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Lección 4
Jesucristo, Nuestro Señor
Para el 23 de Julio del 2005

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Señor de nuestros deseos
PARA MEMORIZAR
“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Rom. 8:3). 
Sábado 16 de julio 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 1, 2; Romanos 1:3; 6:1-7; 8:3; 2 Corintios 5:17; 1 Timoteo 3:16; Filipenses 2:8; Colosenses 2:12, 13; 1 Pedro 1:13-16; 1 Juan 2:1.

Pensamiento Clave: Dios creó a la humanidad con deseos fuertes, para nuestra alegría. Nosotros, como cristianos, necesitamos guardar esos deseos, que deben darnos gozo, bajo el control divino.

SOMETER NUESTROS DESEOS A LA VOLUNTAD DE DIOS. El apóstol Pablo nos advirtió que, en los últimos días, los hombres y las mujeres serían “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:4). Ésta es una descripción perfecta de la generación actual. El principio rector para muchos es: “Satisface tus propios deseos”. Los valores cristianos son descartados como anticuados, irrazonables. Las restricciones morales son echadas a un lado, porque las normas morales son descartadas. El sentimiento básico es: siempre que desees algo que no hiera a nadie más, entonces no hay razón por la que no lo hagas.

En contraste, los que viven bajo el señorío de Cristo son llamados a someter todos sus deseos a la voluntad de Dios. Nuestro Señor mismo declaró: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Jesús estableció el ejemplo perfecto de sumisión a la voluntad de Dios cuando oró: “Mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Mar. 14:36). Éste también es nuestro mandato. Nuestra voluntad, nuestros deseos, deben ser entregados al Señor. 


Domingo 17 de julio 2005
Carne y Espíritu.
La fe cristiana comenzó y se difundió en medio de la cultura y la filosofía griegas imperantes en el mundo antiguo. Aunque el imperio griego mismo había caído ante los romanos (ver Dan. 2), su influencia cultural y filosófica (incluso hasta hoy) permaneció después de que su dominio político y militar se desvaneciera.

Entre algunas de las creencias que tuvieron su origen en la influencia de la cultura griega estaba la idea de que la materia, la carne humana, es mala, que los deseos y las pasiones humanos son malos, y que necesitamos ir más allá de la carne, que es la prisión del espíritu. Un filósofo enseñó que los seres humanos fueron inicialmente espíritus puros y que, a causa de una “caída”, nuestras almas fueron denigradas y puestas dentro de la carne, y que el verdadero progreso espiritual y moral era volver a ese estado original del espíritu.

Sin embargo, este concepto no es bíblico. De acuerdo con la Biblia, el cuerpo humano, en sí mismo y por sí mismo, no es malo.

¿Cuál es el mejor ejemplo que tenemos en la Biblia que muestra que el cuerpo humano, en sí mismo, no es malo? Rom. 8:3; 1 Tim. 3:16; Fil. 2:8; Rom. 1:3; Gál. 4:4.

Aunque ahora está afectado por el pecado, el cuerpo humano no puede ser malo, porque Jesucristo asumió un cuerpo humano. Pero, ¿qué dicen esos otros textos del Nuevo Testamento, especialmente en los escritos de Pablo, que parecen enfrentar las realidades de la carne y del espíritu, tales como Romanos 8:4 y 5; Gálatas 5:24 y 25; y 6:8?

El problema básico, aquí, no es que nuestro cuerpo, nuestra materialidad, en sí mismo, sea malo. Otra vez, la humanidad de Cristo demuestra este punto. En cambio, el énfasis de Pablo tiene que ver con el control de nuestra carne; el mantener nuestros deseos bajo el dominio de Dios. Efesios 2:3 nos ayuda a esclarecer este punto: “Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. Pablo se refiere aquí a no permitir que las cosas de la carne, es decir, la naturaleza carnal de los seres caídos, dominen al cristiano, que ha muerto a esta naturaleza carnal donde la pasión y la concupiscencia gobernaban, y que ahora vive en el “espíritu”, es decir, en una actitud de fe y sumisión a Cristo.

