10 de julio

Nos libertó y nos habló con amor

Sucedió que en el año treinta y siete del cautiverio de Joaquín, rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco días del mes, Evil-merodac, rey de Babilonia, en el año primero de su reinado, levantó la cabeza de Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. Jeremías 52:31.

La historia de la liberación del rey Joaquín se encuentra registrada dos veces en las escrituras (ver 2 Reyes 25:27-30). Y si Dios permite que esta historia se repita, casi con las mismas palabras, debe ser porque existe en ella un mensaje muy importante para nosotros.

Joaquín comenzó a reinar en Judá cuando tenía 18 años, y era un joven inexperto (aunque la juventud no debe ser culpada por vivir apartado de Dios). "E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho su padre", dice el registro sagrado (2 Reyes 24:9). Aquí hay un mensaje importante para los padres: se refiere a la influencia ejercida sobre sus hijos con su vida y ejemplo.

El mal siempre trae consecuencias, y apartado del Dios todopoderoso, el reino de Judá no podía durar mucho tiempo. El enemigo vino, destruyó todo y arrasó la historia del pueblo al romper en pedazos "todos los utensilios de oro que había hecho Salomón, rey de Israel, en la casa de Jehová" (vers. 13). Generalmente, el pecado arruina todo: el nombre, la imagen, los valores... en fin, no deja nada.

Joaquín fue llevado prisionero a Babilonia y allí, en una estrecha y humilde prisión, desperdició el resto de su juventud. Había reinado apenas tres meses cuando fue preso. Una vida que podía haber sido una bendición para su pueblo, quedó destruida por la insensatez de vivir apartado de la única fuente de seguridad que el ser humano puede tener. Treinta y siete años después subió al poder Evil-merodac, y mandó llamar al cansado prisionero. Joaquín tenía 55 años de edad. El texto bíblico dice que el rey hizo cuatro cosas con Joaquín: lo sacó de la prisión, le habló suavemente, le cambió el vestido de presidiario y lo alimentó diariamente hasta el fin de sus días.

La figura del rey de Babilonia aparece aquí como un tipo de Cristo, que un día nos encontró en la prisión de nuestros sentimientos, de nuestro pasado, encadenados a traumas y complejos que no nos permitían ser felices, y nos liberó. Nos habló suavemente y con amor, diciendo: "Hijo, te amo tal como eres, aunque hayas desperdiciado toda tu vida en una prisión inmunda; nunca dejé de creer en ti. Ven hoy a mis brazos de amor". Después nos quitó las ropas inmundas de prisioneros, sacó la vergüenza de nuestro triste pasado y al vestirnos con sus blancas vestiduras de justicia, nos devolvió la dignidad y las posibilidades futuras.

Pero la salvación no termina sólo en el perdón. Él nos redimió para que vivamos de ahora en adelante una vida de victoria, para que seamos santos y reflejemos cada día su carácter. Por eso preparó nuestra subsistencia, la porción de cada día, en su día, todos los días de la vida. ¡Alabado sea Dios por esto!

 

11 de julio

La renuncia del amor

El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. S. Mateo 10:39.

Una vez oí contar la historia de Jim, ese maquinista norteamericano cuya vida era una inspiración para todos los que trabajaban con él. Dicen que al presidente de la compañía ferroviaria sólo le gustaba viajar con él, porque era un buen cristiano.

Cierto día sucedió un terrible accidente y Jim quedó aprisionado entre los retorcidos hierros del tren; su muerte era inminente. Ya había perdido mucha sangre y se debatía en la agonía, cuando el presidente de la compañía, que también viajaba en esa oportunidad, trató de ayudarlo.

-Yo sé en quién he creído -repetía en voz bajita el moribundo Jim. Los ojos del presidente se llenaron de lágrimas. Quedó admirado de la confianza que ese hombre tenía en Jesús, y afirmó:

-Qué gran fe es la tuya, Jim; yo daría todo para tener una fe como esa.

