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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Éxodo 19:5; Romanos 3:24; Efesios 1:7; Génesis
2:24; Job 1:1-5.
Pensamiento Clave: El
Señor Jesucristo no debe ser el primero entre iguales en nuestras
vidas. Necesitamos que sea el primero, sin rival.
LA PRETENSIÓN RADICAL
DE JESÚS. Jesús nos exhorta a que le demos el primer
lugar en nuestras vidas, sin ningún rival. A todo el que quiera
ser su discípulo, le dice: “Si alguno viene en pos de mí,
y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas,
y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”
(Luc. 14:26).
Obviamente, esta declaración
de Jesús no puede ser tomada literalmente. Si somos llamados, como
seguidores de Jesús, a amar a nuestros enemigos (Mat. 5:44), ciertamente
debemos amar a los que están más cerca de nosotros, como
por ejemplo los miembros de nuestra familia inmediata. Jesús no
nos está pidiendo que odiemos a los miembros de nuestra familia;
en cambio, usando imágenes fuertes y exageradas (hipérboles),
está expresando que necesitamos darle el primer lugar en nuestras
vidas. Él debe ser nuestra prioridad máxima, el receptor
de nuestra más elevada devoción. Al considerar quién
es él –no sólo nuestro Creador sino también el que
nos redimió con su propia sangre (ver 1 Ped. 1:18, 19)–, sentiremos
que le debemos todo; y él acepta este reconocimiento invitándonos
a sea el primero en nuestras vidas. ¿Cómo podríamos
hacer algo menos que esto? |
La Tierra es del Señor.
Lee los siguientes versículos.
¿Cómo te ayudan a comprender las pretensiones que tiene Jesús
sobre nuestras vidas? Gén. 1:1; Éxo. 19:5; Isa. 45:18; Sal.
24:1; Sal. 50:10, 11; Col. 1:16.
La idea de que el Señor
tiene prioridad en nuestras vidas depende de quién es él,
en contraste con quiénes somos nosotros. En el contexto de esta
relación, podemos entender por qué razón el Señor
debería tener la prioridad absoluta sobre nuestras consideraciones.
El dirigente de una nación no tiene el derecho moral ni legal de
formular reglas para los ciudadanos de otro país, ¿verdad?
El presidente de Francia, por ejemplo, no tiene ninguna autoridad para
ordenar a los habitantes del Paraguay cómo deben vivir.
El Señor, como nuestro
Creador, es el Gobernante soberano del universo. Lo reconozcamos o no,
él tiene derechos sobre nosotros, de la misma manera en que un gobernante
de un país específico tiene autoridad sobre los ciudadanos
de ese país. El Señor nos ha delegado la mayordomía
y la responsabilidad sobre las cosas de esta tierra, sobre todo lo que
poseamos, sobre los dones que tengamos; pero sólo los tenemos porque
Dios primero ha creado esas cosas y luego nos las ha dado.
Es vital recordar este concepto,
porque Dios no nos obliga a usar, para su gloria, los dones que nos dio.
Él nos hizo libres; libres para establecer las prioridades como
queramos. Podemos reconocer su derecho sobre nosotros, o podemos seguir
nuestro propio camino, haciendo lo que queramos y, por supuesto, cosechar
los tristes resultados de nuestras elecciones equivocadas.
¿Sabes cantar bien? ¿Eres
dueño de muchas propiedades? ¿Eres un buen orador? ¿O
un agricultor de éxito? Sea lo que fuere que tengas o que seas,
medita en cómo todas las cosas provienen de Dios. ¿De qué
modo el darte cuenta de esto puede ayudarte a comprender de qué
forma debes establecer tus prioridades? ¿Qué cambios necesitarías
hacer para asegurarte de que Cristo sea lo primero en tu vida? |
El Dios Redentor.
“Yo deshice como una nube tus
rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque
yo te redimí” (Isa. 44:22).
En la sección de ayer,
consideramos los derechos que tiene Dios sobre nosotros en virtud del hecho
de que él es nuestro Creador. En este sentido, él es nuestro
Dueño. No obstante, en un mundo caído, esto por sí
sólo no es suficiente para que queramos servirlo; para querer entregarle
nuestras vidas y prioridades a él. Esto podría convertirse
en una obligación, en el sentido de que alguien que trabaja para
su empleador está obligado a trabajar para él. Pero Dios
quiere que lo sirvamos no por una obligación fría y dura,
sino porque lo amamos por lo que hizo por nosotros; no sólo porque
es nuestro Creador, sino también porque es nuestro Redentor.
