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Sábado
24 de septiembre 2005
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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Hechos 19; 20:17-38.
LA IGLESIA DE ÉFESO
fue afortunada al haber recibido el ministerio de Pablo. ¡Imagínate,
tener a Pablo como tu pastor! ¡Qué bendición!
También necesitaba tener
un pastor como Pablo. La iglesia misma tenía muchos enemigos, algunos
tan despiadados como las fieras (1 Cor. 15:32), y esto explica aún
más la preocupación de Pablo por la congregación de
Éfeso. No es de extrañar que su ministerio allí fuera
largo y dificultoso; pero, cuando se fue de allí, lo hizo con la
satisfacción que sería la envidia de cualquier pastor: “No
he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hech. 20:27).
Entre otras personas asociadas
con esta iglesia, estuvieron Aquila y Priscila, Apolos, Timoteo y el apóstol
Juan. Cada uno de ellos tuvo parte en la edificación de esta iglesia,
una de las mejores del siglo I de nuestra era. ¿Qué podemos
aprender al sumergirnos en el estudio de este momento fascinante e instructivo
de la historia temprana del cristianismo?
Un Vistazo a la Semana: ¿Qué
tipo de cultura tuvo que afrontar Pablo en Éfeso? ¿Qué
motivó gran parte de la oposición contra él? ¿Quiénes
fueron Aquila y Priscila? ¿Cuál era el secreto del poder
de Apolos en la predicación? ¿Cuál fue la esencia
conceptual del sermón de despedida de Pablo a los efesios?. |
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Domingo
25 de septiembre 2005
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Éfeso: Jesús versus
Diana (Hech. 19:24-29).
Ubicada en el borde occidental
del Asia Menor, con facilidad de acceso al Mar Egeo, Éfeso estaba
en el apogeo de su gloria durante los siglos I y II d.C. Siendo la cuarta
ciudad en tamaño del Imperio Romano y la capital del Asia Menor,
Éfeso se jactaba de una rica herencia de riqueza, filosofía
y de la ley romana.
Tal vez, el punto de mayor atracción
en la ciudad era el templo de Diana, la diosa de la fertilidad, a quien
adoraba “toda Asia, y el mundo entero” (Hech. 19:27). Conocida como Artemisa
por los griegos y como Diana por los romanos, la diosa tenía muchos
seguidores, que practicaban el esoterismo, la magia y la astrología;
la adoración de esta estatua también traía a la ciudad
a una cantidad de adoradores y turistas. El templo, construido con mármol
y recubierto de oro, medía unos ciento treinta metros de largo y
setenta de ancho, y en su santuario interior se ubicaba la estatua de Diana.
En el tiempo de Pablo, este templo era considerado una de las siete maravillas
del mundo, y tanto el comercio, la industria como la economía de
la ciudad dependían de las multitudes que venían a adorar
a Diana.
En esta ciudad, obnubilada por
la adoración de la diosa de la fertilidad, entró Pablo proclamando
que “no son dioses los que se hacen con las manos” (Hech. 19:26). En otras
palabras, su mensaje golpeaba directamente al corazón de todo lo
que la gente amaba.
Lee Hechos 19:24 al 29. ¿Cuál
fue el verdadero problema que provocó la reacción del pueblo
contra la verdad?
El conflicto entre Cristo y
Diana es tan antiguo como el conflicto entre Cristo y Satanás. La
guerra no siempre es acerca de lo que es recto y lo que es malo, o entre
quién ofrece la buena vida y quién no. El conflicto es provocado
por un llamado a lo inmediato contra lo que es eterno, a lo emocional en
vez de lo que es espiritual, a los placeres de la vida presente a diferencia
de la salvación del pecado.
En Éfeso, estos dos aspectos
tuvieron una aguda confrontación. Pablo estaba de un lado, Demetrio
del otro, y ambos estaban hablando en nombre de la religión. Esto
plantea un aspecto que podemos olvidar sólo con gran peligro de
nuestra alma: confrontamos un Éfeso en cada esquina; y eso incluye
nuestros propios corazones.
Lee otra vez el argumento presentado
contra Pablo y su fe. Nota cómo sus adversarios justificaban su
oposición de modo que parecería que su preocupación
no era sólo acerca de su subsistencia, sino también acerca
de algo mayor que ellos mismos. ¿De qué modo nosotros hacemos
lo mismo, presentando excusas por nuestra conducta, con el pretexto de
alguna causa que nos trascienda y supere cuando, finalmente, nuestra preocupación
real e inmediata es sólo beneficiarnos a nosotros mismos? |
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Lunes
26 de septiembre 2005
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Éfeso: Aquila Y Priscila.
