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Lección 1
Jesucristo, Nuestro Señor
Para el 2 de Julio del 2005

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Nuestro Señor y Salvador Jesucristo
PARA MEMORIZAR
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Luc. 2:10, 11).
Sábado 25 de junio 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Romanos 3:9-26; Lucas 1:26-38; Juan 1:1-18; Hechos 9:1-19.

SALVADOR Y SEÑOR. Muchos cristianos, hoy, están buscando a un Salvador, “sin compromisos”. Ellos anhelan una liberación que no requiera obligaciones. Pueden profesar el nombre de cristianos, pero terminan adorando a un Salvador de fabricación propia. Aunque es cierto que un ángel aconsejó a José llamar a su hijo milagroso “JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mat. 1:21), un ángel también anunció a los pastores, en las colinas cerca de Belén, que “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Luc. 2:11).

Son muchos más los textos del Nuevo Testamento que se refieren a Jesús como Señor que como Salvador. Es imposible recibir a Jesús como Salvador y rechazarlo como Señor. El apóstol Pedro se refiere a Jesús como “nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 1:11); y el apóstol Pablo nos anima a mirar “al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil. 3:20). En la lección de esta semana, exploraremos la importancia y las consecuencias de esta pregunta vital: ¿He recibido a Jesús como Salvador y como Señor?


Domingo 26 de junio 2005
Nuestra Necesidad de un Salvador (Rom. 3:9-26). 
El apóstol Pablo advierte a los romanos que “la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Rom. 1:18). La rebelión contra la voluntad y la Palabra de Dios tiene consecuencias: “La paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23).

 Lee Romanos 3:9 al 26. ¿Qué punto importante está enfatizando aquí Pablo? (Si nunca has leído la epístola de Pablo a los Romanos, te conviene comenzar con Romanos 1:1, para poder seguir toda su argumentación).

¿Has notado la tendencia humana de compararnos con otros, para hacernos aparecer buenos? Señalamos a otros como pecadores peores que nosotros, olvidándonos de que nosotros mismos estamos también condenados. Aun el acto de justificación propia es una evidencia de nuestra condición caída. El apóstol Pablo no deja lugar para excusas: todos han pecado, y están destituidos de la gloria de Dios; todos estamos condenados ante un Dios santo. Esto no es difícil de ver. Todo lo que tenemos que hacer es observar al mundo a nuestro alrededor, y veremos muchas evidencias de nuestra propia condición pecaminosa.

¿Cuáles son algunas de las evidencias de la pecaminosidad humana? ¿Cuán lejos tienes que mirar para encontrarlas?

No caben dudas: el pecado y sus resultados existen por todas partes; y en nosotros mismos. No tenemos que señalar con el dedo a otros: podemos encontrar toda la evidencia del pecado mirando dentro de nosotros mismos. Y eso es parte de la idea que Pablo quería destacar. Cada boca debe callar delante de Dios... ¡incluso la nuestra!

Examina tu propia vida. ¿Ves algo dentro de ti que pudiera recomendarte a Dios? ¿Por qué mirarnos a nosotros mismos es la mejor manera de darnos cuenta de que no hay esperanza, a menos que ella ésta provenga de un Dios misericordioso, lleno de gracia y perdonador?


Lunes 27 de junio 2005
El Mayor Regalo del Cielo (Luc. 1:26-38; Juan 1:1-18).
La sección de ayer nos dejó la idea de que, a menos que hubiera existido una intervención divina en nuestro favor, no tendríamos esperanza. Por supuesto, las buenas noticias son que Dios ha tomado parte en nuestro favor por medio de Jesucristo.
Mientras que los seguidores de otras religiones del mundo admiran a Jesucristo como un profeta santo o un gran maestro, pocos reconocen la verdadera importancia del ingreso de Jesucristo en la humanidad.

¿Qué mensaje dio el ángel Gabriel a María, la madre de Jesús, acerca de la identidad del niño que ella concebiría? Luc. 1:26-35.

Los escritores del Nuevo Testamento declararon valientemente que Jesucristo fue concebido por medio de la intervención sobrenatural del Espíritu Santo de Dios. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Luc. 1:35). Nacido de una madre humana, sólo Jesús podía llamar verdaderamente a Dios su Padre. Él es tan plenamente Hijo de Dios como Hijo del Hombre.

Considera el testimonio del apóstol Juan al comienzo de su Evangelio. ¿Qué mensaje importante transmite acerca de Jesucristo? Juan 1:1-18.

