17 de julio

El capítulo que no debería existir

Pasado el luto, envió David por ella, la trajo a su casa y la hizo su mujer; ella le dio a luz un hijo. Pero esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová 2 Samuel 11:27.

El capítulo 11 del segundo libro de Samuel nunca debería haber sido registrado en las Escrituras. Este capítulo es un retrato de la miseria y vileza de la que es capaz el ser humano cuando rompe su comunión diaria con Dios. Pero el capítulo está ahí, como una prueba de que por más doloroso que sea, el pecado es parte de la experiencia humana. Es justamente por eso que Jesús se hizo hombre: para solucionar esta triste situación.

Adulterio y homicidio juntos. ¿Cómo pudo aquel que fue un pastorcito inocente, que en el nombre de Dios había matado osos y leones y acabado con el gigante Goliat, ser capaz de un doble pecado, tan repugnante a los ojos de Dios?

El incidente registrado en este capítulo debería recordarnos siempre que no somos siquiera capaces de imaginar las profundidades a las cuales podemos descender si nos soltamos del brazo poderoso de Jesús.

A veces, ante la noticia de alguien que se hirió en la lucha contra el pecado, preguntamos: "¿Cómo fue capaz de hacer eso ?" El hombre carnal es capaz de eso y de mucho más. El capítulo 1 de la epístola a los Romanos nos muestra el cuadro del hombre que no le concede un lugar a Dios en su existencia. Está entregado a pasiones infames, a inmundicias y a la concupiscencia de su corazón.

Gracias a Dios que no existe solamente el capítulo 11 en 2 Samuel. Alabado sea el Señor por el capítulo 12. Gracias al Señor porque el hombre es confrontado con su propia conciencia, que no es otra cosa que la voz del Espíritu Santo; y gracias, sobre todo, porque la gracia redentora del Padre es capaz de tocar el corazón del hijo. David volvió en sí, reconoció la miseria de su situación, se dio cuenta de que había actuado como un monstruo, se encontró lejos del reino de Dios, en la tierra de la culpa, la locura y la muerte, y desde allí gritó: "Señor, pequé, ten compasión de mí".

El Salmo 51 registra el clamor del corazón penitente de un hombre que percibió la enormidad de su pecado, el grito desesperado de alguien que siente que Dios debe hacer un trasplante de corazón en su vida. David reconoce que nació pecador, que el virus del mal está en cada partícula de su ser, pero no se conforma con esa situación, y clama: "Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve" (vers. 7).

Cuando el Espíritu Santo nos muestra nuestra realidad, no lo hace para llevarnos a la desesperación o al suicidio, sino para ayudarnos a entender el valor del remedio. "Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (S. Juan 16:8). Convencernos sólo de pecado no tendría valor sin la justicia de Cristo, al paso que mostrarnos sólo la justicia no tendría mucho sentido sin mostrarnos el juicio, el cual debemos enfrentar sin miedo, a pesar de nuestro pasado escabroso, porque ya fue perdonado por Jesús.

 

18 de julio

La fuga del hijo

Pero Absalón huyó y fue a refugiarse junto a Talmai, hijo de Amiud, rey de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los días. 2 Samuel 13:37.

La reunión había terminado y miles de personas regresaban a sus hogares, después de haber oído el mensaje en el gimnasio deportivo de San Leopoldo. Un colega se me acercó y me dijo en voz baja: "Debes conversar con aquel joven; tiene una historia linda, estuvo fuera de la iglesia durante años y su regreso fue la respuesta a las oraciones incesantes de su padre". Al fin de esa semana el mismo colega me presentó a ese anciano que durante veinte años oró, cinco veces por día, por la vuelta del hijo. Hoy, sonríe feliz porque el vástago no solo está en la iglesia, sino que participa activamente en la misión que Dios dejó a su pueblo.