La primera visita de Pablo a
Éfeso fue breve, al final de su segundo viaje misionero, camino
desde Corinto hacia Antioquía y Jerusalén. Estando en Corinto,
se encontró con Aquila y Priscila. Los tres tenían mucho
en común: eran judíos que habían aceptado a Jesús
como el Mesías. Habían viajado bastante: Pablo en misión,
el matrimonio, en viaje de negocios. Eran refugiados: la pareja había
sido expulsada de Roma, y Pablo, de muchas ciudades. Y los tres eran fabricantes
de tiendas.
Unidos por la necesidad, movilizados
por su amor a Jesús y con la carga de compartir el evangelio, el
trío constituía un equipo ministerial efectivo. Después
de testificar en Corinto, los tres fueron a Éfeso (Hech. 18:19).
Allí, Pablo predicó su primer sermón (como era su
costumbre) a los judíos en la sinagoga local. Sus oyentes quedaron
tan impresionados, que solicitaron que se quedara con ellos más
tiempo; pero él declinó la invitación, prometiendo:
“Volveré a vosotros, si Dios quiere” (vers. 21). El apóstol
debe de haber sentido el potencial que Éfeso ofrecía para
llegar a ser un gran centro cristiano, de modo que dejó a Aquila
y a Priscila allí. Los dos fieles laicos fueron los instrumentos
para establecer a los primeros creyentes en Éfeso. Más tarde,
cuando Pablo escribió su primera carta a los Corintios (alrededor
del año 57 d.C.) desde Éfeso, envió saludos de parte
de Aquila y Priscila a los corintios y a la iglesia que se reunía
en casa de ellos (1 Cor. 16:19). La pareja de laicos y la iglesia de Éfeso
nos dejaron un modelo importante del ministerio laico, particularmente
el del ministerio en equipo.
Lee los siguientes pasajes que
se refieren a Aquila y Priscila: Hechos 18:2, 3, 18, 19; Romanos 16:3,
4; 1 Corintios 16:19. De estos textos, ¿qué puedes aprender
acerca de las características esenciales para la vida y el ministerio
cristianos?
Aquila y Priscila constituyeron
una bendición no sólo para la iglesia de Éfeso, sino
también para el movimiento misionero temprano, porque ellos trajeron
a Apolos al conocimiento pleno de la verdad (Hech. 18:26). En consecuencia,
la iglesia primitiva obtuvo un predicador elocuente, educado, culto y valiente,
con Apolos.
Vuelve a leer Romanos 16:3 y
4. ¿Por cuántas personas estarías dispuesto a arriesgar
tu vida? ¿Cuáles serían las causas que podrían
poner en peligro tu vida? Medita en tus respuestas. ¿Qué
conclusiones puedes obtener acerca de ti mismo? |
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Martes
27 de septiembre 2005
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Apolos en Éfeso (Hech. 18:24-28).
En este informe, tenemos a un
judío cuyo nombre era el de un dios griego. ¿Qué
mensaje sutil, pero importante para nosotros, existe en este hecho? (Ver
también Dan. 1:7.)
Aun antes de que Pablo comenzara
su ministerio pleno en Éfeso, la iglesia allí estuvo expuesta
a la influencia de Apolos, un orador brillante procedente de Alejandría,
la segunda ciudad en importancia en el Imperio Romano. Él era un
judío natural de ese gran centro de cultura griega, muy educado,
con gran conocimiento de filosofía y de retórica, y conocía
muy bien las Escrituras (Hech. 18:24). Pero ¿qué es la cultura
sin convicciones? ¿Y qué es la convicción sin
una pasión por persuadir a otros respecto de lo que uno está
convencido?
Lee el informe de Apolos en
Hechos 18:24 al 28. ¿Qué características se expresan
allí que revelan por qué razones era tan poderoso como evangelista?
A pesar de todo lo que él
tenía a su favor, Aquila y Priscila detectaron una deficiencia en
el mensaje de Apolos. Evidentemente, sólo “conocía el bautismo
de Juan” (Hech. 18:25), no el de Jesús. El Bautista mismo conocía
muy bien la diferencia: uno era de agua, el otro era en “Espíritu
Santo y fuego” (Mat. 3:11). No es suficiente pasar por el rito del bautismo;
un rito no tiene poder salvador. Es sólo un símbolo de algo
más profundo y más grande. Juan habló de arrepentirse
del pecado; no obstante, esto era sólo el primer paso. El evangelio
completo nos llama a arrepentirnos y creer en Jesús –su muerte y
su resurrección–, y ser transformados por el bautismo del Espíritu
Santo. Apolos desconocía esto, y Aquila y Priscila lo “tomaron aparte
y le expusieron más exactamente el camino de Dios” (Hech. 18:26).
