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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Marcos 10:32; 11:25.
A JERUSALÉN. En
los últimos capítulos de Marcos que hemos estudiado, Jesús
estaba en un viaje largo y lleno de complicaciones. Ahora, Marcos nos dice
cuál es la meta de este viaje hacia el sur, desde Galilea: “Iban
de camino subiendo a Jerusalén; y Jesús se les adelantó.
Los discípulos estaban asombrados, y los otros que venían
detrás tenían miedo” (Mar. 10:32, NVI).
Era una escena de hondo patetismo:
Jesús iba adelante, los discípulos un poco detrás,
preguntándose qué sucedería, y otros, detrás
de ellos, sintiéndose temerosos. Los acontecimientos finales y culminantes
estaban por comenzar.
Hemos llegado ahora a los últimos
siete días de la vida terrenal de Jesús. Como lo hacen los
otros evangelistas, Marcos dedica un espacio privilegiado a este breve
período: 6 de los 16 capítulos de su libro. Mateo dedica
7 capítulos de 28; Lucas, 6 capítulos de 24; y Juan, 10 capítulos
de 21. Las implicaciones son claras: por importantes que fueran la vida
y las enseñanzas de Jesús, su muerte y su resurrección
lo fueron aún más.
Un Vistazo a la Semana:
¿Por qué oramos, a veces, por cosas equivocadas? ¿Qué
significa vivir en la luz, a diferencia de vivir en la oscuridad? ¿Por
qué limpió Jesús el Templo por segunda vez? ¿Por
qué maldijo Jesús a la higuera?.
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Un Pedido Necio (Mar. 10:32-45).
Después de leer
la parte de Marcos asignada para hoy, concéntrate en el versículo
35. Considerando todos los milagros que ellos habían visto hacer
a Jesús, ¿por qué su pedido era muy “razonable”? ¿De
qué modo nosotros, a nuestro modo, hacemos pedidos “razonables”
a Dios, que no son contestados como pensamos que deberían serlo
(después de todo, lee también Mateo 17:20 y Lucas 1:37)?
Como seres humanos, consideramos
el mundo desde una perspectiva muy estrecha: la nuestra. Y, no importa
cuánta luz y verdad se nos conceda, no importa lo que aprendamos,
seguimos filtrando todo lo que percibimos a través de nosotros mismos,
a través de nuestra concepción estrecha y limitada del mundo
que conocemos como seres caídos. Por eso, a menudo pedimos cosas
que creemos que serían buenas para nosotros que, sin embargo, en
el gran panorama divino de la realidad, no lo son, aun cuando estemos totalmente
convencidos de que son buenas y que Dios debería dárnoslas
de inmediato.
¿De qué manera
el pedido de Santiago y de Juan revela su ignorancia de lo que estaban
pidiendo? Lee Marcos 10:42 al 45. ¿De qué modo la respuesta
de Cristo revela la ignorancia de ellos?
Los discípulos, a pesar
de todo el tiempo que estuvieron con Jesús, revelaron su ceguera
a las cosas espirituales más importantes. Las palabras de Cristo,
en los versículos 42 al 45, presentan un panorama radicalmente diferente
de lo que significan el liderazgo, el poder y el éxito. No es extraño,
entonces, que, al igual que los discípulos, nosotros podamos orar
por cosas que creemos que son buenas y necesarias cuando, en definitiva,
como Santiago y Juan, no sabemos lo que estamos pidiendo.
¿Estás todavía
esperando respuestas a algunas oraciones? ¿Cuáles son, y
cómo puedes, por fe, creer que hay buenas razones (que todavía
no comprendes) por las que todavía no fueron respondidas como deseas?
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El Ciego Bartimeo (Mar.
10:46-52).
Jesús estaba en camino
hacia Jerusalén, y Jericó era la última ciudad por
la que pasaría antes de llegar a la ciudad amada. Su mente debe
de haber estado colmada con los eventos que sabía que sucederían
durante los días siguientes. Había llegado la semana final
de su vida, la culminación de su obra, que decidiría el destino
del mundo para siempre y el resultado de la larga controversia con el mal.