-Fue exactamente lo que tuve que hacer por Jesús -fue la respuesta de Jim

¿A cuánto renunciamos nosotros por causa de Cristo? Cuando el ser humano logra entender todo el amor que llevó al Señor Jesús a sacrificar su vida en la cruz del Calvario, no tiene otro camino que caer a los pies de la cruz y decir: "Señor, muchas gracias porque me amaste sin merecerlo". A partir de ese momento se inicia la maravillosa experiencia de andar lado a lado con Jesús. El amor de Cristo nos constriñe, nos inspira, nos Ileva a gustar de las cosas que antes no gustábamos, nos lleva a no querer vivir más sin él.

Con el correr del tiempo esta experiencia va creciendo cada vez más. El corazón humano comienza a entender que no vale la pena vivir sin Jesús, porque la vida destituida de Cristo no tiene sentido. Pero continúa viviendo en este mundo con sus atracciones, presiones y tentaciones. Muchas veces se siente acorralado. El brillo de las cosas terrenas puede cautivarlo, pero ahora ya no es un ser carnal, pues pasó de muerte a vida: experimentó el contraste del bienestar pasajero que el mundo ofrece, y la paz y la felicidad auténticas que sólo Cristo puede proporcionar.

Al amor de Cristo es a quien el cristiano entrega todo. Renuncia a todo lo que puede incomodar su maravillosa comunión con Cristo. Sabe que nada puede igualarse al amor de Jesús. Quiere ver una sonrisa de felicidad en el rostro del ser amado, y le entrega el primer lugar en su vida.

Cuando el Señor Jesús dice que no debemos amar con mayor intensidad a nuestro padre o a nuestra madre que a él, no está queriendo decir que amar y respetar a los padres sea algo malo en sí mismo; lo que quiere decir es que ni personas tan buenas como los padres tienen el derecho que sólo Cristo tiene: ocupar el primer lugar en nuestra experiencia.

Jim, el maquinista norteamericano, murió con la seguridad de esa realidad. ¿Y qué en cuanto a ti y a mí?

 

12 de julio

Nuestra única seguridad

Él es sabio de corazón y poderoso en fuerzas, ¿a quién, si quisiera resistirle, le iría bien? Job 9:4.

Judas tuvo las mismas oportunidades que los demás discípulos. Fue alcanzado por el amor de Jesús lo mismo que Pedro a orillas del mar, o Mateo en el banco de los cobradores de impuestos. Tal vez el temperamento del egoísta Pedro, o del explosivo Juan, el hijo del trueno, fuese peor que el de Judas. Sólo que todos ellos fueron un día sensibles a la voz de Jesús y acudieron a él llevando su carácter deformado por el pecado, su personalidad desfigurada por los traumas y complejos y un pasado lleno de episodios vergonzosos.

La tragedia de Judas no se debió a la falta de oportunidades. Así como los otros once, él también tuvo la oportunidad de convivir diariamente con Jesús, pero no obedeció a su voz, sino que fue endureciendo lentamente su corazón, jugando con las cosas santas, y sin darse cuenta entró en la tierra de nadie, en el valle de la insensibilidad, en el país del cual no hay retorno.

"¿A quién, si quisiera resistirle, le iría bien?", es la pregunta que presenta el texto de hoy. Mucha gente queda confusa cuando alguien que estudiaba y predicaba la Palabra de Dios, cae de repente y se aparta completamente de los caminos de Jesús. Caer, aunque es una experiencia dolorosa y hasta trágica, no sería el mayor problema, porque en el momento en que el ser humano saca los ojos de Jesús puede hundirse en el mar de la vida, como Pedro. Pero, ¿cómo entender que alguien no quiera saber nada más de Jesús, e incluso se vuelva contra Dios, su doctrina y su pueblo?

Casi siempre, por detrás de toda actitud semejante existe una historia de endurecimiento gradual. Nadie abandona a Jesús y a su iglesia de un momento para otro. La voz de Dios, que no es otra cosa que el trabajo del Espíritu Santo en el corazón, siempre está hablándonos. Pero si el hombre comienza a jugar con ella, la oye, pero no le hace caso. Se familiariza con ella, pero no la respeta. Estudia la Palabra, pero no la obedece. Conoce la luz, pero no la sigue. ¿Y cuál es el fin! Nadie puede estar seguro lejos de la orientación divina. "¿Quién se endureció contra él y le fue bien?"

