EL CORDERO DE DIOS
VERSICULO DE MEMORIA:"El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"(Juan 1:29).
PENSAMIENTO CLAVE:Cuando Dios se confrontó con la rebelión de Adán y Eva, el proveyó un medio de reconciliación que demuestra su amor por cada pecador aunque aborrece el pecado.
Exodo 34:5-7; Isaías 53:5; Romanos 3:28; 5:1; Filipenses 2:5-8; 1 Tesalonicenses 5:23.
INTRODUCCION
JESÚS VINO A LA TIERRA COMO UN CORDERO SIN PECADO pa-
ra tomar sobre sí mismo la culpabilidad de un mundo pecaminoso. Él vi-
no, aunque sabía que moriría, pero también sabla que nosotros viviría-
mos. Él estuvo dispuesto a morir en la cruz, sin esperanza, para que la
esperanza de vida etema pudiera ser la suerte de un mundo que no cono-
cía esperanza. Hoy el cielo es nuestro porque Jesús estuvo dispuesto a re-
nunciar al cielo. Yo soy un hijo de Dios porque Jesús Ilegó a ser el Hijo
del hombre.
"En el cielo, Satanás había odiado a Cristo por la posición que ocupa-
ra en las cortes de Dios. Le odió aun más cuando se vio destronado. Odia-
ba a Aquel que se había comprometido a redimir a una raza de pecado-
res. Sin embargo, a ese mundo donde Satanás pretendía dominar, permi-
tió Dios que bajase su Hijo, como runo impotente, sujeto a la debilidad
humana. Le dejó arrostrar los peligros de la vida en común con toda alma
humana, pelear la batalla como la debe pelear cada hijo de la familia hu-
mana, aun a riesgo de sufrir la derrota y la pérdida eterna" (DTG 32, 33).
EL PENSAMIENTO DE DIOS HACIA LOS PECADORES( Juan 1:29)
¿Qué quiere hacer Dios en favor de nosotros? Juan 1:29.
Levítico 4 trata del caso de una persona que había pecado "por yerro
en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de
hacer" (v. 2). Se mencionan cuatro categorías de pecadores: los sacerdotes,
la congregación, los jefes y las personas comunes. Los que tenían un ma-
yor conocimiento de la ley debían traer un sacrificio más costoso, pero los
pobres no quedaban exentos.
Explica cómo considera Dios a los pecadores. Sal. 103:8-14; Jer.
29:11.
Dios nos mira no como somos, sino como deberíamos ser, podría-
mos ser y seremos cuando seamos redimidos del pecado y rescatados de
su dominio mortal.
jQué pensamientos surgen en tu mente cuando oyes la afirmación:
"He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"? iDelan-
te de ti está el Hijo de Dios!
"Un cordero costaba menos aún que una cabra, y por esta razón se
esperaba que un hombre pobre presentase un cordero. El cordero era la
ofrenda del pobre. Es significativo que repetidas veces se Ilama a Cristo el
Cordero de Dios. Es el sacrificio del pobre" (1CBA 745).
Un cordero era también significativo para la mente hebrea pues era
el animal que se sacrificaba en la Pascua. En ésta se conmemoraba la libe-
ración de Israel de la esclavitud de Egipto, y también se señalaba hacia la
líberación de la esclavitud del pecado mediante la muerte sacrificial del
Mesías venidero.
jQué pensamientos deben haber pasado por la mente de las perso-
nas reunidas junto al río Jordán cuando Juan el Bautista se refirió a Jesús
como "el Cordero de Dios"! Aunque nadie lo sabía, delante de ellos esta;
ba el mismo hombre que unos tres anos más tarde morllía como sacrificio
por los pecados del mundo. iLo comprendió realmente alguno de ellos?
iQué pensamientos deben haber pasado por la mente de Tesús cuan-
do escuchaba esas palabras! Él sabía que todas esas palabras proféticas
implicaban un Getsemaní, un Calvario. Él había de ser la ofrenda por el
pecado para una humanidad perdida.
