8 de mayo

El peligro de apartarse de Jesús

Llegó a Capernaúm y, cuando estuvo en casa, les preguntó: "¿Qué discutíais entre vosotros por el camino ?" Pero ellos callaron, porque por el camino habían discutido entre sí sobre quién había de ser el mayor. S. Marcos 9:33, 34.

Los discípulos eran víctimas del pecado del orgullo. No querían practicarlo. Deseaban ser victoriosos. Al andar con Jesús descubrieron el camino hacia la victoria: permanecer en constante comunión con él. Al lado de Jesús es imposible practicar el pecado. "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", dice Pablo en Filipenses 4:13. "No existe comunión entre la justicia y la injusticia", añade al escribir a los corintios (ver 2 Corintios 6:14).

Los discípulos habían aprendido por experiencia propia esta gran verdad. Pero a veces, el pecado era tan atractivo, tan brillante, tan interesante, que se sentían ofuscados por el brillo de la tentación. Ahí comenzaba la gran lucha. No era posible pecar al lado de Jesús. Antes de caer en la tentación era precise apartarse de Cristo, y en esa ocasión ellos fracasaron.

Jesús vio que se iban quedando detrás de él y conversaban animadamente entre sí. Cuando llegaron a Capernaúm, ya en casa, Jesús les preguntó: "¿Qué discutían entre ustedes por el camino ? ¿Por qué se quedaron atrás? ¿Sobre qué asunto de tanto interés hablaban y no querían que yo oyese?" Y la Biblia dice que ellos se quedaron callados, porque en el camino habían practicado el pecado del orgullo.

El texto de esta mañana confirma la gran verdad de que nuestra única seguridad es Cristo. Esos pobres discípulos no querían lastimar el corazón de su maestro. Se quedaron atrás, esperando que él no viese el pecado que estaban practicando.

Si permanecemos cerca de Jesús saldremos victoriosos cada vez que enfrentemos la tentación. Quedándonos con él, él en nosotros, por medio de su Santo Espíritu, santificará nuestra voluntad y nos llevará a la victoria.

No fue fácil para los discípulos aprender la gran lección de permanecer con Jesús en una vida de comunión constante. María Magdalena aprendió el secrete de estar siempre a los pies de Jesús. Pedro necesitó tiempo para aprender el camino de la humildad, pero un día murió crucificado cabeza abajo.

La comunión con Cristo nos llevará finalmente a la victoria. Tenemos que insistir, sin desanimarnos.

Hoy será un día victorioso para ti si, a lo largo del día, vives en comunión con Cristo. Haz de é1 tu amigo. Tómate de tu poderosa mano. "Sin mí, nada podéis hacer", dijo Jesús.

 

9 de mayo

El secreto de María

Pero sólo una cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. S. Lucas 10:42.

Cuando todavía era joven, María había sido inducida al pecado por un pariente cercano. El complejo de culpa se apoderó de su corazón y perdió el respeto propio y la dignidad. Entonces se entregó a una vida desenfrenada y sin límites para el placer. Fue en esas circunstancias en que conoció a Jesús. Su vida fue transformada por el poder y la gracia salvadora del Maestro. Jesús se quedó durante algunos días en su casa, y en esa experiencia de compañerismo y comunión con la fuente de poder, María conoció la victoria sobre el pecado.

Pero un día Jesús dejó Magdala, la tierra donde vivía la mujer de nuestra historia, y con el tiempo ella olvidó que "sin Jesús nada podéis hacer". Las promesas de fidelidad duraron algunos días, tal vez algunas semanas, porque el hombre sin Cristo, tarde o temprano, volverá a sus caminos antiguos, y eso fue lo que sucedió con María.

Estamos hablando de María, "que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios" (S. Lucas 8:2). Un día -tú conoces la historia- volvió a caer. Fue un escándalo público. La arrastraron por la calle, semidesnuda. Había sido descubierta en el pecado. No había argumentos que la defendieran. Estaba perdida, acabada, sin esperanza y sin futuro. La multitud la contemplaba como las fieras contemplan a la víctima, antes de darle el mordisco fatal.

