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Lección 5
Jesucristo, Nuestro Señor
Para el 23 de Julio del 2005

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Señor de nuestro hablar
PARA MEMORIZAR
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col. 4:6).
Sábado 23 de julio 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Salmo 9; Hechos 1:8; Colosenses 4:6; Efesios 4:15, 29; 1 Corintios 2:1-5; Santiago 3:5-13; 4:11.

Pensamiento Clave: Somos llamados a usar nuestro hablar para la gloria de Dios y la bendición de otros.

EL DON DEL HABLA puede ser una gran bendición o una terrible maldición. Cuando entramos en una vida nueva, bajo el señorío de Cristo, Jesús nos invita a permitir que él sea el Señor de nuestro hablar. Usadas sabiamente, nuestras palabras puede dar gloria a Dios y bendiciones a quienes nos rodean. Mal usado, nuestro hablar puede producir desastres. Las malas comunicaciones causan dolor al corazón de Dios y dañan las vidas de quienes están dentro de nuestro círculo de influencia.

Elena de White nos recuerda que “la facultad del habla es un don precioso, y si la más noble de nuestras facultades, la razón, está fijada en conocer a Dios, entonces el don del habla puede llegar a ser un medio de gracia para otros, un conducto mediante el cual se puede comunicar el conocimiento de Dios” (19 MR 277).

En el estudio de esta semana, exploraremos algunas formas prácticas por medio de las cuales podemos usar nuestra conversación para la gloria de Dios y la bendición de otros. La misma invitación que el apóstol Pablo dio al joven Timoteo se nos extiende a cada uno de nosotros hoy: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra” (1 Tim. 4:12).


Domingo 24 de julio 2005
Pronunciar Palabras de Alabanza a Dios.
Los miembros de la familia humana tienen el honor más elevado de expresar palabras de alabanza al Señor. Los Salmos están llenos de exhortaciones a alabar al Señor. En el Salmo 9, el salmista David afirma: “Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo” (Sal. 9:1, 2).

Lee los últimos cinco Salmos. ¿Cómo es el Señor, que llevó al salmista a expresar tanta alabanza?
 
En todas las Escrituras, encontramos los testimonios de personas que usaron su don del habla para expresar alabanzas a Dios. Por ejemplo, cuando se reveló a Daniel el secreto del sueño de Nabucodonosor, el joven profeta fue rápido en ofrecer alabanzas al Señor (ver Dan. 2:20-23). Esto se ve muchas veces en la Biblia.

¿Qué ventajas espirituales obtenemos al tomar tiempo para alabar a Dios, sea verbalmente o por escrito?
 
Las palabras tienen un poder que impacta no sólo a quienes las oyen o las leen, sino también a quienes las dicen verbalmente o escriben. Por medio de nuestros propios actos de alabanza a Dios por su bondad, su misericordia, sus actos divinos en nuestro favor, fortalecemos nuestra fe y aprecio por la bondad, la misericordia y los actos divinos en nuestro favor. Pensar acerca de estas cosas también es importante, pues hay algo en la expresión de esos pensamientos, ya sea por palabras escritas o habladas, que aumenta su impacto sobre nosotros. No es extraño, entonces, que las Escrituras contengan secciones íntegras de alabanzas a Dios.

Escribe tu propio salmo de alabanza al Señor, en agradecimiento por algo que te haya impresionado para alabarlo, y luego léelo en voz alta. Observa por ti mismo cómo estas expresiones pueden impactar para el bien.


Lunes 25 de julio 2005
Hablar con Gracia (Col. 4:6).
Estudia el consejo del apóstol Pablo a los creyentes de Colosas, como está registrado en Colosenses 4:6. ¿Qué significa “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal”? Recordando que la sal, en ese entonces, se usaba como conservador, ¿qué crees que “sazonada con sal” signifique en este contexto?

En ninguna parte de las Escrituras encontramos la sugerencia de que la gracia pueda originarse en el corazón mismo de los seres humanos; la gracia siempre se origina en el corazón de Dios. La gracia no puede elevarse al cielo; debe descender del cielo por medio de las oraciones. Podemos hablar con gracia solamente si nuestras vidas están colmadas de gracia. ¿Cómo ocurre esto? Mediante una vida diaria de conexión con la Fuente de toda gracia, y por medio de la comprensión de cómo la gracia ha sido derramada sobre nosotros. Cuando mantenemos ante nosotros la gran verdad de que hemos sido receptores de la gracia y que la hemos recibido de Dios por medio de Cristo, lo que de ningún modo merecemos, entonces podremos comenzar a hablar con gracia a los demás.

Lee la historia registrada en Juan 8:1 al 11 acerca de la mujer adúltera que fue arrojada a los pies de Jesús. ¿De qué modo el trato de Jesús con la mujer y con sus acusadores ilustra una forma en la que podemos hablar con gracia?

