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Misionero 2
Division  Euroafricana
MISIÓN OCTUBRE-DICIEMBRE, 2003
Para el 11 de Octubre del 2003

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Lea el bosquejo de la Escuela Sab.

La puerta desapercibida
porTsventanka Geordzeva

La mujer abrió la puerta del basurero y habló con alguien adentro.
-Era un día iirío de enero en Bulgaria. Yo iba de puerta en puerta en un edificio de departamentos, vendiendo literatura religiosa. Me hice la promesa de tocar cada puerta del lugar. Unos, me la cerraban en la cara, pero otros escuchaban atentamente. En una vivienda, conocí a una dama muy agradable que me invitó a pasar. Me preguntó de la Iglesia Adventista y conversamos acerca de sus creencias. Luego compró El Deseado de todas las gentes.

Le di las gracias al salir de su hogar y comenzar a bajar las escaleras, pero me detuve al escuchar pasos que me seguían.
—¡Espera, espera! —me dijo la amable mujer—. Dijiste que tocarías cada puerta en el edificio, pero creo que te brincaste una. —Señaló una puerta pequeña que daba a las escaleras entre ambos pisos.
—Pero ese no es un departamento — dije un poco confundida.
—No, no lo es —respondió—, pero espera. —Tocó a la puerta y llamó en voz alta, —¡Elena!— Cuando nadie respondió, empujó la puerta. Cuando los ojos se ajustaron a la oscuridad, vi un montón de cajas de cartón en una esquina. Arriba, yacía una anciana. La puerta daba al cuar-to de la basura y, aparentemente, Elena vivía entre la basura.

—Elena es indigente —la mujer confirmó mis pensamientos—. Solía vivir en el parque de la ciudad hasta que el frío no se lo permitió más. Como no tiene dinero, no puede conseguir los documentos necesarios para conseguir su propio departa-mento. Me enteré de su caso al leer su historia en el periódico y me tocó el corazón. Quise traerla a casa, pero mi esposo me lo prohibió. Así que la traje al cuarto de la basura. Al menos aquí estará seca y no pasara frío. ¡Pero no se lo digas anadie! —La dama abrió los ojos grandes y redondos—. Si el arrendador se da cuenta, la echará afuera. ¿Será que tu iglesia puede ayudar a Elena? —Ahora los ojos de la mujer se llenaron de esperanza. Accedí con la cabeza.
—Buscaré la manera de ayudarle.

En busca de ayuda
Esa noche, al subir los escalones a mi departamento, lo hice pensando en Elena. Yo tenía una cama calentita y cobijas que me mantenían abrigada. Podía escoger qué ropa usaría al día siguiente. Pero Elena tenía que dormir en un cuarto para la basura, sobre cajas de cartón y sin cobijas. ¿Qué cenaría esa noche? No lo sabía.
—Querido Jesús —oré—. Me has dado un lugar para vivir, pero tú no tuviste un lugar donde dormir cuando estuviste en la tierra. ¿Cuan seguido sentiste hambre y frío?
A la mañana siguiente fui a la iglesia para ver qué podía hacer. Un señor me dio dinero para que Elena pudiera conseguir carnet de identificación. Otra mujer, una abogada, ofreció ayudarle con los trámites legales.
Para el final del día, Elena tenía albergue temporal hasta poder conseguir una vivienda más permanente. Además, quedó iniciado el proceso para obtener su identificación.

Atendimos a Elena, pero aun no terminaba nuestra tarea. Elena me contó que tenía hijos y queríamos encontrarlos.
Hallamos a la hermana y a una sobrina de Elena. Se mostraron amables con noso-tros hasta descubrir que buscábamos a alguien que ayudara a Elena.
—Elena tiene tres hijos —dijo su hermana—. Ellos la pueden cuidar. —La mujer nos dio la dirección del hijo mayor.
Fuimos a la dirección que la hermana de Elena escribió rápidamente en un papel. Descubrimos que era de una compañía bien conocida en fe ciudad. El hijo de Elena era un hombre de negocios próspero. Pero nos veía con desconfianza.

—Así que, me visitan para hablar de mi madre —nos dijo—. Si alguno de ustedes es reportero no hablaré con ustedes — agregó ásperamente. Se me llenaron los ojos de lágrimas al oír su tono de voz. Cuando vio las lágrimas, se tranquilizó. Finalmente prometió que si encontrába-mos un departamento para ella, él pagaría el alquiler.
Nos enteramos de que, por un tiempo, Elena vivió con una de sus hijas, pero su yerno la echó de la casa. No la podíamos llevar allá. Por eso, nuestra única esperanza era su segunda hija.

Hallamos a Stetka, quien trabajaba en una escuela. Al escuchar el nombre de su madre, se dio la vuelta.
—No quiero saber nada de ella —dijo, y se alejó de mí. No podía creer que a los hijos de Elena no les importara su madre. Hice una oración rápida y corrí tras ella.
—¡Espera! —exclamé—. Sólo quiero hablar de tu madre. La mujer se detuvo y me contó su vida, una vida sin Dios, sin esperanza, sin amor.
—¿Al menos aceptaría ver a su madre? —le pregunté. Sentí alivio cuando Stetka accedió a verla.
Reconciliación
Stetka y yo fijamos una fecha para visi-tar el lugar donde Elena se quedaba. Al caminar por los pasillos del hospital psiquiátrico donde vivía Elena, nos encontramos con pacientes que balbuceaban tonterías al vernos. Me disculpé con Stetka por las condiciones del lugar y deseaba que no tuviera que ver cuan mal estaba. Peto después me di cuenta que Dios estaba usando la condición deplorable del edificio para ablandar el corazón de Stetka. Cuando llegamos a la habitación de Elena escuché sojlozos detrás de mí y al voltear, vi que Stetka lloraba.

—No puedo creer que mi madre esté en este lugar —dijo llorando—. No lo soporto. —Me hice a un lado para que madre e hija se encontraran. Percibí la pre-sencia del Espíritu Santo en la humilde habitación. Aunque se dijeron pocas palabras, el aire se llenó de corazones quebran-tados y de perdón pedido en silencio y otorgado, sin decir una sola palabra.

—¿Por qué lloras? —preguntó Elena. Ella estiró los brazos para abrazar a su hija. Años de recuerdos amargos se derritieron, permitiendo que el amor tomara su lugar.
—Mamá, debes venir a casa conmigo hoy —dijo Stetka.
—¿Y qué hay con tu esposo? —pre-guntó Elena.
—Eres mi madre, y no te dejaré en este lugar —respondió Stetka.

Ese día Elena durmió en casa de su hija. Permaneció con Stetka hasta que su hijo hiciera los arreglos necesarios para conseguirle un departamento donde vivir. Ahora, Elena es feliz y está bien atendida. Recuperó a su familia y ahora tiene muchos amigos más en la iglesia.



Tsventanka Geordzeva vive en Plovdiv, Bulgaria.

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
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