En esas circunstancias apareció nuevamente Jesús. María pensaba que a Jesús ya no le importaría nada su vida. Al fin de cuentas, "¿no lo había traicionado tantas veces? ¿No había prometido tantas veces sin cumplir nunca? ¿Por qué razón debería Jesús amarla? ¿Qué cosa buena podía ver alguien en esa vida llena de fracasos?"

Pero Jesús es el amigo de los desesperados. Siempre aparece cuando nosotros, los hombres, cansados de luchar con nuestras propias fuerzas, estamos en medio de la vergüenza pública y la desgracia. Todo el mundo se fue y quedaron a solas Jesús y María. "Vete y no peques más", le dijo el Maestro (S. Juan 8:11). María seguramente reaccionó con lágrimas. Se quedó junto a Jesús, y él, sin duda, le explicó el secrete de la victoria, el secrete de que no es posible obedecer solos, con nuestras únicas fuerzas. María necesitaba depender de Jesús. Y aprendió la lección.

A partir de ese instante encontramos a María a los pies de Jesús (enjugando sus pies, oyendo las palabras de amor del Maestro), al pie de la cruz, al pie de la tumba; siempre a los pies de Jesús y, lo que es más impresionante, nunca más derrotada. Había descubierto el secrete de la victoria: estar siempre al lado de Jesús. Haz de este día un día de comunión con Jesús, y experimenta en tu vida las victorias de María.

 

10 de mayo

Salvación y dejarse conducir

Y le rogaba mucho, diciendo: "Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y viva". S. Marcos 5:23.

Jairo era uno de los líderes de la Sinagoga, y estaba atravesando un momento de aflicción y desesperación. Su hijita estaba condenada a muerte y, humanamente, no había nada que hacer. Jairo no era de los que se rendían ante el primer obstáculo. Había buscado la ayuda de los mejores especialistas de su época. Estaba dispuesto a pagar el precio necesario para la recuperación de la salud de su hija amada. Pero los médicos habían dado el veredicto final: la ciencia médica no puede hacer nada más.

Fue entonces, en medio de la desesperación y la impotencia del hombre, que Jairo se acordó de Jesús. Había oído decir que el humilde galileo sanaba leprosos, devolvía la vista a los ciegos y hacia andar a los paralíticos. Él no creía en esas cosas. Era demasiado culto para aceptar las propuestas simples como las de un carpintero. La mayoría de los que seguían a Jesús era gente humilde, gente del pueblo, sin recursos, sin cultura y sin esperanza. ¿Cómo él, el poderoso Jairo, podía pedir ayuda a Jesús ? Pero la hija estaba agonizando, y cuando llegamos al fin de nuestros recursos humanos, somos capaces de tirar a la basura todos nuestros prejuicios, nuestra posición social y nuestra cultura.

Jairo corno, cayó de rodillas delante de Jesús y le suplicó: "Ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y viva".

¿Te das cuenta de que incluso arrodillado y en extrema necesidad, Jairo, el gran líder, no perdió la manía de mandar? Él no colocó el problema en las manos de Jesús como hicieron las hermanas de Lázaro: "Señor, el que amas está enfermo" (S. Juan 1 1:3). Jairo ya tenía todo listo, le llevó a Jesús el programa que el Salvador debía seguir. Se arrodilló y suplicó la dirección del Espíritu Santo, pero ya tenía todo preparado. En verdad, no quería dirección, sólo buscaba aprobación.

Pero en el camino de la salvación, 1a iniciativa es divina, el método es divino y la conclusión es divina. Justificación, santificación y glorificación son obras divinas en la experiencia humana. El hombre sólo tiene que aceptar, solo tiene que permitir que Jesús lo dirija.