Pero, con tantas cosas en que ocupar su mente, sin embargo, se tomó
el tiempo para ayudar a un mendigo ciego.
Estudia el encuentro de Jesús
con el ciego Bartimeo (Mar. 10:46-52). Nota lo que sucedió después
de que Jesús lo sanó. En un sentido, ¿de qué
manera este incidente es un símbolo de lo que deberían experimentar
todos los que han sentido el poder salvador de Jesús en sus vidas?
Muchas veces, la Biblia describe
a quienes no conocen al Señor como andando en la oscuridad (Juan
8:12; Hech. 26:18; Efe. 5:8; Col. 1:13; 1 Tes. 5:5; 1 Ped. 2:9; 1 Juan
1:6; 2:11). Lo principal de la oscuridad, por supuesto, es que en ella
no hay luz. Los que caminan en la oscuridad tropiezan, tambalean, caen
y, aunque avancen, no saben en qué dirección están
yendo.
Todo esto cambia cuando acudimos
a Jesús, que es la Luz. “Este es el mensaje que hemos oído
de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas
en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos
en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en
luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con
otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1
Juan 1:5-7).
Estas imágenes, las de
las tinieblas y la luz, son metáforas, símbolos que describen
algo diferente de sí mismos. Las tinieblas significan ignorancia
espiritual, significan pecado, odio, prejuicios, celos, codicia, avaricia.
Quienes caminan en la oscuridad, viven sin un conocimiento salvador de
Dios, sin comprender la realidad de quién es Dios y del amor que
tiene por nosotros. Y, así como la luz es lo opuesto a la oscuridad
en un sentido literal, también es lo opuesto en el sentido espiritual.
Antes de ser salvado por
Cristo, tú vivías en la oscuridad (aun si no eras consciente
de ello). Cuando te entregaste a Cristo, viniste a la luz. Escribe qué
cosas nuevas viste después de llegar a la luz. ¿De qué
modo cambió tu vida? ¿Dónde estarías ahora,
si hubieras permanecido en las tinieblas? |
La Entrada Triunfal (Mar. 11:1-11).
La entrada triunfal sucedió
el domingo, una semana antes de la resurrección. Los cristianos
de diversos credos celebran el día de diferentes maneras. Para algunos,
es el Domingo de Ramos, y se celebra con himnos, lecturas bíblicas
y sermones apropiados. Los adventistas del séptimo día no
seguimos un año litúrgico, es decir, un calendario de adoración
que designe cada sábado del año en términos de pasajes
bíblicos y sermones; sin embargo, estamos profundamente interesados
en la vida de Jesús, especialmente en las escenas finales. Por lo
tanto, los acontecimientos del último domingo de la vida de Jesús
proporcionan material para una contemplación profunda.
¿De qué modo Jesús
llamó la atención a su entrada en Jerusalén? Mar.
11:1-11.
Qué significaba que
anduviera sobre un burrito, viniendo desde el Monte de los Olivos? (Ver
Zac. 9:9.)
Jesús podría haber
subido a Jerusalén en forma silenciosa, como lo había hecho
tantas veces. Pero él eligió, en ese momento llamar la atención
hacia sí mismo. Envió a sus discípulos a conseguir
un burrito que nunca hubiera sido montado, y entró en la ciudad
desde el Monte de los Olivos. La multitud no pasó por alto estos
actos, pues estaba esperando a quien en ese momento estaba actuando como
el Rey-Mesías por largo tiempo esperado. Aunque Jesús no
se manifestó como el líder político y libertador social
que ellos esperaban, él era el Mesías prometido. De modo
que, deliberadamente, entró en la ciudad amada de la manera en que
el profeta Zacarías lo había predicho. ¡Y la multitud
se enardeció!
