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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Salmo 9; Hechos 1:8; Colosenses 4:6; Efesios 4:15, 29; 1 Corintios
2:1-5; Santiago 3:5-13; 4:11.
Pensamiento Clave: Somos
llamados a usar nuestro hablar para la gloria de Dios y la bendición
de otros.
EL DON DEL HABLA puede
ser una gran bendición o una terrible maldición. Cuando entramos
en una vida nueva, bajo el señorío de Cristo, Jesús
nos invita a permitir que él sea el Señor de nuestro hablar.
Usadas sabiamente, nuestras palabras puede dar gloria a Dios y bendiciones
a quienes nos rodean. Mal usado, nuestro hablar puede producir desastres.
Las malas comunicaciones causan dolor al corazón de Dios y dañan
las vidas de quienes están dentro de nuestro círculo de influencia.
Elena de White nos recuerda
que “la facultad del habla es un don precioso, y si la más noble
de nuestras facultades, la razón, está fijada en conocer
a Dios, entonces el don del habla puede llegar a ser un medio de gracia
para otros, un conducto mediante el cual se puede comunicar el conocimiento
de Dios” (19 MR 277).
En el estudio de esta semana,
exploraremos algunas formas prácticas por medio de las cuales podemos
usar nuestra conversación para la gloria de Dios y la bendición
de otros. La misma invitación que el apóstol Pablo dio al
joven Timoteo se nos extiende a cada uno de nosotros hoy: “Sé ejemplo
de los creyentes en palabra” (1 Tim. 4:12). |
Pronunciar Palabras de Alabanza
a Dios.
Los miembros de la familia
humana tienen el honor más elevado de expresar palabras de alabanza
al Señor. Los Salmos están llenos de exhortaciones a alabar
al Señor. En el Salmo 9, el salmista David afirma: “Te alabaré,
oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus
maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré
a tu nombre, oh Altísimo” (Sal. 9:1, 2).
Lee los últimos cinco
Salmos. ¿Cómo es el Señor, que llevó al salmista
a expresar tanta alabanza?
En todas las Escrituras, encontramos
los testimonios de personas que usaron su don del habla para expresar alabanzas
a Dios. Por ejemplo, cuando se reveló a Daniel el secreto del sueño
de Nabucodonosor, el joven profeta fue rápido en ofrecer alabanzas
al Señor (ver Dan. 2:20-23). Esto se ve muchas veces en la Biblia.
¿Qué ventajas
espirituales obtenemos al tomar tiempo para alabar a Dios, sea verbalmente
o por escrito?
Las palabras tienen un poder
que impacta no sólo a quienes las oyen o las leen, sino también
a quienes las dicen verbalmente o escriben. Por medio de nuestros propios
actos de alabanza a Dios por su bondad, su misericordia, sus actos divinos
en nuestro favor, fortalecemos nuestra fe y aprecio por la bondad, la misericordia
y los actos divinos en nuestro favor. Pensar acerca de estas cosas también
es importante, pues hay algo en la expresión de esos pensamientos,
ya sea por palabras escritas o habladas, que aumenta su impacto sobre nosotros.
No es extraño, entonces, que las Escrituras contengan secciones
íntegras de alabanzas a Dios.
Escribe tu propio salmo de alabanza
al Señor, en agradecimiento por algo que te haya impresionado para
alabarlo, y luego léelo en voz alta. Observa por ti mismo cómo
estas expresiones pueden impactar para el bien. |
Hablar con Gracia (Col.
4:6).
Estudia el consejo del apóstol
Pablo a los creyentes de Colosas, como está registrado en Colosenses
4:6. ¿Qué significa “Sea vuestra palabra siempre con gracia,
sazonada con sal”? Recordando que la sal, en ese entonces, se usaba como
conservador, ¿qué crees que “sazonada con sal” signifique
en este contexto?
En ninguna parte de las Escrituras
encontramos la sugerencia de que la gracia pueda originarse en el corazón
mismo de los seres humanos; la gracia siempre se origina en el corazón
de Dios. La gracia no puede elevarse al cielo; debe descender del cielo
por medio de las oraciones. Podemos hablar con gracia solamente si nuestras
vidas están colmadas de gracia. ¿Cómo ocurre esto?
Mediante una vida diaria de conexión con la Fuente de toda gracia,
y por medio de la comprensión de cómo la gracia ha sido derramada
sobre nosotros. Cuando mantenemos ante nosotros la gran verdad de que hemos
sido receptores de la gracia y que la hemos recibido de Dios por medio
de Cristo, lo que de ningún modo merecemos, entonces podremos comenzar
a hablar con gracia a los demás.
Lee la historia registrada en
Juan 8:1 al 11 acerca de la mujer adúltera que fue arrojada a los
pies de Jesús. ¿De qué modo el trato de Jesús
con la mujer y con sus acusadores ilustra una forma en la que podemos hablar
con gracia?
A menudo enfrentamos situaciones
en las que la tendencia natural sería hablar palabras ásperas,
que no reflejan gracia sino ira, condenación o venganza. Con frecuencia,
podemos encontrarnos en situaciones en las que se necesita una palabra
firme, pero aun entonces la manera en que la decimos y el tono con que
la expresamos pueden reflejar gracia o nuestra propia naturaleza egoísta.