Jesús se demoró en el camino, tratando a una mujer que tenía flujo de sangre, y en ese intervalo murió la hija de Jairo. Cuando los siervos le llevaron la noticia, el gran líder se entregó al desánimo. Dejó de luchar, dejó de correr, dejó de mandar y de decir cómo debían ser las cosas y, sólo entonces, Jesús pudo realizar su obra maravillosa de restauración y salvación.

Nunca trates de llevar a Jesús hacia donde tú quieres ir. Hoy coloca tu mano en su brazo poderoso y deja que te lleve por donde él sabe que es mejor para ti. Finalmente, él también es el camino.

 

11 de mayo

Lejos de Jesús no hay vida

Y siempre, de día y de noche, andaba gritando en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. S. Marcos 5:5.

El endemoniado gadareno es un símbolo del hombre que vive lejos de Jesús. Lejos de Jesús sólo puede existir la esclavitud, y el endemoniado era un pobre esclavo atado a cadenas y grillos. Lejos de Jesús no existe vida, y el endemoniado habitaba en los sepulcros, que son la morada de los cadáveres. Una persona que no vive una vida de comunión con Jesús, no vive. Su existencia es una caricatura de vida, es un túnel sin salida, un pozo sin fondo; es el caos, la confusión y el infierno.

Sólo Cristo es capaz de dar sentido a la vida, y el hombre que vive lejos de él anda por "los montes y en los sepulcros". Las montañas son el símbolo de la soledad. El pobre hombre sin Jesús es un hombre solitario. Vive en medio de las multitudes, rodeado de mucha gente, pero se siente solitario; no es capaz de relacionarse, está siempre hiriendo y sintiéndose herido por los que viven con él. El grito de la montaña es el grito de la desesperación que se pierde en el vacío. El evangelio presenta al hombre sin Cristo como gritando en la montaña en busca de socorro, un socorro que parece no surgir por ningún lado. Entonces, en su confusión, comienza a herirse con piedras. Le duele, sangra, pero continúa hiriéndose.

¿Viste alguna vez a alguien andando por caminos errados que conducen a la muerte? ¡Se lastima, siente dolor, sangra, pero continúa andando por los mismos caminos! ¿Qué pensar del hombre que usa drogas, que sabe que su fin será triste, pero continúa en esa vida? ¿Qué decir del padre que anda por caminos peligrosos ? Sabe que traerá dolor a su familia, vergüenza a su iglesia, sufrimiento a sí mismo, pero parece anestesiado y continúa en la senda del pecado.

Un día el pobre gadareno encontró a Jesús en su camino, cayó de rodillas delante del Señor y, cuando estaba por clamar por ayuda, de sus labios salieron improperios e insultos: "¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡ ;Te conjuro por Dios que no me atormentes! Vete" (ver S. Marcos 5:7). Pero Jesús supo entender que detrás de esas expresiones duras estaba el clamor de un corazón desesperado. Gracias a Dios que él siempre entiende lo que no sabemos expresar, gracias a Dios que él sabe interpretar nuestras lágrimas.

Jesús extendió la mano y liberó al endemoniado. Hizo de él un hombre nuevo; le devolvió la dignidad y el respeto propio. Y ese Jesús es el que está hoy cerca de ti con la mano extendida, pronto para socorrerte. ¿Por qué no salir esta mañana hacia las tareas diarias con la seguridad de que la poderosa mano de Jesús sostiene la nuestra tan frágil?

 

12 de mayo

Un día sabremos la diferencia

Pero todos sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban mirando estas cosas de lejos. S. Lucas 23:49.

Jesús acababa de pasar por el memento de mayor soledad. Acababa de decir: "Padre, Padre, ¿por qué me abandonaste?" Y moría molido por los pecados de la humanidad. Sus discípulos y todos los conocidos, aquellos por quienes había dado la vida, veían "de lejos estas cosas , dice la Escritura. No tuvieron el coraje de acercarse y lo abandonaron.

Generalmente, cuando una persona muere, los amigos se juntan para dar sepultura y honrar la memoria del amigo que se fue. Pero no ocurrió así con Jesús. Todos huyeron, cada uno trató de salvarse de la manera como podía, y apenas uno quedó a su lado durante todo el tiempo; apenas uno fue hasta el pie de la cruz: Juan, el discípulo amado.

