13 de marzo

La primera vez

Le descubrió, pues, todo su corazón Y le dijo: "Nunca a mi cabeza llegó navaja, porque soy nazareno para Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como todos los hombres. Jueces 16:17.

Hace algunos años, en una ciudad del estado brasileño de Minas Gerais, un hermano me invitó a almorzar. Durante el almuerzo me habló del único hijo que tenía, un joven hermoso, de ojos límpidos y rostro infantil. Todavía era un adolescente, pero el padre ya hacía planes para el futuro del hijo querido.

"Va a estudiar Medicina" -decía-, "y cuando sea médico no precisará trabajar para nadie. Yo le construiré su propio hospital". !Cuántos planes, cuánta expectativa, cuántos sueños!

Un año después volví a la misma ciudad, y, después que hube predicado, ese hombre me buscó angustiado y me dijo: "Pastor, tiene que ir a mi casa y ayudar a mi hijo".

Al entrar en el dormitorio del joven no pude reconocerlo. ¿Dónde estaba el bello joven de un año atrás? Pálido, con el miedo reflejando en los ojos, parecía un tigre enjaulado, desesperado por salir. Las drogas lo habían hecho añicos. ¿Cómo es que una persona adquiere un vicio, ¿Cómo es que se transforma en esclavo de una situación que acaba con el respeto propio y con la dignidad humana!

La única manera de caer en los vicios es dando el primer paso. Siempre existe una primera vez, y es muy difícil. La segunda y la tercera siempre serán más fáciles, y el fin será la desgracia y la ruina.

"Nunca a mi cabeza llegó navaja", dijo Sansón. Allí estaba el secreto de su éxito. Vivía una vida de comunión con Dios y el resultado era que "nunca había pasado navaja sobre su cabeza". ¿Podía él decir: "Nunca pasó un cigarrillo por mis labios", o "Nunca pasó una gota de alcohol por mi boca"!

El poder de Sansón no estaba en el cabello. El cabello era nada más que un pacto de entrega, de dedicación y de comunión con la fuente de su fuerza: Dios.

Tú tampoco eres bueno por el hecho de que no fumas o no bebes, o no haces cualquier otra cosa errada. Serás bueno en la medida en que vivas una vida de comunión con Jesús. Pero si vives esa experiencia, entonces "nunca pasará algo equivocado en tu vida.

Recuerda: La mejor manera de evitar la esclavitud del vicio es rehusar la primera vez. Toma hoy la mano poderosa de Jesús y dile: "Señor, soy tu hijo, y quiero hacer un pacto de amor contigo. Ayúdame a mantenerme lejos de todo lo que te causa tristeza".

 

14 de marzo

El fin puede ter fatal

Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte. Proverbios 14:12.

Hace ya quinientos años que, en un mes de octubre, Cristóbal Colón y un grupo de aventureros españoles descubrieron un nuevo mundo después de navegar durante meses. "¡Tierra, tierra!", exclamó Rodrigo de Triana, y de esa manera se descubrió América.

La historia del ser humano está caracterizada por una interminable sucesión de descubrimientos. Se descubrió la ley de la gravedad, la electricidad... Continuamente se descubren cosas y se espera descubrir muchas más. Hoy, por ejemplo, la ciencia lucha por encontrar el remedio definitivo contra el cáncer, trata de hallar el secreto de la eterna juventud y hasta procura ubicar nuevos mundos fuera del sistema solar.

En lo íntimo del ser humano hay una extraña fascinación por todo lo desconocido. Eso está en el corazón del anciano, del niño y del joven. Esa inquietud por descubrir nuevos horizontes, conquistar nuevas fronteras y abrir cada día las cortinas de lo desconocido, es buena, pero también puede ser fatal si está mal encaminada.

El otro día me buscó un joven de 25 años, pero cualquiera que lo mirara le daría por lo menos 40. Estaba acabado físicamente y era fácil saber la causa. Las drogas consumían lentamente su vida.

El peligro de las drogas no es apenas físico. Los estragos físicos vienen siempre acompañados del sentimiento de culpa y del complejo de fracaso. "¡Ayúdeme, por favor!", decía el joven. "Si hubiese sabido la desgracia que me esperaba, nunca habría comenzado a usar drogas. Yo sólo quería probar, descubrir nuevas sensaciones".

¡Descubrir nuevas sensaciones! ¿Crees que el precio es justo? Existen descubrimientos que valen la pena lo que cuestan. Hasta la propia vida podría ser entregada. Es el caso de Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, que la probó en su propio cuerpo para salvar millones de vidas. Pero, ¿crees que vale la pena "descubrir nuevas sensaciones" entrando en el mundo de las drogas, o del homosexualismo, o de la promiscuidad, o de cualquier otro vicio, y pagar un precio tan alto?

