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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Mar. 7:24-9:13.
NACIDO PARA MORIR. Con
todas las controversias que han girado alrededor de la persona de Jesús
de Nazaret a lo largo de los siglos, el hecho es que los creyentes y los
escépticos están de acuerdo en que murió sobre una
cruz romana. Los cristianos nunca intentaron negar la cruz o disculparla
con explicaciones; no se avergonzaron de ella. Más bien, tenían
la actitud del apóstol Pablo: “Pero lejos esté de mí
gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien
el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gál. 6:14).
Para Pablo y los demás
creyentes, la Cruz era más que un fracaso de la justicia: formaba
parte de la realización del plan de Dios para salvar al mundo. La
Cruz era necesaria, indispensable. Jesús realmente había
nacido para morir. Por poderoso que sea el ejemplo y el testimonio de su
vida, es su muerte –y sólo su muerte– lo que resolvió para
siempre el problema del pecado y del mal.
Un Vistazo a la Semana:
¿Por qué Jesús se dirigió a la mujer sirofenicia
en la forma en que lo hizo?
¿De qué modo
quiso Jesús eliminar el prejuicio de sus discípulos?
¿Cuántas opciones
nos dejó Jesús acerca de su identidad?
¿Qué significa
tomar la Cruz? |
Los Perros comen las Migajas.
El viaje a la región
de Tiro y Sidón fue uno de los más largos que realizó
Jesús durante su ministerio, y lo condujo al punto más al
norte al que viajó. Aun allí, lejos de Capernaum y de los
paisajes familiares de Galilea, la presencia de Jesús no podía
ser mantenida en secreto. Las noticias acerca de su obra habían
llegado hasta esa región, despertando en una mujer gentil, anónima,
la esperanza de que él pudiera ayudar a su hija poseída por
el demonio.
Estudia el incidente con la
mujer sirofenicia (Mar. 7:24-30). Compáralo con el registro paralelo
en el Evangelio de Mateo (Mat. 15:21-28). ¿Por qué Jesús
le habló como lo hizo? ¿Qué indica que la mujer no
entendió las palabras de Jesús como si fueran una reprensión?
Aunque las palabras de Jesús
acerca de los perros parecieran despreciativas, la mujer debe de haber
detectado algo en su tono de voz, en sus modales y en su mirada que le
hizo darse cuenta de que él no tenía la intención
de llamarla un perro, sino que estaba respondiendo como lo hacían
los judíos normalmente. Él quería enseñar a
sus discípulos una lección; de hecho, tal vez la parte más
triste de todo este informe es lo que aparece en Mateo, cuando menciona
la actitud de los discípulos. Ellos, que eran precisamente los que
deberían haberla animado, que deberían haber estado ansiosos
porque todos se beneficiaran con los milagros de Jesús, estaban,
en cambio, obrando contra los propósitos del Señor. Permitieron
que sus propios prejuicios y preconceptos acerca de Dios, la verdad y la
fe obraran precisamente contra Dios, la verdad y la fe. Por eso, Jesús
se expresó de esa manera con la mujer, probablemente más
para el beneficio de sus propios discípulos que para el de ella.
A pesar de que había
tantos factores que obraban en contra de la mujer, tantas razones por las
que pareciera que no debía tener esperanza, Jesús le dijo:
“Oh mujer, grande es tu fe” (Mat. 15:28). Al considerar la actitud de esta
mujer, vemos que se manifestaron muchos grandes elementos de fe, a pesar
de que había muchos factores en contra de ella. ¿Qué
era lo que estaba en contra de ella? Sinembargo, ¿qué elementos
de fe manifestó? Y, lo más importante, ¿cómo
podemos nosotros mismos demostrar estos elementos en nuestras propias vidas
aun cuando afrontemos circunstancias desanimadoras? |
Jesús Alimenta a Cuatro
Mil Personas (Mar. 8:1-22).
Anteriormente, Jesús
había alimentado a cinco mil personas en Galilea. Ahora realiza
un milagro similar en la región de Decápolis, al este del
lago de Galilea. Observa la actitud de los discípulos: aunque habían
presenciado que Jesús había alimentado a cinco mil unos meses
antes, otra vez dudaron de su capacidad de atender una situación
similar.
“Otra vez los discípulos
manifestaron su incredulidad. En Betsaida habían visto cómo,
con la bendición de Cristo, su pequeña provisión alcanzó
para alimentar a la muchedumbre; sin embargo, no trajeron ahora todo lo
que tenían ni confiaron en su poder de multiplicarlo en favor de
las muchedumbres hambrientas. Además, los que Jesús había
alimentado en Betsaida eran judíos; éstos eran gentiles y
paganos. El prejuicio judío era todavía fuerte en el corazón
de los discípulos” (DTG 371, 372).