La única seguridad del hombre es dejarse guiar por la voz del Espíritu, y también lo es la de la iglesia. Tengo la certeza de que la iglesia triunfará. Pero no será por causa de una profecía que anuncia su victoria, sino porque permitió ser guiada por el Espíritu Santo. La seguridad de la iglesia no está en sus edificios, ni en sus instituciones, ni en los hombres brillantes que pueda tener, ni en los métodos, por más bíblicos que sean. Ella triunfará sólo en la medida en que todos, líderes y liderados, seamos sensibles a la voz de Dios, porque nadie se endureció contra él y permaneció seguro.

El fin de Judas fue trágico. Cuando vio que todo estaba perdido, se apoderó de él el remordimiento y la desesperación. Entonces fue y se ahorcó. Un triste final para alguien que convivió con Jesús pero que nunca quiso oír su voz.

 

13 de julio

¿Salvado por un ángel ?

Truena Dios maravillosamente con su voz. Hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. Job 37:5.

Francisco se levantó por la mañana con la sensación de que despertaba en un pequeño bote, sin remos, en medio del océano. Ese día debía pagar tres facturas y no tenía un centavo en caja. Todos los intentos por conseguir dinero el día anterior habían fracasado. Estaba ante una dura realidad. Si no pagaba las deudas, sería protestado, y el negocio no andaba tan bien como para resistir un protesto bancario.

¿Qué hacen los hijos de Dios cuando soplan vientos contrarios y parece que la barquita se va a hundir? ¿Adónde corren a refugiarse quienes confían en el Señor? Francisco cayó de rodillas y dijo: "Señor, humanamente no hay salida para mi problema, pero tú estás por encima de todo y eres todopoderoso. Necesito un milagro, y es eso, exactamente, lo que estoy pidiéndote que hagas para salvar mi negocio".

A las 8 de la mañana abrió el negocio. Para poder cumplir con el compromiso debía vender hasta el mediodía el equivalente a tres de los mejores días de venta. Él y los vendedores esperaban con expectativa la entrada de los clientes, pero nadie aparecía. El reloj indicaba ya las 9:30 cuando entró un hombre acompañado por dos jóvenes. Comenzó a comprar. Pidió un par de zapatos, y otro, y otro. Francisco y el vendedor que atendía al caballero se miraban uno al otro, desconcertados. El hombre no paraba de pedir, y cuando llegó la hora de pagar, sacó del bolsillo un enorme rollo de billetes y pagó todo al contado.

Francisco le preguntó: "¿Quién es usted! ¿Puedo ayudarlo a llevar sus paquetes hasta el auto?" El hombre le dijo que no era necesario, que había llegado esa mañana, que había subido por la Av. 7 de Septiembre, en Salvador, y había sentido deseos de entrar y comprar zapatos.

Cuando el extraño visitante desapareció, Francisco corrió a la caja. Tenía allí la suma exacta que necesitaba para pagar las cuentas. Dios no había fallado.

Dios hace grandes cosas que muchas veces no comprendemos. Dios no duerme, está siempre vigilante y atento a la oración de sus hijos.

Podemos confiar en él. Nunca falla. Su respuesta puede no armonizar con nuestras expectativas, pero no falla. ¡Cree en eso!

 

14 de julio

La tragedia de los topos

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:10.

El topo es un roedor que, sin que la gente se dé cuenta, devora las raíces de los árboles y causa muchos estragos. Cuando se pueden ver los resultados, ya es demasiado tarde. Trabaja en silencio por los innumerables túneles que construye debajo de la tierra.

Terminar con estos roedores es muy difícil, porque uno nunca sabe dónde están. Seguir la trayectoria de un túnel es perder el tiempo, porque se esconden en los numerosísimos laberintos subterráneos.

