| Lección 11, para el sábado 11 de diciembre |
PENSAMIENTO ESPECIAL PARA MI:: Todas las personas tienen igual valor para Dios.
El aborrece el prejuicio.
REFERENCIAS BIBLICAS: Marcos 7:24-37; Mateo 15:21-31.
LECTURA AUXILIAR: El Deseado de todas las gentes, págs. 365-370; Las bellas historias de la Biblia, tomo 8, págs. 19-21, 25-27.
| DOMINGO |
| ¿Has vivido aiguna vez en un país extranjero? ¿Notaste si los habitantes de ese país te trataron de un modo diferente a sus conciudadanos? A veces esto sucede si Jesús se ve deshonrado porque él no acepta el prejuicio. Jesús ama a todos sus hijos por igual y sufre cuando éstos hacen diferencias entre sí. |
| LUNES |
| ¿Sabes qué es un prejuicio? A veces habrás oído hablar de eso. Pero, ¿qué es realmente el prejuicio? El diccionario lo define así: "Juicio u opinión sobre algo antes de tener verdadero conocimiento de ello". Por ejemplo, a veces hay muchachos, niños, y, ¿por qué no decirlo?, también adultos que tienen prejuicios contra ciertos alimentos. Cuando ven un alimento que les resulta nuevo, inmediatamente piensan que no les va a gustar. Es un alimento que nunca han probado, y no tienen la menor idea acerca de su sabor, pero les parece que no les va a gustar, y ni siquiera lo prueban. Eso es prejuicio. Y lo mismo ocurre con otras cosas. A menudo las personas tienen prejuicios contra alguien porque tiene diferente color de piel. O puede ser que se deba a que hable otro idioma, o a que venga de otro país. Tal vez el prejuicio se origina porque pertenece a otra iglesia o a otro vecindario. O puede ser que les parezca que esa persona actúa en forma extraña. Cuando abrigamos esos malos sentimientos acerca de alguien, casi siempre los tenemos antes de conocerlo realmente. ¿Sabías tú que los discípulos de Jesús tenían prejuicios? ¡Los tenían! Y Jesús los llevó en un viaje bastante largo, sólo para enseñarles una lección al respecto. |
| MARTES |
| Poco después de alimentar a la multitud con los cinco panes y los dos pescados, y caminar sobre el mar, Jesús visitó nuevamente Capernaum. Mientras estaba en ese lugar fueron a verlo algunos escribas y fariseos. Se quejaron de que los discípulos no se lavaban las manos como los fariseos enseñaban que se debía hacer. En lugar de discutir con esos hombres, Jesús comenzó a señalar algunas maneras como ellos desobedecían los mandamientos de Dios. ¡Cómo se enojaron los fariseos! Se fueron murmurando palabras de descontento y venganza. Los discípulos dijeron a Jesús: "¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron estas palabras?" Sí, Jesús lo sabía. De manera que en lugar de quedarse por ahí esperando que comenzaran las dificultades, Jesús sacó a los discípulos de ese lugar por un tiempo. Atravesaron la ondulada meseta de Galilea para ir a Fenicia. En esa región Jesús no era muy conocido, de manera que tuvo una oportunidad de descansar más de lo que solía hacerlo. Pero no era enteramente desconocido. Algunos viajeros llevaron las noticias de los maravillosos milagros que Jesús había hecho en favor de la gente. Mientras Jesús y sus discípulos caminaban, una mujer comenzó a seguirlos. Era una mujer cananea, una pagana que adoraba ídolos. Los judíos odiaban a los cananeos. "¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija está atormentada por un demonio". En algún lugar esta mujer había oído acerca del poder de Jesús para echar fuera demonios. Ella amaba mucho a su hija. Tal vez Jesús podría ayudarla. Valía la pena probar. |
| MIERCOLES |
