|
Lee Para el Estudio de esta
Semana: Marcos 9:14-10:31.
UN GRUPO HETEROGÉNEO.
Una revista cristiana sugirió una vez cómo una consultora
moderna podría haber evaluado a los discípulos de Cristo:
“Simón Pedro es emocionalmente inestable y dado a los arranques
violentos. Andrés no tiene ninguna cualidad de liderazgo. Los hijos
de Zebedeo, Santiago y Juan, ponen sus intereses personales por sobre la
lealtad al grupo. Tomás demuestra una actitud de dudas que minaría
la moral.
“Sentimos que es nuestro deber
decir a usted que Mateo ha sido eliminado de la lista de la Oficina de
Relaciones Comerciales de la Gran Jerusalén. Santiago, el hijo de
Alfeo, y Tadeo definidamente tienen inclinaciones radicales, y ambos han
registrado valores elevados en la escala maníaco-depresiva.
“Sin embargo, uno de los candidatos
muestra gran potencial. Es un hombre hábil y de muchos recursos.
[...] Recomendamos a Judas Iscariote como el gerente del grupo y su mano
derecha”.–The Baptist Messenger (27 de septiembre de 1984).
Un Vistazo a la Semana:
¿Qué puede producirnos fracasos espirituales? ¿De
qué modo mostraron los discípulos sus fallas espirituales?
¿Qué dijo Jesús acerca del divorcio? ¿Por qué
Jesús trató a los niños en la forma en que lo hizo?
¿Qué punto importante enseñó Jesús con
respecto a los daños potenciales de la riqueza?.
|
Un Fracaso Público (Mar.
9:14-32).
A Pedro le hubiera gustado
quedarse en el monte con Jesús, Elías y Moisés (Mar.
9:5). Él sugirió que construyeran tres cabañas para
ellos. ¡Qué bueno habría sido si Jesús hubiera
podido quedarse un tiempo en ese lugar de luz gloriosa! Pero la misión
de Jesús requería que abandonara la paz, el estímulo
y la comunión celestial de la cumbre del monte y regresara al valle:
a la gente difícil, lenta para aprender, pero necesitada; allí
estaba su obra.
De la gloria del cielo al dolor
de un mundo caído. De las alturas de la excelsa pureza y bondad
a las profundidades de la depravación humana. Del compañerismo
con Moisés y Elías al hombre desesperado que tenía
un hijo poseído por el demonio, que no podía hablar y se
revolcaba en el suelo echando espumarajos. De la luz celestial a los discípulos,
que fracasaron miserablemente.
Lee Marcos 9:14 al 32. Anteriormente
habían salido sin Jesús y habían sido capaces de echar
fuera demonios (ver Mar. 6:12, 13), pero ahora fracasaron. ¿Qué
encontramos en el texto que revela la causa de su fracaso?
Los discípulos a menudo
habían sido testigos de ocasiones en las que Jesús echó
fuera demonios y sanó a los enfermos. Ellos mismos habían
podido hacer milagros similares cuando Jesús los envió de
dos en dos. Pero la familiaridad genera el descuido; lo que era maravilloso
y se había realizado sólo por intermedio del poder divino,
había comenzado a parecer cosa común.
“Su incredulidad, que los privaba
de sentir una simpatía más profunda hacia Cristo, y la negligencia
con que habían considerado la obra sagrada a ellos confiada les
habían hecho fracasar en el conflicto con las potestades de las
tinieblas. [...] A fin de tener éxito en un conflicto tal, debían
encarar la obra con un espíritu diferente. Su fe debía ser
fortalecida por la oración ferviente, el ayuno y la humillación
del corazón. Debían despojarse del yo, y ser henchidos del
espíritu y del poder de Dios. La súplica ferviente, perseverante,
dirigida a Dios con una fe que induce a confiar completamente en él
y a consagrarse sin reservas a su obra, es la única que puede prevalecer
para traer a los hombres la ayuda del Espíritu Santo en la batalla
contra los principados y potestades, los gobernadores de las tinieblas
de este mundo y las huestes espirituales de iniquidad en las regiones celestiales”
(DTG 397).
