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Lee Para el Estudio de esta
Semana: 1 Corintios 2:16; Colosenses 3:1, 2; Efesios 6:10-18; 2 Corintios
10:3-5; Romanos 12:1, 2.
Pensamiento Clave: El
Señor Jesucristo desea renovar nuestras mentes y ser el Señor
de nuestros pensamientos. Dios tiene la intención de que cada pensamiento
sea llevado en cautividad a la voluntad de Cristo.
LA BATALLA POR LA MENTE.
Muchos cristianos nuevos tienen la idea equivocada de que, una vez que
recibieron a Jesús como Señor y Salvador, la batalla ha terminado.
En realidad, la batalla recién comienza. Como se observa en la vida
terrenal de Jesús, a menudo es después de nuestro bautismo
que Satanás intensifica sus ataques. La batalla se libra en nuestras
mentes, y una de las tentaciones principales de Satanás es el pecado
generado por el recuerdo: él trata de atraernos de regreso a los
senderos antiguos y prohibidos. Nuestro Señor Jesucristo, en contraste,
desea que olvidemos lo que dejamos detrás y seamos “transformados”
por medio de la “renovación de [nuestro] entendimiento [mentes]”
(Rom. 12:2). El verbo griego traducido como “transformo” proviene del mismo
verbo que se usa en Marcos 9:2, cuando Jesús se “transfiguró”.
¡Qué ideal notable tiene el Señor Jesucristo para cada
uno de sus hijos redimidos! Él desea renovar nuestras mentes de
tal modo, que la gloria del Señor brille por medio de nosotros. |
El Poder del Pensamiento.
Lee los siguientes textos:
Éxodo 20:17; 1 Corintios 2:16; Mateo 5:8; 1 Crónicas 28:9.
¿Qué tienen todos ellos en común?
Por supuesto, la Biblia tiene
mucho que decir acerca de nuestros hechos y palabras, lo que es comprensible,
porque pueden tener efectos poderosos sobre nosotros y sobre otros.
No obstante, la Biblia también
aclara muy bien que el Señor se interesa en nuestros pensamientos.
Pero, ¿por qué? Mientras no actuemos basados en nuestros
pensamientos, ¿qué importa? ¿Por qué se preocuparía
Dios por lo que pensamos? ¿Quién ha oído decir que
alguien ha herido alguna vez a otra persona con un pensamiento? ¿Quién
se ofendió alguna vez por los pensamientos de otra persona? Los
pensamientos son cosas privadas y personales que, al final, si no los expresamos
o actuamos basados en ellos, no hieren a nadie. Este razonamiento ¿es
cierto?
¿Por qué crees
que importa lo que pensamos, aun cuando no actuemos según nuestros
pensamientos? ¿Es posible que alguna vez no actuemos basados a nuestros
pensamientos? O aun, si no actuamos basados en lo que pensamos, ¿por
qué importa tanto este hecho? Ver Gén. 6:5; Prov. 4:23; Mat.
5:27-30.
Por cuanto nuestros pensamientos
son el fundamento de todas nuestras palabras y acciones, es muy importante
lo que pensamos. Cada acto de maldad alguna vez cometido, cada palabra
mala, cada pecado, comenzó primero como un pensamiento en nuestra
mente. ¿Cuántos millones de personas primero abrigaron pensamientos
–nada más que pensamientos “inofensivos”–, que eventualmente germinaron
hasta llegar a convertirse en palabras o actos que causaron un daño
increíble? ¿Quién puede saber qué pensamientos
permanecerán sólo como tales, y cuáles llevarán
un fruto amargo? Nunca podremos estar seguros de esto, por lo que es mejor
controlar nuestros pensamientos antes de que se conviertan en algo doloroso
y perjudicial para nosotros y para otros.
Trata de realizar este experimento
amenazador y terrible: Imagínate si tus pensamientos de repente
fueran proyectados en una pantalla, donde todos los pudieran ver. ¿Qué
verías allí? ¿Qué te dice esto acerca del contenido
de tu mente y qué cambios necesitas hacer? |
Llevando todo Pensamiento en
Cautividad. (2 Cor. 10:3-5).
Medita en el testimonio que
da Pablo en 2 Corintios 10:3 al 5. Léelo en diferentes versiones
(si te es posible), y luego responde a las siguientes preguntas:
¿Qué clase de
batalla explica Pablo que estamos peleando?
¿Qué significa
estar en una batalla espiritual? ¿En qué se diferencia de
una batalla física?
¿Cuáles son algunas
de las armas “carnales” que el cristiano no debe usar? (ver Juan 18:36)
¿Cuáles son las armas que necesitamos usar? (ver Efe. 6:10-18).
¿Cuáles son algunas
de las “cosas altivas” que se levantan contra el conocimiento de Dios
En 2 Corintios 10:4, la palabra
“fortalezas” significa también “castillos”. Pablo, sin duda, estaba
pensando en las fortalezas interiores de nuestros corazones; los “castillos”
de nuestras mentes; los hábitos de pecado y del yo que determinan
nuestro carácter. La batalla que se libra es la de la verdad contra
el error, el conocimiento de Dios contra la ignorancia y la superstición;
es una lucha de la verdadera adoración contra todas las formas de
idolatría. Al final, es una gran controversia entre Cristo y Satanás
por el control de toda la raza. Todo esto ocurre en la mente, en el corazón;
y sólo mediante el poder de Dios que obra en nuestras vidas podemos
derrotar al enemigo.