¿Cuánto significa un hijo en la vida de los padres? "David lloraba por su hijo todos los días", dice el versículo de hoy. Conozco a padres que un día trajeron a su bebé para dedicarlo a Dios en el altar y hoy, crecido, el hijo no quiere saber nada de Jesús y anda por caminos escabrosos, arruinando su juventud y su futuro. Constantemente recibo cartitas de madres angustiadas pidiendo oración en favor del retorno de sus hijos.

¡ ;Ah, mi querido padre, continúa clamando por tu hijo todos los días! Hazlo con lágrimas; coloca tu pedido en manos de Dios con insistencia. Haz como la viuda importuna: golpea, continúa tocando a la puerta (Lucas 18:1-8). Habla como Jacob: "No te dejaré, si no me bendices" (Génesis 32:26). Con certeza, el Señor tendrá compasión de tu hijo y lo traerá de vuelta.

"Pero, pastor -puedes decir-, ¿qué puede hacer Dios si la decisión es personal y rni hijo no quiere saber nada más de Jesús?" Es verdad que la decisión es personal, pero tu oración intercesora le da a Dios el argumento que él precisa para continuar trabajando en el corazón de tu hijo.

Tal vez tú seas un hijo de esos que hace mucho tiempo están apartados de Dios. Es posible que nunca llegues a comprender el sufrimiento de tu padre y mucho menos el de Dios por tu persona, pero debes saber que eres el objeto de todo el cuidado y el amor de Dios. El nunca dejó de amarte. Siempre te esperó y continuará esperando. El peligro que corres no es de que Dios se canse de esperarte, sino de que tú te canses de oír su voz llamándote y corras definitivamente hacia el desierto de la angustia y el vacío existencial.

Jesús está dispuesto a entrar hoy en tu vida y revolucionarlo todo, pero él no va a tirar abajo la puerta y entrar sin el consentimiento de tu voluntad. Tú tienes que querer, tienes de decidir. La puerta del corazón se abre sólo del lado de adentro. Jesús simplemente dice: "Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo" (Apocalipsis 3:20).

 

19 de julio

¿Qué hay detrás de las aguas ?

"Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavo en ellos, ¿no quedaré limpio también?" y muy enojado se fue de allí: 2 Reyes 5:12.

La lepra estaba devorando las carnes de Naamán. Mientras podía esconder las llagas purulentas debajo de sus finos vestidos, todo estaba, socialmente, bajo control. Pero la repugnante llaga comenzó a mostrarse, y se hizo imposible seguir negando su existencia. Hay ocasiones en que la cultura, la educación, los modos refinados y la cortesía no pueden disfrazar ni esconder la triste realidad del pecado.

Naamán intentó de todo. Al fin de cuentas, era un hombre muy rico; pero el dinero no puede comprar ciertas cosas, y el orgulloso capitancillo se encontró con esa triste realidad, Finalmente, la respuesta para su problema vino a través de los labios de una niña esclava. Naamán no pensó dos veces. Preparó los carros, los cargó con muchos regalos y corrió a comprar el remedio. Uno de los grandes problemas del mundo en que vivimos es que aprendemos a que todo hay que comprarlo, y cuando alguien nos ofrece algo gratis, lo miramos con desconfianza, porque generalmente lo que es gratis no sirve para mucho.

Pero Dios trató el problema de Naamán de una manera diferente de la que él esperaba. Naamán pensó que el profeta lo recibiría con mucha ceremonia y lo convertiría en la estrella de la situación; pero con Dios las cosas no funcionan de ese modo. El profeta sólo envió la orden de ir al Jordán y lavarse siete veces. Naamán se indignó y preguntó: "Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel!"

Lo que Naamán no sabía era que no había ningún poder sanador en las aguas del Jordán, como no lo hay tampoco en el bautismo o en el hecho de pasar al frente y aceptar a Jesús. Lo que el capitán sirio necesitaba aprender era que los métodos divinos generalmente tienen por objeto mostrar la insuficiencia humana, no porque Dios se deleite en hacer que el hombre se sienta una criatura insignificante, sino porque el ser humano necesita entender que la salvación viene de arriba. La vida viene de afuera, la justicia viene de Cristo.