¿En qué formas
tu vida espiritual ha sido un fracaso? ¿A qué lo atribuyes?
¿Qué necesitas cambiar en tu vida espiritual, y qué
principios aprendiste en la lección y los textos de hoy que te pueden
ayudar a hacer esos cambios? |
Verdadera Grandeza (Mar.
9:33-50).
Marcos 9:32 es sumamente didáctico,
porque provee notables vislumbres de lo que había en la mente de
los discípulos en ese momento. Allí está su Maestro,
dándoles palabras de verdad; sin embargo, como eso no es lo que
en realidad quieren escuchar, no hacen ningún intento de seguir
aprendiendo más. En un sentido cierto, ellos se estaban escondiendo
de la verdad, ya que la verdad no era exactamente lo que esperaban. ¿De
qué modo, en algún sentido, hacemos nosotros lo mismo?
¿Cuáles fueron
las consecuencias espirituales, los frutos, de la actitud que se advierte
fácilmente en los siguientes versículos (después del
versículo 32)? ¿De qué modo revelan sus palabras cuán
lejos estaban de los principios verdaderos del Reino de Cristo?
Lee todo el texto asignado para
hoy, concentrándote en los versículos 33 al 37 y 42 al 50.
Aunque Jesús no se está refiriendo al mismo tema en cada
sección, hay un tema espiritual común, subyacente en sus
palabras, que es vital para cualquiera que pretenda ser cristiano. Es un
tema que apunta al corazón del problema espiritual que se reveló
en la lucha de los discípulos por la primacía. ¿Cuál
es ese problema, y por qué es tan importante? ¿Qué
otros versículos puedes encontrar en la Biblia que expresan la misma
idea?
Hay una corriente ética
de la Filosofía, denominada Egoísmo ético, que enseña
que cada persona debería buscar sus propios intereses y hacer caso
omiso de los intereses de otros, excepto cuando los intereses de otros
contribuyan a su propio interés; en otras palabras, la gente debería
sólo interesarse en sí misma. Realmente, esa actitud no necesita
enseñarse, porque ya está incluida en nuestros genes.
Si no hubiera Dios, ni un juicio
final y un ajuste final de cuentas, ¿qué base tendrías
para defender las ideas del Egoísmo ético? Sin embargo, ¿por
qué motivos esa actitud es inaceptable?
|
Reforma en el Divorcio (Mar.
10:1-12).
Lee Marcos 10:1 al 12. ¿Qué
está queriendo enseñar Jesús acerca del divorcio?
¿Qué mensaje tiene para nosotros, hoy, acerca de este tema
doloroso? Ver también Mateo 19:1 al 10.
Probablemente, ningún
problema de relaciones produce más debates actualmente, entre los
adventistas del séptimo día, que el del divorcio y el nuevo
casamiento. Lo mismo ocurría en los días de Jesús.
Los judíos tenían sólo el Antiguo Testamento, pero
un pasaje en él era fuertemente debatido. Era Deuteronomio 24:1
y 2: “Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare
por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta
de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá
de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre”.
Las dos escuelas de rabinos de los días de Jesús, los discípulos
de Hillel y los de Shamai, discutían cuál era el significado
de “cosa indecente”. Algunos creían que podía significar
algo tan trivial como que una comida se le quemara, mientras que otros
tomaban una actitud mucho más estricta. Sin embargo, Jesús
aclaró que no debería haber divorcio, excepto en el caso
de infidelidad matrimonial.
Nota cómo Jesús
se aparta del pasaje de Deuteronomio y se remite a los primeros capítulos
del Génesis, como su base bíblica. ¿Qué quería
destacar Jesús de esos textos? (Además, ¿qué
nos enseña esto acerca de cómo consideraba él no sólo
la exactitud histórica del Génesis, sino también su
autoridad?).