¿Quién era Juan? Ese que un día llegó hasta Jesús llevando la herencia de un temperamento incontrolado. Lo llamaban "hijo del trueno". Era impaciente, egoísta e interesado. Pero llegó a Jesús y se acercó a él. Salió de la rutina y de la mediocridad de ser un discípulo más de Jesús. Fue más allá. Aprendió a quedar a solas con su Maestro, recostó su cabeza en el corazón de su Señor, entendió que "sin él nada podía hacer", y el resultado natural de esa comunión fue un cambio complete de su temperamento, al punto que un día llegó a ser llamado "el discípulo del amor

Jesús tenía doce discípulos. Once participaban de todas las actividades como buenos discípulos. Actualizando la historia, podríamos decir que once eran buenos miembros de iglesia, pero Juan no se contentaba con la rutina. Juan salía de la monotonía y, cuando todos se iban a dormir, él se quedaba con Jesús.

Mientras las cosas andaban en paz, nadie podía ver la diferencia. Aparentemente, todos eran iguales, pero cuando la tormenta sopló, la persecución comenzó y los tiempos críticos llegaron, los once quedaron observando de lejos lo que sucedía, y, finalmente, desaparecieron. El único que quedó junto a Jesús fue el que, saliendo de la rutina, vivió una vida de comunión personal con Cristo.

Las cosas se repetirán en nuestros días. Hoy pueden estar juntos el trigo y la cizaña; hoy pueden congregarse en la misma iglesia las vírgenes prudentes y las vírgenes fatuas; hoy, nadie puede decir quién es quién. Pero cuando la tormenta llegue, sólo permanecerán firmes los que, habiendo salido de la mediocridad de una vida cristiana formal y rutinaria, vivieron las delicias de una experiencia personal de comunión con Cristo. Vive hoy un día de comunión con el Señor.

 

13 de mayo

Tu pasado tiene futuro

Mirándolo Jesús, dijo: "Tu eres Simón hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (es decir, Pedro) " S. Juan 1:42.

Las personas que eran vistas por Jesús, eran vistas por dentro. Así fue con Nicodemo, con el joven rico y con tantos otros. Sin importar lo que los hombres hicieran para esconderse, sin importar cuánto tratasen de disfrazar, Jesús conocía los sentimientos más íntimos y los desnudaba delante de él, para poder vestirlos con las vestiduras blancas de su justicia.

El versículo de hoy presenta a Jesús y a Simón frente a frente: Jesús fìjó su mirada en él y le dijo: "Yo sé quién eres; conozco tu presente, sé donde vives, qué haces y con quién vives". Así son las cosas con Jesús. No hay nada que podamos esconder de él. Conoce nuestros secretes más íntimos, las heridas que nos duelen, las cicatrices que nos molestan, los traumas y complejos que cargamos en la vida.

Pero Jesús continúa: "Yo también conozco tu pasado. Tú eres hijo de Jonás. Conozco tus raíces, tus antepasados, la herencia genética que traes, el ambiente social y familiar en el que creciste. Sé por que reaccionas así delante de los problemas de la vida, sé por qué tienes ese temperamento que ya te causó tantas dificultades. Puedo comprenderte, puedo entender el por qué de tanta amargura y resentimiento, pero quiero que sepas que, además de conocer tu presente y tu pasado, también conozco tu futuro, y esto es lo que realmente importa. Mira hacia delante y ve las posibilidades futuras. Tú serás Cefas".

Ante cada persona hay un horizonte sin fin de posibilidades. El pasado pudo haber sido cruel contigo. Y el presente triste y oscuro en que vives, puede ser de alguna forma el resultado de un pasado donde tuviste poca participación, pero que te afectó. Eso, sin embargo, no es lo importante. Lo que realmente cuenta, lo que realmente vale, es el futuro maravilloso que Jesús te presenta a ti y a todos los que van a él con fe.