A lo largo de la historia, el enemigo siempre trató de probar lo contrario. "Si comiereis de este árbol seréis como Dios", le dijo al primer matrimonio. "Concéntrese en usted mismo y trate de sacar la energía interior", dice hoy. "Piense positivamente: Dios está dentro de usted, mire hacia dentro, usted es su propio Dios".

El hombre moderno muchas veces se pregunta: ¿Para qué sirve la iglesia? ¿Para qué sirve Jesús' ¿No son Abana y Farfar mejores que todas las aguas de Israel? No, no son. Sólo que para descubrirlo, muchas veces el hombre tiene que vivir años de angustia y soledad.

 

20 de julio

Cuando la sabiduría se transforma en maldición

Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y tan dilatado corazón como la arena que está a la orilla del mar. 1 Reyes 4:29.

Salomón es conocido como uno de los hombres más sabios de la Tierra. La Biblia dice que "para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de parte de todos los reyes de los países adonde había llegado la fama de su sabiduría" (vers. 34). La sabiduría es un talento confiado por Dios para ser administrado en favor de su iglesia, la sociedad y la familia, pero cuando se torna un fin en sí misma, deja de ser una bendición y pasa a ser un Dios de barro que llena de orgullo al corazón humano.

En la vida de Salomón hubo tres etapas bien definidas. Los primeros años, cuando todavía era joven, buscaba a Dios como la única fuente de poder. En esas horas solitarias con Dios, el Señor le dijo: "Pide lo que quieras que yo te dé" (cap. 3:5). Salomón podía haber pedido riquezas, gloria y fama, pero pidió sabiduría para ser un líder justo para su pueblo. Sin embargo, el versículo de hoy dice que "Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y tan dilatado corazón como la arena que está a la orilla del mar

La segunda etapa de la vida de Salomón fue triste y vergonzosa. La sabiduría trajo junto con ella riqueza, gloria y fama, y el joven que un día había vivido una vida maravillosa de comunión diaria con Dios, no supo convivir con las luces del éxito. Se apartó de quien era el único capaz de sustentarlo. La gloria terrestre trajo el sentimiento de que él era una estrella y la fama lo hizo sentirse todopoderoso. ¿Para qué buscar a Dios si se tiene todo? ¿Para qué depender de alguien si no nos falta nada de lo que los sentidos buscan ?

Sin Dios, la sabiduría, un talento que el Creador le había confiado, llegó a ser una maldición. Nada puede satisfacer en la vida mientras Dios está ausente. Esa búsqueda loca y desesperada de cosas no es nada más que el grito humano llamando a Dios. La búsqueda desenfrenada del placer llevó a Salomón a sumergirse en las aguas profundas de la promiscuidad y los serios desvíos de conducta.

Pero un día llegó al final de la línea y entonces comenzó la tercera etapa de su vida. Desde el fondo del pozo clamó, y el Señor oyó su voz; Jesús siempre está listo para oír nuestro pedido de socorro. Gracias a Dios porque Salomón tuvo tiempo suficiente como para pedir auxilio y regresar a los brazos del Padre.

Hace poco visité a una jovencita que estaba por graduarse en la facultad. Lo hice con insistencia de los padres. Yo la conocía muy bien, pues había participado conmigo en el Club de Conquistadores y en los campamentos. Pero fue a la universidad y aprendió muchas cosas. Sin embargo, todo el conocimiento que acumuló, en lugar de hacerla más útil a Dios y a su iglesia, la apartó. Se sintió superior e indiferente a las cosas divinas. Vi lágrimas en sus ojos. Percibí la lucha en su corazón. Estoy orando por el regreso de esta joven... y por ti. ¡ ;Quién sabe si hoy tú también no puedes tomar tu decisión!