Jesucristo es más que un profeta santo; es más que un gran maestro: Él es la Palabra hecha carne. Él es el pensamiento de Dios hecho audible. Siendo uno con el Padre desde la eternidad pasada, el Unigénito del Padre llegó a ser carne humana en la persona de Jesús de Nazaret. Él es Emanuel, Dios con nosotros–, y, sin embargo, estaba “con nosotros” –no en rayos, truenos y relámpagos, como en el Sinaí, sino como uno de nosotros; es decir, él era plenamente humano, como nosotros. ¡Qué condescendencia asombrosa para él, que estuvo “en el principio con Dios”!

Se ha dicho que una situación desesperada requiere medidas desesperadas. ¿Qué nos debe decir esto acerca de lo que el pecado ha causado, que requería que Dios mismo se hiciera un ser humano, y luego muriera con el fin de salvarnos de aquél? ¿De qué manera el darte cuenta de esta realidad debiera ayudarte a confiar en que, por desesperada que sea tu propia situación personal, el Dios que realizó semejante acción es capaz de salvarte de cualquier desafío que afrontes?


Martes 28 de junio 2005
El Perfecto Plan de Dios (Isa. 53:3-7).
Cuando Jesús fue al río Jordán para ser bautizado, Juan el Bautista exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). En esta breve declaración, Juan el Bautista proveyó un breve resumen del perfecto plan de salvación de Dios. Jesucristo es el Cordero de Dios.

Repasa las siguientes porciones de las Escrituras. ¿De qué modo estos pasajes te ayudan a comprender el perfecto plan de salvación de Dios? Gén. 22:6-14, Isa. 53:4-7 y Apoc. 5:1-14.

Todos nos hemos extraviado; todos hemos pecado y estamos “privados” (Rom. 3:23, NVI) de la gloria de Dios. Y la paga del pecado es la muerte. Todos merecemos morir. Pero Jesucristo, el Hijo de Dios, voluntariamente tomó nuestro castigo sobre sí. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5).

Cuando Jesucristo murió en la cruz, estaba deponiendo su vida como Cordero de Dios. Estaba cumpliendo el perfecto plan divino de salvación en todos sus detalles. “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:3). “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21).

 “Cristo fue tratado como nosotros merecemos, a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. Él sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. ‘Por su llaga fuimos nosotros curados’ ” (DTG 16, 17). Lee esta conocida cita en voz alta, pero ponte a ti mismo en ella: “Cristo fue tratado como yo merezco, a fin de que yo pudiese ser tratado como él merece...” Léela en voz alta una y otra vez, hasta que las maravillosas verdades que contiene se hagan parte de ti, y te des cuenta –por ti mismo– de lo que Cristo ha hecho por ti.


Miércoles 29 de junio 2005
Respuesta a la Gracia de Dios (1 Cor. 1:18-31).
Nuestro amoroso Padre celestial ha hecho una provisión perfecta para que todos se salven. Nosotros, los que estamos muertos en nuestros pecados, podemos revivir en Cristo Jesús. El apóstol Pablo proclamó las buenas nuevas: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Rom. 10:9). Por eso, cuando el carcelero de Filipos preguntó a Pablo y a Silas qué necesitaba hacer para ser salvo, su respuesta fue sencilla y directa: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hech. 16:31). La salvación está disponible para todos los que acepten el plan perfecto de Dios. Cuando creamos en el Señor Jesucristo, seremos salvos.

Desdichadamente, no todos están dispuestos a aceptar el perfecto plan divino. Algunos consideran el mensaje de la Cruz y de la sangre expiatoria como un remanente del pasado bárbaro de la humanidad. Otros prefieren confiar en su propia sabiduría antes que en la sabiduría de Dios.

¿De qué modo describe el apóstol Pablo las diversas respuestas que se dan al perfecto plan divino de salvación? 1 Cor. 1:18-31. ¿De qué modo los que oyen el evangelio manifiestan hoy algunas de estas mismas reacciones?

En los tiempos apostólicos había algunos que consideraban la muerte de Jesucristo en la cruz como un escándalo, una piedra de tropiezo. ¿Cómo podría ser el Mesías alguien que fuera ejecutado como un criminal? Otros consideraban el mensaje de la Cruz como locura. ¿Cómo podría la muerte de un hombre afectar el destino de toda la raza humana? Ambos grupos rechazaban el perfecto plan divino de salvación y se burlaban de la gracia. Algunos porque era contrario a sus preconceptos religiosos personales; otros, porque no parecía razonable, lógico ni “científico”. Sin embargo, algunos abrazaban las buenas nuevas de la salvación mediante Jesucristo. Aceptaban la muerte de Cristo por sus pecados como el poder mismo de Dios y su sabiduría. A pesar de la oposición al evangelio, el apóstol Pablo escribió: “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Rom. 1:16).

