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MISIÓN ENERO-MARZO 2004 |
del 2004 |
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el misionero de menores
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toda la Biblia en un año
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el bosquejo de la Escuela Sab.
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la lección de esta semana
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por Sahar Sahar no podía dormir por la noche, pensando en lo que había hecho. Pero su mamá necesitaba el tratamiento médico.
Era sábado, y en la cárcel de mujeres reinaba el silencio. Sahar, una joven palestina de 22 años de edad miraba suspirando por la ventana. Se le escurrían las lágrimas por las mejillas. Durante semanas había intentado sin éxito comunicarse con su familia por teléfono. Su mamá había estado enferma y Sahar se preocupaba por ella. Trabajo arduo
Sahar estaba en octavo grado, pero encontró trabajo en el consultorio de un dentista después de clases. Salía tarde del trabajo y regresaba rápidamente a casa para preparar la cena y hacer tareas. De alguna manera logró terminar la secundaria. Sahar quería llegar a ser una guía de turismo. Se inscribió en la universidad de la comunidad para estudiar turismo. Trabajaba después de clases, pero no tenía dinero para libros, así que escuchaba cuidadosamente las clases. Rendía bien en sus materias, pero no ganaba suficiente dinero para sus alimentos y la colegiatura. Se vería forzada a dejar de estudiar. Luego, tuvieron que llevar a su mamá de emergencia al hospital. Necesitaba una serie de tratamientos muy caros y los médicos se negaban a iniciarlos hasta que la familia reuniera y pagara 2,000 siclos (alrededor de US$ 500). Sahar lloró. ¿Dónde podría conseguir tanto dinero? Luego se acordó de sus compañeros en la universidad. Parecía que siempre tenían dinero. Desesperada, fue a pedirles ayuda. Tramaron un plan para ayudarle a conseguir el dinero para el tratamiento de su madre. Esa noche Sahar se reunió con sus amigos en una calle de Jerusalén. Encontraron un auto que nadie cuidaba. Alguien forzó la puerta mientras Sahar vigilaba. Cuando hicieron arrancar el motor, se subieron y se alejaron del lugar. Después de vender el auto le dieron el dinero a Sahar para la cuenta del médico. Varios meses después al cruzar la frontera entre el sector palestino y judío de Israel, detuvieron a Sahar y le pidieron una identificación. Sahar mostró su identificación y el señor la miró un largo rato. Luego le pidió que lo siguiera. A Sahar no le preocupó el asunto ya que frecuentemente detenían e interrogaban a los palestinos en la frontera, y ella no se había involucrado en actividades de terrorismo. Atrapada y sentenciada
A Sahar la sentenciaron a dos años en una prisión israelita. Trabajaba por un sueldo muy bajo y le enviaba un poco de dinero a sus padres cada mes. Trataba de llamar a sus padres una vez por semana. Pero había ocasiones cuando no lograba establecer comunicación con ellos por semanas. Oraba arduamente a Dios por su bienestar. Luego dejó de orar. ¿De qué sirve? Se preguntaba. No sucede nada. El momento de la verdad
Se pasó el cepillo por el cabello y fue al salón de las visitas. Allí se encontró con un hombre y una mujer a quienes nunca antes había visto. ¿Quienes serán estas personas? se preguntaba. Pero sus sonrisas la tranquilizaron. El señor se presentó diciendo que era el pastor Richard y la dama, la señora Olga. Le explicaron que habían venido porque su mamá estaba preocupada por ella. Al oír el nombre de su madre, Sahar le apretó la mano a Olga, rogándole que le dieran noticias de su familia. Se enteró de que su mamá estaba nuevamente en el hospital, pero que estaría bien. A Sahar le agradó tanto Richard como Olga desde el primer contacto.
Eran personas muy amables, muy gentiles y llenos de amor. Nunca antes había
visto a personas como éstas. Olga poseía el corazón
de una madre y se preocupaba por Sahar. Conversaron un buen rato y oraron
juntos. Luego, llegó el momento para que las visitas se retiraran.
Sahar regresó a su celda hecha una persona diferente. Sonreía de buena gana y caminaba con renovado ánimo. Tomó la Biblia que había prácticamente abandonado y se puso a leer. Olga volvió a visitar a Sahar tantas veces como pudo. Charlaban y oraban juntas como si fueran amigas de mucho tiempo. Sahar sentía el amor de Dios que fluía de Olga hacia ella. Olga la condujo cuidadosamente para que viera a Dios de otra manera. Y Sahar gustosamente siguió su consejo. Había leído el Nuevo Testamento y comprendía mejor a Dios. Otras personas también notaron el cambio en Sahar: de una joven de cara triste a una joven llena de valor y esperanza. Le preguntaban a Sahar qué la había cambiado y cuando los demás tenían problemas, le pedían que orara por ellos. Se convirtió en consejera de otras mujeres mucho mayores que
ella. Sahar sentía que crecía en su vida de cristiana.
Sahar vive con sus padres en el sector palestino de Israel. Espera ansiosa el día cuando pueda seguir a su Señor en el bautismo. |
Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:
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