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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Romanos 3:9-26; Lucas 1:26-38; Juan 1:1-18; Hechos 9:1-19.
SALVADOR Y SEÑOR.
Muchos cristianos, hoy, están buscando a un Salvador, “sin compromisos”.
Ellos anhelan una liberación que no requiera obligaciones. Pueden
profesar el nombre de cristianos, pero terminan adorando a un Salvador
de fabricación propia. Aunque es cierto que un ángel aconsejó
a José llamar a su hijo milagroso “JESÚS, porque él
salvará a su pueblo de sus pecados” (Mat. 1:21), un ángel
también anunció a los pastores, en las colinas cerca de Belén,
que “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO
el Señor” (Luc. 2:11).
Son muchos más los textos
del Nuevo Testamento que se refieren a Jesús como Señor que
como Salvador. Es imposible recibir a Jesús como Salvador y rechazarlo
como Señor. El apóstol Pedro se refiere a Jesús como
“nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 1:11); y el apóstol
Pablo nos anima a mirar “al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil.
3:20). En la lección de esta semana, exploraremos la importancia
y las consecuencias de esta pregunta vital: ¿He recibido a Jesús
como Salvador y como Señor? |
Nuestra Necesidad de un Salvador
(Rom.
3:9-26).
El apóstol Pablo advierte
a los romanos que “la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda
impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”
(Rom. 1:18). La rebelión contra la voluntad y la Palabra de Dios
tiene consecuencias: “La paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23).
Lee Romanos 3:9 al 26.
¿Qué punto importante está enfatizando aquí
Pablo? (Si nunca has leído la epístola de Pablo a los Romanos,
te conviene comenzar con Romanos 1:1, para poder seguir toda su argumentación).
¿Has notado la tendencia
humana de compararnos con otros, para hacernos aparecer buenos? Señalamos
a otros como pecadores peores que nosotros, olvidándonos de que
nosotros mismos estamos también condenados. Aun el acto de justificación
propia es una evidencia de nuestra condición caída. El apóstol
Pablo no deja lugar para excusas: todos han pecado, y están destituidos
de la gloria de Dios; todos estamos condenados ante un Dios santo. Esto
no es difícil de ver. Todo lo que tenemos que hacer es observar
al mundo a nuestro alrededor, y veremos muchas evidencias de nuestra propia
condición pecaminosa.
¿Cuáles son algunas
de las evidencias de la pecaminosidad humana? ¿Cuán lejos
tienes que mirar para encontrarlas?
No caben dudas: el pecado y
sus resultados existen por todas partes; y en nosotros mismos. No tenemos
que señalar con el dedo a otros: podemos encontrar toda la evidencia
del pecado mirando dentro de nosotros mismos. Y eso es parte de la idea
que Pablo quería destacar. Cada boca debe callar delante de Dios...
¡incluso la nuestra!
Examina tu propia vida. ¿Ves
algo dentro de ti que pudiera recomendarte a Dios? ¿Por qué
mirarnos a nosotros mismos es la mejor manera de darnos cuenta de que no
hay esperanza, a menos que ella ésta provenga de un Dios misericordioso,
lleno de gracia y perdonador? |
El Mayor Regalo del Cielo (Luc.
1:26-38; Juan 1:1-18).
La sección de ayer nos
dejó la idea de que, a menos que hubiera existido una intervención
divina en nuestro favor, no tendríamos esperanza. Por supuesto,
las buenas noticias son que Dios ha tomado parte en nuestro favor por medio
de Jesucristo.
Mientras que los seguidores
de otras religiones del mundo admiran a Jesucristo como un profeta santo
o un gran maestro, pocos reconocen la verdadera importancia del ingreso
de Jesucristo en la humanidad.
¿Qué mensaje dio
el ángel Gabriel a María, la madre de Jesús, acerca
de la identidad del niño que ella concebiría? Luc. 1:26-35.
Los escritores del Nuevo Testamento
declararon valientemente que Jesucristo fue concebido por medio de la intervención
sobrenatural del Espíritu Santo de Dios. “El Espíritu Santo
vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá
con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá,
será llamado Hijo de Dios” (Luc. 1:35). Nacido de una madre humana,
sólo Jesús podía llamar verdaderamente a Dios su Padre.
Él es tan plenamente Hijo de Dios como Hijo del Hombre.
Considera el testimonio del
apóstol Juan al comienzo de su Evangelio. ¿Qué mensaje
importante transmite acerca de Jesucristo? Juan 1:1-18.
Jesucristo es más que
un profeta santo; es más que un gran maestro: Él es la Palabra
hecha carne. Él es el pensamiento de Dios hecho audible. Siendo
uno con el Padre desde la eternidad pasada, el Unigénito del Padre
llegó a ser carne humana en la persona de Jesús de Nazaret.