Recordando el contexto de lo
que has leído hoy, ¿por qué el control de nuestros
pensamientos es tan importante en la batalla que afrontamos? ¿Por
qué, de muchas maneras, comprende toda la batalla el mantener el
control de nuestros pensamientos? |
Poned la Mira en las Cosas de
Arriba (Col. 3:1, 2).
Aun después de haber
recibido a Jesús como Salvador y Señor, es posible distraerse
por una multitud de atracciones terrenales. Fácilmente podemos preocuparnos
por cosas de importancia secundaria y olvidarnos de que fuimos llamados
a poner nuestras mentes en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Después de todo, físicamente vivimos en la tierra; estamos
continuamente rodeados por cosas de la tierra. Y, no obstante, muchas cosas
de la tierra no son malas, en sí mismas y por sí mismas (ver
Gén. 1:31). La clave es aprender a reconocer la diferencia entre
lo que es bueno y lo que es malo sobre la tierra.
¿Qué razones da
Pablo para poner nuestras mentes en las cosas de arriba? Col. 3:1, 2.
Consideremos un poco más
en detalle lo que Pablo nos está enseñando aquí. Siendo
que fuimos “resucitados con él [Cristo]” (Col. 2:12; ver también
Rom. 6:4), que hemos muerto al yo (Col. 3:3) y ahora tenemos una vida nueva
en él, nuestros pensamientos deberían estar en las cosas
celestiales, las cosas “de arriba”, en comparación con “las de la
tierra”, que son esa clase de cosas acerca de las cuales pensábamos
antes de encontrarnos con Jesús. Pero ahora, como Cristo murió
por nosotros (ver Rom. 5:6), pagó la penalidad de nuestros pecados
(ver Isa. 53:6), nos ha cubierto con su justicia perfecta (ver Rom. 4:4-8)
y ahora intercede en nuestro favor en el cielo (ver Heb. 9:24), debemos
meditar en él y en la gran redención que ha logrado para
nosotros (ver 1 Cor. 1:30).
Jesucristo, nuestro Señor
y Salvador, está sentado a la diestra del trono de Dios. Debemos
recordar siempre fijar nuestra atención en nuestro gran Sumo Sacerdote,
que subió a los cielos y vive para interceder por nosotros.
“Poned vuestros pensamientos
en el Salvador. Apartaos del tumulto del mundo y sentaos bajo la sombra
de Cristo. Luego, entre el estrépito del trajín y el conflicto
diarios, vuestra fuerza será renovada” (LC 64).
Medita tanto tiempo como puedas
sobre el plan de salvación, sobre Cristo, que tomó la naturaleza
humana, sobre su muerte sustitutiva en nuestro favor, sobre su ministerio
en el Santuario celestial. Piensa acerca de lo que todo esto revela respecto
del carácter de Dios. Piensa en la esperanza que te ofrece. Piensa
en las promesas que son nuestras por causa de todo esto. Ahora, imagínate
si, día tras día, tú vivieras en esa atmósfera
celestial. ¿Cuán diferente sería tu vida? |
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Miércoles
13 de julio 2005
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Recibamos una Imaginación
Santificada. (Rom. 12:1, 2).
Lee Romanos 12:1 y 2. Concentrándote
en el tema de esta semana, anota lo que crees que Pablo nos está
enseñando aquí.
Uno de los dones preciosos
que hemos recibido de nuestro Creador es el don de la imaginación.
Desgraciadamente, nuestras imaginaciones han sido corrompidas por pensamientos
y deseos pecaminosos. Necesitamos que nuestras imaginaciones sean santificadas.
Dada la importancia que la Biblia le adjudica a nuestros pensamientos,
deberíamos sentirnos animados al saber que el poder de lo alto nos
ayudará a controlar nuestros pensamientos y nuestra imaginación.
¿De qué manera
ocurre esta renovación de nuestras mentes? Compara Romanos 12:1
y 2 con Tito 3:5.
Estos dos pasajes de las Escrituras
contienen la única referencia al sustantivo griego traducido como
“renovar, renovación”. La transformación radical de nuestras
mentes, prometida en Romanos 12:2, puede lograrse sólo por la operación
del poder del Espíritu Santo obrando en aquellos cristianos que
se han entregado a él. Dios obrará en nosotros, aun en el
ámbito de nuestra imaginación; pero sólo hasta el
punto en que se lo permitamos. Esta entrega puede, a veces, demandar una
lucha enconada de nuestra parte. Como, sin duda, todos hemos experimentado,
es muy fácil que nuestra mente vague y se enfoque en temas prohibidos,
terrenales, carnales, que son de abajo y no de arriba. No es extraño
que, en Colosenses 3:2 (ver la sección de ayer), la traducción
literal de “poned la mira [vuestros afectos]” signifique “piensen continuamente
en” las cosas celestiales. Tal vez, puede ser en cierta forma la razón
por la que Pablo también nos dijera que debemos orar siempre (ver
2 Tes. 1:11); porque nada puede elevar nuestros pensamientos tanto como
lo puede hacer la oración.