Sin embargo, alguien descubrió la manera de ahuyentarlos para siempre. Los topos no ven muy bien, pero poseen un oído muy sensible. Entonces, las personas colocan en la boca del túnel un aparato que produzca barullo, como ser una sierra eléctrica. El pobre del topo, que no ve nada, simplemente oye un ruido extraño, como si todo el mundo estuviera cayéndose en pedazos, y huye desesperado para salvar la vida.

¿Sabes cuál es la tragedia del topo? Que no ve. Si pudiese ver se daría cuenta de que no hay motivos para correr. "No temas", dice el versículo de hoy, "porque yo soy tu Dios, que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia

Puede ser que no lo veas, pero él está ahí, a tu lado, cumpliendo la promesa que te hiciera. Cuántas veces corremos asustados porque el ruido de las pruebas y dificultades es muy grande. Por favor, no corras; abre los ojos de la fe y contempla a Dios y a los ejércitos del cielo dispuestos a ayudarte.

En las horas difíciles, en lugar de correr, detente a pensar, a meditar y a aprender a confiar en Dios. Media hora empleada en comunión con Jesús por la mañana, no la sentirás en tu programa de trabajo, pero te ayudará a ver que no estás solo; abrirá tus ojos para ver a quien "te sustenta, o te ayuda y protege con la diestra de su justicia".

Los que desean ser más semejantes a Jesús, viven una vida de compañerismo diario con él, y el resultado de esa experiencia es que lo conocen cada día más. Así confían en él en los momentos más oscuros, aquellos en los que tenemos la impresión de que Jesús desapareció y se olvidó de nosotros.

En el período final de la historia humana, el verdadero pueblo de Dios tendrá que vivir sin intercesor por un breve período de tiempo. ¿Qué será de nosotros si no aprendemos a verlo en medio de todo el bullicio de las pruebas y los momentos difíciles? Jesús es el amigo que nunca falla. Experiméntalo.

 

15 de julio

El futuro siempre es mejor

Cuando Job hubo orado por sus amigos, Jehová le quitó la aflicción; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Job 42:10.

En cierta ocasión el Pr. Jair Goés fue invitado a visitar a un enfermo en la ciudad de Juazeiro. Era un joven rubio, atractivo, que estaba en la fase terminal del SIDA. El encuentro fue dramático, como todo encuentro en que ronda la muerte. Veinticinco años son pocos para pensar en el fin de la existencia, pero el enemigo cobra muy caro el precio del pecado.

El Pr. Jair creyó que un tema oportuno para esa ocasión podía ser la parábola del hijo pródigo. Abrió la Biblia y, después de analizar la parábola, hizo un llamado para que Marcio regresara al hogar.

"¿Usted piensa que todavía tengo tiempo? ¿Piensa que el Padre todavía puede recibirme?", fue la pregunta vacilante que salió de los labios, con mucha dificultad, expresando lo que el corazón sentía. El pastor lo animó, y, antes de irse, Marcio le dijo: "Si usted cree realmente que yo puedo volver al Padre, por favor, visíteme mañana".

El pastor visitó frecuentemente al joven enfermo, quien fue conociendo cada día más y más a Jesús. Se apasionó por él y le entregó el control de su vida hecha pedazos.

Seis meses después, para sorpresa de los médicos, Marcio salió del hospital y volvió a su casa. Algún tiempo más tarde, fue bautizado y se unió a la iglesia y, por la gracia de Dios, consiguió vivir dos años y medio más; finalmente, la enfermedad fatal cobró su víctima. Murió a los 28 años, pero cerró los ojos en la bendita esperanza del regreso de Cristo. El Pr. Jair lo visitó algunas semanas antes de su muerte. Débil y consumido por la enfermedad, pero con un brillo especial en los ojos, Marcio balbuceó: "Usted tenía razón, toda vía podía volver al hogar". El Señor le dio a Job "el doble de lo que antes poseía", dice el texto de hoy. Claro, entre la vida perfecta de Job y el pasado tormentoso de Marcio no existe comparación. Pero con seguridad, Dios le entregó a Marcio "el doble de lo que antes poseía". Murió consumido por una enfermedad física, pero murió feliz en Cristo. Los dolores de la agonía no fueron capaces de robarle la paz del perdón y la seguridad de la salvación.