¿Sabías que nadie se envicia porque quiere? Todo el mundo quiere "tan sólo Probar", "descubrir lo que hay detrás de eso . Cuando uno se da cuenta de la dependencia, a veces es demasiado tarde.

¿Por qué no aprovechar el ejemplo de la historia? ¿No te parece que las miles y miles de vidas arruinadas son un mensaje lo suficientemente persuasivo como para saber que no vale la pena escalar esa "montaña de nuevas sensaciones"?

 

15 de marzo

El pnblema es el corazón

Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26.

Un colega y yo comprábamos papas en la feria del barrio, en una pequeña ciudad en algún lugar de América del Sur. La persona que nos atendía era una mujer muy sencilla, que seguramente apenas sabía leer y escribir y con certeza nunca había salido de ese pequeño rincón del mundo.

En lugar de una balanza, la mujer usaba un aparato artesanal que sólo tenía capacidad para pesar hasta medio kilo. Pero lo que me llamó la atención fue la habilidad con que la mujer tomaba dos o tres papas que ya habían sido pesadas y las colocaba de nuevo en la balanza hasta completar los dos kilos que queríamos comprar.

Miré a mi colega; él también se había dado cuenta de la "hábil jugada" de esa mujer sencilla. "No hay caso", le dije, "el problema es el corazón humano

Cuando nace, el hombre ya viene con la naturaleza pecaminosa. Es egoísta, y sólo le gusta hacer cosas equivocadas. Cuando somos sencillos y casi analfabetos como la mujer de la historia, los actos equivocados son grotescos, simplotes y hasta ridículos. Pero cuando tenemos cultura y educación, nos volvemos sutiles y corteses en el arte de practicar el mal.

Por eso la promesa de Dios no tiene que ver con los actos. "Seréis purificados de todas vuestras impurezas, y de todos vuestros ídolos os limpiaré" (vers. 25), y "os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros".

La promesa de Dios va a lo profundo, adonde está verdaderamente el problema: al corazón, a la naturaleza, a la raíz del mal.

Muchas veces somos engañados por superficialidades. Cada vez que se acerca una elección, la esperanza de que todo va a cambiar gana nuestro corazón. "Este partido político es el mejor", pensamos. "Este sistema es la solución", creemos, y casi siempre nuestras esperanzas se frustran. ¿Sabes por qué' Porque el problema no está en el sistema de las cosas, está en el corazón del ser humano. Comunismo, imperialismo, derecha, izquierda, centro; teóricamente, todos desean el bien. El problema es el corazón. Mientras el ser humano tenga un corazón inconverso, será egoísta por naturaleza, buscará sus propios intereses sin preocuparse por los demás. La cultura, la instrucción, hará al hombre más o menos sofisticado para la práctica de sus actos, pero los actos siempre serán egoístas.

La pregunta de esta mañana es: "¿Estoy realmente convertido, o mi conducta no es más que una sofisticada manera de aparentar que todo está bien?" La persona realmente convertida no necesita probar que lo está. Sencillamente, vive, y sus actos son frutos naturales y maravillosos para gloria y honra de Dios.

 

16 de marzo

La sabiduria de la vida

A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. S. Mateo 7:24.

Analicemos bien el versículo de esta mañana.

Un moralista que tratara de resumir un código moral, lo escribiría así: "Todo aquel, pues, que oye mis palabras y las practica, será semejante a un hombre bueno que edificó su casa sobre la roca". Pero Jesús, en lugar de usar el término "hombre bueno", usa "hombre prudente". Aquí está la clave del evangelio.

Jesús, en el Sermón del Monte, estaba poniendo al descubierto la naturaleza de la realidad implícita en nuestra relación con la vida. En otras palabras, Jesús estaba diciendo: "Te estoy enseñando cómo vivir. Si me escuchas, serás prudente; la casa de tu vida será edificada sobre la roca de la realidad, y cuando vengan las tormentas no caerá. Pero si no sigues esta manera de vivir, entonces serás un tonto; tu casa será edificada sobre la arena de la irrealidad, y cuando venga la tempestad y la vida cobre su precio, caerá con seguridad. Tú puedes aceptar este camino o rechazarlo, pero ésta es la única manera de vivir y ser feliz".

Cuando revisamos las enseñanzas de Cristo, se tiene la impresión de que lo que más le preocupaba era la tontería de los hombres.