“Hosanna. Gr. hosanná,
transliteración de la expresión hebrea hoshi?ah na’ que significa
“salva, ahora” o “salva, te lo ruego” [...] era interpretado como un salmo
mesiánico y es probable que esta frase tuviera alguna connotación
mesiánica reconocida por el pueblo” (5 CBA 459).
¡Qué comienzo para
la semana de la Pascua! Pero las mismas multitudes que exclamaban ¡Hosanna!
y echaban sus mantos en el camino el domingo, el viernes exclamarían:
“¡Crucifícale!”.
Todos tenemos altibajos
espirituales, ocasiones en las que nos sentimos entusiasmados acerca de
Dios y de nuestra fe, y momentos en que estamos desanimados, llenos de
dudas y apenas subsistimos en lo espiritual. Como la multitud, un minuto
estamos alabando a Dios, y al siguiente nos apartamos de él. ¿Qué
haces durante esos bajones espirituales? ¿Qué lecciones aprendiste,
de esas ocasiones, que podrías compartir con alguien que, tal vez,
esté pasando por un momento bajo similar? ¿Qué versículos
bíblicos encontraste que te ayudaron?
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Miércoles
18 de mayo 2005
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Una Cueva de Ladrones (Mar.
11:12-19).
En el pasaje para hoy, lee
cuidadosamente el versículo 17, que Jesús citó del
Antiguo Testamento. ¿Qué se esperaba que fuera el Templo?
¿Qué lección importante hay aquí para nosotros,
no sólo como individuos, sino también como iglesia?
Así como Jesús
había atraído deliberadamente la atención sobre sí
mismo por su manera de entrar en Jerusalén, su primer acto en la
ciudad fue uno que seguramente despertó la ira de los líderes
religiosos. Públicamente desafió las prácticas de
quienes eran responsables por la adoración, poniendo su autoridad
frente a la de ellos. Este acto de purificación del Templo exhibió
su papel como Mesías, cuya autoridad sobrepasaba a la de todos los
demás.
En el tiempo de Jesús,
el sacerdocio y el Templo estaban en manos de los saduceos. Al controlar
las ceremonias en el Templo, los saduceos habían ganado mucha riqueza.
Los peregrinos que venían a Jerusalén tres veces cada año
no podían traer sus propios sacrificios consigo; por ello, tenían
que comprarlos en Jerusalén. Los sacerdotes controlaban esta venta
de animales. Además, los animales sólo podían comprarse
con la moneda del Templo, de modo que los peregrinos primero debían
cambiar su dinero por la moneda del Templo y luego comprar sus animales
para los sacrificios. En ambas transacciones –el cambio de moneda y la
venta de animales–, las autoridades del Templo se beneficiaban grandemente.
De este modo, la adoración
en el Templo se había corrompido. Lo que debía haber sido
una casa de oración para todas las naciones, se había degradado
a una treta para lucrar, al explotar a la gente común y enriquecer
a los líderes religiosos. No es de extrañar que Jesús
ardiera con santa indignación. Las palabras no eran suficientes:
echó a los animales y derribó las mesas de los cambistas.
Pero, al hacerlo, selló su destino. No había forma en que
los líderes religiosos lo toleraran por más tiempo. Él
había tocado sus bolsillos, y ellos no descansarían hasta
sacarlo del camino.
¿De qué modo podemos,
individualmente o como iglesia, apartarnos de nuestra misión al
concentrarnos en mejorar nuestra suerte y, sin embargo, pensar que lo hacemos
en favor de la verdad? |
Jesús Maldice una Higuera
(Mar. 11:12-14, 20-26. Ver también Mat. 21:18-22; Luc. 13:6-9).
Lee los diferentes informes
de la misma historia. El Dador de la vida maldice a un árbol que
luego se seca. ¿Por qué parece esto tan fuera de lugar con
respecto al carácter de Jesús? ¿Qué mensaje,
y qué advertencia se desprenden de esta acción?