"No debemos pensar en Dios sólo como un juez listo para pronun-
ciar una sentencia contra nosotros. Él odia el pecado; pero por su amor a
los pecadores se dio a sí mismo, en la persona de Cristo, para que todos
los que desearan pudieran ser salvados y tener una eterna bienaventu-
ranza en el reino de gloria" (5T 633).
LA MISERICORDIA DE DIOS HACIA LOS PECADORES(Éxo. 34:5-6)
iCómo se revelo Dios a Moisés? Éxo. 34:6, 7.
La justicia de Dios demanda que el transgresor pague la pena por su
transgresión. La muerte es esa penalidad. De modo que si sólo prevalecie-
ra la justicia, todos nosotros moriríamos, porque todos hemos pecado.
Dios, sin embargo, es misericordioso, y su misericordia hace posible que
los pecadores condenados puedan vivir. Dios, en Jesús, pagó ia penali-
dad por todos los que se arrepienten de sus pecados y aceptan a Jesús co-
mo su Sustituto. La misericordia de Dios es grande, pero su justicia es re-
al. Si rehusamos aceptar las provisiones hechas para nuestra salvación,
entonces tendremos que enfrentar la justicia.
¿Qué verdad destaca la misericordia de Dios? Rom. 5:8.
Supongamos que la persona más rica y más generosa de la Tierra es-
tableciera un fondo de dinero con la única cláusula de que cualquier per-
sona que escribiera pudiera recibirr diez mil dólares. iVigilaría el multi-
millonario para ver quién aprovecharía esa oferta? ¿Se interesaría esa per-
sona en saber por qué algunos no escucharon la oferta, y por qué, si la
oyeron, no la aprovecharon?
Deténte unos momentos y medita en "el incomparable amor de
Dios por un mundo que no lo amó". Al hacerlo, ponte en esa situación.
Tú eres una parte de ese mundo. ¿Cuánto lo amas a él? tCómo expresa-
rás ese amor?
Dios el Padre y Dios el Hijo observan ansiosamente para ver quién
aceptará su oferta de misericordia. Algunos nunca han oído de ella; y otros
que la oyen, no le prestan mucha atención. Como Satanás trata de arreba-
tar ese don de muchas personas, Dios, con cariño y ansiedad presenta con
insistencia su don a quienes lo aceptarán. Obligar a la gente a hacer lo que
es recto sería hacerle el juego a Satanás, quien pretende hacer creer que
Dios obliga a obedecer. El enfoque amoroso de Dios es el de estimular a
los pecadores a volverse de sus malos caminos, permitiéndoles ser atraí-
dos a él, respondiendo con amor. Esta clase de amor es difícil que poda-
mos entenderlo, ya que nunca hemos visto algo así. Por eso Dios tiene que
reafirmar que no está buscando destruimos. El dijo por medio de Jeremías:
"Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensa-
mientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis" Uer. 29:11).
"iTema para la más profunda meditación! iEl incomparable amor de
Dios para con un mundo que no lo amaba!" (CC 14).
EL SACRIFICIO DEL CIELO POR LOS PECADORES(Fil. 2:5-8).
¿Mediante qué doble sacrificio reveló Dios su amor por nosotros?
Fil. 2:5-8.
"Ahora toda nuestra mente está Ilena con un pensamiento: la con-
descendencia de Dios... Al no asignarle Iímite a la altura de su gloria, tam-
poco le asignaremos límite alguno a la profundidad de su gracia... En vez
de ofendernos por la inferioridad de la posición que él asumió, la misma
bajeza de su encarnación y la misma degradación de la muerte que su-
frió, despertará en nosotros una gratitud más brillante y ferviente, cuando
recordamos que, aunque era rico, en bien de nosotros se hizo pobre; y que
por nosotros, sus errantes y descarriadas ovejas, el principal de los Pasto-
res se ofreció como el Cordero de Dios, poniendo su vida, por su propia
voluntad, y tomándola de nuevo para no morir más".-Edward H. Bic-
kersteth, The Trinity [La Trinidad], p. 92.
¿Por qué piensas que Dios le pidió a Abrahán que sacrificara a su
hijo? Gén. 22:1-13. iQué dijo Jesús acerca de esta experiencia? Juan 8:56.