 

21 de julio

La búsqueda

Llegó una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: "Dame de beber" S. Juan 4:7.

Jesús se sentó cerca de un pozo. Era mediodía y hacía mucho calor. Estaba "cansado del viaje", dice la Biblia (vers. 6). ¿Cansado? Dios no se cansa, él es todopoderoso y eterno. Pero, en la persona de Jesús, Dios se hizo hombre. Era la única manera de alcanzarnos. No se disfrazó de hombre; se hizo humano. En él Dios estaba reconciliando consigo al hombre. Con su divinidad, Jesús podía tocar la mano del Dios eterno; con su humanidad, podía tomar la frágil mano del hombre. Él es el puente entre el cielo y la Tierra. La cruz que se levantó en el Calvario tocó el trono de Dios.

Allí estaba Jesús esperando. Una mujer aparecería en cualquier momento y él lo sabía. Hacía tiempo que esperaba. Justamente pasó por esa ciudad porque tenía un encuentro marcado. Era el encuentro de la desesperación con la esperanza, del vacío con la plenitud. Era el encuentro entre la samaritana y Jesús.

Esa mujer no tenía ningún otro lugar a donde ir. Su vida era una permanente búsqueda y llevaba dentro de sí un vacío que dolía. Se había casado, había tratado de ser feliz y todo había fracasado. Intentó de nuevo y fracasó varias veces. Pero el vacío no desaparecía del corazón. Entonces dejó el matrimonio y se volvió hacia un amante, un hombre casado.

No pienses que la lujuria la llevaba a coleccionar maridos. No. Era sola mente una persona solitaria y desesperada. Intentaba de todo para ser feliz y nada salía bien.

Ahora estaba allí, buscando agua como todos los días. El agua se terminaría en pocas horas; después tendría que volver al pozo. Siempre sola. Pero ese día fue diferente. La diferencia se llamaba Jesús. Únicamente él es capaz de quebrar la rutina de la vida y darle un nuevo sentido.

-Dame de beber -dijo el Maestro.

Y la pobre mujer descubrió que no sólo era solitaria y vacía, sino que también estaba llena de prejuicios.

-¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?

Vale la pena recordar que los judíos no congeniaban con los samaritanos (vers. 9). Por primera vez la samaritana estaba delante de alguien capaz de llenar el vacío de su corazón, y el prejuicio casi tira todo al cesto de la basura.

Pero Jesús la acepta con su prejuicio. Con amor le abre los ojos. Le muestra una nueva dimensión de la vida. "Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener ser; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás" (vers. 13, 14).

Era tomar o rechazar. Ella tomó y rechazó. Tomó el brazo poderoso de Jesús y rechazó sus prejuicios. Nada costaba probar. Probó y acertó. Esa noche durmió en paz. La búsqueda había llegado a su fin.

 

22 de julio

Preparaos comida

Id por el campamento y dad esta orden al pueblo: "Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová, vuestro Dios, os da en posesión". Josué 1:11.

El gran día estaba cercano. El pueblo de Israel había esperado cuarenta años ese momento. Finalmente, poseerían la tierra prometida. Sin embargo, antes tendrían que atravesar el río Jordán. No existe tierra prometida sin cruzar el Jordán, nunca la libertad sin el Mar Rojo, ni la gloria de la resurrección sin el sufrimiento del Calvario.

"Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán". En el programa divino, el trabajo de preparación es tan importante como la ejecución. Lo que Dios nos está diciendo es lo siguiente: en el momento de la crisis será fácil percibir quién "preparó comida" y quién no.