Él es Emanuel, Dios con nosotros–, y, sin embargo, estaba “con nosotros”
–no en rayos, truenos y relámpagos, como en el Sinaí, sino
como uno de nosotros; es decir, él era plenamente humano, como nosotros.
¡Qué condescendencia asombrosa para él, que estuvo
“en el principio con Dios”!
Se ha dicho que una situación
desesperada requiere medidas desesperadas. ¿Qué nos debe
decir esto acerca de lo que el pecado ha causado, que requería que
Dios mismo se hiciera un ser humano, y luego muriera con el fin de salvarnos
de aquél? ¿De qué manera el darte cuenta de esta realidad
debiera ayudarte a confiar en que, por desesperada que sea tu propia situación
personal, el Dios que realizó semejante acción es capaz de
salvarte de cualquier desafío que afrontes? |
El Perfecto Plan de Dios (Isa.
53:3-7).
Cuando Jesús fue al
río Jordán para ser bautizado, Juan el Bautista exclamó:
“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan
1:29). En esta breve declaración, Juan el Bautista proveyó
un breve resumen del perfecto plan de salvación de Dios. Jesucristo
es el Cordero de Dios.
Repasa las siguientes porciones
de las Escrituras. ¿De qué modo estos pasajes te ayudan a
comprender el perfecto plan de salvación de Dios? Gén. 22:6-14,
Isa. 53:4-7 y Apoc. 5:1-14.
Todos nos hemos extraviado;
todos hemos pecado y estamos “privados” (Rom. 3:23, NVI) de la gloria de
Dios. Y la paga del pecado es la muerte. Todos merecemos morir. Pero Jesucristo,
el Hijo de Dios, voluntariamente tomó nuestro castigo sobre sí.
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5).
Cuando Jesucristo murió
en la cruz, estaba deponiendo su vida como Cordero de Dios. Estaba cumpliendo
el perfecto plan divino de salvación en todos sus detalles. “Cristo
murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:3).
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor.
5:21).
“Cristo fue tratado como
nosotros merecemos, a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados
como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no
había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados
por su justicia, en la cual no habíamos participado. Él sufrió
la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya.
‘Por su llaga fuimos nosotros curados’ ” (DTG 16, 17). Lee esta conocida
cita en voz alta, pero ponte a ti mismo en ella: “Cristo fue tratado como
yo merezco, a fin de que yo pudiese ser tratado como él merece...”
Léela en voz alta una y otra vez, hasta que las maravillosas verdades
que contiene se hagan parte de ti, y te des cuenta –por ti mismo– de lo
que Cristo ha hecho por ti. |
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Miércoles
29 de junio 2005
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Respuesta a la Gracia de Dios
(1
Cor. 1:18-31).
Nuestro amoroso Padre celestial
ha hecho una provisión perfecta para que todos se salven. Nosotros,
los que estamos muertos en nuestros pecados, podemos revivir en Cristo
Jesús. El apóstol Pablo proclamó las buenas nuevas:
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres
en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás
salvo” (Rom. 10:9). Por eso, cuando el carcelero de Filipos preguntó
a Pablo y a Silas qué necesitaba hacer para ser salvo, su respuesta
fue sencilla y directa: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo, tú y tu casa” (Hech. 16:31). La salvación está
disponible para todos los que acepten el plan perfecto de Dios. Cuando
creamos en el Señor Jesucristo, seremos salvos.
Desdichadamente, no todos están
dispuestos a aceptar el perfecto plan divino. Algunos consideran el mensaje
de la Cruz y de la sangre expiatoria como un remanente del pasado bárbaro
de la humanidad. Otros prefieren confiar en su propia sabiduría
antes que en la sabiduría de Dios.
¿De qué modo describe
el apóstol Pablo las diversas respuestas que se dan al perfecto
plan divino de salvación? 1 Cor. 1:18-31. ¿De qué
modo los que oyen el evangelio manifiestan hoy algunas de estas mismas
reacciones?
En los tiempos apostólicos
había algunos que consideraban la muerte de Jesucristo en la cruz
como un escándalo, una piedra de tropiezo. ¿Cómo podría
ser el Mesías alguien que fuera ejecutado como un criminal? Otros
consideraban el mensaje de la Cruz como locura. ¿Cómo podría
la muerte de un hombre afectar el destino de toda la raza humana? Ambos
grupos rechazaban el perfecto plan divino de salvación y se burlaban
de la gracia. Algunos porque era contrario a sus preconceptos religiosos
personales; otros, porque no parecía razonable, lógico ni
“científico”. Sin embargo, algunos abrazaban las buenas nuevas de
la salvación mediante Jesucristo. Aceptaban la muerte de Cristo
por sus pecados como el poder mismo de Dios y su sabiduría. A pesar
de la oposición al evangelio, el apóstol Pablo escribió:
“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación
a todo aquel que cree” (Rom. 1:16).