Algunos han sido Ilamados a sacrificar a su hijo o su hija para morir
por su país. No es una experiencia fácil. Algunos padres preferirían morir
ellos mismos, y que sus hijos vivieran. Pero el sacrificio supremo Ilega a
ser la medida del amor y de la devoción máximas.
¿Estás dispuesto a responderle a Dios en la misma forma en que él
te responde a ti? ¿Qué estás dispuesto a sacrificar por él?
Para el Hijo "este fue un sacrificio voluntario... Prefirió devolver el
cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo, para traer luz
a los que estaban en tinieblas, y vida a los que perecían" (DTG 14).
Antes de que Jesús viniera a la Tierra, él sabía qué sufrimiento, humi-
Ilación y vergüenza tendría que soportar. Él sabía que sería despreciado y
rechazado; insultado, escupido, tratado como el más vil de los crimina-
les, y que moriría sobre una cruz. Pero estaba dispuesto a pagar el precio.
El sacrificio hecho por Cristo es comparado con un inocente cordero
puesto sobre el altar. Hasta que vino Cristo en persona para ofrecerse a sí
mismo sobre la cruz, el sistema de sacrificios mantenía siempre delante
del pecador arrepentido el alto precio que su salvación costaría.
NUESTROS PECADOS ESTÁN SOBRE EL CORDERO DE DIOS(Isa. 53:5-6).
¿Cómo somos sanados de la herida abierta causada por nuestros
pecados? Isa. 53:5, 6.
"Y todo lo que sufrió: las gotas de sangre que cayeron de su cabeza,
sus manos y sus pies, la agonía que torturó su cuerpo y la inefable angus-
tia que Ilenó su alma al ocultarse el rostro de su Padre, habla a cada hijo
de la humanidad y declara: Por ti consiente el Hijo de Dios en Ilevar esta
carga dé culpabilidad; por ti saquea el dominio de la muerte y abre las
puertas del Paraíso. El que calmó las airadas ondas y anduvo sobre la
cresta espumosa de las olas, el que hizo temblar a los demonios y huir a la
enfermedad, el que abrió los ojos de los ciegos y devolvió la vida a los
muertos, se ofrece como sacrificio en la cruz, y esto por amor a ti. Él, el
Expiador del pecado, soporta la ira de la justicia divina y por causa tuya
se hizo pecado" (DTG 703, 704).
Haz una lista de los resultados que produjo el sacrificio de Cristo.
1 Ped. 2:24.
Mientras estaba moribundo en la cruz, Cristo clamó en agonía: "Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mat. 27:46). Los peca-
dos de todos los tiempos descansaban sobre Cristo y lo separaban de su
Padre, y murió por el pecado.
A veces, todos nos sentimos abandonados por Dios. tCómo te ayu-
da el grito de Cristo, registrado en Mateo 27:46, a pasar por esos mo-
mentos?
"El Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La
esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le ha-
blaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. Temía que el pecado
fuese tan ofensivqpara Dios que su separación resultase etema. Sintió la
angustia que el pecador sentirá cuando la misericordia no interceda más
por la raza culpable. El sentido del pecado, que atraía la ira del Padre so-
bre el como sustituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la copa que
bebía el Hijo de Dios y quebró su corazón" (DTG 701).
EL DIOS QUE JUSTIFICA(Rom. 3:28; 5:1).
¿Qué debemos tener para ser justificados? Rom. 3:28; 5:1.
Los pecadores no están en paz con Dios, sino en enemistad. El peca-
do lucha contra Dios, se rebela contra la conformidad con su ley y su vo-
luntad. La muerte es la penalidad por el pecado. Sin embargo, Cristo vino
al mundo para rescatarnos de esa pena de muerte y restaurarnos a la paz
con Dios. El ofrece amor a cambio de enemistad, perdón en vez de conde-
nación, reconciliación en vez de alienación.
Pon tu nombre en el espacio en blanco que aparece en el versículo
más abajo:
"Justificados, pues, por la fe, [tiene] paz para con Dios
por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Rom. 5:1).