Parte del problema surge de la connotación de la palabra espíritu que, en los escritos de Pablo, no es esa entidad santa y eterna que vive en constante tensión o guerra con la carne. En la Biblia, espíritu puede significar “disposición”, “actitud” o “sentimientos”. A menudo, en el Nuevo Testamento, carne es sencillamente la palabra que se usa para simbolizar la naturaleza carnal caída, mientras que espíritu simboliza la actitud de sumisión y obediencia a Cristo. Los que viven “en el espíritu” son aquéllos que se entregaron al Espíritu Santo, que ponen los deseos de la carne bajo su control.

¿Cómo puedes saber si estás caminando según la “carne” o según el “espíritu”?


Lunes 18 de julio 2005
La Creación.
Repasa el informe de la creación de la humanidad que se halla en Génesis (capítulos 1 y 2). ¿Qué evidencias encuentras de que Dios deseaba que los seres humanos gozaran de la creación física que él había hecho?

Aun una lectura rápida del informe de la creación no revela nada acerca de la idea de que el mundo físico, especialmente el cuerpo humano, sea malo; por el contrario, Dios creó al hombre y a la mujer para relacionarse estrechamente con lo que él había creado. El hombre surgió directamente del polvo de la tierra, que Dios acababa de crear, y la mujer provino del hombre. De este modo, la humanidad y la tierra están íntimamente ligados. Juntos, el hombre y la mujer, que viven sobre esta tierra y obtienen su sustento de ella, debían “fructificar y multiplicarse” (ver Gén. 1:28); debían ser partícipes en el proceso de procreación de más seres humanos, más carne humana. Dios les dio “semillas” y “frutas” para comer (Gén. 1:29), y les dio de “todo árbol delicioso a la vista” (2:9) que era “bueno para comer”, indicando que debían gozarse con lo que comieran, que no sólo los alimentaría, sino también los alegraría. Realmente eso era un paraíso y lo que, entre otras cosas, hizo que fuera un paraíso era cuánto agradaba todo a los sentidos humanos.

No hay dudas: Dios nos creó como seres físicos, y nos dio deseos físicos, que en sí mismos no pueden ser malos, precisamente porque Dios nos los dio. El problema no son nuestros deseos básicos, sino más bien cómo los usamos como seres humanos caídos, cómo los mantenemos bajo control a fin de impedir que nos lleven donde Dios nunca quiso que fuéramos. Podemos hacer esto sólo mediante el conocimiento de cuál es la voluntad de Dios para nosotros, y luego entregando nuestro yo pecaminoso a él, para que podamos recibir el poder de mantener nuestros deseos bajo esa voluntad divina y no entremos en los senderos de la autodestrucción.

A pesar de la devastación producida por el pecado, ¿de qué maneras puedes vislumbrar, aún ahora, indicaciones de cuán maravillosa fue la creación original? ¿Cuáles son algunas de las cosas que se nos dieron para gozarnos con ellas, y de qué modo éstas nos revelan el amor del Creador?


Martes 19 de julio 2005
La Caída.
Dios colocó a nuestros padres en un paraíso, un jardín lleno de cosas que deleitaban sus sentidos; cosas que ellos, en sus cuerpos físicos, podían gozar. Desdichadamente, algunos de esos mismos elementos fueron usados contra ellos, por Satanás, para hacerlos caer.

Lee Génesis 3:1 al 6. ¿De qué modo se valió el diablo de los sentidos físicos para engañar a la mujer y conseguir que ella desobedeciera atrevidamente a Dios?

El hecho de que Adán y Eva, aun en su estado no caído, permitieran que sus sentidos los alejaran de Dios, debería constituir una poderosa advertencia para nosotros. Satanás sabe muy bien que nuestros sentidos, nuestros deseos y apetitos, aunque otorgados por Dios, son un medio poderoso para controlarnos. Por supuesto, ésta es la razón por la que la Biblia nos aconseja que debemos tenerlos bajo control; de otra manera, Satanás los usará para destruirnos.

Lee 1 Juan 2:16. ¿De qué modo ves reflejados aquí los principios que aparecen en la historia de la caída? Nota, ¿está indicando que los ojos y la carne son malos en sí mismos, o está indicando otra cosa? Si es así, ¿cuál es su significado?

