29 de mayo

¿Por qué no decidir?

Muchos pueblos en el valle de la Decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la Decisión. Joel 3:14.

Habían transcurrido 34 años desde el día en que mi madre había aceptado a Jesús y mi padre había oído hablar del Salvador por primera vez. Al comienzo él hizo muy difícil las cosas para la joven esposa que había decidido unirse a la iglesia. Después, con el tiempo, se dio cuenta de que el cristianismo era un muro de protección para los hijos y decidió apoyar a la familia en la iglesia, pero nunca se comprometió con Dios. Era un buen padre de familia, un marido ejemplar -no fumaba, no bebía y no tenía algún otro vicio-, pero no quería un compromiso mayor con Jesús.

Los años pasaron. Yo me transformé en pastor y fui al Brasil. Dios bendijo mi ministerio, pero en el fondo del corazón siempre llevaba la tristeza de saber que mi padre no se decidía en favor de Cristo.

"Yo no hago mal a nadie", decía cada vez que hablaba con él sobre el tema. "No quiero ser bautizado sólo porque de tanto en tanto asisto a la iglesia, devuelvo el diezmo y guardo el sábado".

Durante muchos años coloqué, en mis oraciones personales, el nombre de mi padre ante Dios, hasta que un día, de regreso a mi país en la época de Navidad, mi padre me dio la agradable sorpresa de que quería ser bautizado.

Un sábado de tarde entré con él en el pila bautismal y sellé el pacto de amor con Dios que mi padre había hecho. Esa noche la familia había prepara do una fiesta en casa para celebrar la alegría de ver al padre bautizado. Eramos nueve hermanos y todos estábamos en la iglesia, con sus respectivos cónyuges e hijos. ¿Podía haber mayor alegría que la de ver al único miembro de la familia que estaba faltando, ahora unido a nosotros en la bendita esperanza del regreso de Cristo ?

Pero esa noche descubrí que mi padre no tenía más que dos meses de vida, porque un terrible cáncer lo estaba consumiendo.

Cuando llegó el momento de regresar al Brasil entré en su cuarto. Tenía el rostro arrugado por el tiempo y el cuerpo consumido por la enfermedad. Sabía que lo estaba viendo por última vez en la tierra, y sentí ganas de llorar, pero su sonrisa me animó: "Ve en paz, hijo, cumple tu ministerio en el Brasil, yo ya no tengo miedo de nada. Ahora conozco a Jesús".

Un mes después de mi partida recibí la triste noticia de que mi padre había descansado en la bendita esperanza de ver a sus hijos cuando Jesús retornara.

¿Y tú ? ¿Ya te decidiste? ¿0 estás entre las multitudes en el valle de la decisión? Dios está dispuesto a hacer todo por ti. Lo único que no puede hacer es tomar la decisión por ti. Esa es tu parte. ¿Por qué no decidir hoy y dar la mayor sorpresa de la vida a tu familia? En esta mañana estaré orando por ti, aunque no te conozco. ¡ ;Decídete ahora por Jesús!

 

30 de mayo

El Cristo de la zarza

Allí se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego, en medio de una zarza. Al fijarse, vio que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía. Exodo 3:2.

Para ser más semejante a Jesús, el ser humano necesita contemplarlo diariamente desde diferentes ángulos. La Biblia es el libro del Cordero, y en ella encontramos al Mesías simbolizado de diferentes maneras.

La zarza que ardía y no se consumía es una de las figuras de Cristo. En ella podemos encontrar simbolizada su persona. Él es Dios y hombre al mismo tiempo. Es hombre, pero continuó siendo Dios. Si sacamos su divinidad, su sangre no tendría poder para expiar el pecado del hombre, y si sacamos su humanidad no existiría sangre, y sin sangre no habría remisión de pecados. Mira la zarza. La madera es el producto débil e inconsistente de la tierra -es el "renuevo", la "raíz de tierra seca"-, pero Dios está en ella, y por eso no se consume.

En la zarza podemos encontrar también simbolizados los sufrimientos de Cristo. El fuego trata de herirla, consumirla, destruirla, pero no lo consigue. El enemigo persiguió a Jesús desde su nacimiento hasta su muerte, pero nada consiguió. El fuego no puede consumir a la zarza.

El tercer aspecto simbolizado en la zarza es su poder. Él venció la muerte. ¿De qué sirve que el fuego quiera consumirla? Se levantó de la tumba. El imperio del enemigo quedó derrotado para siempre.

