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Misionero 2
Division  Transeuropea
MISIÓN ENERO-MARZO 2004
Para el 10 de Enero 
del 2004

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Reencuentro con Dios
por Lars Engdahl

Como adolescente le dio la espalda a Dios; años después, reconoció su error.

A los 19 años de edad decidí que era inútil adorar a Dios. ¿Cómo podía mi familia ir a la iglesia cada sábado y orarle a alguien por allá arriba que tal vez ni siquiera existía? Estaba cansado de ir a la iglesia y escuchar las mismas cosas semana tras semana. Quería dedicarles tiempo a mis amigos y no a la iglesia. Quería gozar de los placeres y me dispuse a experimentar con fármacos y alcohol.

Pasó el tiempo y me casé con una dama encantadora que no creía en Dios. Me concentré en mi carrera y la familia.
Durante 24 años excluí a Dios completamente de mi vida. Nunca oré, no leía la Biblia ni asistía a la iglesia. Rara vez siquiera pensaba en Dios.

Un nuevo pensamiento
Llegó el día cuando desperté temprano, por alguna razón, y escuché el canto de los pajarillos por la ventana. Mientras escuchaba, pensé en el Creador del pajarillo. Un pensamiento condujo a otro y, pronto meditaba sobre el Creador del universo. Seguramente tiene que haber un Dios para que el mundo sea como es; para que los pájaros canten como lo hacen. De repente sentí pánico, sentí la necesidad de tomar una decisión acerca de Dios antes que fuera demasiado tarde. Toda la mañana me acosaron los pensamientos de Dios, pero logré hacerlos a un lado.

Sin embargo, me invadían pensamientos acerca de Dios de tanto en tanto. Después de un tiempo tomé la Biblia que permaneció ignorada en el librero durante tantos años. Abrí la Palabra de Dios y comencé a leer de Génesis. Pasé rápidamente a Mateo, pero las historias que leía parecían ser sólo eso; cuentos. Dejé la Biblia y decidí que Dios estaba en todas partes y que podía comunicarme con él por medio de la creación. Así no tenía que acercarme demasiado a él y no tenía que ir a ninguna iglesia.

El automóvil averiado produjo una respuesta
Había pedido un permiso especial para ausentarme del trabajo con el fin de estar con mis hijos. Aunque me mantuvieron ocupado, tuve tiempo para pensar en Dios. Decidí que Dios existía y que necesitaba establecer una relación con él, pero no quería regresar a la iglesia de mis padres. Sentía que regresar sería reconocer que me había equivocado.

Pero llegó el momento cuando tenía que hacer algo. Así que oré; algo que no había hecho desde la adolescencia.
—Dios, puedes ver que se me dificulta creer. ¿Me podrías dar alguna señal de que realmente existes?
El automóvil me había estado dando problemas. Se detenía repentinamente mientras conducía y nadie lo podía arreglar. El auto me frustraba y produjo una oración diferente.
—Dios, este auto no sirve. Te pedí una señal y ahora quiero que me muestres la señal ayudándome con el carro.
Ese día decidí llevar el auto al mecánico. Cuando me dirigía al taller otro automóvil invadió mi carril y me golpeó de frente. Después de la primera impresión de sorpresa y alarma causada por el accidente pude ver la mano de Dios en el siniestro. Me di cuenta que Dios no había causado el choque, pero lo aprovechó para solucionar mis problemas automovilísticos. En primer lugar, debí haber salido muy lastimado, pero salí ileso. Percibí la mano protectora de Dios. En segundo lugar, la compañía de seguros me pagó más por el carro averiado de lo que yo había pagado al comprarlo. Ahora tenía el dinero para adquirir un vehículo que funcionara mejor.

Pero alrededor de dos meses después, mientras estaba acostado en la cama, escuché una voz muy clara en la mente.
—Prometiste creer en mí —dijo la voz. Me sentí mal. Me jacto de ser una persona que cumple sus promesas y sabía que debía cumplir la que le hice a Dios. Pero no sabía qué hacer. No quería reconocer mi equivocación de tantos años, parecer débil o inseguro de mí mismo. No sabía dónde conseguir ayuda.

La entrega
Un viernes de noche quedé solo en la sala después que la familia se fue a la cama. Meditaba sobre mi vida y me preguntaba dónde me había equivocado. En eso, se me vino a la mente la idea de: Entrega tu vida a Dios. Recordé la promesa que le había hecho y esta vez no me resistí. Oré la primera oración sincera —proveniente de lo más recóndito del corazón—, que había orado en años.
—Tú eres Dios. Me ves donde estoy. Quiero creer en ti y liberarme de los pensamientos negativos. Me rindo completamente a ti. Por favor, toma mi vida.  Al instante sentí paz y tranquilidad. Desaparecieron los pensamientos negativos. Me sentí limpio y en armonía con Dios.

Nueramente comencé a leer la Biblia.
Al principio no fue fácil, pero con el tiempo esperaba ansioso los momentos que podía estar a solas con Dios. Al leer acerca de Jesús en el Getsemaní mi corazón se enterneció y me enamoré de él. Pude ver a Jesús, de ojos tristes, como Dios todopoderoso. En ese momento no tuve dudas de que Jesús es Dios y mi Salvador.

Respuesta mixta
Sabía que tenía que contarle a mi esposa acerca de mi experiencia con Dios, pero estaba nervioso porque ella no creía en Dios. Comencé contándole acerca del accidente, el cinto de seguridad y la oración contestada.
—He experimentado a Dios como un poder viviente —le dije—. Sé que está activo en mi vida.

Me escuchó cortésmente, luego me dijo que yo podía creer lo que deseara y ella haría lo mismo.
Visité a mis padres y les conté acerca de mi conversión. Estaban felices, pero vi que se preguntaban si realmente podía ser cierto después de vivir tantos años alejado de Dios. Lentamente comprendieron que era real y nos regocijamos. Invité a mis hijos a la iglesia y algunas veces me acompañaban. Nunca los obligué a venir, pero siempre les decía que serían bienvenidos. Sabía que el hecko de que su padre se hubiera convertido al cristianismo era algo nuevo para ellos y tendrían que tomar sus propias decisiones acerca de Dios así como yo lo había hecho.

En los años de mi juventud me había alejado de Dios y había tomado decisiones equivocadas. Ahora trato de redimir el tiempo y presentaile mi familia a un Dios maravilloso.

—Lars Engdahl es maestro de música en la escuela preparatoria en Goteburgo, Suecia.


Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
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