| Pero Jesús no le prestó mucha atención a la mujer. Actuó en la misma forma como hubieran actuado otros judíos. Los discípulos lo animaron en su proceder. "Despídela -le rogaron-,pues da voces tras nosotros". Estaban desconcertados. Temían lo que la gente pudiera pensar si veía a esa mujer con ellos. Para los discípulos, esa mujer no era mejor que un perro sarnoso. -No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel -dijo Jesús. Lo que él dijo era lo que hubiera dicho un judío. Jesus no pensaba así, pero así era como pensaban sus discípulos. La mujer no se desanimó por lo que Jesús le dijo. Estaba acostumbrada a esos sentimientos de parte de los judíos. Sin importarle lo que Jesús le había dícho, se postró a sus pies. -Señor, ayúdame -exclamó. -No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos -añadió Jesús. Pero ni siquiera así se dio por vencida. -Sí, señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Ella estaba segura de que si los judíos, que constituían el pueblo de Israel, recibían tantas bendiciones, indudablemente caerían al suelo al menos algunas migajas de esas bendiciones, que ella podría recoger. Con eso Jesús quedó satisfecho. La mujer había mostrado tener fe. - Oh mujer, grande es tu fe - exclamó Jesús -; hágase contigo como quieres. La mujer regresó feliz a su casa, segura de que los demonios habían dejado a su hija. Cuando lleg6 a la casa se enteró que los demonios la habían dejado en la misma hora cuando Jesús había dicho que lo harían. Su hija dormía tranquilamente. Jesús llevó intencionalmente a sus discípulos hasta donde estaba la mujer pagana. Jesús quería que sus discípulos fueran testigos de que sus bendiciones debían prodigarse libremente a todos los seres humanos. Cuando Jesús pretendió ignorar a esa pobre mujer, los discípulos se dieron cuenta de que todos, y no solamente los judíos, necesitaban de Jesús. Dios odia el prejuicio; delante de él, toda alma tiene el mismo valor. |
| JUEVES |
| Jesús y sus discípulos emprendieron entonces su regreso a Galilea. ¿Recuerdas la historia de los demonios que dejaron a dos hombres y entraron en un hato de puercos? ¿Te acuerdas cómo esos dos hombres le rogaron a Jesús que los llevara con él? Y Jesús les dijo: -Vuelvan a su casa y cuenten lo que el Señor ha hecho por ustedes. Esos dos endemoniados sanados eran buenos misioneros. En su camino de regreso a Galilea, Jesús y sus discípulos pasaron por Decápolis, donde vivían esos hombres. En ese lugar multitudes acudieron rodeando a Jesús. Miles habían oído su mensaje de salvación. Los cojos, los mancos, los ciegos, los mudos y otros con toda clase de enfermedades le fueron traídos para que los sanara. Uno de los enfermos que le trajeron era un sordo tartamudo. Generalmente Jesús pronunciaba algunas palabras y la persona era sanada. Pero en ese caso hizo algo diferente. En primer lugar Jesús lo apartó de la multitud. Cuando estuvieron solos, Jesús puso sus dedos en los oídos del hombre. Luego le puso un poco de saliva en la lengua. Entonces, mirando hacia el cielo, Jesús dijo: "Sé abierto". Tal vez Jesús realizó todos esos movimientos insólitos para que el hombre, que no podía oír lo que la gente decía acerca de Jesús, pudiera entender mejor lo que Jesús estaba haciendo. Inmediatamente el hombre pudo oír y hablar claramente. ¡Cuán maravillados quedaron sus amigos! Jesús les advirtió: "No digan lo que han visto". Pero ellos no pudieron callar. ¡Jesús era verdaderamente maravilloso! ¡No podían sino contar ese milagro a todos! "Bien lo ha hecho todo - dijeron -; hace a los sordos oír y a los mudos hablar" |
| VIERNES |
| Lee el párrafo de la página 367 de El Deseado de todas las gentes que comiensa: "El Salvador está satisfecho". Repasa el versículo de memoria. |
Esc. Sabática para Primarios:
Portuguez - Inglés

a las que puedes acercarte en el ECUADOR