En este día, amigo mío, mira al Cristo de la zarza (Deuteronomio 33:16) y no tengas miedo de enfrentar las dificultades, por mayores que puedan parecer. No estás solo. Mira hacia atrás. Ya venciste muchas barreras en la vida y todavía continúas vivo. ¿Por qué? Porque la "zarza ardía y no se consumía". Mira hacia delante. Puede haber nubes oscuras y tormentas. Puede haber truenos, pero la voz de Jesús se escucha clara: "Cuando pases por el fuego, no te quemarás" (Isaías 43:2). Los jóvenes hebreos en el horno ardiente, los mártires que fueron quemados al comienzo de la era cristiana, si pudiesen ver su lucha, te dirían: "Sigue adelante, nosotros lo conseguimos; tú también lo conseguirás".

Ahora una pregunta: ¿Tenemos la seguridad de que Cristo está en nosotros por medio de su Santo Espíritu! ¿Está morando en nuestro corazón porque vivimos una vida diaria de comunión con él? Si no es así, el mensaje de la zarza no tendrá consuelo para nosotros. En el día final, cuando el Cristo de la zarza retorne en gloria y majestad, como fuego consumidor, sólo habrá dos grupos: los que no lo dejaron habitar en su corazón y que serán como grama seca (Malaquías 4:1), y los que en medio del fuego habitarán seguros. Dios quiera que estemos en el segundo grupo.

 

31 de mayo

Por la renovación de vuestra mente

No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2.

Sería muy interesante que un joven buscara a una señorita y le dijese: "Te amo con toda mi mente" ¿No te parece? ¿Te diste cuenta de que el corazón siempre carga con la culpa por lo que sentimos y el cuerpo por lo que hacemos?

Lo que Pablo está queriendo decirnos en el versículo de hoy es que, para ser más semejantes a Jesús, tenemos que comenzar con la mente. "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento", es el consejo del apóstol.

En realidad, los actos pecaminosos nacen en la mente, se transforman en sentimientos y acaban plasmándose en acciones. Por eso, en la hora de la conversión, Dios promete darnos "la mente de Cristo"

Si queremos ser felices en la vida cristiana necesitamos un cambio de mente; es decir, de naturaleza, de corazón. El ser humano con mente enemiga o naturaleza pecaminosa, o corazón de carne, sólo amará las cosas de este mundo, la basura de la vida, y vivirá buscando los placeres de la Tierra. Pero el cristiano que un día encontró a Jesús en su vida y lo aceptó como su Salvador, ya no puede conformarse a este siglo. En el momento que acepta a Jesús, el Salvador crea en él la naturaleza divina. Entonces el hombre pasa a tener la mente de Cristo, y a medida que vive en comunión con la fuente de justicia, su mente se va transformando y aparecen nuevos pensamientos que inspiran sentimientos nobles y terminan traduciéndose en buenas obras.

¿Cómo puede alguien, que no experimentó la conversión y no vive una vida diaria de comunión con Cristo, saber cuál es "la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios", Es imposible. Tan imposible como enseñar a un lobo a comer hierba.

Los padres queremos que nuestros hijos tengan la mente de Cristo, no simplemente que se porten bien. Y lo mismo pasa con los líderes de la iglesia. Quieren que la iglesia viva una vida de permanente comunión con Cristo.

Tenemos que comenzar por la transformación o renovación de nuestro entendimiento. Comenzar en el lugar equivocado puede ser fatal, porque "tratando de diseñar un picaflor podemos producir un murciélago", dijo en cierta ocasión un colega pastor.

Antes de salir hoy para las actividades del día, propón en tu corazón que a la tarde estarás más cerca de Jesús. Haz de este día un día de comunión con él. Deléitate en pensar en él, concentra tus pensamientos en él, relaciona todo con él, todo lo que tengas que hacer. Conserva un cántico en el corazón, sé feliz y victorioso en Jesús, y deléitate en conocer cuál sea su buena voluntad, agradable y perfecta.

 

1 de junio

Existe un país mejor

Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura. 1 Crónicas 29:15.

David, el pastorcito de los campos de Belén, que se enfrentó con intrepidez al gigante Goliat y después reinó sobre su pueblo, estaba viejo y cansado, y entre sus últimas palabras encontramos las del versículo de hoy. Son palabras de un anciano, y su testimonio es la voz de la experiencia. David fue un hombre sabio e inteligente; sus palabras merecen ser guardadas como un tesoro. Había reinado en Israel por más de 40 años, de modo que éste es un consejo de viene de la realeza. Pero por sobre todo, aunque en algún momento de su vida al separarse de Dios hubiese caído muy profundo, era un hombre que se había arrepentido y había sido perdonado; por lo tanto, el consejo de esta mañana es la palabra viva de Dios.

