REGRESAR 
Misionero 1
Division  Transeuropea
MISIÓN ENERO-MARZO 2004
Para el 3 de Enero 
del 2004

Lea toda la Biblia en un año - Aprete aqui
Lea el bosquejo de la Escuela Sab.
Lea la lección de esta semana

Algo hermoso
por Kím Laovin

Era una adicta a los estupefacientes, y se sentía fea e inútil hasta que Dios la convirtió en algo hermoso.

[Pídale a una mujer que presente este relato en primera persona.]

Por 25 años, más de la mitad de mi vida, lo primero que hacía todas la mañanas era inyectarme heroína en las venas. Usaba heroína para poder salir adelante cada día. Desperté una mañana en el mes de julio con la convicción de que ya no dejaría que los estupefacientes gobernaran mi vida. Sabía que me enfermaría si dejaba de usar los enervantes, pero había decidido librarme del vicio.

Las drogas no sólo eran mi vida; eran, además, mi sostén. Tenía una casa hermosa, un buen automóvil y mucha ropa bonita. Pero al dejar las drogas, todas las cosas bellas que me rodeaban me parecían sucias y asquerosas. Habían sido compradas con dinero de drogas. Vendí o regalé todas mis pertenencias. Entonces, con sólo una maleta me mudé a otro pueblo.

Los problemas de la abstinencia
Sufrí todos los síntomas de la abstinencia repenrina de un farmacodependiente empedernido, pero me negué a volver a usar las drogas. Sabía que si aguantaba suficiente tiempo me sentiría mejor. Pasaron las semanas y seguía débil y cansada. Me dolía el pecho y no podía caminar más que una cuadra.
Acudí al médico y después de revisarme me dijo:
—Tiene un problema serio en el corazón. Su corazón está agrandado y se esfuerza demasiado, pero sólo realiza la mitad del trabajo que debería hacer. El dolor que siente es angina de pecho.

El doctor me prescribió un medicamento y me mandó a casa. Me aseguró que si tomaba el medicamento, algún día podría volver a realizar mis caminatas. Regresé a casa con la disposición de intentarlo. A los tres meses podía salir a caminar con el perrito de mi tío y disfrutar del ejercicio.

En cierta ocasión mientras caminaba por el bosque, vi una cabana pequeña al lado de un lago. Al preguntar, me informaron que, aunque no tenía corriente eléctrica ni agua en tubería, podría alquilar el lugar por un precio más barato de lo que solía gastar en el consumo diario de estupefacientes. Alquilé la cabana de dos recámaras y pronto me ocupaba de acarrear agua y otras necesidades. Por alguna razón me parecía atractivo y agradable este estilo de vida más sencillo.

Cuando regresé con el médico, se mostró complacido al ver el progreso realizado. Me dijo que, junto con su esposa, oraban por mí. Luego me enteré que era adventista del séptimo día. Le pedí prestada una Biblia a una amiga y me dispuse a leerla. Si realmente fue Dios quien me ayudó a sobreponerme a las drogas, entonces debía conocerlo mejor. Empezando con Génesis, leí unas 100 páginas de la Biblia hasta llegar a Números, donde me atoré y la hice a un lado.
El doctor me contó acerca del centro de rehabilitación administrado por los adventistas y me sugirió que fuera para recuperar las fuerzas y energía. Me enamoré de las personas y del lugar. Muchos de los pacientes eran adventistas y hablaban de lo que Jesús hacía en sus vidas. Esto me despertó nuevamente el deseo de conocer a Dios.

Nunca había asistido a la iglesia a no ser para una boda o funeral, pero comencé a asistir a la iglesia adventista en el centro de rehabilitación. Me impresionó el estudio de la Biblia. Deseaba lo que esta gente tenía; quería ser cristiana igual que ellos. Pero no comprendía que simplemente podía ser cristiana. Pensaba que debía hacer algo antes de ser cristiana.

Mi hogar en la prisión
Durante mi permanencia en el centro de rehabilitación pasé mucho tiempo pensando en rehacer mi vida. Había cometido crímenes mientras vendía drogas y esto pesaba sobre mi conciencia. Al salir del centro de rehabilitación fui ante la policía y confesé que había conducido el vehículo de escape mientras un amigo cometía un robo. Durante el robo, mi amigo mató a otra persona convirtiéndome en cómplice de asesinato.

Me arrestaron y sentenciaron a cinco años de prisión. A mi amigo lo encarcelaron de por vida. Otros prisioneros me trataban mal al enterarse de que debido a mi confesión, mi amigo estaba en prisión. Tardaron mucho en aceptarme.
Mientras estaba en prisión, le pedí a un pastor adventista que me visitara. Venía a menudo, y estudiamos la Biblia juntos. En este tiempo acepté a Jesús como mi Salvador personal. Otros miembros de iglesia también me visitaban y pronto tuve más cartas y visitas que ningún otro preso gracias al espíritu de familia entre los adventistas. Trataba de compartir ese amor con otros prisioneros cada vez que podía.

Algunas de las prisioneras no eran suecas. Cumplían sus condenas sin recibir visitas de sus seres amados. Cuando los adventistas se enteraron de estas personas, comenzaron a visitarlas y ayudarles con sus necesidades básicas. Cuando a estas prisioneras se les concedía la libertad, los miembros de iglesia se mantenían en contacto con ellas. Algunas me preguntaban:
—¿A qué clase de iglesia perteneces que se interesan tanto en los demás?
Me alegro que mis amigos los adventistas fueran tan considerados con los demás. Algunas de estas compañeras se inscribieron en un curso de estudio de la Biblia por correspondencia y otras asistieron a mi grupo de oración. Ahora que están en libertad, espero que sigan buscando a Dios.

Sanidad física y espiritual
Me sometí a una revisión médica debido a los problemas cardiacos. La doctora me practicó la prueba tres veces antes de llamar a otro médico. Él me hizo el mismo examen otra vez y me preguntó cómo me llamaba.
—No estábamos seguros que fueras la misma paciente, porque tienes el corazón de tamaño normal y funciona perfectamente. No veo ningún problema de salud. La angina de pecho desapareció por completo.

Al salir de prisión tomé cursos bíblicos en el seminario adventista y luego solicité trabajo en la iglesia. Dios me proveyó un empleo y un lugar donde vivir. Al mirar hacia atrás, veo que Dios me salvó de mi misma, me salvó de la muerte y luego hizo que todo lo relacionado con mi vida fuera verdaderamente bello.

—Kim   Laovin   vive   en   Estocolmo, Suecia.


Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
Lea toda la Biblia
en un año
Aprete aqui
Suscríbase
(Para recibir el bosquejo de la lección semanalmente por email, por favor dénos su dirección electrónica:) 
Su correo electrónico: 
 
 

Por favor escribenos con comentarios o preguntas y diganos que piensan de este recurso. 
Su nombre y País: 
Su correo electrónico: 
Comentarios:


 REGRESAR 
Usted es la visita número