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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Génesis 1, 2; Romanos 1:3; 6:1-7; 8:3; 2 Corintios 5:17;
1 Timoteo 3:16; Filipenses 2:8; Colosenses 2:12, 13; 1 Pedro 1:13-16; 1
Juan 2:1.
Pensamiento Clave: Dios
creó a la humanidad con deseos fuertes, para nuestra alegría.
Nosotros, como cristianos, necesitamos guardar esos deseos, que deben darnos
gozo, bajo el control divino.
SOMETER NUESTROS DESEOS A
LA VOLUNTAD DE DIOS. El apóstol Pablo nos advirtió que,
en los últimos días, los hombres y las mujeres serían
“amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:4). Ésta
es una descripción perfecta de la generación actual. El principio
rector para muchos es: “Satisface tus propios deseos”. Los valores cristianos
son descartados como anticuados, irrazonables. Las restricciones morales
son echadas a un lado, porque las normas morales son descartadas. El sentimiento
básico es: siempre que desees algo que no hiera a nadie más,
entonces no hay razón por la que no lo hagas.
En contraste, los que viven
bajo el señorío de Cristo son llamados a someter todos sus
deseos a la voluntad de Dios. Nuestro Señor mismo declaró:
“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad
del que me envió” (Juan 6:38). Jesús estableció el
ejemplo perfecto de sumisión a la voluntad de Dios cuando oró:
“Mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Mar. 14:36). Éste
también es nuestro mandato. Nuestra voluntad, nuestros deseos, deben
ser entregados al Señor. |
Carne y Espíritu.
La fe cristiana comenzó
y se difundió en medio de la cultura y la filosofía griegas
imperantes en el mundo antiguo. Aunque el imperio griego mismo había
caído ante los romanos (ver Dan. 2), su influencia cultural y filosófica
(incluso hasta hoy) permaneció después de que su dominio
político y militar se desvaneciera.
Entre algunas de las creencias
que tuvieron su origen en la influencia de la cultura griega estaba la
idea de que la materia, la carne humana, es mala, que los deseos y las
pasiones humanos son malos, y que necesitamos ir más allá
de la carne, que es la prisión del espíritu. Un filósofo
enseñó que los seres humanos fueron inicialmente espíritus
puros y que, a causa de una “caída”, nuestras almas fueron denigradas
y puestas dentro de la carne, y que el verdadero progreso espiritual y
moral era volver a ese estado original del espíritu.
Sin embargo, este concepto no
es bíblico. De acuerdo con la Biblia, el cuerpo humano, en sí
mismo y por sí mismo, no es malo.
¿Cuál es el mejor
ejemplo que tenemos en la Biblia que muestra que el cuerpo humano, en sí
mismo, no es malo? Rom. 8:3; 1 Tim. 3:16; Fil. 2:8; Rom. 1:3; Gál.
4:4.
Aunque ahora está afectado
por el pecado, el cuerpo humano no puede ser malo, porque Jesucristo asumió
un cuerpo humano. Pero, ¿qué dicen esos otros textos del
Nuevo Testamento, especialmente en los escritos de Pablo, que parecen enfrentar
las realidades de la carne y del espíritu, tales como Romanos 8:4
y 5; Gálatas 5:24 y 25; y 6:8?
El problema básico, aquí,
no es que nuestro cuerpo, nuestra materialidad, en sí mismo, sea
malo. Otra vez, la humanidad de Cristo demuestra este punto. En cambio,
el énfasis de Pablo tiene que ver con el control de nuestra carne;
el mantener nuestros deseos bajo el dominio de Dios. Efesios 2:3 nos ayuda
a esclarecer este punto: “Entre los cuales también todos nosotros
vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad
de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos
de ira, lo mismo que los demás”. Pablo se refiere aquí a
no permitir que las cosas de la carne, es decir, la naturaleza carnal de
los seres caídos, dominen al cristiano, que ha muerto a esta naturaleza
carnal donde la pasión y la concupiscencia gobernaban, y que ahora
vive en el “espíritu”, es decir, en una actitud de fe y sumisión
a Cristo.