En la parábola de las diez vírgenes, cinco de ellas hicieron provisión y cinco no la hicieron. Pero ambas aguardaban el regreso de Cristo, ambas creían las mismas cosas. La diferencia estaba en que las prudentes hicieron provisión y las insensatas vivían al día, con lo mínimo indispensable de alimento espiritual. Las insensatas se limitaban a leer la meditación matinal, mientras que las prudentes pasaban mucho tiempo a solas con Jesús en meditación, oración y estudio de la Biblia.

Entre los discípulos hubo la misma situación. Once andaban con Jesús, participaban de sus actividades, comían con él, formaban parte de la misión. Pero cuando llegaba la noche, los once buenos discípulos se retiraban a descansar, mientras uno de ellos, Juan, quedaba a solas con Jesús. Este discípulo era el típico cristiano que salía de la rutina de ser apenas un buen hijo de Dios. Quebraba la monotonía, salía de la mediocridad espiritual y recostaba la cabeza en el corazón de Jesús.

Sólo se vio la diferencia en el momento de la crisis. Cuando el Maestro fue preso, los once lo abandonaron. El único que lo acompañó hasta la cruz fue el que "preparó comida antes de atravesar el río Jordán".

El gran día está cercano. Pronto, muy pronto, veremos a Jesús volviendo en gloria. Pronto, muy pronto, entraremos a tomar posesión de la tierra que el Señor, nuestro Dios, nos prometió. ¿Cuánto tiempo pasamos cada día con Jesús? ¿Estamos preparando alimento para atravesar el Jordán?

 

23 de julio

El cordón de la gracia

Cucando nosotros entremos en la tierra, tu atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste, y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hemtanos y a toda la familia de tu padre. Josué 2:18.

El día de la destrucción estaba llegando para los habitantes de Jericó. Ninguna nación era capaz de resistir al Señor de los Ejércitos, quien dirigía a su pueblo a la tierra prometida. Jericó, como toda la tierra de Canaán, había "llenado la medida de iniquidad" (ver Génesis 15:16). En su decadencia espiritual y rebeldía, había llegado al punto sin retorno, y serían borrados de la tierra

Por aquel tiempo, el pueblo de Israel no era sólo un pueblo guerrero, sino que era el pueblo de Dios con la misión de iluminar la Tierra. Todas las naciones podían ser salvas reconociendo y aceptando al gran Dios de Israel y uniéndose a su pueblo. En el versículo de hoy encontramos a una mujer que reconoció, en los grandes actos de victoria de Dios, el llamado del amor divino para ella y para su familia. Su nombre es Rahab, una pobre prostituta buscada por los hombres durante la noche, y despreciada y rechazada por los mismos hombres durante el día. La vida de pecado había acabado con los valores socialmente aceptados, pero, en el fondo del corazón, esta pobre mujer vislumbró el amor divino, sintió que no estaba todo perdido y que todavía había esperanza para ella. Por eso escondió en su casa a los dos espías de Israel, les dio protección y aceptó delante de ellos al gran Dios de Israel.

Al despedirse de ellos quedó establecido entre la mujer y los espías un pacto que incluía un cordón de grana, que debía permanecer colgado en la ventana el día en que el pueblo de Israel llegara para conquistar la tierra. Ese cordón escarlata sería el símbolo de la salvación para la mujer y su familia.

Hoy es el día de la salvación. Cuando Jesús vuelva, mirará los marcos de las puertas para ver la mancha de sangre, mirará las ventanas para ver el cordón escarlata, mirará las frentes para ver escrito allí su nombre y el de su Padre. Hoy es el día de la salvación. Los hombres de todos los ángulos de la Tierra están siendo invitados a mirar al Cordero.

Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así fue levantado el Hijo del hombre, para que todo el que en él cree, no perezca, mas tenga vida eterna.

En los días de Jericó, una sencilla y pobre pecadora vio la verdad de la gracia salvadora. En los días de Jesús, otra sencilla y pobre mujer pecadora experimentó en carne propia la gracia redentora.

¿Podremos ir hoy a él como simples y pobres pecadores?