Recuerda la ocasión en
la que hiciste algo para alguien porque te sentías obligado a hacerlo,
en oposición a cuando hiciste algo por alguien a quien realmente
amabas y apreciabas. ¿De qué modo este contraste te ayuda
a comprender la forma en que Dios quiere que nos relacionemos con él?
La Biblia aclara que el Señor
no sólo es nuestro Creador, sino también nuestro Redentor.
Muchos versículos hablan acerca de Jesús como Redentor, al
haber hecho la obra de la redención en nuestro favor. De hecho,
es imposible comprender su muerte en la cruz sin tener en cuenta la idea
de la redención.
Lee Romanos 3:24; Tito 2:14;
1 Pedro 1:18 y 19; y Gálatas 3:13. ¿De qué modo estos
versículos, acerca de la obra de redención de Cristo en nuestro
favor, te ayudan a querer servir al Señor y entregarle los dones
que Dios te ha concedido?
La palabra “redimir”, “redención”,
tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, proviene de
varias palabras que significan “comprar de nuevo”, “rescatar”, “liberar”.
Estas ideas transmiten las verdades de lo que Jesús hizo por nosotros.
De este modo, no sólo él es nuestro Creador, sino también
nuestro Redentor. Él nos rescató del poder del pecado y,
en última instancia, de sus consecuencias legales y vitales (ver
Rom. 6:23). Cuando comenzamos a captar lo que esta redención significa
para nosotros personalmente; cuando experimentamos por nosotros mismos
el gozo de esta redención, entonces es mucho más fácil
hacerlo Señor de nuestras prioridades. |
El Ejemplo del Señor
Jesucristo.
Hacer la voluntad del Padre
era la prioridad número uno en la vida de Jesús. Su plan
para la vida era sencillamente éste: descubrir cuál era la
voluntad de Dios y cumplirla.
Busca los siguientes pasajes.
¿Qué se nos indica en cada caso? ¿Cuál es el
tema común que se encuentra en todos ellos? ¿Qué nos
enseñan acerca de Jesús y del ejemplo de obediencia que él
nos presenta? Juan 4:34; Juan 6:38; Lucas 22:42; Fil. 2:8; Heb. 10:9; Juan
17:8.
“Tan completamente había
anonadado Cristo al yo, que no hacía planes por sí mismo.
Aceptaba los planes de Dios para él, y día tras día
el Padre se los revelaba. De tal manera debemos depender de Dios, que nuestra
vida sea el simple desarrollo de su voluntad” (DTG 179).
Cuán maravilloso ejemplo
es la vida de entrega completa de Cristo a Dios, que no sólo sus
hechos sino también sus palabras eran las del Padre.
Vuelve a los textos para hoy.
Reúne los pensamientos básicos y pregúntate: ¿Cuál
es el mensaje que tienen para mí? ¿Qué necesito cambiar,
a fin de avanzar mejor hacia el ideal personificado por Jesús? |
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Miércoles
6 de julio 2005
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Primero en tu Agenda (Luc.
6:46).
¿Qué pregunta
hizo Jesús a sus oyentes al final de su Sermón del Monte?
Luc. 6:46. ¿Cuán diferente sería tu vida si hicieras
todo lo que Jesús te mandó?
La obediencia es la evidencia
máxima de que hemos aceptado a Jesús como Salvador y Señor.
Su voluntad llega a ser nuestra voluntad; sus planes llegan a ser los nuestros.
Como una respuesta de amor a su gracia salvadora, nos entregamos completamente
a él, como Señor en cada aspecto de nuestras vidas.
Debemos evitar, a toda costa,
caer en el engaño fatal de llamar a Jesús “Señor”
pero no reconocer su señorío sobre nuestras vidas al hacer
nuestros planes para cada día. Podemos quedar fácilmente
atados a nuestras propias agendas. En vez de pedir al Señor que
gobierne y dirija cada actividad de nuestro día, pedimos a Dios
que bendiga los planes que ya hemos organizado. Elena de White sugiere
una estrategia diferente para quienes han aceptado a Jesús como
Salvador y Señor: “Somete todos tus planes a él, para ponerlos
en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia.
Sea puesta así tu vida en las manos de Dios y será cada vez
más semejante a la de Cristo” (CC 70).
Considera las historias de los
siguientes personajes bíblicos. ¿De qué manera estuvieron
en conflicto los planes de Dios para ellos con sus propios planes personales?
Éxo. 2:11-15; Jer. 1:4-10; 2 Tim. 4:10; Mat. 19:16-22.