Jesús tenía apetito,
y vio una higuera a la distancia, con hojas. Se chasqueó cuando
no encontró higos, y pronunció una maldición sobre
ella. Luego, la higuera se marchitó y murió. Los escritores
no tuvieron reparos en contar lo que hizo Jesús, ni trataron de
ocultar este acto aparentemente tan extraño; de hecho, el Espíritu
Santo los condujo a incluir el informe, porque contiene una enseñanza
vital para los seguidores de Jesús hasta el fin del tiempo.
Cada palabra y cada acto de
Jesús durante su última semana están cargados de suma
importancia. Ya hemos estudiado la manera dramática en que entró
el domingo y el acto muy público de la purificación del Templo.
Este acto no fue realizado para beneficio del público en general,
sino para la instrucción de sus discípulos a través
de los tiempos. Probablemente fue temprano en la mañana del lunes
cuando Jesús maldijo la higuera. Pero, algo de gran importancia
había sucedido la noche anterior. Marcos no lo menciona, pero Lucas
registra que Jesús contempló la amada ciudad y lloró
sobre ella, prediciendo de qué modo Jerusalén sería
rodeada por ejércitos extranjeros y destruida (Luc. 19:41-44). Entonces,
al día siguiente, Jesús maldijo la higuera. La conexión
entre ambos incidentes debería ser evidente.
Nota lo que Jesús le
dijo a Pedro (Mar. 11:22-26) después de que preguntó al Señor
acerca del árbol que se secó (vers. 21). ¿De qué
modo estas palabras se relacionan con lo que Pedro dijo acerca del árbol?
Jesús les dice: Tened
fe en Dios; es decir, confíen en el Señor, oren a él,
descansen en su bondad y perdonen a otros sus pecados. Jesús indica
a sus seguidores que se aparten de las cosas terrenales, para seguir los
grandes principios de la verdad. ¿A qué cosas terrenales
y principios mundanos te estás aferrando, los que, al fin, se marchitarán
y morirán como la higuera maldecida? ¿Qué dice Jesús,
aquí, que te puede ayudar a cambiar?
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Para Estudiar y Meditar:
Lee, en El Deseado de todas las gentes, los capítulos “La ley del
nuevo reino” (pp. 501-505), “Tu rey viene” (pp. 523-532), “Un pueblo condenado”
(pp. 533-539) y “Cristo purifica de nuevo el templo” (pp. 540-552).
Preguntas Para Dialogar:
¿Qué evidencia
encuentras, en la lección de esta semana, donde se muestra que los
sufrimientos y la muerte de Jesús no fueron sólo un accidente
de la historia?
¿De qué modo desafió
Jesús directamente a las autoridades religiosas de sus días?
Piensa en otras ocasiones cuando hizo lo mismo. ¿Por qué
crees que hizo esto? ¿Habrá alguna ocasión en que
nosotros también debamos desafiar a la religión establecida?
Si es así, ¿cuándo, en qué circunstancias y
de qué manera podemos hacerlo, con el mismo espíritu con
que lo hizo Cristo?
Analiza con tu clase las palabras
de Cristo en Marcos 11:23 al 26. Contrasta esto con lo que estudiamos en
la sección del domingo acerca de las oraciones que Dios no contesta
como deseamos. ¿De qué modo puedes conciliar las dos ideas
presentadas en estas secciones?
Habla, con quienes estén
dispuestos a hacerlo, acerca de las oraciones de fe que no han sido respondidas
como se esperaba o deseaba. ¿De qué modo manejaron esta prueba
de fe? ¿Qué pueden compartir los demás miembros de
la clase que pudiera ayudar a alguien que lucha con oraciones no contestadas?
Resumen:
Nuestro estudio de esta semana
tiene un sentido muy dramático. Durante años, Jesús
había estado esperando estos momentos y se había preparado
para ellos. Con decisión, se puso en camino a Jerusalén,
entró en la ciudad de la manera en que lo hacían los reyes,
algo predicho por la profecía, y ejerció la autoridad del
Mesías. Para los discípulos, esos pocos días estuvieron
cargados de ansiosa expectativa; para la nación, fue la última
oportunidad, que gradualmente se desvanecía, de aceptar a su Rey.
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