La iglesia de Éfeso,
temprano en sus comienzos, no sólo tuvo el beneficio de un gran
erudito que exponía las Escrituras, sino también fue el lugar
donde este erudito se convirtió en un verdadero discípulo
de Cristo.
Aparentemente, entre sus otros
atributos, Apolos era capaz de recibir instrucción y corrección.
¿Por qué es tan importante para cualquier cristiano estar
abierto a la corrección? ¿Cuándo fue la última
vez que alguien intentó corregirte acerca de algún tema?
¿De qué modo reaccionaste? ¿Cómo puedes aprender
a aceptar con mejor actitud la corrección necesaria? |
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Miércoles
28 de septiembre 2005
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Pablo en Éfeso (Hech.
19:1-20).
Durante su tercer viaje misionero,
Pablo cumplió su promesa, que había hecho a los efesios (Hech.
18:21), y regresó a la gran ciudad, donde pasó unos tres
años predicando y estableciendo una iglesia sólida. “Todos
los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del
Señor Jesús” (19:10). Nota la frase, judíos y griegos.
La iglesia de Éfeso era una congregación mixta, lo que proporcionaba
el marco de fondo para el gozo y la celebración de la unidad y las
relaciones de las que la Epístola a los Efesios habla en profusión.
El ministerio de Pablo en la
ciudad comenzó con una nota positiva: trayendo la plenitud de la
verdad a algunos de los creyentes que ya estaban allí. Como en el
caso de Apolos, estos creyentes habían recibido el bautismo de Juan,
pero no el de Jesús, y “ni siquiera” habían “oído
si hay Espíritu Santo” (vers. 1-3). Pablo, como gran maestro que
era, rápidamente les brindó mayor luz, que ellos aceptaron
prontamente.
Sin embargo, allí el
ministerio de Pablo afrontó oposición. De ese modo, aun un
gran evangelista como él no pudo alcanzar a todos los corazones.
¿De qué modo reaccionó el gran apóstol a esa
oposición? ¿Por qué crees que actuó de esa
manera?
A pesar de la obstinación
de algunos (vers. 9), tanto griegos como judíos oyeron el mensaje
del Señor a lo largo de toda la provincia de Asia. Pablo enseñó
y predicó diariamente por más de dos años, y Dios
realizó “milagros extraordinarios” por medio de él (vers.
11).
Los resultados de la predicación
y el ministerio sanador de Pablo fueron sorprendentes. Muchos creyeron,
confesaron sus pecados, y se volvieron de sus antiguos caminos de magia
y hechicería. El mundo de lo oculto fue destrozado, y la ciudad
presenció una enorme fogata de libros de magia que valían
varios millones de dólares (vers. 18, 19). Pero, lo más importante
fue que “la palabra del Señor crecía y se difundía
con poder arrollador” (vers. 20, NVI). Mientras “era magnificado el nombre
del Señor Jesús” (vers. 17), la ciudad se atemorizó
de que comenzara “a ser destruida la ajestad” de “la gran diosa Diana”
(vers. 27).
Lee los versículos 18
y 19 del capítulo 19. Pondera lo que su nueva fe les costó
a estas personas. ¿Qué renuncias o pérdidas te ha
costado tu fe? Examina el interior de tu corazón. ¿Qué
necesitas quemar en la “hoguera”? |
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Jueves
29 de septiembre 2005
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La Profundidad del Ministerio
de Pablo (Hech. 20:17-38).
Después de trabajar tres
años en Éfeso, el apóstol salió en una misión
a Macedonia, Grecia y Troas, y luego hizo planes para su viaje de regreso
a Jerusalén. El itinerario del barco incluía una detención
en Mileto, a unos cincuenta kilómetros de Éfeso. Pablo llamó
a los ancianos de la iglesia de Éfeso a Mileto, para tener un momento
de compañerismo de despedida. De todas las iglesias que Pablo estableció
y visitó, Éfeso era muy especial para él. La profundidad
de su amor y compromiso hacia esa iglesia se advierten en su discurso de
despedida en Hechos 20:18 al 35.