Aunque hayamos sido maltratados, el Señor desea que respondamos
con palabras de gracia en vez de palabras de reprensión o de represalia.
Toda la Pasión de Cristo no brinda un ejemplo perfecto de palabras
dichas con gracia, aun a los que nos maltratan.
Piensa en la última vez
que tus palabras fueron dichas sin gracia. Aunque todo lo que puedas hacer
sea pedir perdón por ese acto pasado, ¿qué puedes
hacer para evitar cometer el mismo error la próxima vez? |
Hablar la Verdad con Amor (Efe
4:15).
Como sugerimos ayer, hay ocasiones
en las que necesitaremos decir palabras de reprensión, de consejo
o de amonestación a otros.
Lee los siguientes textos: Mateo
16:23; 23:13-39; Juan 14:8, 9; 18:19-23. ¿Qué clase de tono
crees que Jesús empleó cuando pronunció estas palabras?
¿De qué modo ese tono reflejaría los principios del
amor y la gracia que él mismo personificaba?
“Cristo mismo no suprimió
una palabra de la verdad, sino que la dijo siempre con amor. Ejerció
el mayor tacto, y atención reflexiva y bondadosa en su trato con
la gente. Nunca fue rudo ni dijo innecesariamente una palabra severa; nunca
causó una pena innecesaria a un alma sensible. No censuró
la debilidad humana. Denunció intrépidamente la hipocresía,
la incredulidad y la iniquidad, pero había lágrimas en su
voz al pronunciar sus severas reprensiones. Lloró sobre Jerusalén,
la ciudad que él amaba, que se negaba a recibirlo a él, el
Camino, la Verdad y la Vida. Sus habitantes lo rechazaron a él,
el Salvador, pero los consideró con compasiva ternura y con una
tristeza tan profunda que quebrantaba su corazón. Cada alma era
preciosa a su vista. Aunque siempre se conducía con divina dignidad,
se inclinaba con la consideración más tierna hacia cada miembro
de la familia de Dios. En todos los hombres veía almas caídas
a las que era su misión salvar” (DTG 319).
Lee Efesios 4:15. ¿De
qué modo entiendes lo que significa seguir la “verdad” en amor?
¿Será la “verdad” todavía la “verdad” si se la expresa
de otra manera que no sea con amor?
Desgraciadamente, hay ocasiones
en las que dejamos de comunicar la verdad con amor. Parece que caemos muy
fácilmente en una de dos trampas: algunos son rápidos para
hablar la verdad, pero no la hablan con amor; otros reemplazan el amor
con un sentimentalismo que estorba su capacidad para declarar la verdad.
Muy a menudo no es lo que decimos
sino cómo lo decimos, lo que puede predecir una gran diferencia.
Ponte delante del espejo, o delante de otros, y practica decir las mismas
palabras, una vez con un tono amable, y otra en un tono áspero y
no bondadoso. Quedarás sorprendido porque, aunque las palabras son
las mismas, su significado parece completamente diferente. Hay una gran
lección aquí para nosotros, si queremos aprenderla. |
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Miércoles
27 de julio 2005
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Hablar con el Poder del Espíritu
(Hech. 1:8; 1 Cor. 2:1-5).
Cuando alguien se refiere a
hablar con el poder del Espíritu Santo, generalmente pensamos en
la predicación. El testimonio de las Escrituras es claro: es la
intención de Dios que toda predicación sea entregada con
el poder del Espíritu.
Estudia la promesa de Jesús
en Hechos 1:8 y el testimonio del apóstol Pablo en 1 Corintios 2:1
al 5. ¿Cuál es el secreto de una predicación poderosa?
Una predicación poderosa
no es el producto de la sabiduría humana o de la elocuencia; más
bien, es el testimonio de uno que ha entrado en una relación personal
íntima con el Señor Jesucristo. El mismo Espíritu
Santo que puso su sello de aprobación sobre la predicación
de Pablo también capacitará a los humildes siervos de Cristo
de nuestra generación para hablar con una demostración del
poder divino.
Hablar con el poder del Espíritu
Santo, sin embargo, no se limita a la predicación. Dios quiere que
todo nuestro hablar sea realizado con una demostración del poder
divino. De hecho, cada uno de nosotros que vive en novedad de vida bajo
el señorío de Cristo tiene el privilegio y la responsabilidad
de hablar con el poder del Espíritu Santo. No obstante, el poder
divino no necesariamente significa sólo elocuencia (ver Éxo.
4:10; 1 Cor. 2:1). Si estamos hablando en el Espíritu, nuestras
palabras, nuestro tono, nuestro mensaje reflejarán los atributos
del Espíritu que se manifiestan en las vidas tocadas por el Espíritu,
Nuestras palabras reflejarán la clase de persona que somos; reflejarán
si estamos caminando según la carne o según el Espíritu.
Además, nunca debemos
confundir una elocución grandiosa con el hablar en el Espíritu.