Los vio siempre tratando de vivir contra la realidad del universo, contra las leyes que unen a los hombres, contra su propia naturaleza y contra Dios. "Eso no va a funcionar; sois tontos si tratáis de hacer las cosas así; lo único que vais a lograr va a ser lastimaros a vosotros mismos", alertó. EL vio que Dios no estaba castigando a los hombres, sino que los hombres estaban castigándose a sí mismos. El castigo es algo inherente a la ruptura de la realidad.

Que en este día nuestra oración sea: "Señor, ayúdame a ser sabio y a vivir según la ley de la vida establecida para mi felicidad".

 

17 de marzo

Toma la mano de Dios

Abram tenía noventa y nueve años de edad cuando se le apareció Jehová y le dijo: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mi y sé perfecto". Génesis 17:1.

Abraham, como tantos otros hombres bíblicos, fue considerado perfecto, pero el texto de esta mañana es básico para comprender qué entiende Dios por perfección: "Anda delante de mí y sé perfecto".

Andar con Dios significa mantener con él una comunión permanente e ininterrumpida. "En él somos hechos justicia de Dios", dice Pablo (ver 2 Corintios 5:21). Sólo somos perfectos en Cristo. Viviendo a su lado, él en nosotros y nosotros en él, nuestra voluntad es santificada por la presencia de su Santo Espíritu, y la voluntad santificada es invencible. Es el resultado es una vida de completa obediencia a la ley de Dios, no como fruto de nuestros esfuerzos humanos, sino como fruto de nuestra comunión con la fuente del poder: Cristo.

Sin embargo, hubo momentos en que Abraham cortó su comunión con Dios, y el resultado de esa separación fue la falta de confianza, la cobardía y hasta el adulterio.

¿Recuerdas que cuando Abraham llegó a Egipto dijo que Sara era su hermana y no su esposa? En realidad, Sara era medio hermana de Abraham. El no mentía totalmente, pero estaba mintiendo.

Los que viven sin mantener comunión con Cristo, viven preocupados en no quebrantar la letra de las cosas, sin importarle el espíritu de la letra.

Aunque Sara era medio hermana de Abraham, el patriarca estaba siendo cobarde; tenía miedo de ser muerto por causa de la belleza de su esposa, y mintió.

Por supuesto, en el momento de la mentira, Abraham no era perfecto. Estaba lejos de Dios. Era pecador pero no por mentir, sino porque estaba separado de la justicia: Dios. El resultado de esa separación fue la cobardía y la mentira.

Pero eso no es lo importante. Todo el mundo puede resbalar y apartarse de Dios. Lo que realmente importa es que Abraham aprendió la lección. "Separados de mí nada podéis hacer" (S. Juan 15:5). Así que se levantó, tomó nuevamente la mano del Padre y continuó.

Cuando el viejo patriarca cumplió 99 años, Dios se le apareció y le recordó una vez más el secreto: "Anda delante de mí y sé perfecto

Nunca es tarde para aprender. Nunca es tarde para comenzar de nuevo. ¿Ya tienes 99 años? ¿No? Entonces, levanta la cabeza, toma la mano de Dios y sigue adelante.

 

18 de marzo

Renaciendo en medio del dolor

Ya había pasado de Peniel cuando salió el sol; y cojeaba a causa de su cadera. Génesis 32:31.

Estábamos terminando el culto divino ese sábado, cuando el joven entró gritando en el templo. ¿Qué había ocurrido? En el patio de la iglesia otros dos jóvenes pedían ayuda para el amigo accidentado. Estaban pescando con dinamita y el explosivo estalló en la mano de uno de ellos. Esos jóvenes acostumbraban pescar en el horario del culto en lugar de alabar el nombre de Dios en la iglesia. El río quedaba a unos cien metros del templo; había allí un remanso de aguas profundas. Ellos encendían el estopín y, cuando faltaban algunos segundos para la explosión, tiraban el explosivo en el agua para no dar tiempo a que los peces huyeran.

Había hablado muchas veces con ese joven. Había dos cosas peligrosas en su conducta: pescar con dinamita y olvidar que el sábado era el día que debía entregarse a Dios como un día de loor y adoración. La fe de este joven disminuía cada día, no se acercaba a Jesús, tomaba todo en broma y, lo que era peor, jugaba con las cosas de Dios.

Algunos días después del accidente, fui a visitarlo. Estaba sentado en el patio de su casa, debajo de un árbol y con un bastón en la mano; golpeaba monótonamente el suelo con él, como si no tuviese motivación alguna.