Ya casi listo para cerrar los ojos y descansar, después de haber visto tantas cosas tristes y tantas cosas buenas, después de haber conocido los dos lados de la vida, después de haber experimentado la angustia de la culpa, la paz del perdón y la transformación, David recuerda a los que vendrán después, que nuestra vida sobre la Tierra es pasajera.

"Somos extranjeros", dice él. Nuestro hogar no está aquí, existe un mundo mejor, un hogar eterno, una tierra maravillosa.

Amados, el gran peligro que corremos en esta vida es el de acostumbrarnos a las cosas simples que la Tierra puede ofrecernos y, casi inconscientemente, comenzar a echar raíces profundas que oscurezcan la visión de nuestro hogar eterno. Estamos en el mundo, debemos vivir en este mundo y tratar de ser útiles a la familia, a la iglesia, a la sociedad y a los padres; pero no somos del mundo, y esto es lo que no debe borrarse de nuestra conciencia.

David compara nuestra vida con la "sombra". Aunque el escritor bíblico está hablando de la fugacidad de la vida, podemos inferir una lección interesante. La sombra es dependiente. Va a donde va el dueño. Hace lo que el dueño hace, anda al mismo ritmo. ¿Por qué no hacer de nuestra vida en la Tierra un reflejo de la vida de Cristo? ¿Por qué no permitir que él habite en nosotros? ¿Por qué no pensar en él a cada minuto, mientras vivimos cada día? Sin duda, esta será nuestra mejor manera de no olvidar que hay un país mejor, más allá de la Tierra.

 

2 de junio

Puedes vencer la tentación

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 1 Corintios 10:13 (RVR 1960).

En el capítulo 10 de la primera Epístola a los Corintios, el apóstol Pablo repasa la historia del pueblo de Israel y de sus repetidas caídas. En el versículo 11 dice que "todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros", y antes de entrar en el texto de hoy, les dice que sería bueno (vers. 12) que pensáramos un poco en nuestra situación para no sufrir los mismos reveces del pueblo de Israel; pero que en todo momento tengamos presente que no existe tentación mayor de la que podamos soportar.

La tentación es una ley de esta vida. El enemigo vendrá con el objetivo de herirnos, o hacernos desconfiar de Dios, o hacernos caer. El objetivo final del enemigo es separarnos de Jesús, porque lejos de la salvación estamos perdidos, separados de la vida estamos muertos. Desconectados de la Justicia es inútil todo el bien que tratemos de hacer por cuenta propia.

¿Estás pasando por una situación financiera crítica! Recuerda que el enemigo quiere separarte de Jesús. ¿Perdiste a un ser querido de manera cruel e incomprensible? ¿Sientes ganas de maldecir el nombre de Dios porque no te protegió? Recuerda, el enemigo quiere que hagas eso. Él quiere que desconfíes de Jesús, que pienses que no vale la pena ser cristiano en la hora de las dificultades, que parece como que el Señor no está ni un poquito interesado en tu problema.

¿Estás atado a algún hábito que quieres dejar? ¿Existe en tu vida alguna situación pecaminosa que te atormenta y de la cual no puedes salir? Mira el texto de hoy: "Fiel es Dios, que os no dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla". ¿No es una promesa maravillosa?

Yo sé que en la hora del sufrimiento, de las lágrimas, de las dificultades y de las tentaciones el ser humano se siente como si estuviera solo. Pero la promesa está ahí. Mira a Job, que se levantó del polvo. Piensa en Daniel, que salió ileso de la cueva de los leones. Medita en Juan, solo en la isla de Patmos y viendo el rostro de Jesús. Recuerda a María Magdalena, que conoció lo que realmente era la tentación. Piensa en las tendencias que la arrastraban hacia abajo y en cómo encontró poder a los pies de Jesús. ¡ ;Tú también puedes ser victorioso ahora!

 

3 de junio

Racionalizar o creer

Jesús les respondió diciendo: "Ha llegado la hora para que el Hijo del hombre sea glorificado" S. Juan 12:23.

Había fiesta en Jerusalén y Jesús estaría presente. Nadie quería perder la oportunidad de verlo y oírlo. Algunos por curiosidad; otros, porque no sabían adónde ir en busca de ayuda; y otros, porque esperaban ansiosos que el maestro de Galilea cometiese un desliz para poder condenarlo.

"Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta", dice el relato bíblico (vers. 20). Los griegos practicaban una religión lógica y racional. No existía en esa religión lugar para la fe. No eran capaces de creer en lo que sus ojos no comprobaran y sus dedos no tocasen. Ese era uno de los motivos por los que atribuían a sus dioses formas y características humanas. No podían confiar; querían llevar todo al laboratorio para analizar.