En todo nuestro alrededor podemos observar en los seres humanos los resultados de haber permitido que estos dones maravillosos, dados por Dios, los controlaran a ellos y a sus vidas. Dios nos dio el sexo, y llegamos a ser lascivos y promiscuos; Dios nos concedió posesiones materiales, y llegamos a ser avaros y egoístas. Dios nos dio la música, y llegamos a gustar del rock violento; nos dio el fuego, y nos convertimos en incendiarios. Él nos dio alimentos, y llegamos a ser presos de la gula; nos dio palabras, y mentimos y maldecimos; nos dio uvas, y nos convertimos en ebrios. Realmente es difícil pensar en cualesquiera de los dones que recibimos de Dios que, como seres humanos, no hayamos pervertido o abusado de una manera u otra, por causa del pecado. Los efectos se evidencian por todas partes.

Trata de imaginar un mundo donde nuestros sentidos, dados por Dios, estuvieran en perfecta armonía con el mundo que nos rodea (suena como si fuera el cielo, ¿verdad?). ¿Cómo crees que sería esto? Y, aunque no podamos tener ese mundo ideal ahora, ¿qué cambios necesitas hacer para que tus deseos y tus sentidos estén en armonía más estrecha con el mundo tal como Dios quiso que fuera originalmente? ¿De qué modo al hacer eso tu vida sería mejor ahora?


Miércoles 20 de julio 2005
Momentos de Soledad.
Lee Mateo 4:1 y 2 (considera también Mar. 1:12; Luc. 4:1, 2). ¿Por qué crees que Jesús ayunó tanto tiempo? ¿Cuál es el mensaje que esto nos deja a nosotros?

“Muchos que profesan piedad no averiguan cuál fue la razón del largo ayuno de Cristo y su sufrimiento en el desierto. Su angustia no fue tanto por las punzadas del hambre como de su sentido de los terribles resultados de la indulgencia del apetito y las pasiones sobre la raza. Él sabía que el apetito sería el ídolo del hombre y que lo llevaría a olvidar a Dios, y sería un estorbo en el camino a su salvación” (Conf 51).

Qué fascinante es saber que, aunque Satanás haya logrado que nuestros primeros padres pecaran en relación con el tema del apetito, Jesús –en su primera gran confrontación después de su bautismo– pasaría por el mismo terreno y tendría éxito donde Adán y Eva fracasaron. ¡Qué mensaje nos da su negación propia, ya que a menudo somos esclavos de nuestros apetitos y pasiones!

Lee cuidadosamente y con oración 1 Pedro 1:13 al 16. ¿Cuál es la esencia del mensaje, para nosotros, con respecto a nuestros deseos y pasiones? ¿De qué modo la expresión “ceñid los lomos de vuestro entendimiento” nos remite al estudio de la semana pasada, y por qué esto es vital para mantener nuestros deseos bajo control?

En medio de estas exhortaciones está el llamado a ser santos. Ésa es una orden bastante fuerte para seres que, en su esencia, son pecadores y caídos. Y, sin embargo, es una meta obviamente alcanzable; de otro modo, ¿por qué la Biblia nos llamaría más de una vez a la santidad? Y, en este contexto y en otros –la santidad, que básicamente significa “ser puestos aparte”–, trata acerca del control de nuestras pasiones y deseos. Dice que seamos santos en toda nuestra conducta y manera de vivir. Aunque Dios nos dio estos deseos básicos, debemos permanecer separados del mundo y de las indulgencias, abusos y perversiones de estos deseos que hay en el mundo.

¿Cuánta negación propia te permites experimentar? En otras palabras, cuando tus deseos te están llevando adonde sabes que no deberías ir, ¿de qué manera reaccionas? ¿Qué enseña tu respuesta acerca de cuán bien estás siguiendo lo que el Señor dice acerca del control de estos deseos?


Jueves 21 de julio 2005
Ceder.
Una cosa, por supuesto, es leer las advertencias de la Biblia en el sentido de mantener nuestros deseos bajo control; otra cosa es hacerlo. Aunque queremos hacer lo recto, a veces es muy fácil rendirnos, no a la voluntad de Dios, sino a nuestras pasiones e inclinaciones perversas. Tal vez, este problema fue expresado muy bien hace ya siglos por un escritor bien conocido, Agustín, que una vez oró: “Dios, dame el poder sobre mis pasiones, ¡pero no todavía!” ¿Quién, hasta cierto punto, no se puede identificar con él?

