al hombre libre, y para siempre respetará la libertad humana, aun cuando el hombre se dirija a la ruina y la destrucción.

"Vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios". Dolía tanto el corazón del Padre en esta ocasión, como dolió el corazón de Jesús esa tarde en que miró a la ciudad y clamó: ''Jerusalén, Jerusalén... ;Cuántas veces quise juntar a tus hijos... pero no quisiste!" (S. Mateo 23:37).

Esa tarde en el Edén, cuando Adán y Eva se escondieron detrás de un árbol, el corazón del Padre sangró, así como sangró el corazón del Hijo cuando desde la cruz del Calvario nos miró a ti y a mí y vio que, a pesar de todo lo que estaba haciendo para salvarnos, todavía éramos reacios a aceptar.

¿Quién está en el control de nuestros pensamientos y acciones? ¿Es Dios el que gobierna nuestra existencia o lo sacamos de nuestro corazón y tomamos en nuestras manos las riendas de nuestra vida?

Los que desean ser cada día más semejantes a Jesús, desconfiarán cada vez más de sus fuerzas y caerán a sus pies en una búsqueda diaria del poder para vivir. Sus victorias no serán el fruto de su dominio propio y de su fuerza de voluntad, sino del fruto del Espíritu Santo, a quien entregaron el control de la voluntad humana para ser santificada.

 

30 de julio

Echad fuera los dioses extraños

Habló entonces Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: "Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad de entre vosotros los dioses ajenos y a Astarot, dedicad vuestro corazón a Jehová y servidle sólo a él, y él os librará de manos de los filisteos" 1 Samuel 7:3.

Hace muchos años conocí a un hombre sincero que era víctima del alcoholismo, aunque no lo reconocía y se calificaba apenas como un "bebedor social".

Sin embargo, su vida y la de su familia estaban completamente perturbadas por la bebida. En realidad, deseaba abandonar el vicio, pero no podía. Durante una Semana de Oración que dirigí, escuchó hablar sobre la maravillosa obra del Espíritu Santo que lleva a los hijos sinceros a la victoria. También oyó hablar de que el ser humano tiene que esforzarse para no quebrar la comunión permanente con Jesús, y que la victoria sería el resultado de esa comunión.

Algunos meses después nos encontramos nuevamente y él, desanimado, me contó que la comunión con Cristo no resolvía el problema de la bebida. Él oraba constantemente, le pedía fuerzas a Dios para abandonar el vicio, pero el bar de casa continuaba lleno de bebidas importadas que conservaba con mucho cariño. Sentado en su sala, leía la Biblia y oraba, mientras sus ojos miraban las bebidas seductoras.

El versículo de hoy dice: "Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad de entre vosotros los dioses ajenos". ¿Cómo olvidar a una mujer extraña, mientras se conserva la foto y el número telefónico de ella! ¿Cómo abandonar el cigarrillo mientras existen dos atados escondidos en el cuarto? ¿Cómo conseguir la pureza de pensamientos mientras las revistas y los videos pornográficos están en los cajones? "Quitad los dioses ajenos y a Astarot" de entre vosotros, es la orden divina. Corta el cordón umbilical con el pecado. Quema tus discos, tus cintas, las revistas, las cartas o los números telefónicos. Tira todo a la basura.

La comunión con Cristo es lo que te dará fuerzas para la victoria. Su Santo Espíritu, santificando tu voluntad, te llevará a la libertad completa, pero es necesario quitar los dioses extraños que crean un ambiente desfavorable para la victoria.

Fue "doloroso" para ese joven tirar al inodoro tanta bebida fina. Pero, finalmente, entendió el mensaje. "Quitó de en medio de su casa los dioses extraños" y hoy se regocija en la bendita esperanza del regreso de Cristo, mientras avanza de victoria en victoria, hasta la victoria final.

¿Hay algo en tu vida que deba ser arrojado afuera? ;Que Dios te ayude a hacerlo!