¿Cuál ha sido tu respuesta al evangelio? Repasa tu propia experiencia con Jesús y tu respuesta a su gracia salvadora. ¿Qué fue lo que te movió a aceptar su salvación, más que cualquier otra cosa? ¿O todavía estás ofreciendo excusas?


Jueves 30 de junio 2005
Confesar a Jesucristo como el Señor (Hech. 9:1-19).
El apóstol Juan registra la triste noticia de que Jesucristo “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Como no era el Mesías que ellos esperaban, muchos rechazaron el perfecto plan divino para su salvación. Pero el apóstol Juan también registra las buenas noticias: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (vers. 12). Muchos leen este testimonio y no captan su verdadera importancia. Cuando aceptamos el perfecto plan divino de salvación por medio de Jesucristo, el Cordero de Dios, no sólo recibimos a Jesucristo como Salvador; también lo recibimos como Señor.

Examina el informe de la conversión de Saulo y su conversación con Ananías, registrada en Hechos 9:1 al 19. ¿Cuáles son las implicaciones, para tu propia vida, cuando recibes a Jesús como tu Salvador y Señor?

Cuando Saulo percibió que se estaba encontrando con el Cristo resucitado, lo primero que dijo no fue: “Señor, ¿qué quieres que yo crea?”; o “Señor, ¿qué quieres que yo diga?”, sino que fue: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Saulo, al llamar aquí a Jesús “Señor”, reconocía lo que Jesús era, y por eso necesitaba obedecerlo. Y cuando el Señor dijo: “Levántate y ve”, Saulo se levantó y fue. Vemos la misma respuesta en Ananías. El mensaje es claro: Cuando confesamos que Jesucristo es el Señor, reconocemos su autoridad absoluta sobre nuestras vidas.

¿Qué palabras de reprensión dirigió Jesucristo a los que lo confesaban con sus labios pero no con sus vidas? Luc. 6:46-49.

Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor, lo obedeceremos y, como resultado, nuestras vidas serán radicalmente transformadas. Somos transformados al hacer, al obedecer y al vivir la vida de fe.

Si Cristo se te apareciera repentinamente, como le ocurrió a Saulo, y tú dijeras: “Señor, ¿qué quieres que haga?”, ¿qué crees que él te diría, y por qué?


Viernes 1 de julio 2005
Para Estudiar y Meditar:
Lee la segunda Epístola de Pedro. Nota las numerosas referencias al Señor Jesucristo. Esta epístola comienza y termina con referencias a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor.

Piensa en algunas personas mencionadas en las Escrituras que lucharon con las implicaciones de aceptar a Jesucristo como Salvador y Señor. Aquí tenemos algunos ejemplos:
Nicodemo - Juan 3:1-21; 7:50-53; 19:39-42. 
El joven rico - Mat. 19:16-26. 
Zaqueo - Luc. 19:1-10. 
Tomás - Juan 20:19-29. 
Al considerar estos ejemplos, ¿cuáles parecen ser las razones de sus luchas? ¿Hay algún elemento en común en todas estas situaciones?

Preguntas Para Dialogar:
¿Cómo podemos animarnos unos a otros a confesar a Jesucristo como Señor en cada aspecto de nuestras vidas, sin parecer legalistas o juzgadores? ¿Cómo podemos estar seguros de evitar la trampa del legalismo al procurar que Jesús gobierne cada aspecto de nuestras vidas? ¿Por qué una correcta comprensión de la salvación sólo por la fe es el único camino para protegernos contra el legalismo?

Como clase, ¿qué podrían hacer para ayudar a los feligreses, en tu iglesia local, a tomar conciencia de la importancia de permitir que Jesús sea el Señor de sus vidas? En otras palabras, ¿qué podrían hacer para animar a los demás miembros de iglesia a hacer una entrega total a Jesús?

¿De qué manera animarías a un amigo que quiere experimentar la salvación, pero que teme entregarse totalmente a Jesucristo como su Señor?

Pregunta a cada miembro de tu clase: “¿Qué es el evangelio?” Después de que todos hayan respondido, analiza las respuestas. ¿Cuáles son las diferencias y las semejanzas entre los diversos conceptos acerca del evangelio?

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
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