Para los discípulos,
lo sorprendente e inesperado no era que Jesús pudiera suministrar
el pan, sino más bien que lo hiciera en favor de personas gentiles.
¿Qué nos enseña su reacción (como ya lo vimos
en la sección de ayer) acerca del poder del prejuicio para anular
el impacto del evangelio en sus vidas?
Probablemente, una de las mayores
tragedias en la historia cristiana ha sido el fanatismo racial expresado
por los que pretenden que Jesús es su Señor y Maestro. Es
un testimonio aterrador que los males del prejuicio incluso estén
atrincherados entre los que asisten a la iglesia; males tales como el racismo,
el tribalismo, el nacionalismo desenfrenado y el fanatismo. Peor aún,
hay personas que intentan usar la Biblia para legitimar esas actitudes,
con gran menoscabo del testimonio cristiano ante el mundo. Es una de las
ironías trágicas de la historia que haya gente promueva el
prejuicio usando el libro que lo destierra.
Abajo hay algunos textos que,
de diversas maneras, tratan la cuestión del fanatismo y el egoísmo.
Usándolos junto con otros que puedas encontrar, escribe un párrafo
indicando lo que crees que es el mensaje básico de la Biblia sobre
este tema. ¿Cómo te comparas, o se compara tu iglesia, con
lo que dice la Biblia sobre esto? ¿Qué actitudes sería
necesario cambiar? Gén. 18:18; Isa. 56:7; Mar. 11:17; Luc. 6:27;
Hech. 10:28; 17:26; 2 Cor. 5:19; Col. 3:11; 1 Juan 2:2; Apoc. 14:6. |
La Pregunta Más Importante
del Mundo.
“Salieron Jesús y sus
discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó
a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen
los hombres que soy yo?
“Ellos respondieron: Unos, Juan
el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. Entonces
él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo. Pero él les
mandó que no dijesen esto de él a ninguno” (Mar. 8:27-30).
¿Por qué la pregunta
de Jesús: y vosotros, ‘¿quién decís que soy?’
(Mar. 8:29) es la pregunta más trascendente que pueda existir? ¿Qué
está mal en la lógica de quienes dan las siguientes respuestas
a esta pregunta? 1) Jesús fue sencillamente un buen hombre; 2) Jesús
fue sólo un maravilloso maestro; 3) Jesús fue meramente la
mejor persona que alguna vez haya vivido. Ver Mat. 18:20; 26:64; también
Juan 8:58; 10:30; 11:25, 26; 14:6.
Nota cómo C. S. Lewis
aborda todas esas respuestas erradas:
“Estoy tratando de evitar que
alguien diga la cosa verdaderamente inadecuada que la gente a menudo dice
acerca de él: ‘Estoy listo para aceptar que Jesús es un gran
maestro de moral, pero no acepto su pretensión de ser Dios’. Eso
es lo que nunca hay que decir. Un hombre que hubiera sido meramente un
ser humano y dijera la clase de cosas que dijo Jesús no sería
un gran maestro de moral. Sería un lunático –al mismo nivel
que el hombre que diga que él es un huevo cocido– o tendría
que ser el diablo del infierno. Usted tiene que hacer su elección,
ya sea que este hombre fuera, y lo es, el Hijo de Dios, o bien fuera un
enajenado o algo peor. Podrán hacerlo callar por necio, o escupirlo
y matarlo como a un demonio; o podrán caer a sus pies y llamarlo
Señor y Dios. Pero no favorezcamos algo sin sentido diciendo que
fue un gran maestro humano. Él no nos ha dejado esa opción”.–Mere
Christianity, p. 56.
En el versículo 29 se
enfatiza el vosotros, en el texto original. El sentido es: Pero ustedes,
¿quién dicen ustedes que soy? Jesús planteó
la cuestión de tal manera que los discípulos fueron forzados
a dar una respuesta personal. La pregunta llega a cada persona hoy con
la misma fuerza, desafiándonos a todos a examinar nuestros corazones
y dar una respuesta honesta. El destino eterno de cada uno dependerá
de la respuesta que demos; porque si, como Pedro, reconocemos que Jesús
es el Mesías, nuestra vida no podrá seguir siendo la misma.
Vivimos en un mundo en el que
la tolerancia es una actitud muy aplaudida. Muchas personas hablan muy
bien acerca de Jesús, e incluso están de acuerdo en que de
algún modo fue divino; pero alegan que todas las religiones son
iguales. Se molestan con aquéllos que afirman que Jesús es
el único camino de salvación. ¿Cómo ayudaremos
a esas personas a confrontar la pregunta escrutadora: ¿Quién
decís que soy? |
La Cruz de Jesús y la
Nuestra (Mar. 8:31-9:1).