Nota lo siguiente acerca del
ministerio de Pablo, y luego indica la razón por la que eso era
importante para su ministerio:
1.Su vida fue tan transparente
como su ministerio (vers. 18).
2.Ministró con sinceridad
de corazón (vers. 19).
3.Habló de la verdad
tanto en público como en privado (vers. 20).
4.Tenía el mismo mensaje
tanto para judíos como para griegos: la fe en Jesús (vers.
21).
5.En su vida, el servicio era
prioritario antes que el yo (vers. 24-26).
6.Declaró todo el consejo
de Dios (vers. 27).
7.Delegó responsabilidades
para el pastoreo del rebaño y advirtió respecto de los peligros
en el ministerio (vers. 28-31).
8.Sostenía que la iglesia
fue comprada con la misma sangre de Cristo (vers. 28).
9.Creía que debía
sostenerse a sí mismo (vers. 33-35).
Pablo dejó a la iglesia
de Éfeso bajo la mayordomía de ancianos competentes (vers.
17). El apóstol también designó a Timoteo para ministrar
allí, con la comisión especial de asegurarse de que los efesios
“no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas
y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien
que edificación de Dios que es por fe” (1 Tim. 1:3, 4).
La iglesia de Éfeso también
fue honrada con el ministerio y el consejo del amado discípulo Juan
(ver Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 164, 165).
Ireneo, uno de los padres de la iglesia temprana (c. 130 a 200 d.C.) escribió
acerca de la residencia de Juan en Éfeso, en donde habría
escrito su Evangelio (Against Heresies, 2.22.5; 3.1.1). La presencia
misma del anciano discípulo debe de haber sido una fuente de gran
fortaleza y gozo para la iglesia de Éfeso.
Lee con oración el discurso
de despedida de Pablo a los efesios, en Hechos 20:18 al 35. ¿Qué
aspecto te conmueve más? Escribe un párrafo acerca de ese
aspecto: cuál es, por qué te conmueve, qué aprendiste
de ello y cómo, si puedes aplicarlo, esto podría mejorar
tu vida y fortalecer tu caminar con Dios. |
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Viernes
30 de septiembre 2005
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Para Estudiar y Meditar:
Lee Apocalipsis 2:1 al 7. Observa
las felicitaciones y las advertencias de Dios a la iglesia de Éfeso.
¿Cuán relevantes son para ti y para tu iglesia local?
Lee Los hechos de los apóstoles,
páginas 231 a 245. Nota los grandes desafíos que Éfeso
planteaba al evangelismo naciente.
“Por medio de la enseñanza
de ellos [de Aquila y Priscila], él obtuvo un entendimiento más
claro de las Escrituras, y llegó a ser uno de los defensores más
capaces de la iglesia cristiana. De ese modo, un acabado erudito y brillante
orador aprendió más perfectamente el camino del Señor
por las enseñanzas de una mujer y un hombre cristianos, cuyo humilde
oficio era hacer tiendas”.–“Comentarios
de Elena G. de White” (6 CBA 1.063).
“Los magos de los tiempos paganos
equivalen a los médium espiritistas, clarividentes y adivinos de
hoy. [...] Si se descorriera el velo ante nuestros ojos, podríamos
ver a los ángeles malignos empleando todas sus artes para engañar
y destruir” (HAp 238).
Preguntas Para Dialogar:
1.Cada época e individuo
enfrenta la misma lucha: ¿Diana o Cristo? ¿Qué clases
de Dianas prevalecen en tu sociedad? ¿Cómo pueden, como iglesia,
ayudar a otros a ver claramente el enfrentamiento entre los dos temas?
Además, ¿qué pueden hacer ustedes, como clase, para
ayudar a otros, dentro de la iglesia, a no ser lentamente arrastrados a
la adoración de Diana, en cualquier forma que ello se presente?
2.Pide a alguno de tu clase
que lea en voz alta el discurso de despedida a los efesios en Hechos 20:18
al 35, y luego, como clase, analicen lo que piensan acerca de sus palabras.
3.Lee otra vez el incidente
de los nuevos conversos que quemaron todos sus libros (ver la sección
del miércoles). ¿No fue esta determinación un tanto
extremista? ¿Qué mensaje podemos recibir de estos actos?
Pide a las personas de tu clase que compartan sus propias experiencias
de tener que “quemar algo” para el Señor: ¿A qué tuvieron
que dar un corte radical? ¿Por qué creyeron que tenían
que hacerlo? ¿Están satisfechos o arrepentidos por lo que
hicieron? |