A menudo enfrentamos situaciones en las que la tendencia natural sería hablar palabras ásperas, que no reflejan gracia sino ira, condenación o venganza. Con frecuencia, podemos encontrarnos en situaciones en las que se necesita una palabra firme, pero aun entonces la manera en que la decimos y el tono con que la expresamos pueden reflejar gracia o nuestra propia naturaleza egoísta. Aunque hayamos sido maltratados, el Señor desea que respondamos con palabras de gracia en vez de palabras de reprensión o de represalia. Toda la Pasión de Cristo no brinda un ejemplo perfecto de palabras dichas con gracia, aun a los que nos maltratan.

Piensa en la última vez que tus palabras fueron dichas sin gracia. Aunque todo lo que puedas hacer sea pedir perdón por ese acto pasado, ¿qué puedes hacer para evitar cometer el mismo error la próxima vez?


Martes 26 de julio 2005
Hablar la Verdad con Amor (Efe 4:15).
Como sugerimos ayer, hay ocasiones en las que necesitaremos decir palabras de reprensión, de consejo o de amonestación a otros.

Lee los siguientes textos: Mateo 16:23; 23:13-39; Juan 14:8, 9; 18:19-23. ¿Qué clase de tono crees que Jesús empleó cuando pronunció estas palabras? ¿De qué modo ese tono reflejaría los principios del amor y la gracia que él mismo personificaba?

“Cristo mismo no suprimió una palabra de la verdad, sino que la dijo siempre con amor. Ejerció el mayor tacto, y atención reflexiva y bondadosa en su trato con la gente. Nunca fue rudo ni dijo innecesariamente una palabra severa; nunca causó una pena innecesaria a un alma sensible. No censuró la debilidad humana. Denunció intrépidamente la hipocresía, la incredulidad y la iniquidad, pero había lágrimas en su voz al pronunciar sus severas reprensiones. Lloró sobre Jerusalén, la ciudad que él amaba, que se negaba a recibirlo a él, el Camino, la Verdad y la Vida. Sus habitantes lo rechazaron a él, el Salvador, pero los consideró con compasiva ternura y con una tristeza tan profunda que quebrantaba su corazón. Cada alma era preciosa a su vista. Aunque siempre se conducía con divina dignidad, se inclinaba con la consideración más tierna hacia cada miembro de la familia de Dios. En todos los hombres veía almas caídas a las que era su misión salvar” (DTG 319).

Lee Efesios 4:15. ¿De qué modo entiendes lo que significa seguir la “verdad” en amor? ¿Será la “verdad” todavía la “verdad” si se la expresa de otra manera que no sea con amor?

Desgraciadamente, hay ocasiones en las que dejamos de comunicar la verdad con amor. Parece que caemos muy fácilmente en una de dos trampas: algunos son rápidos para hablar la verdad, pero no la hablan con amor; otros reemplazan el amor con un sentimentalismo que estorba su capacidad para declarar la verdad.

Muy a menudo no es lo que decimos sino cómo lo decimos, lo que puede predecir una gran diferencia. Ponte delante del espejo, o delante de otros, y practica decir las mismas palabras, una vez con un tono amable, y otra en un tono áspero y no bondadoso. Quedarás sorprendido porque, aunque las palabras son las mismas, su significado parece completamente diferente. Hay una gran lección aquí para nosotros, si queremos aprenderla.


Miércoles 27 de julio 2005
Hablar con el Poder del Espíritu (Hech. 1:8; 1 Cor. 2:1-5).

Cuando alguien se refiere a hablar con el poder del Espíritu Santo, generalmente pensamos en la predicación. El testimonio de las Escrituras es claro: es la intención de Dios que toda predicación sea entregada con el poder del Espíritu.

Estudia la promesa de Jesús en Hechos 1:8 y el testimonio del apóstol Pablo en 1 Corintios 2:1 al 5. ¿Cuál es el secreto de una predicación poderosa?

Una predicación poderosa no es el producto de la sabiduría humana o de la elocuencia; más bien, es el testimonio de uno que ha entrado en una relación personal íntima con el Señor Jesucristo. El mismo Espíritu Santo que puso su sello de aprobación sobre la predicación de Pablo también capacitará a los humildes siervos de Cristo de nuestra generación para hablar con una demostración del poder divino.

Hablar con el poder del Espíritu Santo, sin embargo, no se limita a la predicación. Dios quiere que todo nuestro hablar sea realizado con una demostración del poder divino. De hecho, cada uno de nosotros que vive en novedad de vida bajo el señorío de Cristo tiene el privilegio y la responsabilidad de hablar con el poder del Espíritu Santo. No obstante, el poder divino no necesariamente significa sólo elocuencia (ver Éxo. 4:10; 1 Cor. 2:1). Si estamos hablando en el Espíritu, nuestras palabras, nuestro tono, nuestro mensaje reflejarán los atributos del Espíritu que se manifiestan en las vidas tocadas por el Espíritu, Nuestras palabras reflejarán la clase de persona que somos; reflejarán si estamos caminando según la carne o según el Espíritu.

