"TODO lo que respira alabe a Jah." (Sal. 150: 6.) ¿Hemos considerado de cuántas cosas debemos estar agradecidos? ¿Recordamos que las misericordias del Señor se renuevan cada mañana, y que su fidelidad es inagotable? ¿Reconocemos que dependemos de él, y expresamos gratitud por todos sus favores? Por el contrario, con demasiada frecuencia nos olvidamos de que "toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces." (Sant. 1: 17.)
Dios es amor, El cuida de las criaturas que formó. "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen." " Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios." (Sal. 103: 13; 1 Juan 3: 1.) 109
¡Cuán precioso privilegio es éste, que seamos hijos e hijas del Altísimo, herederos de Dios y coherederos con Jesucristo! No nos lamentemos, pues, porque en esta vida no estemos libres de desilusiones y aflicción.
Si, en la providencia de Dios, somos llamados a soportar pruebas, aceptemos la cruz, y bebamos la copa amarga, recordando que es la mano de un Padre la que la ofrece a nuestros labios. Confiemos en él, en las tinieblas como en la luz del día. ¿No podemos creer que nos dará todo lo que fuere para nuestro bien? "El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Rom. 8: 32.) Aun en la noche de aflicción, ¿cómo podemos negarnos a elevar el corazón y la voz en agradecida alabanza, cuando recordamos el amor a nosotros expresado por la cruz del Calvario?
¡Qué tema de meditación nos resulta el sacrificio que hizo Jesús por los pecadores perdidos! "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados." (Isa. 53: 5.) ¿Cuánto debemos estimar las bendiciones así puestas a nuestro alcance? ¿Podría Jesús haber sufrido más? ¿Podría haber comprado para nosotros más ricas bendiciones? ¿No debiera esto enternecer el corazón más duro, cuando recordamos que por nuestra causa dejó la felicidad y la gloria del cielo, y sufrió pobreza y vergüenza, cruel aflicción y una muerte terrible? Si por su muerte y resurrección él no hubiese abierto para nosotros la puerta de la esperanza, no habríamos conocido más que los horrores de las tinieblas y las miserias de la desesperación. En nuestro estado actual, favorecidos y bendecidos como nos vemos, no podemos darnos cuenta de qué profundidades hemos sido rescatados. No podemos medir cuánto más profundas habrían sido nuestras aflicciones, cuánto mayores nuestras desgracias, si Jesús no nos hubiese rodeado con su brazo humano de simpatía y amor, para levantarnos.
Podemos regocijarnos en la esperanza. Nuestro Abogado está en el santuario celestial intercediendo por nosotros. Por sus méritos tenemos perdón y paz. Murió para poder lavar nuestros pecados, revestimos de su justicia, y hacernos idóneos para la sociedad del cielo, donde podremos morar para siempre en la luz.
Amado hermano, amada hermana, cuando Satanás quiera llenar vuestra mente de abatimiento, lobreguez y duda, resistid sus sugestiones. Habladle de la sangre de Jesús, que limpia de todo pecado. No podéis salvaros del poder del tentador; pero él tiembla y huye cuando se insiste en los méritos de aquella preciosa sangre. ¿No aceptaréis, pues, agradecidos las bendiciones que Jesús concede? ¿No tomaréis la copa de la salvación que él ofrece, e invocaréis el nombre del Señor? No manifestéis desconfianza en Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable... El vigila con el interés más intenso vuestro progreso en el camino celestial; él ve vuestros esfuerzos fervientes; nota vuestros descensos y vuestros restablecimientos, vuestras esperanzas y vuestros temores, vuestros conflictos y vuestras victorias.
¿Consistirán nuestros ejercicios de devoción en pedir y recibir? ¿Estaremos siempre pensando en nuestras necesidades y nunca en los beneficios que recibimos? ¿Recibiremos las mercedes del Señor, y nunca le expresaremos nuestra gratitud, nunca le alabaremos por lo que ha hecho por nosotros? No oramos demasiado, pero somos demasiado parsimoniosos en cuanto a dar las gracias. Si la bondad amante de Dios provocase más agradecimiento y alabanza, tendríamos más poder en la oración. Abundaríamos más y más en el amor de Dios, y él nos proporcionaría más dádivas por las cuales alabarle. Vosotros que os quejáis que Dios no oye vuestras oraciones, cambiad el orden actual, y mezclad alabanzas con vuestras peticiones. Cuando consideréis su bondad y misericordia, hallaréis que él tiene en cuenta vuestras necesidades.
Orad, orad fervientemente y sin cesar, pero no os olvidéis de alabar a Dios. Incumbe a todo hijo de Dios vindicar su carácter. Podéis ensalzar a Jehová; podéis mostrar el poder de la gracia sostenedora. Hay multitudes que no aprecian el gran amor de Dios ni la compasión divina de Jesús. Miles consideran con desdén la gracia sin par manifestada en el plan de redención. Todos los que participan de esa gran salvación no son inocentes al respecto. No cultivan corazones agradecidos. Pero el tema de la redención es un tema que los ángeles desean escudriñar; será la ciencia y el canto de los redimidos a través de las edades sin fin de la eternidad. ¿ No es digno de reflexión y estudio cuidadoso ahora? ¿No alabaremos a Dios con corazón, alma y voz por sus "maravillas para con los hijos de los hombres"? (Sal. 107: 8.)
La oración y la alabanza
Alabemos al Señor en la congregación de su pueblo. Cuando la palabra del Señor fue dirigida antiguamente a los hebreos la orden fue: "Y diga todo el pueblo, Amén." Cuando el arca del pacto fue traída a la ciudad de David, y se cantó un salmo de gozo y triunfo, "dijo todo el pueblo, Amén: y alabó a Jehová." (Sal. 106: 48; 1 Crón. 16: 36.) Esta ferviente respuesta era evidencia de que comprendían la palabra hablada, y participaban en el culto de Dios.
Hay demasiado formalismo en nuestros servicios religiosos. El Señor quiere que sus ministros prediquen la palabra vivificada por su Espíritu Santo; y los hermanos que oyen no deben permanecer sentados en indiferencia soñolienta, o mirar vagamente en el vacío, sin responder a lo dicho... La voz de Dios, expresada por medio de sus mensajeros, puede parecerles un canto agradable; pero desoyen sus sagradas amonestaciones, reprensiones y estímulos.
Nuestro Dios, el Creador de los cielos y de la tierra, declara: "El que sacrifica alabanza me honrará." (Sal. 50: 23.) Todo el cielo se une para alabar a Dios. Aprendamos el canto de los ángeles ahora, para que podamos cantarlo cuando nos unamos a sus resplandecientes filas. Digamos con el salmista: "Alabaré a Jehová en mi vida: Cantaré salmos a mi Dios mientras viviera." "Alábente los pueblos, oh Dios; alábente los pueblos todos." (Sal. 146: 2; 67: 3.)
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Se realizo una presentacion en la Iglesia Adventista de Porvenir, en la cual se presento un programa de Vida Sana organizado por uno de los departamentos de la Iglesia, en donde presentamos un scketch llamado "El Hambre"... Vea Nuestras Fotos [más]
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. . : : VERSICULO DE LA SEMANA: : . .
Mateo 6:1-4
"Mirad
que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos:
de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando
pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas
en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto
os digo, que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu
izquierda lo que hace tu derecha; Para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre
que ve en secreto, Él te recompensará en público.".
( Versión
Reina-Valera 1909)