¿Quién no se ve
reflejado, hasta cierto punto, en estas historias? Algunas de ellas (hasta
donde podamos determinarlo) tuvieron un buen final; otras lo tuvieron malo.
¿Qué causó esta diferencia vital? |
Primero en tu Día (Mar.
1:35; Sal. 5:1-3).
Nuestro Señor Jesucristo
demostró la importancia de buscar a Dios, como la primera actividad
en el día. Marcos registra que “levantándose muy de mañana,
siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto,
y allí oraba” (Mar. 1:35). “La madrugada lo encontraba con frecuencia
en algún lugar aislado, meditando, escudriñando las Escrituras
u orando. De estas horas de quietud, volvía a su casa para reanudar
sus deberes y para dar un ejemplo de trabajo paciente” (DTG 69).
Haríamos bien en seguir
el ejemplo de nuestro Señor. Mientras que es importante poner al
Señor siempre delante de nosotros (ver Sal. 16:8), también
es apropiado apartar momentos especiales de oración. David oraba
por la mañana, al mediodía y a la noche (ver Sal. 55:17).
Daniel seguía una práctica similar (ver Dan. 6:10).
Lee la oración del salmista,
en Salmo 5:1 al 3. ¿Por qué crees que la mañana es
un momento muy importante para concentrar tu atención especialmente
en el Señor? ¿Qué hay en la mañana (o cuando
te despiertes) que la hace un momento especial para tener comunión
con Dios?
La mayoría de los cristianos
están de acuerdo, en principio, en que la primera prioridad del
día debería ser tener comunión con el Señor.
Sin embargo, muchos tienen dificultad para poner en práctica esta
convicción. Las actividades de las horas tardías de la noche
o las responsabilidades muy tempranas por la mañana parecen fácilmente
desplazar esos momentos especiales de compañerismo con Dios. Como
resultado, nuestro tiempo con el Señor a menudo llega a ser motivado
por reacciones, clamando a él cuando las cosas van mal, en lugar
de ser proactivas, al buscarlo primero a él, antes de que afrontemos
los desafíos del día. Muchos debilitan seriamente su vida
espiritual porque no se toman el tiempo vital para orar, leer la Biblia
o meditar en la Palabra. Del mismo modo que si pasas por alto el desayuno
pronto se terminará tu combustible físico, al pasar por alto
la devoción matinal te puedes encontrar con que te falta el “combustible”
espiritual para afrontar las tentaciones que el enemigo siempre está
tratando de arrojar en tu sendero (ver 1 Ped. 5:8).
¿Qué cosas permites
que interfieran con una vida devocional consistente por las mañanas?
¿Por qué no resuelves ahora mismo, con oración en
tu corazón, usar este tiempo precioso, cuando comienzas tu día,
para mantener comunión con el Señor? |
Para Estudiar y Meditar:
Piensa en las personas mencionadas
en las Escrituras que pusieron a Dios primero en sus vidas y permitieron
que él fuera el Señor de sus prioridades. Por ejemplo, considera
la vida de María, la madre de Jesús. Lee Lucas 1:26 al 38.
Nota sus respuestas a los derechos de Dios.
Nota: La idea de ceder nuestras
vidas a la autoridad de otra no es un concepto popular en el siglo XXI.
Las personas quieren ser los árbitros de sus propios destinos. Quieren
estar en el control de sus vidas. Los cristianos tienen una perspectiva
diferente: aquél que nos llama a vivir bajo su señorío
es nuestro amante Salvador, que dio su vida para redimirnos. Bajo su señorío
encontramos libertad, no esclavitud; somos hijos e hijas, no esclavos.
Preguntas Para Dialogar:
¿Cómo es posible
seguir el ejemplo de Jesús, que “no hacía planes por sí
mismo” sino, sencillamente, permitía que el Padre dirigiera sus
pasos? Sugiere algunas formas en que se podría poner en práctica
este enfoque de la vida. Comparte tus ideas con la clase.
Considera otras dos áreas
importantes de tu vida: la familia y las finanzas. ¿Cuáles
son algunas formas prácticas en que podemos actuar bajo el señorío
de Jesús en estas dos áreas tan importantes?
Busca tantos textos como puedas
encontrar que hablen acerca de Cristo como el sacrificio ofrecido por nuestros
pecados, y luego escribe un párrafo que resuma lo que significan.
Como clase, pide a los miembros que lean en voz alta lo que escribieron.
¿De qué modo estas buenas noticias nos ayudan a motivarnos
para querer servir al Señor y entregar a él todo lo que nos
ha dado? ¿Qué motivación mayor podríamos tener
para hacer esto? |