No le dije casi nada. Oré y le dije que Jesús lo amaba mucho. Era miembro de la iglesia que yo pastoreaba en ese tiempo. Quería verlo animado y feliz a pesar del accidente. Al sábado siguiente llegué temprano a la iglesia y ese joven era uno de los primeros que aparecieron. Había perdido un brazo, y el muñón todavía estaba envuelto en vendas. Fui a saludarlo con alegría y observé lágrimas en sus ojos.

-¿Por qué, pastor? -preguntó-. ¿Por qué tuve que perder el brazo para entender que estaba jugando con Dios?

-No importa, muchacho -fue mi respuesta-. Lo que vale es que estás aquí nuevamente, en la casa de Dios.

Jacob también tuvo que confrontarse con la realidad en su experiencia de vida. Esa noche, "en el valle de Jaboc", resistió hasta donde pudo, y finalmente se rindió.

La Biblia no dice que Jacob luchaba contra el hombre, sino que el varón luchaba contra Jacob. Es Jesús el que siempre está tratando de mostrarnos la realidad. Es una pena que Jacob entendiera eso sólo cuando el hombre le tocó en su coyuntura. En medio de las lágrimas y los gritos de dolor, Jacob, finalmente, entendió que no podía huir de Jesús, y ése fue el comienzo de una nueva experiencia.

A la mañana siguiente, cuando "había pasado de Peniel... salió el sol; y cojeaba a causa de su cadera". Quizá toda la vida continuó cojeando, pero, ¿Qué importaba eso? Ahora estaba con Jesús. ¿Será preciso llegar a este punto para que entendamos que estamos huyendo de Jesús?

 

19 de marzo

Todos somos necesarios

Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí: Romanos 14:7.

La luz roja del semáforo nos obligó a parar en la esquina de la avenida Prestes Maia y Senador Queirós, en el corazón de San Pablo. Hacía un calor terrible. Mi compañero esperaba impaciente que cambiara la luz. En el asiento de atrás, su hijo adolescente miraba distraído por la ventanilla del automóvil. De repente se acercó al auto un muchachito con una bolsa de manzanas en la mano.

-Seis por uno veinte -dijo con ojos suplicantes.

Era un niño de la calle, de esos que andan por las esquinas limpiando los parabrisas, vendiendo cualquier cosa, o simplemente pidiendo una limosna. De esos que, de tanto pedir, un día deciden "tirar y correr". Y después viven corriendo, y no paran de correr en toda su vida. Era un muchacho sencillo, de esos que sin saber se transforman en discursos inflamados y artículos como éste.

Mi compañero lo miró y, a pesar del calor sofocante, se dio el trabajo de buscar dinero en su bolsillo y comprar una bolsa de manzanas.

-¿Vas a comer eso aquí, en el auto?

-preguntó el hijo, con aire de experto-. ¡Esas manzanas están casi podridas!

-Yo no las compré para comer -respondió el padre-. Las compré para que el muchacho pueda comer.

¿Entendiste el mensaje?

Compromiso sería la palabra correcta en este caso. Todos tenemos que ver con todos. No somos islas. De alguna manera somos responsables por los que sufren, aunque vivamos en un mundo cada vez más egoísta, donde todos están contra todo el mundo, y donde todo el mundo trata sólo de protegerse y preocuparse por lo propio.

La dependencia es una ley de la vida. Dependencia, no en el sentido de falta de iniciativa propia, esperando que los demás hagan las cosas, sino dependencia en el sentido de saber que nuestras realizaciones, conquistas y victorias no son fruto apenas de nuestro propio esfuerzo, ya que otros también tuvieron que ver con eso. La tierra necesita de la lluvia para producir, pero la lluvia necesita primero ser nube, y para ser nube precisa del Sol; y el Sol, para calentar las aguas y producir la nube, necesita de la rotación de la Tierra.

Nadie es una isla. Todos precisamos de todos. Tal vez algunos precisen más que otros, y, si la vida nos hizo fuertes y nos colocó en un lugar privilegia do, es bueno preguntar: "¿Qué puedo hacer por mi prójimo?"

¿Soy capaz de levantar los ojos más arriba de mis intereses y comodidades y mirar hacia el hermano que está alado? ¿Pienso que el infortunio, el hambre, la necesidad, la enfermedad y a veces la muerte, son patrimonio exclusivo de los demás? ¿Seré capaz de extender la mano, mientras tengo mano? ¿Seré capaz de mirar con simpatía, mientras tengo ojos? Ojalá que sí, porque un día la tristeza puede golpear también a mi puerta y entonces tal vez sea demasiado tarde.