Marcos nos cuenta que los discípulos
le pidieron a Jesús explicaciones adicionales de su respuesta a
los fariseos (Mar. 10:10). De hecho, la forma en que Jesús consideraba
el matrimonio, el adulterio y el divorcio iba en contra de muchas de las
ideas corrientes en la sociedad judía, que ubicaba a los esposos
y a las esposas sobre bases diferentes. Sin embargo, las palabras de Cristo
mostraban que tanto los hombres como las mujeres pueden ser culpables del
adulterio.
¿De qué modo,
como individuos y como iglesia, podemos llegar a encontrar un equilibrio
entre la exigencia de que los feligreses adhieran a la norma bíblica
acerca del matrimonio y del divorcio, y la misericordia a los que no alcanzan
esa norma?
|
|
Miércoles
11 de mayo 2005
|
Los Niños (Mar. 10:13-16).
Marcos nos cuenta que Jesús
se molestó por la actitud de los discípulos hacia los niños
pequeños. La palabra griega es fuerte, y sugiere indignación.
Si consideramos los ejemplos previos de la actitud de ellos hacia los demás
(Mar. 9:33, 34) y hacia los gentiles (Mat. 15:23), ¿por qué
crees que los discípulos reaccionaron de ese modo hacia los niños?
Nuestra actitud hacia los niños
revela mucho acerca de nosotros mismos. Comunicarse con los niños
requiere que salgamos del mundo de nuestro propio yo; tenemos que escuchar
y procurar entender un referente totalmente diferente. De este modo, las
personas que están encerradas en sí mismas no pueden alcanzar
a los niños. De la misma forma, las personas que siempre están
procurando ganar algún beneficio o ventaja para sí mismos
de cualquier encuentro con otros, serán de poco interés para
los niños. El hecho de que Jesús estuviera tan abierto a
los niños y ellos hacia él habla mucho acerca del Maestro,
como una persona cuya vida se extendía hacia los demás, sin
importarle su condición. También, la actitud de los discípulos
hacia los niños que eran llevados a Jesús muestra cuánto
necesitaban crecer en el olvido de sí mismos y en ser una bendición
para otros.
Jesús dijo a los discípulos:
“De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño,
no entrará en él” (Mar. 10:15). ¿Qué quiso
decir con esto? ¿De qué modo sus palabras reflejaban un principio
que los discípulos, por su actitud hacia los niños, realmente
necesitaban comprender? Compara tu respuesta con la de tus compañeros
de clase. Ver también Mat. 6:9; Luc. 11:13; Efe. 5:8; 1 Ped. 1:14;
1 Juan 5:21.
Los niños se caracterizan
por una inocencia, una sinceridad, una confianza y humildad, que los seguidores
de nuestro Padre celestial necesitan tener en sus propias vidas. Los niños,
en su inocencia, están mucho menos inclinados a juzgar a otros que
los adultos, o a manifestar prejuicios contra otros. Los niños son
inocentes, indefensos, totalmente dependientes de la misericordia y el
amor de quienes pueden hacer en favor de ellos lo que ellos mismos no pueden
hacer. No es de extrañar que Jesús nos indicara que necesitamos
volvernos como ellos.
Escribe una oración pidiendo
a Dios que te dé una fe más semejante a la de los niños.
¿Qué cosas estás pidiendo a Dios? ¿Qué
acciones prácticas puedes realizar ahora mismo para lograrlo?
|
Actitud Hacia la Riqueza Material
(Mar. 10:17-31).
En la sección final
de la enseñanza de Jesús a sus discípulos, que estudiaremos
esta semana, veremos que Jesús estaba tratando de corregir sus puntos
de vista equivocados acerca de la riqueza material. Al principio, los discípulos
“se asombraron” por las palabras de Jesús, y luego “se asombraron
aún más” (vers. 24, 26). Ellos habían aceptado la
interpretación prevaleciente –la que fomentaban los escribas y los
fariseos– de que la prosperidad material y la salud eran evidencias de
la bendición de Dios, mientras que la pobreza y la enfermedad indicaban
el desagrado de Dios. Esta misma concepción los llevó a preguntar
a Jesús, al ver a un ciego de nacimiento, “¿Quién
pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan
9:1, 2).
Estudia la historia del joven
rico en Marcos 10:17 al 22 (ver también Mat. 19:16-22 y Luc. 18:18-23).