Todo esto es lo que significa la justificación. Dios nos acepta, no por
causa de lo que hemos hecho por Dios, sino por lo que Dios ha hecho por
nosotros en Cristo. La justificación se realiza en el momento en que acep
tamos la salvación por la fe en Cristo. Cambia nuestra situación frente a
las cortes celestiales. Nuestros pecados son perdonados, y somos acepta-
dos como miembros de la familia celestial, en una relación pacífica y feliz
con Dios.
"Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo,
sino para que el mundo sea salvo por él" Juan 3:17). La justificación es lo
opuesto a la condenación. El propósito de Cristo fue justificar, no conde-
nar.
Somos "justificados gratuitamente por su gracia, mediante la reden-
ción que es en Cristo Tesús" (Rom. 3:24), "por la fe de Cristo y no por las
obras de la ley" (Gál. 2:16). Los pecadores son justificados por Cristo in-
mediatamente cuando ellos lo aceptan por la fe: no hay que esperar hasta
la beatificación y canonización para alcanzar la justificación.
"No tenemos por nosotros mismos justicia con que cumplir lo que la
ley de Dios demanda. Mas Cristo nos ha preparado una vía de escape.
Vivió sobre la Tierra en medio de pruebas y tentaciones tales como las
que nosotros tenemos que arrostrar. Su vida fue sin pecado. Murió por
nosotros y ahora ofrece quitarnos nuestros pecados y vestimos de su jus-
ticia. Si te entregas a él y lo aceptas como tu Salvador, por pecaminosa
que haya sido tu vida, serás contado entre los justos, por consideración a
él. El carácter de Cristo toma el lugar del tuyo, y eres aceptado por Dios
como si no hubieras pecado" (CC 62).
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:Nuestro Dios no es sólo un Dios que
justifica, sino que también santifica. iQué nos enseñan los siguientes ver-
sículos acerca de este proceso? Hech. 26:18; Juan 17:17; 1 Cor. 1:30; 1 Tes.
5:23; Eze. 11:18-20; Gál. 5:16-25. Lee también "El secreto del crecimiento",
en CC 66-75.
Justificado significa que soy limpiado de la culpa del pecado y que
camino libre de su penalidad; santificado significa que soy fortalecido por
el Espíritu Santo para resistir el poder del pecado.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Por qué estuvo Cristo plenamente calificado para ser quien Ileve
nuestros pecados?
RESUMEN: Sea esta oración de consagración el deseo de tu corazón:
"Oh, Cordero de Dios, tú elegiste libremente quitar los pecados del
mundo. Yo acepto tu sacrificio perfecto como una expiación plena por to-
dos mis pecados Imploro tu presencia constante para tener poder para
obedecer. Tú eres mi fortaleza, mi ayudador constante. Nuestro Padre te
ha hecho mi sabiduría y justificación y santificación y redención. Amén".
El efecto del pecado es destruir la imagen de Dios. El efecto del evan-
gelio es restaurarnos a la imagen de Dios. Los propósitos de Cristo al ve-
nir al mundo fueron revelarnos el carácter de Dios, morir por nuestros
pecados y hacer posible, por su gracia, que su carácter sea reproducido
en todos nosotros. Si hemos de vivir eternamente con un Dios santo, de-
bemos aceptar y manifestar el don de la santidad que nos ofrece. (Ver
Heb. 12:14.)
"Sólo un día es nuestro, y durante este día hemos de vivir para Dios,
embellecer nuestro carácter por la fe en la justicia de Cristo. Este único
día hemos de ponernos en las manos de Cristo en solemne servicio, en
todos nuestros propósitos y planes para ser guiados por él. Este único día
hemos de hacer a los demás exactamente lo que desearíamos que ellos
nos hicieran a nosotros. Hemos de estar listos para hablar palabras bonda-
dosas de corazones Ilenos de simpatía y amor".-Elena G. de White, "Por
sus frutos los conoceréis", Sígns of the Times [Señales de los Tiempos], 11
de julio de 1892; la cursiva fue añadida.
2. iQué fue más difícil de soportar: para el Padre, dar a su Hijo; o pa-
ra el Hijo ofrecerse a sí mismo para nuestra salvación? iPor qué?
![]()

a las que puedes acercarte en el ECUADOR