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Misionero 1
Division  Euroafricana
MISIÓN OCTUBRE-DICIEMBRE, 2003
Para el 4 de Octubre del 2003
 

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Lea el bosquejo de la Escuela Sab.

La misión de un gorrión

Ganka Nasalevska

Ganka tenía planes de dormir hasta tarde el sábado de mañana, hasta que la despertó un golpeteo en la ventana.
—No creo que vaya a la escuela sabática mañana —le comentó Ganka a su amiga—. Las lecciones me aburren y los textos bíblicos no siempre encajan con el tema. Además, estoy cansada de levantarme tan temprano.
—Oh —replicó la amiga de Ganka. No alegó con ella ni trató de hacerle cambiar de parecer. Pero Ganka quedó con la impresión de que su amiga se preocupaba por ella, o tal vez estaba orando por su bienestar espiritual.

Ganka vive en Sofía, la capital de Bulgaria. Desde su bautismo en la iglesia adventista varios años antes, Ganka había asistido fielmente a la escuela sabática, el culto divino y el culto de oración, los viernes por la noche. Llegó el día en que decidió que, para ella, la escuela sabática había perdido parte de su atractivo. Faltaba una semana por aquí y otra por allá. Finalmente, llegó el día en que dejó de asistir por completo, aunque seguía asistiendo al culto divino.

El viernes por la noche Ganka se preparó para dormir. Programó su despertador para levantarse a tiempo para el culto divino. Sintió un dejo de remordimiento de conciencia al acurrucarse bajo sus cobijas, pero estaba segura de que nadie la echaría de menos a la hora de la escuela sabática.

El despertador de Dios
Muy temprano a la mañana siguiente, mucho antes de activarse el despertador, Ganka escuchó un golpeteo en la ventana.  ¿Qué será? pensó para sí, con asombro. Mi departamento está en el séptimo piso. ¿Quién podría estar tocando a mi ventana!

Se levantó de la cama y cautelosamente miró por la cortina para ver quién estaba allí. Al principio, no vio nada. Luego notó a un pajarilla sentado en el pretil. Vaya, si no es más que un pequeño gorrión, pensó Ganka. Regresó a la cama y se acostó, jalando las cobijas hasta la bar-billa. Pero antes de conciliar nuevamente el sueño, el pajarillo comenzó a cantar. Cantó y cantó y cantó. Ganka escondió la cabeza bajo su almohada, pero no pudo apagar el canto ni el golpeteo del gorrión.

—¡Está bien! ¡Está bien! —dijo Ganka, frustrada—. ¡Mejor me levanto y me visto!
Ganka se volvió a levantar, molesta por no poder continuar durmiendo. Ya que estaba levantada y vestida, decidió que sería mejor ir a la iglesia.

Un mensaje de Dios
Durante el relato misionero, uno de los miembros compartió una experiencia que le sucedió en un campo de concentración, durante el gobierno comunista en Bulgaria.
—Nos golpeaban constantemente por rehusarnos a trabajar en sábado — contó—. A pesar de los golpes, tratábamos de celebrar algún tipo de culto. Un sábado por la mañana, me arrodillé detrás de un arbusto con un compañero adventista del campamento, para celebrar nuestra escuela sabática. Pero al inclinar la cabeza para orar, comenzamos ai llorar porque no podí-amos adorar a Dios con todos nuestros her-manos y hermanas en la iglesia. Sentimos que nos estábamos perdiendo uno de los más grandes privilegios de nuestra vida: adorar a Dios con nuestros hermanos. Nos perdíamos ese pequeño fragmento de cielo aquí en la tierra.
Ganka se conmovió por las palabras del hombre. No Vararon per haber sido gol-peados ni porque sentían frío, pensó. No lloraban por falta de alimentos ni porque los amenazaban con matarlos. ¡Lloraban porque añoraban la escuela sabática! Y yo, deseaba faltar sólo para dormir ítnos momentos más. ¡Decidí perderme las bendiciones! No he sabido apreciar todas las oportunidades de adorar a Dios, estudiar y orar. Dios, gracias por enviarme el gorrión que me despertó esta mañana. Yo sé que tú no querías que me perdiera esta historia. Gracias por traerme a tu casa para no perder algo tan especial.

Después de la escuela sabática, Ganka buscó un asiento para asistir al culto divino. Al llegar el momento del sermón, el mismo hermano se levantó a predicar.
—Ustedes, ciudadanos de Sofía, están demasiado consentidos —nos amonestó— . Viven en una ciudad grande con muchas opciones para preparar las clases de escuela sabática en forma tan interesante y escuchar buenos sermones. Cada vez que de la Asociación General o de la División visi-tan a Bulgaria, vienen a Sofía. Escuchan tantos sermones interesantes, predicados por personas de todo el mundo. ¿Saben que en el campo hay iglesias donde la gente rara vez escucha a un pastor? Escuchan un sermón grabado en cásete o leen alguna porción del Espíritu de Profecía, oran unos por otros y luego se van a casa.

El mensaje de un gorrión
Por eso, les voy a hablar de algo muy sencillo. Quiero hablarles de un pajarillo, un gorrión. Dios no permite que caiga un
gorrión sin enterarse. Y nosotros somos tanto más preciosos ante sus ojos que un gorrión. ¿A qué clase de Dios sirves!
Ganka escuchó el sermón como en un trance. Se preguntaba, ¿cómo supo que debía hablar de un gorrión en este día precisamente? Dios puede usar a los gorriones. ¡Cuánto más puede hacer conmigo?

—Nunca más seré tentada a faltar a la escuela sabática —le confió a su amiga—. Ahora comprendo que la escuela sabática es una porción de cielo en la tierra. Comprendo que los maestros de la escuela sabática son siervos de Dios, aun los menos elocuentes. No hay mejor lugar ni momento para conversar como creyentes como lo hacemos en la escuela sabática. Es un diálogo de unos con otros y con Dios.

Unas semanas después Ganka se encontró con una mujer que había sido compañera suya en la clase bautismal varios años antes, pero que nunca se bautizó. Asistía cada semana a la escuela sabática y al culto divino. Ganka decidió preguntarle por qué dudaba en dar el paso de fe y obediencia a Dios.

—Tengo mis razones —replicó la mujer—. Uno de los problemas es la escuela sabática. Siento que las lecciones son aburridas y no siempre me llegan al corazón.
—Es lo mismo que decía yo hace unas semanas —le contó Ganka—. Pero Dios envió a un gorrión para asegurarse de que no perdiera las bendiciones de la escuela sabática.

Ganka le contó a la señora la historia del gorrión, la experiencia del señor en el campo de concentración y de su sermón. La mujer fue conmovida por la historia de Ganka y no pasó mucho tiempo hasta que diera el paso en favor de Cristo solicitando el bautismo.



Ganka Nasalevska es anciano de iglesia y economista jubilada. Vive en Sofía, Bulgaria.

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
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