Muchos de los peores tiranos de la historia fueron hombres cuyos discursos
eran muy poderosos y muy efectivos; pero difícilmente podríamos
decir que estaban hablando en el Espíritu.
¿Qué principios
nos brindan los siguientes textos que nos ayudarán a saber si nosotros,
o alguna otra persona, está hablando bajo la influencia del Espíritu
Santo? 1 Cor. 12:1, 2; Gál. 5:22; Efe. 5:9, 10; 6:17–19. ¿De
qué modo puedes aplicar estos principios a tu propia vida y palabras? |
Evitar las Malas Comunicaciones
(Efe. 4:29).
El apóstol Pablo amonestó
a los creyentes de Éfeso a evitar las malas comunicaciones. Desdichadamente,
muchos de nosotros vivimos en un ambiente social donde la mala comunicación
es considerada “normal”. Las personas, con frecuencia, toman el nombre
de Dios en vano, usan lenguaje profano y hacen comentarios rudos o sugestivos.
Aun como cristianos, si nos exponemos continuamente a esta clase de lenguaje,
más temprano o más tarde influirá sobre nosotros,
hasta el punto en que lleguemos a usar esas palabras. Debemos estar constantemente
en guardia.
A la luz del comentario que
hace Pablo en Efesios 4:29, ¿cómo definirías una “comunicación
corrompida”? ¿Por qué no se limita sólo a lo que se
conoce como profanidad? Considera también Éxo. 20:16; Prov.
10:18; Efe. 4:31; Sant. 3:5-13; 4:11.
La mala comunicación
destruye. La palabra griega que se usa en 1 Timoteo 3:11 y se traduce como
“calumniadoras” es diábolos, uno de los nombres usados para el enemigo,
Satanás. Cuando las personas usan comunicaciones corrompidas, están
realmente haciendo la obra de Satanás. ¡Qué testimonio
respecto del poder de nuestras propias palabras!
En contraste, el apóstol
Pablo suplica a los creyentes que usen palabras “buena[s] para la necesaria
edificación” (Efe. 4:29). La palabra usada aquí, literalmente,
significa “construir”. Una traducción lo dice así: “Eviten
toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan
a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes
escuchan” (Efe. 4:29, NVI).
Nuestras palabras, entonces,
tienen una influencia poderosa, ya sea para el bien o para el mal, para
edificar a otros en la fe o para derribarlos. ¿Quién no ha
experimentado personalmente el poder de las palabras, para bien o para
mal, para edificación o para crear dudas? Cuán vital es que
vigilemos no sólo nuestras palabras, sino también el tono
y la forma en la que las expresamos; de hecho, aun las palabras correctas,
con el espíritu equivocado, pueden ser consideradas “comunicaciones
corrompidas” o malignas.
¿Cuánta “comunicación
corrompida” brota de tus propios labios? No estamos hablando sólo
de palabras blasfemas; estamos hablando de medias verdades, de calumnias,
de exageraciones, de condenas y otras formas. Examínate muy bien:
¿Qué cosas necesitas cambiar con respecto a tu lenguaje? |
Para Estudiar y Meditar:
El don del silencio. El sabio
Salomón nos recuerda que hay tiempo para hablar y “tiempo de callar”
(Ecl. 3:7). Cuando Jesucristo es el Señor de nuestro hablar, no
sólo hablarás para la gloria de Dios y la bendición
de otros; también discernirás cuándo es tiempo de
quedar callados.
Nota: A la luz del estudio de
esta semana, considera hasta qué punto estás permitiendo
que Jesucristo sea el Señor de tu comunicación. Toma tiempo
para leer las Escrituras con la intención de estar más atento
a las palabras de Dios que a las tuyas. Usa un diario para registrar tus
pensamientos. Cuando concluyas tu momento de silencio, puedes encontrar
que estás más alerta al don del habla.
“Ojalá nos comprometiéramos
en nuestros corazones a no pronunciar una sola palabra contra un hermano
o una hermana. [...] No murmuréis respecto de ellos ni señaléis
sus defectos, sino acercaos a ellos en el amor de Jesús y en el
amor de la verdad, y procurad ayudarlos” (LC 291).
Preguntas Para Dialogar:
A Jesús se lo describe
como una persona que pronunciaba “palabras de gracia” (Luc. 4:22). Esto
podría ser una referencia al contenido de su lenguaje y también
a la forma en que hablaba. ¿Qué narraciones, en los evangelios,
ilustran las palabras de gracia de Jesús? ¿Qué podemos
aprender de esos ejemplos?
Tendemos a pensar que el habla
es sólo algo individual. Pero, ¿qué diremos de nosotros
como iglesia? ¿De qué modo nosotros, como iglesia, usamos
el poder del habla? ¿Por qué, de muchas maneras, nuestra
responsabilidad como iglesia es más importante, con respecto a nuestras
palabras, que como individuos?
¿Qué consejo darías
a una persona que trabaja en un ambiente donde las comunicaciones malas
son consideradas “normales”? ¿Cuándo una persona debería
permanecer como sal y luz en su ambiente? ¿Cuándo es sabio
retirarse? |