Parte del problema surge de
la connotación de la palabra espíritu que, en los escritos
de Pablo, no es esa entidad santa y eterna que vive en constante tensión
o guerra con la carne. En la Biblia, espíritu puede significar “disposición”,
“actitud” o “sentimientos”. A menudo, en el Nuevo Testamento, carne es
sencillamente la palabra que se usa para simbolizar la naturaleza carnal
caída, mientras que espíritu simboliza la actitud de sumisión
y obediencia a Cristo. Los que viven “en el espíritu” son aquéllos
que se entregaron al Espíritu Santo, que ponen los deseos de la
carne bajo su control.
¿Cómo puedes saber
si estás caminando según la “carne” o según el “espíritu”? |
La Creación.
Repasa el informe de la creación
de la humanidad que se halla en Génesis (capítulos 1 y 2).
¿Qué evidencias encuentras de que Dios deseaba que los seres
humanos gozaran de la creación física que él había
hecho?
Aun una lectura rápida
del informe de la creación no revela nada acerca de la idea de que
el mundo físico, especialmente el cuerpo humano, sea malo; por el
contrario, Dios creó al hombre y a la mujer para relacionarse estrechamente
con lo que él había creado. El hombre surgió directamente
del polvo de la tierra, que Dios acababa de crear, y la mujer provino del
hombre. De este modo, la humanidad y la tierra están íntimamente
ligados. Juntos, el hombre y la mujer, que viven sobre esta tierra y obtienen
su sustento de ella, debían “fructificar y multiplicarse” (ver Gén.
1:28); debían ser partícipes en el proceso de procreación
de más seres humanos, más carne humana. Dios les dio “semillas”
y “frutas” para comer (Gén. 1:29), y les dio de “todo árbol
delicioso a la vista” (2:9) que era “bueno para comer”, indicando que debían
gozarse con lo que comieran, que no sólo los alimentaría,
sino también los alegraría. Realmente eso era un paraíso
y lo que, entre otras cosas, hizo que fuera un paraíso era cuánto
agradaba todo a los sentidos humanos.
No hay dudas: Dios nos creó
como seres físicos, y nos dio deseos físicos, que en sí
mismos no pueden ser malos, precisamente porque Dios nos los dio. El problema
no son nuestros deseos básicos, sino más bien cómo
los usamos como seres humanos caídos, cómo los mantenemos
bajo control a fin de impedir que nos lleven donde Dios nunca quiso que
fuéramos. Podemos hacer esto sólo mediante el conocimiento
de cuál es la voluntad de Dios para nosotros, y luego entregando
nuestro yo pecaminoso a él, para que podamos recibir el poder de
mantener nuestros deseos bajo esa voluntad divina y no entremos en los
senderos de la autodestrucción.
A pesar de la devastación
producida por el pecado, ¿de qué maneras puedes vislumbrar,
aún ahora, indicaciones de cuán maravillosa fue la creación
original? ¿Cuáles son algunas de las cosas que se nos dieron
para gozarnos con ellas, y de qué modo éstas nos revelan
el amor del Creador? |
La Caída.
Dios colocó a nuestros
padres en un paraíso, un jardín lleno de cosas que deleitaban
sus sentidos; cosas que ellos, en sus cuerpos físicos, podían
gozar. Desdichadamente, algunos de esos mismos elementos fueron usados
contra ellos, por Satanás, para hacerlos caer.
Lee Génesis 3:1 al 6.
¿De qué modo se valió el diablo de los sentidos físicos
para engañar a la mujer y conseguir que ella desobedeciera atrevidamente
a Dios?
El hecho de que Adán
y Eva, aun en su estado no caído, permitieran que sus sentidos los
alejaran de Dios, debería constituir una poderosa advertencia para
nosotros. Satanás sabe muy bien que nuestros sentidos, nuestros
deseos y apetitos, aunque otorgados por Dios, son un medio poderoso para
controlarnos. Por supuesto, ésta es la razón por la que la
Biblia nos aconseja que debemos tenerlos bajo control; de otra manera,
Satanás los usará para destruirnos.
Lee 1 Juan 2:16. ¿De
qué modo ves reflejados aquí los principios que aparecen
en la historia de la caída? Nota, ¿está indicando
que los ojos y la carne son malos en sí mismos, o está indicando
otra cosa? Si es así, ¿cuál es su significado?
En todo nuestro alrededor podemos
observar en los seres humanos los resultados de haber permitido que estos
dones maravillosos, dados por Dios, los controlaran a ellos y a sus vidas.