Además, nunca debemos confundir una elocución grandiosa con el hablar en el Espíritu. Muchos de los peores tiranos de la historia fueron hombres cuyos discursos eran muy poderosos y muy efectivos; pero difícilmente podríamos decir que estaban hablando en el Espíritu.

¿Qué principios nos brindan los siguientes textos que nos ayudarán a saber si nosotros, o alguna otra persona, está hablando bajo la influencia del Espíritu Santo? 1 Cor. 12:1, 2; Gál. 5:22; Efe. 5:9, 10; 6:17–19. ¿De qué modo puedes aplicar estos principios a tu propia vida y palabras?


Jueves 28 de julio 2005
Evitar las Malas Comunicaciones (Efe. 4:29).
El apóstol Pablo amonestó a los creyentes de Éfeso a evitar las malas comunicaciones. Desdichadamente, muchos de nosotros vivimos en un ambiente social donde la mala comunicación es considerada “normal”. Las personas, con frecuencia, toman el nombre de Dios en vano, usan lenguaje profano y hacen comentarios rudos o sugestivos. Aun como cristianos, si nos exponemos continuamente a esta clase de lenguaje, más temprano o más tarde influirá sobre nosotros, hasta el punto en que lleguemos a usar esas palabras. Debemos estar constantemente en guardia.

A la luz del comentario que hace Pablo en Efesios 4:29, ¿cómo definirías una “comunicación corrompida”? ¿Por qué no se limita sólo a lo que se conoce como profanidad? Considera también Éxo. 20:16; Prov. 10:18; Efe. 4:31; Sant. 3:5-13; 4:11.

La mala comunicación destruye. La palabra griega que se usa en 1 Timoteo 3:11 y se traduce como “calumniadoras” es diábolos, uno de los nombres usados para el enemigo, Satanás. Cuando las personas usan comunicaciones corrompidas, están realmente haciendo la obra de Satanás. ¡Qué testimonio respecto del poder de nuestras propias palabras!

En contraste, el apóstol Pablo suplica a los creyentes que usen palabras “buena[s] para la necesaria edificación” (Efe. 4:29). La palabra usada aquí, literalmente, significa “construir”. Una traducción lo dice así: “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan” (Efe. 4:29, NVI).

Nuestras palabras, entonces, tienen una influencia poderosa, ya sea para el bien o para el mal, para edificar a otros en la fe o para derribarlos. ¿Quién no ha experimentado personalmente el poder de las palabras, para bien o para mal, para edificación o para crear dudas? Cuán vital es que vigilemos no sólo nuestras palabras, sino también el tono y la forma en la que las expresamos; de hecho, aun las palabras correctas, con el espíritu equivocado, pueden ser consideradas “comunicaciones corrompidas” o malignas.

¿Cuánta “comunicación corrompida” brota de tus propios labios? No estamos hablando sólo de palabras blasfemas; estamos hablando de medias verdades, de calumnias, de exageraciones, de condenas y otras formas. Examínate muy bien: ¿Qué cosas necesitas cambiar con respecto a tu lenguaje?


Viernes 29 de julio 2005
Para Estudiar y Meditar:
El don del silencio. El sabio Salomón nos recuerda que hay tiempo para hablar y “tiempo de callar” (Ecl. 3:7). Cuando Jesucristo es el Señor de nuestro hablar, no sólo hablarás para la gloria de Dios y la bendición de otros; también discernirás cuándo es tiempo de quedar callados.

Nota: A la luz del estudio de esta semana, considera hasta qué punto estás permitiendo que Jesucristo sea el Señor de tu comunicación. Toma tiempo para leer las Escrituras con la intención de estar más atento a las palabras de Dios que a las tuyas. Usa un diario para registrar tus pensamientos. Cuando concluyas tu momento de silencio, puedes encontrar que estás más alerta al don del habla.

“Ojalá nos comprometiéramos en nuestros corazones a no pronunciar una sola palabra contra un hermano o una hermana. [...] No murmuréis respecto de ellos ni señaléis sus defectos, sino acercaos a ellos en el amor de Jesús y en el amor de la verdad, y procurad ayudarlos” (LC 291).

Preguntas Para Dialogar:
A Jesús se lo describe como una persona que pronunciaba “palabras de gracia” (Luc. 4:22). Esto podría ser una referencia al contenido de su lenguaje y también a la forma en que hablaba. ¿Qué narraciones, en los evangelios, ilustran las palabras de gracia de Jesús? ¿Qué podemos aprender de esos ejemplos?

Tendemos a pensar que el habla es sólo algo individual. Pero, ¿qué diremos de nosotros como iglesia? ¿De qué modo nosotros, como iglesia, usamos el poder del habla? ¿Por qué, de muchas maneras, nuestra responsabilidad como iglesia es más importante, con respecto a nuestras palabras, que como individuos?

¿Qué consejo darías a una persona que trabaja en un ambiente donde las comunicaciones malas son consideradas “normales”? ¿Cuándo una persona debería permanecer como sal y luz en su ambiente? ¿Cuándo es sabio retirarse?

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
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