Simón nació en el puerto; era un hombre rudo y grosero, hecho en el mar. Su presente era muchas veces doloroso por causa de la lucha interna contra el temperamento impulsivo que cargaba, pero el tiempo comprobó que Jesús tenía razón al mostrarle un día las posibilidades futuras. Pedro sufrió la muerte de los héroes de la fe. Según la tradición, fue crucificado cabeza abajo, un viernes por la tarde. Poco importa. La verdad es que ese simple pescador de pasado oscuro, que salió de los muelles, llegó a ser uno de los grandes discípulos y mártires del cristianismo. Su nombre conquistó un lugar en la galería de los vencedores.

¿Y qué en cuanto a ti? Jesús también sabe quién eres y por qué eres como eres. Pero esta mañana mira hacia el futuro glorioso que él tiene preparado. "Aún no se manifestó lo que podrás ser". Acuérdate de eso a lo largo del día.

 

14 de mayo

El Jesús de la cuarta vigilia

Pero a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar. S. Mateo 14:25.

Los discípulos entraron en pánico. La noche era oscura y los vientos contrarios, y las ondas gigantescas inundaban la pequeña embarcación. Esos hombres valerosos, acostumbrados a vivir en el mar, lucharon con todas sus fuerzas para salir de la difícil situación. Después de todo, no era la primera vez que enfrentaban la furia del mar; conocían las técnicas, y conocían el mar. Pero esa noche era completamente diferente de las otras. Hubo un memento en que creyeron que habían llegado al fin de la línea. Hasta era sarcástico. Hombres nacidos cerca del mar, crecidos en el mar, habituados al mar, morir justamente allí, en el terreno que mejor conocían y dominaban. A veces Dios nos permite que fracasemos precisamente en el terreno que dominamos bien, para enseñarnos a depender de él. El texto de hoy dice que Jesús apareció en la cuarta vigilia. Los judíos dividían la noche en cuatro vigilias. La cuarta era el período comprendido entre las 4 y las 6 de la mañana. Jesús no apareció en ese momento sin un motivo específico. Aquí hay algo que necesitamos aprender.

No sé si alguna vez pasaste la noche en el campo. Tampoco sé si alguna vez tuviste la curiosidad de observar la oscuridad. La noche es oscura, pero ¿observaste alguna vez cuál es el memento en que la noche se torna más oscura? Es precisamente minutos antes de salir el Sol. Cuando las tinieblas de la noche se hacen más densas, significa que en cualquier memento despuntará la luz de un nuevo día.

Según el versículo de hoy, Jesús debe de haber aparecido entre las 4 y las 6 de la mañana, justamente en la hora más difícil. Esa noche los discípulos habían luchado contra los vientos y las olas, y ahora estaban en el memento de mayor oscuridad. Todo indicaba que estaban perdidos. Humanamente, no había salvación, estaban cansados, agotados y desesperados. Fue entonces cuando apareció Jesús.

Lo que el Señor Jesús quiere decirnos es que él siempre aparece en el memento de la extrema necesidad humana. Cuando parece que todo está perdido, cuando los hombres dicen que ya no existe solución, cuando luchaste y luchaste, y llegaste al límite de tu resistencia. Ahora veamos la manera como Jesús aparece: andando sobre el mar. Los discípulos podían esperarlo de cualquier forma, menos caminando sobre el mar. Porque Jesús siempre aparece de la manera que menos esperamos, en forma inverosímil, a veces contradictoria; pero es Jesús, y las cosas con él escapan a toda predicción humana.

Si el día de hoy se presenta para ti aparentemente difícil; si piensas que no existe solución humana para tu problema; si tu empresa o tu hogar se están yendo a pique y llegaste al límite de tus fuerzas, no te desesperes. En la cuarta vigilia de la noche, siempre hay lugar para Jesús. Él aparecerá si confías, ¡ ;pero cuidado! Puede aparecer de la manera que menos te imaginas. ¿Estás listo para aceptarlo?