Dios nos dio el sexo, y llegamos a ser lascivos y promiscuos; Dios nos
concedió posesiones materiales, y llegamos a ser avaros y egoístas.
Dios nos dio la música, y llegamos a gustar del rock violento; nos
dio el fuego, y nos convertimos en incendiarios. Él nos dio alimentos,
y llegamos a ser presos de la gula; nos dio palabras, y mentimos y maldecimos;
nos dio uvas, y nos convertimos en ebrios. Realmente es difícil
pensar en cualesquiera de los dones que recibimos de Dios que, como seres
humanos, no hayamos pervertido o abusado de una manera u otra, por causa
del pecado. Los efectos se evidencian por todas partes.
Trata de imaginar un mundo donde
nuestros sentidos, dados por Dios, estuvieran en perfecta armonía
con el mundo que nos rodea (suena como si fuera el cielo, ¿verdad?).
¿Cómo crees que sería esto? Y, aunque no podamos tener
ese mundo ideal ahora, ¿qué cambios necesitas hacer para
que tus deseos y tus sentidos estén en armonía más
estrecha con el mundo tal como Dios quiso que fuera originalmente? ¿De
qué modo al hacer eso tu vida sería mejor ahora? |
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Miércoles
20 de julio 2005
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Momentos de Soledad.
Lee Mateo 4:1 y 2 (considera
también Mar. 1:12; Luc. 4:1, 2). ¿Por qué crees que
Jesús ayunó tanto tiempo? ¿Cuál es el mensaje
que esto nos deja a nosotros?
“Muchos que profesan piedad
no averiguan cuál fue la razón del largo ayuno de Cristo
y su sufrimiento en el desierto. Su angustia no fue tanto por las punzadas
del hambre como de su sentido de los terribles resultados de la indulgencia
del apetito y las pasiones sobre la raza. Él sabía que el
apetito sería el ídolo del hombre y que lo llevaría
a olvidar a Dios, y sería un estorbo en el camino a su salvación”
(Conf 51).
Qué fascinante es saber
que, aunque Satanás haya logrado que nuestros primeros padres pecaran
en relación con el tema del apetito, Jesús –en su primera
gran confrontación después de su bautismo– pasaría
por el mismo terreno y tendría éxito donde Adán y
Eva fracasaron. ¡Qué mensaje nos da su negación propia,
ya que a menudo somos esclavos de nuestros apetitos y pasiones!
Lee cuidadosamente y con oración
1 Pedro 1:13 al 16. ¿Cuál es la esencia del mensaje, para
nosotros, con respecto a nuestros deseos y pasiones? ¿De qué
modo la expresión “ceñid los lomos de vuestro entendimiento”
nos remite al estudio de la semana pasada, y por qué esto es vital
para mantener nuestros deseos bajo control?
En medio de estas exhortaciones
está el llamado a ser santos. Ésa es una orden bastante fuerte
para seres que, en su esencia, son pecadores y caídos. Y, sin embargo,
es una meta obviamente alcanzable; de otro modo, ¿por qué
la Biblia nos llamaría más de una vez a la santidad? Y, en
este contexto y en otros –la santidad, que básicamente significa
“ser puestos aparte”–, trata acerca del control de nuestras pasiones y
deseos. Dice que seamos santos en toda nuestra conducta y manera de vivir.
Aunque Dios nos dio estos deseos básicos, debemos permanecer separados
del mundo y de las indulgencias, abusos y perversiones de estos deseos
que hay en el mundo.
¿Cuánta negación
propia te permites experimentar? En otras palabras, cuando tus deseos te
están llevando adonde sabes que no deberías ir, ¿de
qué manera reaccionas? ¿Qué enseña tu respuesta
acerca de cuán bien estás siguiendo lo que el Señor
dice acerca del control de estos deseos? |
Ceder.
Una cosa, por supuesto, es
leer las advertencias de la Biblia en el sentido de mantener nuestros deseos
bajo control; otra cosa es hacerlo. Aunque queremos hacer lo recto, a veces
es muy fácil rendirnos, no a la voluntad de Dios, sino a nuestras
pasiones e inclinaciones perversas. Tal vez, este problema fue expresado
muy bien hace ya siglos por un escritor bien conocido, Agustín,
que una vez oró: “Dios, dame el poder sobre mis pasiones, ¡pero
no todavía!” ¿Quién, hasta cierto punto, no se puede
identificar con él?
