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MISIÓN ENERO-MARZO 2004 |
del 2004 |
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el bosquejo de la Escuela Sab.
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la lección de esta semana
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por Armando T. Basilio Dos damas de Sri Lanka viajan a Israel donde se encuentran con su Mesías. [Pídales a dos mujeres que presenten este informe en primera persona.] Sabrina: Crecí en una familia musulmana acomodada en Sri Lanka. Mi padre trabajaba para el ministerio de transporte y mi madre era maestra. Mis padres tenían una vida social activa y a menudo me dejaban con mi tía para que me cuidara en su ausencia. Mi madre quiso que asistiera a la escuela católica, al igual que ella. A menudo pensaba en cuan pacífico parecía ser Jesús. Quería visitar la tierra donde él había vivido y encontrar la misma paz en mi vida. Mi padre notó que era muy tibia en cuanto al islamismo y se dio cuenta de que no había pasado suficiente tiempo con su familia. Así que dejó su trabajo y pasó más tiempo con nosotros, con lo cual deseaba volver a introducir la fe musulmana en la familia. A pesar de sus esfuerzos no me podía decidir por esa religión. Realmente no sabía qué creer. Mis padres hicieron los arreglos para que me casara con un musulmán. Tuvimos un hijo y dos hijas antes que el matrimonio se disolviera y mi esposo se casara con otra persona. Regresé a la casa de mis padres, pero sentía que se había arruinado mi vida. Mi padre hizo todo lo que pudo para ayudarme, pero estaba llena de amargura. Un sueño hecho realidad
Llegué a Israel y encontré trabajo y un lugar donde vivir. Formé nuevas amistades y comencé a visitar los lugares acerca de los que había leído. Caminé por donde Jesús había caminado y medité mucho acerca de sus enseñanzas y el ejemplo que nos dejó. Me interesé en aprender más acerca de Cristo, así que visité varias iglesias cristianas. Un día un amigo me invitó a un culto en la iglesia adventista. Acepté la invitación e inmediatamente noté que su culto no era como el de otras iglesias. Cautivó mi interés y pedí estudios bíblicos con el pastor. Finalmente llegó el día radiante en septiembre de 2001 cuando un grupo de cristianos adventistas y yo viajamos juntos al río Jordán donde fui bautizada igual que Jesús. No se presentó una paloma, no hubo una luz del cielo al salir del agua, pero sabía que era un persona nueva. La paz de Dios inundó mi vida y llenó mi quebrantado corazón de amor y gozo. Ahora comparto mi nueva fe con mis amistades y mi familia en Sri Lanka. Ellos están contentos de que finalmente encontré paz; pero mi verdadera esperanza es que ellos también encuentren a Jesucristo. Samanta: Yo también crecí en Sri Lanka. Era una cristiana nominal y mi madre era budista. Mi padre estaba demasiado ocupado para pensar en religión, así que crecí con la religión de mi madre. Conocí a un cristiano joven con quien me quise casar, así que me convertí a su fe. Fuimos muy felices, pero teníamos nuestros problemas. Mis padres tenían problemas financieros muy serios. Sentía que debía ayudarles, pero no había trabajo en Sri Lanka. Decidí ir al país de Omán en busca de trabajo. Trabajé dos años como empleada doméstica y le enviaba dinero a mi familia. Regresé a casa y encontré que la salud de mis padres empeoraba y todavía no había trabajo en mi país. Volví a dejar a mi familia, esta vez para trabajar en Israel. Encontré un buen trabajo y nuevamente envié dinero a casa, en Sri Lanka. Leí la Biblia completamente varias veces y reclamaba las pro-mesas de Dios: que me diera las fuerzas y el valor que necesitaba para combatir mi soledad. En busca de amigos
Dios cumplió su promesa y lentamente conseguí amistades nuevas. Una de mis mejores amigas fue Ana María, una mujer filipina muy amable quien me dijo ser cristiana, adventista del séptimo día. Un día me invitó a su departamento, donde se reunía un grupo de adventistas. Acepté y me emocioné de ver a personas tan amables. Ese día encontré muchos amigos nuevos. ¡Las personas eran maravillosas, amigables y abiertas! Me trataron como si fuera miembro de su familia. En ese momento decidí que el culto del sábado por la mañana sería una parte regular de mi semana. El pastor de la pequeña congregación
Había leído el cuarto mandamiento de Dios en muchas ocasiones. "Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo" (Éxodo 20:8-10). Comprendía por qué los adventistas adoraban en sábado igual que los judíos. Pero me preguntaba por qué los demás cristianos lo hacían en domingo. Así que decidí tomar los estudios bíblicos que me ofreció el pastor, con la esperanza de tener la respuesta a esta pregunta. Los estudios aclararon muchas otras interrogantes que tenía y el día que bautizaron a Sabrina en el río Jordán, yo también me bauticé. Mi oración es que le pueda hacer entender a mi familia, allá en casa, por qué di este paso de fe. Estoy ansiosa de que ellos comprendan las maravillosas verdades que encontré. La vida de Sabrina y la mía se parecen en muchos aspectos. Ambas vinimos de Sri Lanka para trabajar en Israel y estando aquí en la tierra de los judíos, ambas hallamos la fe de Jesús. Una iglesia creciente
—Armando T. Basilio es director de comunicaciones de la iglesia adventista filipina en Tel Aviv, Israel. |
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