Los griegos eran personas vacías, huecas y desesperadas. La lógica racional de su estilo de vida satisfacía el intelecto, pero no llenaba el corazón. Conozco a gente con varios títulos universitarios que continúa buscando un sentido para la vida, y hablo con personas de muchos recursos económicos que darían todo por tener esa calma interior que sólo Cristo puede dar. La cultura no tiene nada de malo. El dinero, la fama y el poder no tienen nada de malo. El problema comienza cuando todas estas cosas llegan a ser el objetivo de la vida y no simplemente el medio para servir mejor. El cristianismo no vino al mundo para terminar con las conquistas humanas, sino para dar sentido a todo lo que el hombre realiza.

Esos griegos estaban cansados de buscar un sentido para la vida. La religión lógica de su país no llenaba el vacío del corazón, y por eso dejaron todo y fueron a Jerusalén. La gente desanimada siempre corría en busca de Jesús, y después de encontrarse con él, regresaban felices y dispuestos a enfrentar las luchas de la vida y llegar a ser victoriosos. Sin embargo, el mensaje de Jesús los sorprende: "Ha llegado la hora para que el Hijo del hombre sea glorificado". ¿De qué estaba hablando Jesús? De su muerte, con seguridad. Pero, ¿qué modo extraño ese de ser glorificado, muriendo? Generalmente, para recibir la gloria, los hombres son llevados a un palco y todas las luces del mundo se concentran sobre ellos.

Pero Jesús habla aquí de ser glorificado con su muerte. Está presentando a los griegos el aspecto ilógico del cristianismo. Mientras los hombres matan para vencer, Cristo muere y de ese modo alcanza la victoria. Mientras los hombres viven para ser glorificados, Cristo es colgado en la cruz, como un marginal, con el fin de alcanzar la gloria.

Eso no combinaba con la razón. Tenía que haber lugar para la fe. Y los griegos tenían sólo dos caminos: o continuaban queriendo entender todo y permanecían con el corazón vacío y desesperado, o creían que tras el sufrimiento y la muerte estaba la gloria. Era racionalizar o ejercer la fe. Y esa es la gran decisión que tenemos que tomar cada día.

 

4 de junio

La profesión de nuestra esperanza

Mantengamos Firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Hebreos 10:23.

En los primeros versículos del capítulo 10 de Hebreos, el apóstol presenta el carácter sacerdotal de Cristo. Presenta a la iglesia como la casa de Dios, sobre la cual Jesús es el gran Sumo Sacerdote. Después exhorta a los presentes a experimentar por ellos mismos las delicias de la salvación: "Acerquémonos, pues, con corazón sincero..." (vers. 22). Y para concluir, el apóstol presenta el desafío de nuestro texto: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza".

Vamos a analizar en qué consiste "la profesión de nuestra esperanza". Primero, poseer el conocimiento salvador de Cristo. No es sólo un conocimiento teórico, sino un conocimiento personal, el resultado de una vida de comunión diaria y permanente con él. "Él es en nosotros la esperanza de gloria" (ver Colosenses 1:27).

Segundo, la confesión de la esperanza encierra confianza en Cristo. Nuevamente, volvemos al punto de partida. ¿Cómo confiar en quien no conocemos y cómo conocer si no convivimos con la persona?

Tercero, la confesión de la esperanza incluye el testificar. Las personas tienen que saber, a través de nuestras palabras y por nuestra vida, que Cristo habita en nosotros. Parte de la confesión es la misión. Esta es la que da sentido a la vida devocional. El cristiano que no testifica, en poco tiempo no siente más necesidad de volver a Jesús.

Finalmente, la confesión de la esperanza incluye obediencia a sus mandamientos. "Mis ovejas oyen mi voz... y me siguen". "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (S. Juan 10:27; 14:15). No es una condición para ser amado. Es el resultado de amarlo. Jesús promete grabar sus mandamientos en nuestros corazones. No es una obediencia por miedo, es por amor.

El apóstol nos aconseja en el texto de hoy a "mantener firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza". ¿Por qué? Porque existe un enemigo disfrazado de muchas formas tratando de tirar todo a la basura. El, en persona, se opone a nosotros, y también lo hace la naturaleza pecaminosa que llevamos. ¿Cómo, pues, venceremos? Confiando en la fìdelidad de quien prometió; no dejando de congregamos en la iglesia (vers. 25); y permitiendo que el Espíritu Santo habite en nosotros y nos lleve diariamente a las grandes obras de victoria.

¿Estás listo para salir a la lucha por la vida? Lleva contigo un cántico en el corazón, coloca un casete con música inspiradora en el equipo de tu auto, manténte unido de manera permanente a Jesús y regresa victorioso por la tarde.