¿De qué maneras
usas tu imaginación? ¿Está ayudándote a trabajar
en favor de tu andar con el Señor, o en contra de ello? ¿Qué
puedes hacer para ser más receptivo a la “renovación” de
nuestras mentes que Dios nos promete? |
Las Influencias.
Recientemente, una nación
se horrorizó. Un hombre sin hogar, ebrio y sucio, en una ciudad
grande, estaba durmiendo en un callejón. Un grupo de unos tres jóvenes,
al ver al desafortunado hombre, consiguió una lata con gasolina.
Mientras el hombre dormía, lo rociaron con el combustible y lo prendieron
fuego. Sufrió una muerte horrible. Cuando fueron arrestados
y les preguntaron por qué hicieron algo tan terrible, uno de los
jóvenes contestó que habían visto algo parecido en
una película de cine, y sencillamente copiaron lo que vieron.
Piensa en este incidente. Por
extremo que éste sea, ¿qué principio vital queda expresado
allí?
Como hemos visto esta semana,
Dios se preocupa por nuestros pensamientos; y él también
ha prometido darnos fuerzas para cambiarlos. Pero cualesquiera que sean
las promesas de poder de arriba, Dios no transformará la corriente
de nuestros pensamientos en forma mágica. Cuando expresamos una
oración como: “Señor, cambia mis pensamientos”, no nos volvemos
al instante puros de mente y de corazón. Por bueno que esto pudiera
ser, no opera de esta manera. Tenemos un claro deber de cooperar con el
Señor. En buena medida, las cosas que ingresen en nuestra mente
afectarán las cosas en que pensamos. Cuanto más leamos acerca
de Jesús, tanto más nos concentraremos en cosas santas y,
entonces, nuestros pensamientos serán más acerca de Jesús
y de las cosas santas; cuanto más leamos acerca de cosas terrenales
e impías, tanto más nuestros pensamientos serán impíos
y se fijarán en las cosas terrenales. Es así de sencillo.
¿De qué modo Filipenses
4:8 capta la esencia de la lección de esta semana? Escribe cada
una de esas palabras (verdadero, honesto, justo, puro, etc., y bajo cada
una de ellas anota algunas cosas que entren en esa categoría (sería
interesante comparar tus respuestas con las de tus compañeros de
clase). ¿Cuán bien estás siguiendo la amonestación
de Pablo con respecto a tus pensamientos?
¿Tienes dificultades
para controlar tus pensamientos? ¿Te resulta difícil pensar
en las realidades celestiales en vez de las cosas terrenas y carnales?
La respuesta a tu problema podría fácilmente encontrarse
en lo que estás leyendo o mirando. Sólo tú puedes
llevar a cabo los cambios necesarios. ¿Por qué no decides,
ahora mismo, bajo el poder y la influencia del Espíritu Santo, discriminar
y desechar en forma seria las cosas que vienen a tu mente? De otro modo,
nunca lograrás la victoria en este aspecto vital de la experiencia
cristiana. |
Para Estudiar y Meditar:
“El apóstol procuró
enseñar a los creyentes cuán importante es impedir que la
mente divague en asuntos prohibidos o gastar energías en cosas triviales.
Los que no quieran ser víctimas de las trampas de Satanás,
deben guardar bien las avenidas del alma; deben evitar el leer, mirar u
oír lo que podría sugerir pensamientos impuros” (HAp 427).
“El adiestramiento del corazón,
el control de los pensamientos en cooperación con el Espíritu
Santo, pondrá nuestras palabras bajo control. Esto es verdadera
sabiduría, y le asegurará paz mental y contentamiento. Habrá
gozo en la contemplación de las riquezas de la gracia de Dios” (2
MCP 682).
“A fin de ser sabios, los que
quieran tener la sabiduría de Dios deben llegar a parecer insensatos
con respecto al conocimiento pecaminoso de esta época. Deben cerrar
los ojos para no ver ni aprender el mal. Deben taparse los oídos,
para no percibir lo malo ni obtener un conocimiento que mancillaría
la pureza de sus pensamientos y actos. Y deben guardar su lengua, para
no expresar comunicaciones corruptas y para que no se halle engaño
en su boca” (HAd 367).
Preguntas Para Dialogar:
Reflexiona en tu propio hogar.
¿Qué cosas hay que hacen más difícil para ti
mantener la pureza de los pensamientos?
¿Qué papel vital
tienen la oración y el estudio de la Biblia en ayudarte a controlar
tus pensamientos?
¿Qué pueden hacer,
como iglesia, para ayudar a otros miembros, particularmente a los jóvenes,
a protegerse de la clase de influencias negativas que pueden hacer muy
difícil controlar sus pensamientos?
Lee Efesios 6:10 al 18. ¿De
qué maneras te ayuda esto a proveerte una fórmula para alcanzar
la victoria en esta batalla importante que se libra por el control de tu
mente?
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