Para nosotros, que vivimos
muchos siglos después de la Cruz, la idea de Cristo, el Mesías,
que sufrió y murió, es fundamental para nuestra fe. Pero
ponte en el lugar de Pedro y de los demás discípulos, que
tenían un concepto completamente diferente de lo que creían
que haría el Mesías. ¿Cómo reaccionaron Pedro
y los discípulos ante la idea de que Jesús debía sufrir
y aun morir? (Mar. 8:31-33). ¿Por qué crees que ellos reaccionaron
de esa manera? ¿Podría haber habido algunas razones personales,
aun egoístas, para esa reacción?
“La misma vehemencia de su oposición
sugiere que era más que un asunto de intelecto, más que una
falta de comprensión de lo que Jesús significaba; los discípulos
no querían que Jesús sufriera. Y eso era porque iba en contra
de ellos, como seguidores de un Mesías que sufre en lugar de producir
victorias espectaculares por un simple ejercicio de su poder; no les daba
renombre, e irritaba el orgullo del hombre natural. Y, juzgado por las
normas ordinarias, pareciera que no tuviera sentido el sufrimiento y la
muerte del Mesías. Lo que es más, si era la voluntad de Dios
que el Mesías sufriera, bien podría ser su voluntad que los
discípulos sufrieran la misma suerte; y esto es lo que el hombre
natural esquiva. Así que, por su reacción a la revelación
anticipada de Jesús, los discípulos demostraron aun con más
claridad que antes la verdad acerca de que ellos mismos, y sus mentes y
voluntades, estaban gobernados por las normas de este mundo, del hombre
natural no redimido –ellos pensaban ‘como piensan los hombres’ (vers. 33)”.–D.
E. Nineham, The Gospel of Mark, p. 226.
¿Qué significa
tomar la cruz y seguir a Jesús? ¿Qué quiso decir Jesús
acerca de nuestra necesidad de negarnos a nosotros mismos y perder nuestra
vida? La mayoría de nosotros encontramos que estos conceptos son
desagradables. ¿Por qué?
En este contexto, lee Gálatas
2:19 y 20. ¿De qué modo has experimentado (si has profesado
seguir a Cristo) lo que Pablo está diciendo aquí? Si alguien
considerara tu vida, ¿qué ejemplos de este principio vería
en ella? Si no encontrara ninguno, ¿qué diría esto
acerca de tu relación con el Señor? |
La Transfiguración (Mar.
9:2-13).
Lee el informe de la transfiguración,
en Marcos 9:2 al 13 y en Lucas 9:28 al 36. ¿Quiénes participaron
en esta increíble escena? ¿A quién benefició
y por qué? ¿Por qué crees que ocurrió en ese
momento?
Cuán fascinante fue que
la voz del Padre, desde el cielo, dijera a los discípulos: “Éste
es mi Hijo amado; a él oíd” (Mar. 9:7). Aunque ciertamente
ellos habían tenido muchas evidencias para creer en Jesús
y en su autoridad, les resultaba difícil entenderlo cuando declaraba
su rechazo y su muerte, hasta el punto de que Pedro reprendió a
Jesús por hablar de esa manera (Mar. 8:32). Por eso, el escuchar
la voz del Cielo, sin importar qué otra cosa logró hacer,
ciertamente les dio un mayor incentivo para escuchar a Jesús.
Lee, en 2 Pedro 1:16 al 21,
el informe de la transfiguración que escribió Pedro más
tarde. ¿Qué quería enfatizar al hablar de aquel evento?
Al mismo tiempo, sin duda, esta
experiencia fue también una bendición para Jesús,
como reafirmación del amor del Padre hacia el Señor, ahora
revestido de forma humana, que pronto afirmaría su rostro para ir
a Jerusalén y a una muerte segura. Tres veces el Padre declaró
audiblemente la identidad divina de Jesucristo (Mar. 1:11; 9:7; Juan 12:28);
y en cada ocasión esto marcó un hito importante en el ministerio
de Jesús; eran ocasiones en las que Jesús, en su humanidad,
debía enfrentar una prueba grande.
No importa quiénes seamos
nosotros, o en qué etapa estemos de nuestra experiencia con el Señor,
todos afrontamos momentos de desánimo, momentos de preocupación
por una prueba que se acerca. ¿Qué nos dice el hecho de que
aun Jesús, el Señor mismo, haya recibido un beneficio por
palabras de ánimo? ¿Qué beneficio recibiste cuando
alguien te comunicó palabras de ánimo? Si sabes de alguien
que esté pasando por momentos difíciles, considera lo que
podrías decirle para ayudarlo del mismo modo que la voz del Padre
ayudó a Jesús y a los discípulos en ese momento. |
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