No obstante, existe amplia esperanza para nosotros, como cristianos. Podemos obtener la victoria sobre aquello que, de otro modo, podrían destruirnos; pero podemos alcanzar esa victoria sólo mediante el poder de Dios y su Espíritu, en un alma que ceda a ese poder. Al fin, todos cedemos: la pregunta es: ¿a qué? ¿A nuestras pasiones, que producen muerte, o a Dios, que trae vida?

Lee cuidadosamente y con oración los siguientes textos: Col. 2:12, 13; Rom. 6:1-7; 2 Cor. 5:17. ¿Cuál es el mensaje básico en todos ellos? ¿De qué experiencia personal hablan?
 
Los que entregan totalmente sus vidas a la voluntad de Cristo, mediante el Espíritu de Dios, mueren a su viejo yo y nacen de nuevo (ver Juan 3:3). Han entregado a Dios toda su existencia, incluyendo los deseos de su corazón y de la carne (ver Rom. 6:13). Ahora viven bajo el poder y la influencia del Espíritu Santo, que les da una vida nueva en Cristo (ver Gál. 5:25). A diferencia de lo que ocurría antes de que conocieran al Señor, los que han muerto al yo y viven otra vez en Cristo pueden, mediante este poder, vivir con sus deseos bajo control.

Esta nueva existencia, sin embargo, es una experiencia que se debe construir cada día. Aunque a veces escuchamos incidentes de personas que, habiéndose entregado a Cristo, han visto desaparecer repentinamente sus hábitos de fumar, de beber o cualquier otro, para la mayoría de los cristianos éste no es el caso. Además, el carácter no se cambia en un instante: hay una batalla diaria con el pecado, con el yo, con la naturaleza carnal que, aunque estén dominados por el poder de Dios, siempre están allí, tratando de aparecer otra vez en la superficie. Pero, por nosotros mismos no podemos ganar la batalla contra nuestra humanidad caída; todo lo que podemos hacer es, momento tras momento, rendir nuestras voluntades a Cristo y reclamar su poder sobre nuestros deseos pecaminosos. Esto requiere negación propia, vigilancia, una lucha y mucha oración, pero se nos promete la victoria. De otro modo, la derrota sería segura.

¿De qué manera, en tu propia vida, has experimentado lo que mencionan los textos que consideramos hoy? ¿Por qué el conocimiento de la Cruz es tan importante para comprender la situación cuando, a veces, fracasas?


Viernes 22 de julio 2005
Para Estudiar y Meditar:
Considera las historias de diversos personajes bíblicos que no entregaron sus deseos a la voluntad de Dios. Advierte las consecuencias de sus actos. Algunos de ellos se arrepintieron de su pecado y confiaron en la gracia de Dios para su perdón y salvación. Otros siguieron en su pecado y se perdieron para siempre.

Caín (Gén. 4:3-15) 
Moisés (Éxo. 2:11-15) 
David (2 Sam. 11-18) 
Pedro (Mat. 26:69-75) 
Judas (Mat. 27:3-5) 
“Puedes vivir en el Espíritu, caminar en el Espíritu y llevar el fruto del Espíritu; puedes estar lleno de toda la plenitud de Dios. Entonces serás un conducto viviente de luz, habiendo escondido tu vida con Cristo en Dios” (4 MR 49).

Preguntas Para Dialogar:
Como clase, conversen acerca de lo que significa morir al yo y vivir una nueva vida en Cristo. Comparte tus propias experiencias y cómo alguna persona pudo haber ayudado a cambiar tu vida. ¿Qué consejo darías a alguien que, queriendo ser un verdadero cristiano, admite que nunca antes ha tenido tales experiencias con Dios?

En nuestra lucha por mantener nuestros deseos bajo control, ¿por qué el hecho de comprender las buenas noticias de la muerte sustitutiva de Cristo es importante, especialmente después de haber cometido un error y cedido a nuestros deseos pecaminosos?

En tu propia comunidad, ¿dónde percibes que las actividades comerciales explotan nuestra condición caída? Aunque haya límites, por supuesto, a lo que puedes o aun debieras hacer, ¿hay algo que, como clase o como iglesia, podrían hacer para ayudar a limitar el daño que esas actividades están causando en tu comunidad? Si es así, ¿qué harían? 

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
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