¿Qué perdió? Una vida acabada por el pecado, un mundo donde las personas corren permanentemente para poder sobrevivir, una Tierra contaminada por la miseria, el egoísmo y la ambición humana. Recibió el sueño transitorio de la muerte y ganó la vida sin fin, la cual recibirá cuando Jesús regrese.

Nadie que corra a los brazos de Jesús quedará jamás defraudado, pero conozco personas indecisas que quedan devoradas por el fuego del prejuicio, del temor y de las dudas, y abrazadas al tormento de sus propias filosofías.

¿Por qué no ir hoy a Jesús y vivir una vida maravillosa de comunión con él ? El futuro siempre es mejor para quienes confían en el Señor.

 

16 de julio

Ayuda para los que ya no tienen fuerza

¿En qué has ayudado al que no tiene fuerzas? ¿Cómo has protegido al brazo débil? Job 26:2.

Un martes del mes de marzo de 1991, el auto de Isaías Apolinário, diácono de la iglesia de Riacho Grande, en San Pablo, fue violentamente interceptado por otro automóvil, del cual descendieron tres hombres armados. Ese fue el comienzo de una pesadilla que conmovió a la Iglesia Adventista y a la opinión pública brasileña. Isaías Apolinário había sido secuestrado y los delincuentes pedían dos millones y medio de dólares por su rescate.

Los secuestradores llevaron al cautivo a una choza en el barrio de Diadema y lo encerraron en un cubículo de un metro y medio por dos. Un colchón de espuma de 7 cm de espesor, tirado en un rincón del suelo húmedo, fue todo lo que el anciano de 73 años tuvo para reposar el cansado cuerpo durante los largos días en que permaneció en poder de los secuestradores.

¿Adónde van los hijos de Dios cuando aparecen las dificultades' Esos trece días quedarán en la memoria de la familia Apolinário no sólo como días de tensión, miedo y expectativa, sino como días en la dura escuela del sufrimiento, días en los que aprendieron lo que significa el poder protector de Dios.

Pasado el momento inicial de sorpresa, y consciente de su situación de prisionero, Isaías entregó su vida a Dios y le dijo: "Señor, tuviste cuidado de mi vida a lo largo de todos estos años. Has sido muy bueno conmigo y me has dado mucho más de lo que merezco. No te pido ahora tanto por mí, te pido por mi familia. Finalmente, yo sé cómo estoy. Estoy vivo por tu misericordia, pero mi familia sufre sin saber nada de mí. Confórtala y dale la certeza de tu amor y misericordia".

Los días pasaban y parecían cada vez más interminables. La humedad del cubículo en que se encontraba comenzó a afectarle los bronquios. Tomó un diario viejo y lo colocó en la espalda y en el pecho para poder dormir. Estaba cansado; ya no era joven para resistir una experiencia como esa. Pero el texto de hoy dice: ¿En qué has ayudado al que no tiene fuerzas? ¿Cómo has protegido al brazo débil?" Y ese Dios maravilloso nunca dejó de estar presente en la vida de ese anciano y de la familia, que cuando se sentía desanimada, experimentaba la ayuda y el consuelo que sólo Jesús puede dar.

Finalmente, trece días después del secuestro fue dejado libre en la Via Anchieta con el dinero suficiente como para tomar un ómnibus y llegar a su casa. La pesadilla había acabado, pero la confianza en quien nunca falla estaba más robustecida.

Doña Leonor, la esposa, declaró que, aunque no deseaba dicha experiencia para ningún hijo de Dios, ella y toda la familia alababan el nombre del Creador porque en medio de todo el sufrimiento habían aprendido dos cosas: la solidaridad del pueblo de Dios cuando se une en una cadena poderosa de oración, y el poder maravilloso de Dios para consolar, liberar y hacer que todas las cosas contribuyan para bien en la vida de los que aman al Señor.