No obstante, existe amplia esperanza
para nosotros, como cristianos. Podemos obtener la victoria sobre aquello
que, de otro modo, podrían destruirnos; pero podemos alcanzar esa
victoria sólo mediante el poder de Dios y su Espíritu, en
un alma que ceda a ese poder. Al fin, todos cedemos: la pregunta es: ¿a
qué? ¿A nuestras pasiones, que producen muerte, o a Dios,
que trae vida?
Lee cuidadosamente y con oración
los siguientes textos: Col. 2:12, 13; Rom. 6:1-7; 2 Cor. 5:17. ¿Cuál
es el mensaje básico en todos ellos? ¿De qué experiencia
personal hablan?
Los que entregan totalmente
sus vidas a la voluntad de Cristo, mediante el Espíritu de Dios,
mueren a su viejo yo y nacen de nuevo (ver Juan 3:3). Han entregado a Dios
toda su existencia, incluyendo los deseos de su corazón y de la
carne (ver Rom. 6:13). Ahora viven bajo el poder y la influencia del Espíritu
Santo, que les da una vida nueva en Cristo (ver Gál. 5:25). A diferencia
de lo que ocurría antes de que conocieran al Señor, los que
han muerto al yo y viven otra vez en Cristo pueden, mediante este poder,
vivir con sus deseos bajo control.
Esta nueva existencia, sin embargo,
es una experiencia que se debe construir cada día. Aunque a veces
escuchamos incidentes de personas que, habiéndose entregado a Cristo,
han visto desaparecer repentinamente sus hábitos de fumar, de beber
o cualquier otro, para la mayoría de los cristianos éste
no es el caso. Además, el carácter no se cambia en un instante:
hay una batalla diaria con el pecado, con el yo, con la naturaleza carnal
que, aunque estén dominados por el poder de Dios, siempre están
allí, tratando de aparecer otra vez en la superficie. Pero, por
nosotros mismos no podemos ganar la batalla contra nuestra humanidad caída;
todo lo que podemos hacer es, momento tras momento, rendir nuestras voluntades
a Cristo y reclamar su poder sobre nuestros deseos pecaminosos. Esto requiere
negación propia, vigilancia, una lucha y mucha oración, pero
se nos promete la victoria. De otro modo, la derrota sería segura.
¿De qué manera,
en tu propia vida, has experimentado lo que mencionan los textos que consideramos
hoy? ¿Por qué el conocimiento de la Cruz es tan importante
para comprender la situación cuando, a veces, fracasas? |
Para Estudiar y Meditar:
Considera las historias de
diversos personajes bíblicos que no entregaron sus deseos a la voluntad
de Dios. Advierte las consecuencias de sus actos. Algunos de ellos se arrepintieron
de su pecado y confiaron en la gracia de Dios para su perdón y salvación.
Otros siguieron en su pecado y se perdieron para siempre.
Caín (Gén. 4:3-15)
Moisés (Éxo.
2:11-15)
David (2 Sam. 11-18)
Pedro (Mat. 26:69-75)
Judas (Mat. 27:3-5)
“Puedes vivir en el Espíritu,
caminar en el Espíritu y llevar el fruto del Espíritu; puedes
estar lleno de toda la plenitud de Dios. Entonces serás un conducto
viviente de luz, habiendo escondido tu vida con Cristo en Dios” (4 MR 49).
Preguntas Para Dialogar:
Como clase, conversen acerca
de lo que significa morir al yo y vivir una nueva vida en Cristo. Comparte
tus propias experiencias y cómo alguna persona pudo haber ayudado
a cambiar tu vida. ¿Qué consejo darías a alguien que,
queriendo ser un verdadero cristiano, admite que nunca antes ha tenido
tales experiencias con Dios?
En nuestra lucha por mantener
nuestros deseos bajo control, ¿por qué el hecho de comprender
las buenas noticias de la muerte sustitutiva de Cristo es importante, especialmente
después de haber cometido un error y cedido a nuestros deseos pecaminosos?
En tu propia comunidad, ¿dónde
percibes que las actividades comerciales explotan nuestra condición
caída? Aunque haya límites, por supuesto, a lo que puedes
o aun debieras hacer, ¿hay algo que, como clase o como iglesia,
podrían hacer para ayudar a limitar el daño que esas actividades
están causando en tu comunidad? Si es así, ¿qué
harían? |