| REGRESAR |
|
MISIÓN ENERO-MARZO 2004 |
del 2004 |
![]() |
Lea
toda la Biblia en un año - Aprete aqui
Lea
el bosquejo de la Escuela Sab.
Lea
la lección de esta semana
|
por Kím Laovin Era una adicta a los estupefacientes, y se sentía fea e inútil hasta que Dios la convirtió en algo hermoso. [Pídale a una mujer que presente este relato en primera persona.] Las drogas no sólo eran mi vida; eran, además, mi sostén. Tenía una casa hermosa, un buen automóvil y mucha ropa bonita. Pero al dejar las drogas, todas las cosas bellas que me rodeaban me parecían sucias y asquerosas. Habían sido compradas con dinero de drogas. Vendí o regalé todas mis pertenencias. Entonces, con sólo una maleta me mudé a otro pueblo. Los problemas de la abstinencia
El doctor me prescribió un medicamento y me mandó a casa. Me aseguró que si tomaba el medicamento, algún día podría volver a realizar mis caminatas. Regresé a casa con la disposición de intentarlo. A los tres meses podía salir a caminar con el perrito de mi tío y disfrutar del ejercicio. En cierta ocasión mientras caminaba por el bosque, vi una cabana pequeña al lado de un lago. Al preguntar, me informaron que, aunque no tenía corriente eléctrica ni agua en tubería, podría alquilar el lugar por un precio más barato de lo que solía gastar en el consumo diario de estupefacientes. Alquilé la cabana de dos recámaras y pronto me ocupaba de acarrear agua y otras necesidades. Por alguna razón me parecía atractivo y agradable este estilo de vida más sencillo. Cuando regresé con el médico, se mostró complacido
al ver el progreso realizado. Me dijo que, junto con su esposa, oraban
por mí. Luego me enteré que era adventista del séptimo
día. Le pedí prestada una Biblia a una amiga y me dispuse
a leerla. Si realmente fue Dios quien me ayudó a sobreponerme a
las drogas, entonces debía conocerlo mejor. Empezando con Génesis,
leí unas 100 páginas de la Biblia hasta llegar a Números,
donde me atoré y la hice a un lado.
Nunca había asistido a la iglesia a no ser para una boda o funeral, pero comencé a asistir a la iglesia adventista en el centro de rehabilitación. Me impresionó el estudio de la Biblia. Deseaba lo que esta gente tenía; quería ser cristiana igual que ellos. Pero no comprendía que simplemente podía ser cristiana. Pensaba que debía hacer algo antes de ser cristiana. Mi hogar en la prisión
Me arrestaron y sentenciaron a cinco años de prisión.
A mi amigo lo encarcelaron de por vida. Otros prisioneros me trataban mal
al enterarse de que debido a mi confesión, mi amigo estaba en prisión.
Tardaron mucho en aceptarme.
Algunas de las prisioneras no eran suecas. Cumplían sus condenas
sin recibir visitas de sus seres amados. Cuando los adventistas se enteraron
de estas personas, comenzaron a visitarlas y ayudarles con sus necesidades
básicas. Cuando a estas prisioneras se les concedía la libertad,
los miembros de iglesia se mantenían en contacto con ellas. Algunas
me preguntaban:
Sanidad física y espiritual
Al salir de prisión tomé cursos bíblicos en el seminario adventista y luego solicité trabajo en la iglesia. Dios me proveyó un empleo y un lugar donde vivir. Al mirar hacia atrás, veo que Dios me salvó de mi misma, me salvó de la muerte y luego hizo que todo lo relacionado con mi vida fuera verdaderamente bello. —Kim Laovin vive en Estocolmo, Suecia. |
Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:
|
|
|
|
|
|
|
|
![]() |
|
|
en un año Aprete aqui |
(Para recibir el bosquejo de la lección semanalmente por email, por favor dénos su dirección electrónica:) |
| Por favor escribenos
con comentarios o preguntas y diganos que piensan de este recurso.
|
|
|