¿Cuál ha sido
tu respuesta al evangelio? Repasa tu propia experiencia con Jesús
y tu respuesta a su gracia salvadora. ¿Qué fue lo que te
movió a aceptar su salvación, más que cualquier otra
cosa? ¿O todavía estás ofreciendo excusas? |
Confesar a Jesucristo como el
Señor (Hech. 9:1-19).
El apóstol Juan registra
la triste noticia de que Jesucristo “a lo suyo vino, y los suyos no le
recibieron” (Juan 1:11). Como no era el Mesías que ellos esperaban,
muchos rechazaron el perfecto plan divino para su salvación. Pero
el apóstol Juan también registra las buenas noticias: “Mas
a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios” (vers. 12). Muchos leen este testimonio y
no captan su verdadera importancia. Cuando aceptamos el perfecto plan divino
de salvación por medio de Jesucristo, el Cordero de Dios, no sólo
recibimos a Jesucristo como Salvador; también lo recibimos como
Señor.
Examina el informe de la conversión
de Saulo y su conversación con Ananías, registrada en Hechos
9:1 al 19. ¿Cuáles son las implicaciones, para tu propia
vida, cuando recibes a Jesús como tu Salvador y Señor?
Cuando Saulo percibió
que se estaba encontrando con el Cristo resucitado, lo primero que dijo
no fue: “Señor, ¿qué quieres que yo crea?”; o “Señor,
¿qué quieres que yo diga?”, sino que fue: “Señor,
¿qué quieres que yo haga?” Saulo, al llamar aquí a
Jesús “Señor”, reconocía lo que Jesús era,
y por eso necesitaba obedecerlo. Y cuando el Señor dijo: “Levántate
y ve”, Saulo se levantó y fue. Vemos la misma respuesta en Ananías.
El mensaje es claro: Cuando confesamos que Jesucristo es el Señor,
reconocemos su autoridad absoluta sobre nuestras vidas.
¿Qué palabras
de reprensión dirigió Jesucristo a los que lo confesaban
con sus labios pero no con sus vidas? Luc. 6:46-49.
Cuando recibimos a Jesucristo
como nuestro Salvador y Señor, lo obedeceremos y, como resultado,
nuestras vidas serán radicalmente transformadas. Somos transformados
al hacer, al obedecer y al vivir la vida de fe.
Si Cristo se te apareciera repentinamente,
como le ocurrió a Saulo, y tú dijeras: “Señor, ¿qué
quieres que haga?”, ¿qué crees que él te diría,
y por qué? |
Para Estudiar y Meditar:
Lee la segunda Epístola
de Pedro. Nota las numerosas referencias al Señor Jesucristo. Esta
epístola comienza y termina con referencias a Jesucristo como nuestro
Salvador y Señor.
Piensa en algunas personas mencionadas
en las Escrituras que lucharon con las implicaciones de aceptar a Jesucristo
como Salvador y Señor. Aquí tenemos algunos ejemplos:
Nicodemo - Juan 3:1-21; 7:50-53;
19:39-42.
El joven rico - Mat. 19:16-26.
Zaqueo - Luc. 19:1-10.
Tomás - Juan 20:19-29.
Al considerar estos ejemplos,
¿cuáles parecen ser las razones de sus luchas? ¿Hay
algún elemento en común en todas estas situaciones?
Preguntas Para Dialogar:
¿Cómo podemos
animarnos unos a otros a confesar a Jesucristo como Señor en cada
aspecto de nuestras vidas, sin parecer legalistas o juzgadores? ¿Cómo
podemos estar seguros de evitar la trampa del legalismo al procurar que
Jesús gobierne cada aspecto de nuestras vidas? ¿Por qué
una correcta comprensión de la salvación sólo por
la fe es el único camino para protegernos contra el legalismo?
Como clase, ¿qué
podrían hacer para ayudar a los feligreses, en tu iglesia local,
a tomar conciencia de la importancia de permitir que Jesús sea el
Señor de sus vidas? En otras palabras, ¿qué podrían
hacer para animar a los demás miembros de iglesia a hacer una entrega
total a Jesús?
¿De qué manera
animarías a un amigo que quiere experimentar la salvación,
pero que teme entregarse totalmente a Jesucristo como su Señor?
Pregunta a cada miembro de tu
clase: “¿Qué es el evangelio?” Después de que todos
hayan respondido, analiza las respuestas. ¿Cuáles son las
diferencias y las semejanzas entre los diversos conceptos acerca del evangelio? |