Resume lo que creas que es el mensaje espiritual básico que hay
allí para nosotros hoy.
Considera las siguientes características
del joven que tenía tantos bienes pero le faltaba la cualidad más
importante de todas. Era joven; era enérgico (vino corriendo a Jesús);
era respetuoso (se arrodilló ante Jesús); ya vimos que estaba
en una posición de autoridad; tenía gran riqueza; estaba
preocupado acerca de asuntos espirituales. ¡Qué buen candidato
para el Reino de Dios! ¿Verdad?
La prueba que le presentó
Jesús, ¿se aplica a todo el que quiera ser discípulo
de Jesús? Es decir, ¿se espera que todos vendan sus posesiones
y se las den a los pobres? Si no es así, ¿por qué
no? (Indicio: Compara las instrucciones de Jesús a otras personas
ricas que vinieron a él, tales como Zaqueo [Luc. 19:1-9] y Nicodemo
[Juan 3:1-21]).
De muchas maneras, el versículo
clave para comprender este capítulo y responder a la pregunta que
presentamos es Marcos 10:24. El problema no es la riqueza en sí,
sino la manera en que la persona rica se relaciona con ella. Conociendo
el corazón del joven rico, Jesús sabía cuál
era su debilidad. En realidad, el hecho de que el joven rico se apartara
de Jesús demostró que su riqueza era su dios. Lo más
probable es que, si la riqueza hubiera sido el problema del joven, Jesús
no le hubiera dicho lo que le dijo.
Lee otra vez el versículo
24. ¿Qué hay de malo en confiar en las riquezas? ¿Con
qué otra palabra se podría reemplazar riquezas, para expresar
el mismo principio implícito de idolatría? ¿Qué
quería enseñarnos Jesús? En tu propia vida, ¿qué
otra palabra podrías poner en ese lugar, si eres honesto contigo
mismo?
|
Para Estudiar y Meditar:
Lee, en El Deseado de todas las gentes, los capítulos “ ‘Nada
os será imposible’ ” (pp. 393-398), “¿Quién es el
mayor?” (pp. 399-410), “ ‘Dejad los niños venir a mí’ ” (pp.
472-476) y “ ‘Una cosa te falta’ ” (pp. 477-481).
Preguntas Para Dialogar:
Como clase, analiza algunos
de los problemas que hacen que los creyentes duden de Dios, cuestionen
su fe y tengan miedo de confiar en el Señor. ¿Cuál
es el origen de estos sentimientos? ¿Son justificados, en algunas
ocasiones? ¿Cómo puedes ayudar a las personas a vencer sus
dudas, sus temores, su falta de fe?
Como clase, escojan algunos
nombres de personas a quienes el mundo considera “grandes”; es decir, que
sean famosas por alguna buena razón. ¿Cuáles son las
cualidades que los hacen grandes a la vista del mundo? Al mismo tiempo,
piensa en alguien a quien Dios mismo pueda considerar grande. ¿Qué
cualidades hacen que esa persona sea grande a la vista de Dios? ¿De
qué formas diferentes puedes definir la palabra grande, en ambos
casos? ¿Qué lección podemos aprender de esta comparación?
La lección de esta semana
hablaba acerca de nuestra actitud hacia los niños. ¿Con qué
otras personas nos relacionamos que, al fin y al cabo, no pueden hacer
nada por nosotros en términos de ventajas sociales, materiales o
políticas? ¿Cómo los tratamos, en contraste con alguien
que pueda hacer mucho en favor de nosotros? ¿Qué nos dice
el ejemplo de Cristo acerca de este tema? ¿Qué podemos hacer
para ayudarnos a tratar a las personas en la forma en que Jesús
lo hizo? ¿Qué cambios necesitamos hacer para poder realizar
precisamente eso?
Resumen:
Esta semana vimos cómo
Jesús trató de mejorar las actitudes y las conductas equivocadas
de sus propios seguidores. Y, aunque a menudo fracasaron, con amor y paciencia
Jesús trató de corregir sus pensamientos y conductas equivocados.
|